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Los aromas jamás paladeados del universo

28/12/2014 16:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si bien no pueden sacarse los cascos y olfatear por su cuenta, los astronautas aseguran que el espacio -–frío, oscuro y silencioso-– tiene su particular aroma. Ahora, un químico inglés pretende reproducirlo en el laboratorio

Literalmente el universo huele a estrellas muertas. Lo cual viene a ser, para hacernos una idea, una mezcla de metales fundidos, hidrocarburos ardiendo y humo de barbacoa. Un olor que resultaría parecido, si pudiéramos percibirlo,  al que encontraríamos en un circuito de carreras cualquier domingo por la mañana.

Por supuesto, ningún ser humano ha tenido, ni tendrá nunca, la ocasión de olfatear el espacio exterior. Y si alguien lo intentara,  moriría de forma irremediable, a causa del vacío, la radiación y las bajas temperaturas. Aparte del hecho de que, igual que los sonidos,  tampoco los olores se transmiten por el espacio.

Sin embargo, sí que sabemos que los productos de la combustión estelar se encuentran literalmente por todas partes "allá arriba", tanto en cometas y meteoritos como impregnando cada partícula de polvo espacial. Nada raro, si tenemos en cuenta que existen incontables estrellas quemando su combustible sin pausa desde hace miles de millones de años.

Y sabemos también que esos residuos están constituídos por unos compuestos químicos, los Hidrocarburos aromáticos policíclicos, (HAP) que desprenden un fuerte olor y cuyas moléculas "parecen estar en todas partes a lo largo y ancho del universo", según palabras de Louis Allamandola, fundador y director del Laboratorio de Astrofísica y Astroquímica del centro de Investigación Ames, de la NASA.

En el universo no hay un solo aroma sino muchos. Depende, claro, de las características químicas de cada región que se visite: en las nebulosas donde nacen las estrellas abunda el aroma del azúcar. Los astroquímicos, es decir los científicos que estudian los elementos químicos que viajan por el espacio, por ejemplo, aseguran que si pudiéramos asomar la nariz en la atmósfera marciana oleríamos un olor similar al de la sangre debido a la abundancia de óxido de hierro en su superficie.

Unos hidrocarburos, por cierto, que también sirvieron de base para las primeras formas de vida que poblaron la Tierra y que hoy pueden encontrarse en grandes cantidades en el carbón, el petróleo e incluso en los alimentos que ingerimos cada día.

Pero volvamos al espacio exterior. A pesar de no poder olerlos en el vacío, sí que existe otra forma de percibir su aroma casi casi en directo. Cuando los astronautas de la Estación Espacial Internacional salen al exterior para efectuar alguna reparación o montar un nuevo módulo,  los HAP se adhieren indefectiblemente a sus trajes y herramientas. De modo que muchas de estas moléculas regresan con ellos a la estación, donde sí que se pueden percibir los olores.

En numerosas ocasiones los astronautas, al regresar de sus paseos espaciales, han notado un fuerte "olor a quemado" o a carne frita.El olor del espacio se percibe tan claramente que, hace tres años, la NASA recurrió a todo un especialista, Steven Pearce, del fabricante de perfumes Omega Ingredientes, para recrear ese mismo olor en las simulaciones que sirven de entrenamiento a los astronautas. "Hace poco -recuerda Pearce-recreamos el olor de la Luna, que los astronautas comparan con el de la pólvora quemada".

Aquí en la Tierra podemos gozar de muchos y muy diversos aromas, desde los sublimes hasta los insoportables.

Muchas veces nuestra afinidad o antipatía por la comida, por algunos lugares e incluso por las personas por las que nos sentimos atraídas dependen de sus olores, de su fragancia. 

 

Uno de los muchos aspectos por los que es un privilegio ser inquilinos del planeta azul, y de su maravilloso abanico de posibilidades sensoriales.

Pero, ¿te has preguntado a qué olerá el espacio exterior?¿cuál sería el aroma de un paseo a la luz de la Tierra mientras caminas por la Luna?

 

La ciencia tiene algunas respuestas que resultan muy interesantes. Basados en la composición química de los planetas y sus atmósferas, los científicos pueden inferir cuál sería el olor de algunos de los astros que coexisten en nuestro Sistema Solar.

Mercurio, por ejemplo, no posee como tal una atmósfera, gran parte de la misma se perdió hace mucho tiempo, pero los remanentes consisten primordialmente de sodio, pero el sodio no tiene un aroma en particular.

 

1) Venus, tal vez la descripción literal de un infierno, que con su atmósfera venenosa y sus enormes nubes de ácido sulfúrico girando alrededor del planeta, nos indican que podría haber un fuerte olor a huevos podridos.

2) La Luna. Hemos enviado humanos a la Luna, astronautas han descendido a la superficie lunar y han recogido polvo lunar como parte de sus misiones para realizar investigación acerca de la composición química de la Luna. El olor de la Luna sería parecido al de la pólvora, ya que una parte importante del polvo lunar es dióxido de silicio.

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3) Marte: Hierro, magnesio, sulfuro, ácidos. Todo aderezado con un ambiente rico en dióxido de carbono da como resultado un aroma que asemeja al de huevos podridos. 

4) Júpiter. El olor del gigante de gas dependerá de la capa que estés oliendo: la capa más ligera tiene un olor a amoniaco, luego olerías una combinación de amoniaco y huevos podridos, y finalmente pasarás por una capa compuesta de sulfuro de hidrógeno y cianuro de hidrógeno, que olerá como a almendras amargas.

