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Competitividad y tipo de cambio: porqué los empresarios no debieran buscar que la moneda se devalúe

02/01/2012 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se escucha a menudo comentarios técnicos que recomiendan la devaluación de la moneda por atrasos u otras explicaciones. Sin embargo, tal argumentación no resulta consistente con la formalización racional del caso. En este trabajo se expone dicha formalización y se ensayas las consecuencias

Es común que las empresas de productos transables internacionalmente pidan sistemáticamente la devaluación de la moneda. Saben las empresas de productos no transables que algún arbitraje, directa o indirectamente, puede llegar a favorecerlos aunque inicialmente les perjudique y, o bien no bloquean políticamente dicha idea, o directamente la piden. Se puede entonces tratar de buscar las razones de dicho comportamiento ya que, siendo sistémico, debiera ser racional. Sin embargo, la formalización del caso demuestra que las cosas no son tan claras y que la competitividad no proviene necesariamente de un tipo devaluado. Como esta aseveración va en sentido contrario al “ser argentino”, según sigue se plantea el problema y se ensaya algunas conclusiones.

Tómese cualquier firma cuyas variables son p (precio de venta unitaria al público que varía con la cantidad ofrecida, es decir, competitivo imperfecto), q (cantidad de unidades vendidas), TC (tipo de cambio o precio de la moneda foránea, independientemente que sea dólar, euro u otra moneda), I (precios de los factores productivos, es decir, salarios, alquileres, insumos, por unidad de recurso utilizado, como ser $ por hora si refiere a un salario), e (estándar, es decir, la cantidad de recursos para producir una unidad del producto vendido), m (disminución del “e” por mejora tecnológica), kp (incremento de TC que se traslada a precios), kc (incremento de TC que aumenta el valor de “I”, o medida de incremento de costos por tipo de cambio).

Si el empresario es racional y pide devaluar la moneda, pretenderá que sus resultados económicos, esto es, las ventas menos los costos, sean superiores después de la devaluación. Su ganancia por la devaluación vendrá por la diferencia entre ingresos y costos una vez devaluada la moneda respecto al estado sin devaluar. Matemáticamente debiera ser cierto que

[(TC+ kp)/TC] p q - [(TC+ kc)/TC]I e (1-m) q > p q – I e (1-m)q

Si se trabaja aritméticamente dicha expresión buscando el nivel de kp que permite dicho resultado se alcanza la siguiente expresión

pkp > I e (1-m) kc

Dicha expresión permite entender que la devaluación es competitivamente rentable en la medida que el mercado convalide incrementos de precios en una magnitud superior a I e (1-m) kc . Lógico es pensar que más personas van a adquirir los productos en la medida que kp sea bajo debido a las concebidas consecuencias de la sustitución propia de mercados competitivos y elección racional del consumidor. Con lo dicho, y para que ello sea posible, existen diferentes políticas productivas:

1- Lograr precios de factores bajos, es decir, I bajo.

2- Lograr que la devaluación no se traslade a los factores, es decir, kc bajo.

3- Establecer mecanismos de mejora continua por medio de estudios tecnológicos de métodos y tiempos de tal suerte que “m” crezca.

Solo será sustentable en el tiempo que las ventajas competitivas provengan de mejoras tecnológicas independientemente de la posición del tipo de cambio

Los enfoques económicos se plantean a partir de empresas eficientes con lo que no sería posible que “m” sea diferente a 0. Sin embargo, la visión ingenieril de la producción [1] parte de la hipótesis perfectamente opuesta ya que se sobreentiende que los sistemas productivos a corto plazo tienen ineficiencias. Por ejemplo, si para producir un flan se requieren 12 huevos, el valor de “e” que se utiliza en una empresa eficiente es 12. Ahora, si esa empresa en lugar de comercializar un flan comercializa 10.000 flanes, seguramente ese estándar no se alcanzará por problemas de ineficiencia sistémicos y no sistémicos. En consecuencia podrá ser 12, 13; 12, 15, etc… huevos por flan ya que existen huevos que se rompen, que se inutilizan por paros tecnológicos, es decir, mermas o caídas tecnológicas en general. Tratar de alcanzar el estándar 12 es casi utópico. Sólo es posible acercarse por mecanismos de mejora que deben ser estudiadas y analizadas para su implementación. Por dichos mecanismos de reingeniería, los procesos requerirán 12, 13 huevos por flan, luego 12, 11 y así en series sucesivas con menor ineficiencia.

Obsérvese que a medida que “m” crece, menos necesidad de incremento de precio se requiere y más eficiente es el sistema económico en general. Políticas de desarrollo competitivo en esta dirección no requerirán incesantes pedidos de devaluaciones ya que ese objetivo no será relevante frente a la real posibilidad de establecer mecanismos de utilidad consistentes en el tiempo. Claro que todo lo dicho es cierto en sistemas competitivos. A medida que ello deja de ser cierto y las empresas abusan más de su poder de mercado, no tendrán incentivos en buscar valores menores de “m” puesto que todo precio es convalidado por un mercado donde compra sólo el que puede comprar y no tiene forma de sustituir por la inelasticidad que genera el abusivo poder de mercado.

Por el contrario, ¿qué sucedería si el mercado es competitivo con bajo poder empresarial (competencia imperfecta) y las empresas no buscasen mecanismos de mejora concentrando las ventajas en las devaluaciones competitivas?. Volviendo a la fórmula, existiría un incremento de precios en proporción al incremento de costos que sólo sería inflacionario. Los precios no podrían mantenerse altos con lo que en poco tiempo kp desaparecería y con él todo posible beneficio recreándose nuevamente la necesidad de otra devaluación, y otras, y otra, …

En definitiva, solo será sustentable en el tiempo que las ventajas competitivas provengan de mejoras tecnológicas independientemente de la posición del tipo de cambio ya que, como se expuso, resulta perfectamente posible.

Profesor José Luis Infante

Europa  Press

UNLP

[1] El término ingenieril utilizado en forma amplia incluyendo todas las tecnologías de producción no necesariamente derivadas de la profesión de la ingeniería, por ejemplo, arquitectos, médicos, odontólogos, artistas que comercializan sus productos, etc…


Sobre esta noticia

Autor:
Jose Luis Infante (8 noticias)
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Opinión
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