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Un bolivarianismo fracasado, en manos de gente no marxistas

15/09/2017 15:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Debemos reflexionar, entender el período político actual es complicado y ya

Aventis

 

 

Debemos reflexionar, entender el período político actual es complicado y ya, nos encontramos más allá de la coyuntura, por eso, debemos reunir en lo privado todas las tesis de la crisis del sistema capitalista y sus posibles salidas, que, incluye el análisis del período político y el debate estratégico actual sobre las teorías capitalistas y sus posibles salidas y, por último, el análisis del período político del actual presidente, Nicolás Maduro Moros.

A las coyunturas, no hay que enfrentarlas, muchos declinan la reflexión y se van a la violencia, sin tener una ideología clara, es una lucha vana que deslumbra sus diferencias en el campo territorial, todo tiene un nivel geopolítico, por lo tanto, hay que afinar las estrategias.

Debemos olvidarnos de la década de los 60 y 70, aquellas materializaciones de los movimientos sociales, ya se quebraron. Hay una nueva perspectiva que busca controlar el aparato del Estado por perpetuidad y que incluye el gobierno central. Esto, lleva al fracaso y la agricultura y modelos de producción   prácticamente se paralizan y crea desavenencias en los movimientos sociales.

Los procesos revolucionarios, en la actualidad son cambiantes, por eso imponer doctrinas y criterios, nos llevan al fracaso y a la dicotomía del poder y, olvidamos que el posmodernismo, tiene sus achaques argumentativos y las nuevas teorías, sobre todo, las de Ernesto Laclau deben ser sometidas a componentes novedosos de las aristas marxistas para evitar un marxismo ortodoxo que nos llevaría a una concepción atrasada de la economía, más allá, tenemos a Enrique Dussel y a Boaventura. Por eso digo, son apuntes delicados de una verdadera certificación política e ideológica.

Los conceptos dan igual. Los conceptos a veces intentan imponerse y fracasan. El de posmodernismo en oposición fracasó, el propio concepto de posmodernidad ha fracasado. De igual forma se quejaba amargamente Robert Dahl de que había fracasado el concepto de poliarquía. Hoy parece que tiene más éxito hablar de decolonialidad o pensamiento decolonial, que es una manera de decir lo mismo, es decir, que la modernidad ha sido colonial, patriarcal, productivista, lineal, y esos elementos hoy están cuestionados, por tanto, hace falta entender que estamos en un momento donde no se asume el patriarcalismo, no se asume la linealidad de una flecha del progreso univoca e ininterrumpida, no se asume el eurocentrismo con su condición epistémica, y tampoco se acepta el productivismo en un mundo donde ya hay medio planeta tierra invalidado por el abuso humano.

En eso, el presidente, Nicolás Maduro Moros se ha equivocado. Es un problema de lenguaje metapoyético, nada es idealista, todo es militante. Una unión de los tres elementos, lenguaje, cuerpo de la estructura y economía nos da una prolongación en el tiempo, nuestra verdadera realidad.

La modernidad, tiene sus pasos justos, como rasgos, entonces, debemos pensar en algo más allá de esa realidad, es la lucha semántica por la vida, la democracia, no es solamente participación electoral, eso está perdida. Democracia, es asumir los conflictos en conceptos políticos y, entender que la ciudadanía se encuentre presente en las coyunturas sociales.

Participación electoral has perdido, pues se entiende ese concepto como algo que exige a la ciudadanía.

Yo creo que, en ese sentido, tenemos que entender que no hay que discutir con conceptos que nos fragmenten, por eso nosotros en Venezuela cuestionamos el eje “derecha/izquierda”, porque cuando te sitúas en el eje “derecha/izquierda” sabe lo que está diciendo quien lo expresa, pero quien lo está leyendo igual está pensando una cosa radicalmente diferente, por tanto, son conceptos tan polivalentes que ya no sirven. Lo que es evidente es que estamos en un momento histórico de cambio, estamos en una crisis civilizatoria y convendría hacer un esfuerzo teórico, porque si no solamente vamos a aprender a través del ensayo y el error. Si bien es cierto que hay cosas que vamos a aprenderlas solamente a través del ensayo y el error, porque no hay modelos, ni pautas, convendría ser cuidadosos e intentar limitar al máximo los errores, porque el poder, las minorías, el capital, el norte, sigue atento y cobra muy caro cualquier tipo de error.

Hay que partir de la realidad en la que estamos. Es que el sentido común es neoliberal, es consumista, no hay una utopía alternativa a la utopía neoliberal que convierte cualquier sueño en un derecho, siempre y cuando lo mercantilice.

