Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Emiro Vera Suárez escriba una noticia?

Dos bloques económicos y una verdad geopolítica y territorial: Venezuela- Argenta

15/08/2019 20:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dos bloques económicos enfrentados y futuro presidente argentino se desprende de Maduro Moros

Aventis

Tenemos claramente definidos dos grandes bloques hegemónicos de la nueva bipolaridad mundial, el bloque occidental y el bloque euroasiático.

El primero, se caracteriza por un único hegemón, militar y económico, Estados Unidos, que tiene como pacto de defensa a la OTAN, como proyecto hegemónico el Proyecto del Gran Oriente Medio y como método para ejercer su hegemonía, el Consenso de Washington.

El segundo, se caracteriza por una alianza o hegemón bicéfalo, Rusia en lo militar y China en lo económico, que tiene como pacto de defensa a la OCS, como proyecto hegemónico el Gran Proyecto Euroasiático o de Una Franja, Una Ruta, y como método para ejercer su hegemonía, el Consenso de Pekín.

En pocas palabras, el Consenso de Washington, como método para el control geopolítico de los países que conforman la periferia del centro hegemónico, consiste en la imposición forzosa de economías neoliberales y democracias representativas títeres en dichos países, con el objeto de asegurar las condiciones propicias para la penetración de las empresas transnacionales provenientes del centro, que constituyen el brazo ejecutor de la dominación hegemónica para garantizar el extractivismo de recursos energéticos y otras materias primas necesarias para el crecimiento, prosperidad y preservación del poder geopolítico del hegemón y sus aliados centrales. Mediante la imposición de la moneda de reserva internacional (dólar) y la imposición de sus transnacionales como monopolios y oligopolios en los sectores extractivistas, pero también en todos aquellos sectores de actividad que son esenciales para la soberanía alimentaria y la independencia económica, el hegemón domina a los países de la periferia, extrayendo sus recursos materiales, sus recursos financieros, sus recursos humanos mejor calificados y, por ende, sus posibilidades de desarrollarse más allá de lo que los intereses del centro establezcan, toleren y permitan.

Por su parte, el Consenso de Pekín, también como método para el control geopolítico de los países que conforman la periferia del centro hegemónico, consiste en obtener el mismo extractivismo de recursos energéticos y otras materias primas necesarias para el crecimiento, prosperidad y preservación del poder geopolítico del hegemón y sus aliados centrales, pero con la diferencia de que no se hace por la vía de la imposición forzosa de modelos económicos y regímenes políticos títeres a los países de la periferia, sino a través del financiamiento para el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura (no de desarrollo de las fuerzas productivas, sino casi exclusivamente de infraestructura), como promesa de desarrollo para los países periféricos, pero a sabiendas de que el verdadero desarrollo de las fuerzas productivas no depende solamente de las inversiones en infraestructura, sino de otros factores claves como ciencia y tecnología, capital productivo, redes encadenadas de suministro y desarrollo de mercados, que el Consenso de Pekín obvia –con algunas excepciones de importancia menor– y que junto al endeudamiento externo motivado en las grandes inversiones en infraestructura, constituyen una barrera prácticamente infranqueable para que los países de la periferia se inserten realmente dentro de las cadenas de valor mundiales; es decir, para que dejen de ser periferia y se conviertan en centro.

Y esto último lleva a reflexionar sobre una realidad cada vez más incontrovertible asociada a ese tipo de sistema-mundo que surgeinevitablemente del sistema de mercado, es decir, del sistema de intercambio desigual de valor: al final del día, siempre se trata de una economía-mundo de tipo centro-periferia, caracterizada por la desigualdad económica entre las naciones. Es hasta cierto punto de Perogrullo y sentido común que, siendo los recursos materiales finitos, es imposible que todos los países tengan el mismo nivel de consumo de recursos materiales que tienen los países de más alto consumo actual. En otras palabras, no se puede sostener el mismo nivel de vida de un país como Estados Unidos para todos los países del mundo, sin que ello signifique el agotamiento acelerado de los recursos materiales económicamente aprovechables disponibles en el mundo entero. Lo que obviamente trae la inevitable implicación de que no todos los países pueden ser centro, es decir, países de renta alta o países ricos. Y dada la magnitud de la población mundial actual, ya el límite no es ni siquiera la renta alta, y tal vez tampoco siquiera la renta media.

En la medida en que los recursos económicamente disponibles del planeta se agotan o ralentizan en su ritmo de explotación, la puja distributiva entre los dos polos de poder se torna extrema, y solo hay dos soluciones geopolíticas posibles en este tipo de sistema-mundo: más periferia y, cuando está ya no es suficiente, entonces la única opción que queda es la guerra.

