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El antisemitismo católico al desnudo

01/10/2015 20:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El odio es genético.

(Imposición de Bautismos y Sermones.)

CUANDO EL CRISTIANISMO se transformó en la religión dominante en el Imperio Romano

(s.IV), multitudes de judíos fueron obligados a bautizarse. EL PRIMER RELATO detallado se remonta al ano 418 en la isla de Minorca. Una ola de conversiones forzadas se expandió por Europa desde que en 614 el Emperador Heraclio prohibió la práctica del judaísmo en el Imperio Bizantino. Muchos lo siguieron, como Basilio I que lanzó una campaña en el

873.

DURANTE LAS CRUZADAS miles de judíos fueron bautizados por la fuerza, especialmente

en la región del Rhineland. En todos los casos las masas tomaban la ley en sus manos y se

imponían a creyentes que se habían preparado para el martirio. Con todo, la posición oficial de la Iglesia tendió a seguir al Papa Gregorio I

(540-604, Padre de la Iglesia medieval ) en el sentido de el bautismo no podía ser

suministrado por la fuerza. El problema era la definición de forzoso. ¿Acaso

incluía el bautismo bajo amenaza de muerte? Y ¿cuán forzoso era el bautismo bajo el

temor de castigos a largo plazo? ¿Y el de niños?

Por ejemplo, el OBISPO DE CLERMONT-FERRAND, después de que una horda destruyó la

sinagoga de la ciudad, recomendó a los judíos el 14 de mayo del 576: "Si estáis

dispuestos a creer como yo, convertiros en uno de nuestra feligresía y seré vuestro

pastor; pero si no estáis dispuestos, partid de este lugar". Alrededor de quinientos

judíos de Clermont se convirtieron, y hubo celebraciones en la cristiandad. Los otros

judíos partieron a Marsella. ¿Podía definirse aquella conversión como forzada ? O

si no, en el 938 el papa le indicó al arzobispo de Mainz que expulsara a los judíos de

su diócesis si se negaban a convertirse voluntariamente (insistió en que no se aplicara

"la fuerza").

Dijimos que el otro dilema fueron los casos de niños. ¿ A qué edad podía el bautismo

considerarse "voluntario" y no un gesto comprado por bagatelas? El mentado

AGOBARDO en el 820 reunió a todos los ninos judíos y bautizó a los que no habían sido

alejados a tiempo por sus padres, si le parecían dispuestos a aceptar el cristianismo. Una de las cláusulas de la Constitutio pro Judaeis , promulgada por papas

sucesivos entre los siglos XII y XV, declaraba categóricamente que ningún cristiano

debía usar la violencia para forzar judíos al bautismo. Lo que no decía era qué debía

hacerse en los casos en que la conversión ya había sido impuesta: si era válida

de todos modos o si el judío podía retornar a su fe. La respuesta es que la condena eclesiástica al bautismo forzado no se modificó, pero

su actitud respecto de problemas post-facto se endureció con el transcurrir de los

siglos. En una carta de 1201, el PAPA INOCENCIO III estableció que un judío que se

sometía al bautismo bajo amenazas, de todos modos había expresado una voluntad de

aceptar el sacramento, y por ello no le era permitido renunciar a él posteriormente. Para el cristianismo medieval, el retorno a la vieja fe era una herejía punible con la

muerte. Incluso en el ano 1747 el Papa XIV decidió que una vez bautizado un nino, aun

ilegalmente, debía ser considerado cristiano y educado en consecuencia.

Así ocurrió con las OLAS DE BAUTISMOS forzados más tardías, en el reino de Nápoles

durante las últimas décadas del siglo XIII, y en Espana en 1391, que comenzó con los

desmanes que liderara el archidiácono Ferrant Martinez. Cientos de judíos fueron

masacrados y comunidades enteras convertidas por la fuerza, y su trágica secuela fue el

fenómeno de los marranos (una voz peyorativa para denominar a los Nuevos

Cristianos y sus descendientes). Esta gente continuó practicando el judaísmo parcial

y clandestinamente, hasta después del siglo XVIII.

EN PORTUGAL, miles de judíos se asentaron después de su expulsión de la vecina

España en 1492. EL REY MANUEL decidió que para purgar su reino de la herejía, no era

necesario expulsar a sus súbditos judíos, quienes constituían un valuable patrimonio

económico. En vez de ello, se embarcó en una campaña sistemática de conversiones

forzadas inicialmente dirigidas contra los ninos, quienes eran arrancados de los brazos de

sus padres en la esperanza de que los adultos los siguieran en la cristianización. La furia de las conversiones en Portugal explica tanto el hecho de que para 1497 no

había un sólo judío abiertamente practicante en el país, y también por qué el

fenómeno del marranismo fue más tenaz allí hasta el día de hoy.

