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Aprendamos a decir no

03/11/2009 14:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los padres nos olvidamos a decir NO a nuestros hijos, por temor a perder su simpatía o compañerismo, olvidándonos quizas que debemos enseñarles lo que se debe hacer y lo que no hay que hacer. Por lo tanto, deberemos mostrarles inequívocamente, el camino de LOS LIMITES

En medio de tanto miedo a los hijos, miedo a los límites, miedo a perder la simpatía y la benevolencia de nuestros vástagos, aprendimos a decir solamente sí y nos reprimimos con el no, como si fuera maléfico.

El no es parte del sí . Sin no, el sí es falso, mentiroso y desvalido, además de producir efectos de invalidez psíquica. El sí estimula a la acción; el no, al crecimiento.

"No cabe duda de que gran parte del proceso de socialización consiste en enseñar al niño aquello que no debe ver, no debe oír, no debe pensar, sentir o decir. Sin reglas muy definidas acerca de aquello que debe permanecer como ignorado, una sociedad ordenada resultaría tan inimaginable como una sociedad que no lograra enseñar a sus miembros aquello que deben saber y comunicar.

Quizás el ejemplo más clásico y más notable en este punto sean las famosas Tablas de la Ley, que contienen los diez mandamientos. Son dos: de un lado están los mandamientos positivos, lo que se debe hacer, y del otro los negativos, lo que no hay que hacer.

Ese es el modelo de la educación humana

¿ Para qué te educo hijo ?

Si te educo, hijo mío, para lucirte en sociedad; si te educo para que ganes dinero; si te educo para que venzas a los demás en las contiendas de la existencia, te educo para la realidad inmediata, y eso es medianamente correcto. Si te educara solamente para eso, te educo para el vacío y la desesperación, porque podrías llegar a tener todo, y aun entonces tendrías nada.

Hijo querría educarte para que tengas confort, bienes y bienestar y para que seas felíz, buscando valores como una corona de olivos, la que se gana sin ganarle a nadie sino abrazando a alguien

Es necesario, por lo tanto, que te eduque también para lo trascendente, para aquello que es invisible a los ojos, eso que no sirve para nada, salvo para vivir; para ser feliz, para creer; para confiar, para cultivar esperanzas, para soñar con un mundo mejor, superior, aunque bien sepamos que no es próximo ni cercano.

Ser humano, hijo mío, es sentirse parte de alguna cadena de manos humanas, unidas a través del tiempo, bregando todas para que la nave de la historia alcance costas de paz, de justicia, de amor.

¡ EL AMOR ! Eso que tanto declaramos, que tanto queremos, eso es un ideal y no podemos quedarnos a solas tú y yo, mi querida esposa, nosotros, mi querido hijo, en un reducto de amor si el mundo entero brama de odio, hostilidad, violencia.

No sé estrictamente para qué te educo. Pero sé para qué querría educarte. Para el cielo y para la tierra, para que tengas confort y bienes y bienestar. Y para que seas feliz. Que no es cosa del verbo tener, sino del verbo ser. Y el ser no busca cosas valiosas sino valores, como una corona de olivos, la de una causa, la de alguna solidaridad, la que se gana sin ganarle a nadie sino al contrario, abrazando a alguien.

Fuente: Jaime Barylko, EL MIEDO A LOS HIJOS


Sobre esta noticia

Autor:
Carola Pozo Cortez (5 noticias)
Visitas:
283
Tipo:
Opinión
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