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Argentina: El escenario actual y su probable futuro

19/08/2009 06:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Luego de la derrota electoral del 28 de junio, el matrimonio Kirchner sigue adelante con sus políticas como si nada hubiera pasado. ¿Cuáles son las opciones más probables de aquí a las (hipotéticas) elecciones del 2011?

Introducción - El escenario actual

Por razones de brevedad, asumo que el amable lector no-argentino de estas líneas tiene un conocimiento mínimo sobre los últimos acontecimientos en la Argentina (si no, presumiblemente no estaría leyendo).

Brevemente, el gobierno constituido por el matrimonio de Cristina Fernández (presidente de jure) y Néstor Kirchner (presidente de facto) perdieron las elecciones para la renovación parcial de las dos cámaras del Congreso el28 de junio pasado. La derrota fue más humillante para NK, pues él se presento como diputado por la provincia de Buenos Aires (el distrito electoral más importante), y perdió frente al neófito Francisco de Narváez, un empresario casi desconocido hasta recientemente.

Aquellos que creyeron que la derrota iba a terminar con 6 años de conflictos de los K con todos los sectores, una mejora en la calidad institucional, un sinceramiento de la economía (empezando por las estadísticas oficiales), y un recambio profundo de figuras en el gobierno, se equivocaron completamente. El Gobierno se comporta como si hubiera ganado las elecciones (de hecho así lo han afirmado NK y CFK públicamente en más de una ocasión), y ha resuelto aumentar la apuesta: mantener a los principales miembros del gobierno, aún los más impresentables (por ejemplo, el secretario de comercio y virtual zar de la economía Guillermo Moreno), estatizar empresas deficitarias (sólo Aerolíneas Argentinas perdió 10 millones de dólares en julio…por día), seguir defendiendo estadísticas oficiales que ni sus aliados creen, y como guinda de la torta hacerse cargo de la televisación del fútbol argentino, a un costo aún no aclarado pero que se estima en al menos 500 millones de dólares anuales.

En definitiva no sólo no se puede esperar que Kirchner cambie su forma de ser, pero tampoco que renuncie a un poder que se ha acostumbrado a ejercer sin contrapesos ni concesiones desde que era gobernador de la sureña provincia de Santa Cruz. De hecho, se comenta que ya ha empezado a trabajar en su candidatura para un nuevo período presidencial en el 2011. El interrogante, entonces, es qué sucederá cuando tenga que vérselas con un Congreso que a partir del 10 de diciembre ya no le será incondicional (al menos en teoría).

El futuro a corto plazo

De lo anterior se desprende que no parece viable que Kirchner tolere la más mínima intromisión del nuevo Congreso en sus políticas, y menos aún un recorte en los poderes casi absolutos que gozó en sus años de gobierno. Por ello, las posibilidades más probables a partir del 10 de diciembre serían las siguientes:

1) Que Kirchner logre atomizar a la oposición y cooptar (o “borocotizar”, en alusión a un diputado opositor que días después de ser electo se volvió un incondicional K) un número suficiente de representantes como para seguir controlando el Congreso.

En definitiva, las perspectivas de corto plazo para la Argentina son ciertamente poco alentadoras. Sólo si el pueblo argentino se manifestara inequívocamente a favor de una democracia republicana y re

2) Que el Congreso intente poner trabas al proyecto K de eternizarse y e ir por el poder absoluto. En este caso, no sería descabellado suponer que Kirchner recurra a sus “tropas de choque”, constituidas fundamentalmente por las agrupaciones de piqueteros, organizaciones sindicales, e incluso las “barras bravas” de los equipos de fútbol (ahora que el gobierno prácticamente nacionalizó el deporte en los últimos días). Estas “fuerzas populares” serían usadas para “persuadir” a los congresistas más dúctiles o indecisos de la inconveniencia de votar en contra “de los intereses de los pobres y/o trabajadores”. Incluso, podría llegarse a la situación de impedir la entrada al Congreso de aquellos representantes más recalcitrantes (siguiendo el reciente ejemplo de Rafael Correa de Ecuador).

En ambos casos, el resultado sería el advenimiento de un cesarismo casi absoluto, semejante al de Hugo Chávez (aliado de Kirchner, por cierto). A partir de allí, cabría esperar una profundización del “modelo K” (inspirado en buena parte por la “revolución bolivariana”): restricciones a las libertades individuales (principalmente prensa y propiedad), un grado aún mayor de estatización de la economía, y la transformación del Frente de la Victoria en un partido hegemónico en todo el país. Todo ello apoyado por las fuerzas arriba citadas, convertidas ahora en una guardia pretoriana del Gobierno destinadas a acallar cualquier atisbo de resistencia. Se mantendría una democracia formal pero no un régimen republicano, el que sería reemplazado por tres poderes dependientes del capricho de una persona.

3) Que el Congreso intente recurrir a las fuerzas de seguridad (Policía Federal, Gendarmería y Prefectura) para resguardar su independencia. Si éstas siguen leales al Poder Ejecutivo, se mantendría el escenario anterior. Si por el contrario se ponen del lado del Congreso, se estaría ante la posibilidad de un enfrentamiento con las fuerzas K. Se sabe que algunas de estas organizaciones reciben apoyo material de Chávez, pero se desconoce si han recibido armamento e instrucción (vía Bolivia, por ejemplo). Si esto último fuese el caso, entonces la Argentina estaría nuevamente envuelta en una guerra civil. Cuán probable es esta posibilidad es aún difícil de determinar, y menos aún quién saldrá victorioso de la potencial contienda. Lo que no cabe duda es que Kirchner no va a tener ningún escrúpulo en llevar al país al borde del conflicto, y más allá si es necesario para sus propósitos.

Implicancias Regionales

Si se diera la alternativa cesarista-bolivariana, Hugo Chávez tendrá un nuevo aliado incondicional (sin descartar la posible incorporación de la Argentina al ALBA). Esto representaría un nuevo retroceso para la democracia continental, y un peligro para sus vecinos, particularmente Uruguay y Chile. En lo que respecta a este último país, si bien es improbable un conflicto armado (las Fuerzas Armadas argentinas carecen de capacidad operativa, y Kirchner nunca confiaría en ellas), Argentina puede servir de santuario para fuerzas desestabilizadoras, como las guerrillas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (uno de cuyos integrantes recibió asilo político por parte de la justicia K) y la guerrilla mapuche de la Coordinadora Arauco-Malleco (grupos mapuches en Argentina han “liberado” tierras que ellos consideran suyas con la total anuencia del gobierno, y podrían aliarse con sus “hermanos” chilenos). En el caso de una guerra civil, las consecuencias son literalmente impredecibles por el momento. Todo dependerá de si otros países intervienen directa o indirectamente en el conflicto.

En definitiva, las perspectivas de corto plazo para la Argentina son ciertamente poco alentadoras. Sólo si el pueblo argentino se manifestara inequívocamente a favor de una democracia republicana y representativa, y obligando a sus representantes (Kirchner incluido) a respetarla, habría algún margen para el optimismo. Pero esta posibilidad aparece como improbable por ahora. La ciudadanía, a pesar de la agresión casi cotidiana del gobierno y sus aliados, no parece tener capacidad de reacción, líderes capaz de guiarla, y voluntad de enfrentar en la calle a las fuerzas aliadas al kirchnerismo.


Sobre esta noticia

Autor:
Charlieromeo (3 noticias)
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Opinión
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