5) Titán. Se preguntaran porqué no Saturno. Desgraciadamente no hay información suficiente acerca del favorito de muchos, pero si la hay acerca de una de sus lunas más queridas por los amantes del espacio, Titán. Resulta muy interesante, ya que Titán tiene una caliginosa atmósfera de nitrógeno, y podríamos esperar que el olor de esta luna fuese como el de una refinería petrolera. 

El centro de la Vía Láctea huele a algo más agradable: a frambuesa y a ron, debido a la presencia de ácido fórmico, responsable químico del sabor de esta fruta y de la bebida alcohólica. Así concluyeron astrónomos del Instituto Max Planck en Bonn, Alemania, que buscaban aminoácidos en una gigantesca nube de polvo y gas llamada Sagitario B2, situada en el centro de la galaxia, a través del Telescopio del Instituto Franco-Español de Radio Astronomía Milimétrica, ubicado en España.

 

Ciertamente, es un buen memorándum de cuan afortunados somos de poder percibir tantos olores y fragancias a nuestro alrededor. Así que cuando vayan en el transporte público y se sientan asfixiados, recuerden que podrían deambular por Venus durante un día completo con olor a huevo podrido. Si eso no fuera suficientemente malo, no olviden que un día en Venus equivale a 243 días terrestres.

Nuestro Sistema Solar tiene un olor especialmente acre porque es muy rico en carbono y bastante pobre en oxígeno. Las estrellas con abundante oxígeno, sin embargo, tienen aromas mucho más agradables y que pueden recordar al de una parrilla de carbón.

Pero es al abandonar nuestra galaxia cuando los olores se vuelven realmente interesantes. En la profundidad del universo, las enormes nubes de polvo donde nacen las estrellas albergan todo un muestrario de olores, que abarcan desde el suave aroma del azúcar al mucho más desagradable de los huevos podridos...

Las noticias de este extraño científico y sus fragancias espaciales llegaron rápido a los pasillos de la NASA. Y un día, el teléfono de Steve Pearce volvió a sonar. “Me sorprendí un poco cuando se pusieron en contacto conmigo —cuenta—. Se enteraron de mis investigaciones y me pidieron lo que al principio me pareció un imposible: recrear el olor del espacio. Querían preparar el sentido olfativo de los astronautas antes de cada viaje y también para volver aún más realistas los entrenamientos espaciales acá en la Tierra”.

Y Pearce se puso inmediatamente a trabajar.

Hay olores imposibles, aromas sobre los que o bien nunca nos hemos preguntado (o imaginado) o bien están tan alejados de nuestros sentidos como para desnudarlos con el olfato. ¿A qué olían los dinosaurios? O, en este caso, ¿a qué huele una estrella, una galaxia, Marte, Júpiter, un agujero negro? Hay pequeñas dificultades técnicas para responder a estas preguntas. Primero, los dinosaurios le dijeron adiós a la Tierra hace rato (claro, si no contamos a las aves actuales que sondinosaurios). Y, segundo, si en plena caminata espacial un astronauta se quitara el casco para olfatear en plena órbita terrestre moriría en el acto.

Afortunadamente, hay maneras indirectas de saberlo. “Cada vez que abría la escotilla desde el interior de la Estación Espacial Internacional y le daba la bienvenida a los cansados astronautas, un olor peculiar me hacía cosquillas —recuerda el ingeniero químico y astronauta estadounidense Don Pettit—. Al principio no lo podía identificar. Pensaba que provenía de los conductos de aire que represurizan el compartimiento. Entonces me di cuenta de que ese fuerte olor emanaba de los trajes, cascos, guantes y herramientas de mis compañeros. Es difícil de describir porque no se parece a nada que conozcamos. Lo mejor que puedo decir es que es un olor metálico dulce bastante agradable. Me recordó a los humos que salen de un soplete a la hora de soldar. Ese es el olor del espacio”.

Otras descripciones son aún más poéticas, como las del astronauta francés Jean-François Clervoy. “Cuando estamos ahí arriba mucho no nos damos cuenta cómo huele —cuenta—. Pero a la hora de regresar a la Tierra, los equipos de ayudantes que entran en la cápsula tiemblan. Algunos vomitan. Aseguran que huele a sótano húmedo, casi igual a un vestuario de fútbol. Algunos de mis colegas no son capaces de permanecer ni pocos minutos sin sentirse mal”.

También están los astronautas que aseguran que al regresar de sus paseos espaciales notan un fuerte olor a quemado o a carne frita. Louis Allamandola, fundador y director del Laboratorio de Astrofísica y Astroquímica del Ames Research Center de la NASA, apuesta a que el universo huele parecido a una carrera de automovilismo: una combinación entre metal caliente, humo de diésel y asado. La culpa la tendrían unos compuestos olorosos llamados hidrocarburos policíclicos aromáticos, moléculas que flotan por todo el espacio y que podrían haber tenido mucho que ver en la aparición de las primeras formas de vida que poblaron la Tierra. Se los encontró en restos de cometas, meteoritos y polvo espacial. No es de extrañar: las incontables estrellas que hay en el universo llevan quemando su combustible miles de millones de años sin pausa. Ahora sabemos más de ellas: olerían como las parrillas de carbón.

Cuando los astronautas caminan fuera de la Estación Espacial Internacional, estos compuestos químicos se adhieren a sus trajes e ingresan como polizones. El peculiar aroma a acre que advierten muchos se debería, señala Allamandola, a que nuestro Sistema Solar es rico en carbón y bajo en oxígeno.

“No sé si hay olor en el lejano cosmos —sentencia el astronauta ruso Alexander Skvortsov—, pero alrededor de la Estación Espacial Internacional huele seguro”.

 


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Jean Bernstein (167 noticias)
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