Entonces, en ese sentido, hace falta recuperar una nueva militancia que no vale ni siquiera en el nombre, porque militancia viene de militar. Esa concepción de ejército no es buena para el siglo XXI, pero sí que es verdad que hace falta ese compromiso fuerte de la gente que ha entendido la importancia de la transformación, que tiene que hacer una labor evangelizadora, sin pedir que nadie te lo recompense, sino que solo por el compromiso que nace de lo que consideras que es correcto.

En una oportunidad Juan Carlos Monedero expreso que nadie quiere ser clase obrera, nadie se define a sí mismo como clase baja, nadie se siente así mismo como sector popular. Ahora la gente se siente clase media, aunque esté jodida, y esa es una realidad que no la pueden solventar intelectuales diciéndole “no, no, tú eres clase baja porque te lo digo yo. Tú eres clase obrera porque te lo digo yo, porque he leído a Marx y entonces te voy a decir lo que tú eres”. Eso genera una falta de diálogo que no te permite entender nada. De hecho, una buena parte de los sectores populares está votando a la extrema derecha, lo cual es un disparate. Eso es un problema de la izquierda. Que los obreros voten a la extrema derecha es un problema de la izquierda, no un problema de los obreros. Es la incapacidad de la izquierda de poder haber establecido diálogos con esos sectores.

El voluntarismo se acabó. Le es difícil, entender lo que quería el pueblo y los sectores populares nunca van a neutralizar su realidad, buscando una correlación entre el gabinete Los partidos políticos son necesarios, los sindicatos, las universidades y los medios de comunicación también. Ahora hay que reinventárselo, porque si no son sustituidos por el mercado económico, por alguna forma de mercancía.

Muchos socialistas, insertados en el gobierno de Maduro buscan un argumento neoliberal y, son una especie de feudalistas, basta recorrer los mercados y darnos cuenta de los precios inflados. Total, el salario mínimo, creando problemas hospitalarios solo sirve para subsistir, por el otro lado, nos corresponde organizar cada bloque de esa estructura.

Hay que partir de la realidad en la que estamos

Le estamos, poco a poco, cercenándole la libertad al pueblo.

Más sencillo: si la economía se entiende separada de los demás elementos sociales, se convierte en una máquina que nos convierte a su vez en instrumentos deshumanizados. Una vez que se ha separado lo económico de los demás elementos sociales (la política, la cultura y los aspectos normativos), queda a la misma altura analítica quien afirma vehemente “esto es lo que hay” que quien dice “vamos a la catástrofe”. En esta línea de actuación, la referencia a una lectura poco matizada del caso alemán hace, en el medio plazo, más daño que bien a la causa emancipadora.

La conclusión de esta reflexión es simple: la catástrofe económica no viene “autorregulada”, sino que tiene como fase previa el abandono de los sectores populares de la puesta en marcha de una acción colectiva conflictiva que luche por un modelo alternativo. Cuando el sector público deja de invertir y gastar es porque la lógica del modelo se lo impide. Pensar que podría hacerlo es creer en una suerte de “capitalismo con rostro humano”, algo impensable cuando hay que sincerar la economía financiera -desatada en las fases de crisis- con la economía real -estancada-. Hay que buscar soluciones inmediatas a los problemas inmediatos, pero no hay que perder de vista la necesidad de pensar el modelo alternativo. Y los cambios estructurales siempre son revolucionarios, esto es, siempre cambiar el orden existente.

La lección más clara de la impunidad con que se aplicó en América Latina el neoliberalismo, con la plena connivencia de una clase política cooptada por el sector financiero, fue la pérdida de la autorización política, es decir, la ruptura de la ficción según la cual ganar unas elecciones guiadas por una interpretación débil de la democracia, permitía a los ganadores gobernar un país como si poseyeran un cheque en blanco durante cuatro años. Se vio en Argentina, en Ecuador, en Bolivia que ganar unas elecciones, una vez desenmascarada esa ficción -la de pasar por democracia lo que no es sino la cartelización de unos partidos controlados por unas cúpulas partidistas rehenes o copartícipes del neoliberalismo-, no significa ya gran cosa. Allí está el Gran Polo Patriótico.  Solo lo nombra, su militancia esta fuera de los cargos públicos.

El poder es una relación social, y si el pueblo deja de obedecer, la democracia representativa y participativa se derrumba como un castillo de naipes que, sobre la mesa, se demuestra lleno de ases que estaban en la manga de los poderosos. El poder nervioso de Goldman Sachs sobre la economía europea, que le lleva a romper las formalidades de la democracia formal, acelera la desautorización del sistema y acerca la necesidad de reconstruir el contrato social sobre bases realmente democráticas.

