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Medio ambiente: tiempos violentos

03/03/2010 17:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cataclismos, terremotos, tsunamis. Cada día encontramos en los noticieros o tapas de los diarios noticias de estas espeluznantes catástrofes. Todo el mundo habla de lo mismo

Todo el mundo habla de lo mismo. El desvastador terremoto que destruyó cinco importantes regiones de Chile, con más de cuarenta réplicas (al momento de escribir este informe, un nuevo temblor de 5.1 grados en la escala de Richter azota Concepción, una de las ciudades más vapuleadas) hizo abrir los ojos a millones de personas: el enojo de la naturaleza es tan grande que no hay como frenarlo.

Cuando todavía el suelo de Haití está caliente, las constantes amenazas de tsunamis en el archipiélago de Hawai, en el este de los Estados Unidos, en las costas de Japón, sumado al terrible terremoto del país trasandino, se unen al clima cuasi glaciar que se expande por Europa: éstas son de alguna manera la demostración fehaciente del daño que el hombre generó en nuestro planeta, desde la Revolución Industrial del siglo XVI a esta parte.

Cuarenta años atrás, dos libros profetizaban el apocalíptico descenlace que tendría la humanidad si no se implementaban políticas ecológicas de incidencia para las economías regionales y mundiales con la implementación de otras fuentes energéticas como la eólica y demás formas de creación sana para el ecosistema.

Los límites del crecimiento, obra escrita por una serie de importantes futurólogos reunidos por el Club de Roma, y Manifiesto para la supervivencia, del ecologista británico Edward Goldsmith fueronn libros de consulta constante para quienes veían con más claridad el desbarajuste que se produciría si ciertas costumbres no cambiaban.

Ambos estudios indicaban que la producción industrial desmesurada, la multiplicación poblacional, la contaminación ambiental y la retracción de alimentos disponibles desembocaría en las catástrofes que hoy vive nuestro planeta.

Estudiosos del siglo XVII ya afirmaban que la creciente cantidad de población en el mundo generaría, siglos después, una desproporción generalizada en base a guerras, falta de alimentos, falta de energía para abastecerlos y las consecuentes enfermedades que estas ocasionarían.

La producción industrial desmesurada, la multiplicación poblacional, la contaminación ambiental y la retracción de alimentos disponibles desembocaría en las catástrofes que hoy vive nuestro planeta

En desmedro de estos vaticinios, la industrialización fue cada vez mayor con el paso de los años, lo que dejó un saldo tan pronosticado como destructivo: el 20 por ciento de la población utiliza el 80 por ciento de los recursos naturales y genera el 75 por ciento de la contaminación ambiental.

La contrapartida es elocuente: el 80 por ciento más pobre de la población mundial tiene acceso al 20 por ciento de la alimentación extraída de la tierra, desvastada por las grandes sequías, anegamientos y epidemias.

Ahora bien: los desajustes climáticos tienen dos aristas bien diferenciadas. Del tiempo se ocupa la meteorología, ciencia que se encarga de suministrar la información específica sobre las variaciones en las temperaturas y sus efectos. Otra, muy diferente, es el "cambio climático" de la que el hombre es causal por la formación de variables sobre la temperatura que la corteza terrestre debe mantener y que, constantemente y por varios métodos discutibles, generan polución, desertación, anhegamientos, contaminación en las napas, calentamiento global, efecto invernadero y ensanchamiento del agujero de Ozono.

Cuando toda proyección climática es desalentadora, los científicos aún no pueden ofrecer una causa única a la descompensación sufrida en el planeta, ni mucho menos apuntar a soluciones para que el final, predecible, pueda frenarse.

La biodiversidad, el clima y la fijación de nitrógeno en la tierra y en lo océanos, que a su vez, al evaporarse vuelve al aire para caer como una suerte de "lluvia negra" son las tres fronteras de la vida que la mano humana ha desvastado mediante compuestos químicos de alta densidad, aerosoles, fertilizantes y demás variantes desestabilizadoras de nuestro ecosistema.

Las imágenes que vemos a diario en TV no son meras lucubraciones de directores hollywoodenses. Los actores de las catástrofes son nuestros hermanos de Chile, de Japón, de Haití y demás naciones que constantemente sufren los avatares del cambio climático que día a día mata a cientos de personas. Paradógicamente, morimos como plagas infectadas por veneno. El que nosotros mismos creamos.

Los científicos aún no pueden ofrecer una causa única a la descompensación sufrida en el planeta, ni mucho menos apuntar a soluciones para que el final, predecible, pueda frenarse


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El Perseguidor (19 noticias)
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