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18-06-2013
Arteytextos
Publicada el 01-06-2012 02:39 0 1

El conceptualismo y el laberinto de la redundancia

image La principal dolencia del conceptualismo –y de esa curiosa categoría contradictoriamente intemporal que se autodenomina arte contemporáneo - es el principio de redundancia . Desde mediados de los años '50, los oficiantes y los abogados del conceptualismo nos agobian con la repetición incesante de las provocaciones y los absurdos de Dada, impulsados por la peregrina creencia de que el verdadero arte –la milenaria pintura figurativa- era demasiado serio, demasiado elitista y demasiado viejo como para ser arte verdadero. Su gran pecado, dijeron, era el de ser un arte no contemporáneo . La sensibilidad de hoy, decían, reclama un arte nuevo, un arte fundacional, diferente a todo cuanto se hizo en el mundo durante los últimos cincuenta siglos. Con ese argumento, el nuevo arte contemporáneo proscribió al viejo y exigente arte figurativo y lo suplantó por los experimentos abstractos de Kandinsky y Malevitch y por las provocaciones de Dada, que lo democratizaron hasta mimetizarlo con las intrascendentes acciones de la vida cotidiana. Así nació la era de la ruptura y de la liberación del arte, cuyo único requisito –hacer cosas diferentes, hacer lo que nunca se había hecho- , liberó al nuevo arte del conocimiento y la disciplina, y le abrió las puertas de la notoriedad artística a la ineptitud y la incompetencia, inaugurando el dudoso y exclusivo mérito del conceptualismo : es la única actividad del mundo –sea en lo científico, deportivo o cultural-, cuya práctica no requiere conocimiento ni formación alguna. En esta fácil y benévola era de la redundancia ya no es necesario hacer algo bien hecho , ni hacer algo comprensible y capaz de conmovernos: basta con repetir una vez más el gesto mil veces repetido de exponer un zapato o una lata de sopa, y decir esto es arte, para adquirir el título de artista. Pero pronto se hizo evidente que el impulso básico del nuevo arte, cifrado en la negación o la superación de todo lo ya hecho , arrastra un problema insoluble, que se resume en algunas sencillas preguntas: después del lanzamiento de la primera andanada de formas geométricas, simples texturas, objetos instalados , acciones públicas, animales muertos, ocurrencias estrambóticas, objetos cotidianos y productos del supermercado, ¿cómo se podría seguir haciendo algo que fuera realmente nuevo ? ¿Y hasta cuándo va a seguir siendo nuevo lo que hace sesenta o cien años fue nuevo respecto de la pintura figurativa? Ante la carencia de respuesta, se optó por lo único que quedaba: la no respuesta de volver a presentar el mismo aluvión de extravagancias una y otra y vez, como si la pregunta nunca hubiera sido formulada, o como si fuera ilegítimo formularla. Sin embargo, para resultar convincente, la supuesta novedad necesita la credibilidad del público; es por eso que los oficiantes y los abogados del conceptualismo, metidos por sí mismos en el insoluble dilema de la redundancia , exigen que el público participe en el simulacro de la novedad. Pero todo es inútil: la trampa de la redundancia no tiene una salida hacia adelante . Como en el laberinto de Creta, solo se puede salir desandando el camino.

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Autor: Arteytextos (70 noticias)

Fuente: arteytextos.blogspot.com

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Tipo: Reportaje

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