Un nuevo capítulo en la historia del bautismo forzado comenzó en 1543 con el

establecimiento de la CASA DE LOS CATECÚMENES (candidatos a la conversión)

primero en Roma y luego en muchas otras ciudades. Una década después el papa impuso un

impuesto a las sinagogas a fin de costear a los Catecúmenes (ese pago se abolió

sólo en 1810). El converso potencial era adoctrinado por cuarenta días, al cabo de los cuales

decidía si convertirse o regresar al ghetto. Toda persona que por cualquier excusa era

considerada con inclinaciones al cristianismo, podía ser internada en la Casa de los

Catecúmenes para explorar sus intenciones. Para agravar las cosas, corría una superstición popular según la cual quien lograba

la conversión de un infiel se aseguraba así el paraíso. Un tropel de ese tipo de

procedimientos se esparció a lo largo y ancho del mundo católico. A mediados del siglo

XVIII los jesuitas desempeñaron un rol protagónico en la práctica.

VARIOS CASOS FUERON NOTORIOS. En 1762 una horda se avalanzó sobre el hijo del rabino

de Carpentras, y lo bautizó en una zanja, por lo que el joven debió abandonar a su

familia. En 1783 fueron secuestrados los ninos Terracina para ser bautizados, y se generó

una revuelta en el ghetto de Roma. En 1858, la policía papal secuestró de su hogar en el ghetto de Bolonia a EDGARDO MORTARA, de seis anos, quien había sido secretamente bautizado por una doméstica que lo creyó mortalmente enfermo. Los Mortara trataron en vano de recuperar a su hijo. Napoleón III, Cavour y Francisco

José estuvieron entre los que protestaron el secuestro, y Moisés Montefiore viajó al

Vaticano en un esfuerzo estéril por convencer al papa de que ordenara la liberación del

nino. La fundación de la Alliance Israélite Universelle en 1860 "para defender los

derechos civiles de los judíos" fue en parte una reacción a este caso. EL PAPA RECHAZÓ LOS PEDIDOS DE CLEMENCIA y, sólo en 1870, cuando cesó el poder de la

policía papal, el nino salió en libertad. Ya no era Edgardo: el joven había decidido

adoptar el nombre papal Pío, era un novicio de la orden de los agustinos y un ardiente

conversionista en seis idiomas. Su trágico fin fue que falleció en Bélgica en 1940, un

par de semanas antes de la invasión alemana que le habría impuesto un retorno a su

identidad judia.

DURANTE EL SEGUNDO CUARTO DEL SIGLO PASADO, el imperio ruso instituyó el sistema de

los cantonistas , sobre los que hablaremos en otra lección, y que involucraba el

virtual secuestro de niños judíos a fin de hacerlos servir militarmente durante varias

décadas, con la explícita intención de que abandonaran el judaísmo. En cuanto a la imposición de sermones a los judíos, también fue pionero el mentado

Agobardo. En su EPISTOLA DE BAPTIZANDIS HEBRAEIS (año 820) señala que bajo sus

órdenes la clerecía de Lyons iba todos los sábados a predicar en las sinagogas, con

asistencia obligatoria de los judíos. El sistema se regularizó con la FUNDACIÓN DE LA ORDEN DOMINICA (1216). Una ley de Jaime I de Aragón (1242) que recibió aprobaciónpapal, se refiere a la obligatoriedad de la asistencia. El mismo rey dio la arenga en la sinagoga. En 1279 el rey Eduardo I impuso la práctica en Inglaterra. El siglo XV

encontró, entre los predicadores más destacados, a Vicente Ferrer en España y Fra Matteo

di Girgenti en Sicilia.

La práctica se exacerbó a partir de la CONTRARREFORMA, que vino acompañada por una reacción judeófoba. EN ROMA, cien judíos y cincuenta judías debían asistir a una iglesia designada para

recibir sermones, generalmente de apóstatas que debían ser pagados por la misma

comunidad judía. La supervisión de bedeles con varas, aseguraba que nadie se distrajera.

Michel de Montaigne registra que en Roma en el 1581 escuchó un sermón de Andrea del

Monte, cuyo lenguaje fue tan brutal que los judíos pidieron protección a la curia papal.

En 1630 los jesuitas iniciaron los sermones en Praga, y el emperador Ferdinando II los

instituyó en en el auditorio de la universidad de Viena, adonde debían asistir

doscientos judíos, una parte fija de los cuales debían ser adolescentes. La imposición de sermones se prolongó por un milenio. Los derogaron la Revolución

Francesa, y las tropas napoleónicas que fueron difundiendo las ideas revolucionarias por

Europa. Después de la caída de Napoleón, se restablecieron en Italia al regresar el

gobierno papal, pero Pío IX finalmente los abolió en 1846. Para esa época el poeta

Robert Browning trató de reflejar el sentir judío durante los sermones: "...cuando entró con alaridos el verdugo en nuestra cerca, nos aguijoneó como perros hacia el redil de esta iglesia. Su mano, que había destripado mi talega ahora desborda para ahogar mis creencias. Pecan en mí hombres raros que a su Dios me llevan.


Sobre esta noticia

Autor:
Sajara (292 noticias)
Fuente:
elrincondelosimpios.blogspot.com
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Tipo:
Opinión
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