Guerra y periferia, es decir, destruir al rival y mantener a raya a todo aquel que pudiera convertirse en uno. Una lógica simple, si se quiere primitiva o básica, pero que al mismo tiempo explica a la perfección la historia del sistema-mundo centrado en el mercado como tablero de juego de las relaciones económicas entre los seres humanos.

En términos de doctrinas o teorías de las relaciones internacionales, esa lógica se corresponde con el denominado “realismo político”, punto de vista según el cual las naciones persiguen exclusivamente su propio interés, su propia seguridad nacional, y que en el ámbito internacional impera la anarquía, siendo siempre el equilibrio geopolítico un equilibrio precario de intereses nacionales en conflicto.

En contraposición, el “liberalismo político” no es más que utopía doctrinaria, pues las naciones al final del día nunca se interesan realmente por el interés común de la humanidad, y el supuesto orden internacional con instituciones que garantizan la armonía de intereses entre las naciones del orbe, capaces de influir en el orden interno de las mismas, se sabe que no es más que una declaración idealista de principios, porque los hechos demuestran que el orden internacional es impuesto por el hegemón, las instituciones internacionales están bajo su control y es el orden interno del hegemón, por ejemplo la doctrina del “destino manifiesto”

Militares latinos se alejaron de su esfera militar

En este momento, Venezuela es víctima de esta realidad, al verse sistemáticamente atacada y amenazada por la OEA, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la propia Organización de Naciones Unidas, para someterla e imponerle por la fuerza del hegemón atlántico monocefálico un sistema económico y político en su orden interno acorde con el Consenso de Washington.

Resulta claro que en el momento actual –y como siempre ha sido a lo largo de la historia de la humanidad– ambos bloques de poder hegemónico en la nueva bipolaridad mundial persiguen únicamente su propio interés, el cual está exclusivamente determinado por el interés del hegemón correspondiente de cada bloque, es decir, Estados Unidos y Rusia-China. Y las cuatro herramientas o instrumentos fundamentales para el ejercicio de su hegemonía son: el poder militar, el poder financiero (deuda), el acceso a recursos, principalmente energéticos, y la hegemonía monetaria.

El hegeMón atlántico monocefálico persigue el “Proyecto del Gran Oriente Medio” para controlar África Septentrional y Asia Central en cuanto al suministro energético y la ruta de los estupefacientes o ruta de la amapola. Para ello se apoya en la OTAN y utiliza el Consenso de Washington para imponer por la fuerza el neoliberalismo y las democracias títeres. De allí las revoluciones de colores en Asia Central y la primavera árabe en África Septentrional. El dólar ejerce la hegemonía monetaria.

El hegemón euroasiático bicéfalo persigue el “Gran Proyecto de Eurasia” o “Una Franja Una Ruta”, con la misma finalidad energética y la Ruta de la Seda por el interés vital de los corredores de comercio euroasiáticos; se apoya en la OCS y utiliza el Consenso de Pekín, sin imposiciones por la fuerza, sino a través del financiamiento y ejecución directa de grandes proyectos de infraestructura principalmente. El yuan busca desplazar al dólar como nueva moneda hegemónica mundial.

El Consenso de Washington no desarrolla la periferia, sino que la explota vía transnacionales y la mantiene sometida por la fuerza; mientras que el Consenso de Pekín desarrolla la infraestructura de la periferia a cambio de los recursos que necesita (materias primas y energía). Es por esta diferencia que, por ejemplo, un proyecto de inversión que puede tardar cinco años para que el Banco Mundial lo apruebe, las instituciones financieras chinas lo aprueban en tan solo tres meses.

Ninguno de los consensos hegemónicos impulsa el desarrollo de las fuerzas productivas endógenas de la periferia, aunque el Consenso de Pekín es indiscutiblemente mejor, mucho más tolerable y flexible, para los países periféricos

Ambas hegemonías son desarrollistas, ambientalmente insustentables, no resuelven la desigualdad económica entre las naciones y no persiguen el interés común por la humanidad, sino su propio interés hegemónico.

Es claro que lo que el mundo necesita para sobrevivir a largo plazo es que se imponga la utópica “armonía de intereses” postulada por el liberalismo político, la integración solidaria y complementaria de los pueblos planteada por la diplomacia bolivariana de Venezuela, así como la erradicación de todo intercambio desigual. Una sola gran nación humana, pero no edificada bajo el principio del “destino manifiesto” norteamericano o el novus ordo seclorum o el expansionismo a la china, sino bajo el principio de la solidaridad e igualdad universal. El derecho a existir de todos los pueblos y culturas del mundo.

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1182 noticias)
Visitas:
4614
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.