Los partidos forman parte de un cártel cuyas férreas reglas de funcionamiento marcan quién está dentro y quién fuera de la “democracia”. La principal regla tiene que ver con que ya no te financian los militantes, sino el Estado y los bancos (sin olvidar que el Estado, al menos desde el final de la segunda guerra mundial, se financia igualmente con déficit). Los militantes ya no construyen la ideología del partido, algo que corresponde los funcionarios del partido que gestionan las formaciones como empresas, más atentas a no poner en riesgo los empleos que a cambiar el sistema.

De la misma manera, lo relevante para gobernar no es tener detrás sindicatos, sino medios de comunicación, que sustituyen la ideología por un sentido común mercantilizado que se presenta como “opinión pública”. Medios de comunicación ligados igualmente a la estructura económica financiera. La conclusión es que es imposible que ninguna solución a la crisis bancaria venga de los que dependen precisamente de esa estructura bancaria. Rescate bancario, nuevos avales, privatización de cajas, son todas medidas tomadas por una clase política deudora del sector financiero. El deseo de que la alternancia solvente los problemas está a la altura de esperar que el león hambriento no te coma. Como si estuviera en su voluntad. Y ese león empezó a comerse los sueldos de los viejitos

La capacidad de que el Estado obtenga obediencia a sus mandatos no procede exclusivamente de los aparatos administrativos (leyes, jueces, policías, redes clientelares, recompensas simbólicas), sino que se extienden de manera amplia por la sociedad, en especial a través de los centros encargados de sistematizar la lectura compartida del orden social, esto es,  escuela, iglesia, medios de comunicación y universidad.

El Estado va a operar favoreciendo a estos ámbitos afines a su lógica (donde la clase es, cuando menos, condición necesaria) frente a cualquier otro espacio social que reclame autonomía e independencia. Así, el aparato estatal apoya a una iglesia -la católica en este caso- frente a otras o frente a la reclamación ciudadana de laicismo y aconfesionalidad; sostiene a una escuela que reproduzca las diferencias sociales y cree una ciudadanía acrítica -la escuela concertada-; financia unos medios de comunicación que presentan su interpretación de las cosas como la única posible o sobresatura de información paralela para emborronar el análisis; y, finalmente, en la cúspide del aparato intelectual (donde habita la gente que tiene como profesión la función de intelectual), busca sustituir a la universidad pública, centro potencial de producción de pensamiento crítico y emancipatorio, por universidades que, de diferentes maneras y en diferentes grados, van construyendo un “sentido común” con sus propuestas ideológicas, hasta llegar a presentar propuestasextremas y excluyentes -el fascismo- como una opción política más.

Yo creo que es un momento de profunda reflexión de aquella gente que en estos años ha mejorado su posición, que tiene unas esperanzas de vida mejores y que tiene que continuarlo.

Sería un error escuchar, una vez más, a esos cantos de sirena de una oposición que, ojalá la gente se dé cuenta, lo primero que harían, en caso del llegar al Gobierno, es empezar a pagar las deudas de aquellos que les han llevado al poder y, para ello, lo primero que harían sería privatizar la riqueza principal de Venezuela, que es Pdvsa. Generarían enfrentamiento social, romperían esa unión cívico militar, que creo que es un referente para toda América Latina, volverían a convertir a Venezuela en una colonia norteamericana.

Ojalá que aquellos sectores que ayer confiaron en Capriles y que hoy son esa legión de los que no saben qué votar, porque se han dado cuenta de que tienen mucho que perder con un cambio de gobierno, sean conscientes de que la suerte de Venezuela en el camino de la democracia, pasa por la continuación del proceso bolivariano. Y que ya no solamente es una cuestión de Venezuela.

Yo le diría a esa gente, que todavía está decidiendo el voto, que sepa que desde Europa, desde España, Francia y Reino Unido, desde otros lugares de América Latina estamos confiando plenamente en que el proceso venezolano continúe esta senda, tenga fuerzas para solventar aquello que no ha hecho bien, tenga fuerzas para atreverse a ir mejorando aquellos elementos que todavía están reclamando su momento, su tiempo pero, sobre todo, que no frenen algo que es esencial para el futuro de Venezuela, para el futuro de América Latina y, créannos, desde Europa también el futuro nuestro puesto que, por primera vez, el Sur es un referente para nosotros.

Cuando el poder quiere mantener un privilegio, coloca una ficha en el gobierno. Cuando los trabajadores quieren defender un derecho, o ponen el pecho o se convierten en estadísticas de paro o precariedad.


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1183 noticias)
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