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Las consecuencias de la crisis europea en la Argentina

06/06/2010 13:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ya hay problemas en el aspecto financiero para la colocación de nueva deuda. Y habrá caídas en el comercio internacional

La crisis internacional, que tiene hoy su epicentro en Europa, comenzó a sentirse en la Argentina. Ya se advierten los primeros contagios en el terreno financiero, en el precio de las materias primas que se exportan, en las presiones importadoras y en el achique del comercio exportador, con su incidencia en la actividad económica.

Por de pronto, ante la suba del riesgo país, la posibilidad de obtener financiamiento externo a un dígito de la mano de la operación del canje de la deuda quedó trunco porque implicaría convalidar tasas superiores al 13%. Y el propio canje, por razones domésticas pero también por el deterioro global, consiguió hasta ahora una baja adhesión, menor que la esperada por Economía. De este modo, el nuevo panorama internacional frustró el objetivo del Gobierno de retornar a los mercados internacionales de deuda y sacar a la Argentina del default.

Pero un dato adicional es que desde el inicio de esta nueva fase de la crisis global, “la Argentina resultó relativamente más afectada que sus pares latinoamericanos”, dice Maximiano Castillo, de la consultora ACM. “Desde finales de abril, los seguros contra default para activos argentinos se vieron incrementados en un 29, 6%, mientras que los brasileños y chilenos, entre otros, lo hicieron en menor cuantía, en un 21, 2% y 11, 8%, respectivamente”.

En 2009, la crisis global provocó una caída del 4% en la actividad económica, achicó drásticamente el comercio exterior y obligó al país a tomar medidas extraordinarias, como acciones antidumping, licencias no automáticas y otras trabas a las importaciones, la estatización de las AFJP a fines de 2008, el uso de las reservas para pagar la deuda y la transferencia de fondos del Banco Central y hasta de la ANSeS a la Tesorería, proceso que se está acentuando en los últimos meses.

Este año, la crisis global, iniciada a mediados de 2007 y que muchos dieron por superada por el repunte de 2009, se reanudó con la insolvencia griega y la vulnerabilidad fiscal-financiera de Portugal,

España e Irlanda, y rápidamente se extendió al resto del continente, depreciando en más del 15% el euro en pocas semanas.

Ahora ya casi todos los especialistas coinciden en que la crisis europea aún no tocó fondo, que las medidas “de ajuste” acentuarán el bajón económico, que incluso hasta algunos países podrían abandonar el euro y muchos aventuran que podría llevar a una nueva recaída de EE. UU., como surge de los últimos datos de suba del desempleo. Y que las medidas regulatorias adoptadas sobre los fondos especulativos llevarán a una salida de fondos de América Latina para “cubrir” las posiciones que esos fondos deberán desapalancar.

Así, por la depreciación del euro y la recesión europea, ya en el primer cuatrimestre de este año las exportaciones a la Unión Europea retrocedieron el 4% con respecto a igual período del año anterior, especialmente en manufacturas de origen agropecuario. En tanto las importaciones desde esa zona aumentaron el 47%, principalmente por las compras de bienes de capital y bienes intermedios.

Peleas internacionales

La Argentina coloca casi el 20% de sus exportaciones en los países de la Unión Europa e importa un porcentaje similar. Estos números seguramente se modificarán porque será más difícil y caro vender en Europa y más barato y fácil importar desde el Viejo Continente. Ya los datos de los primeros meses de 2010 marcan una mayor entrada de productos europeos.

Pero además, los países con fuerte presencia en el continente europeo – entre ellos, China y Brasil — buscarán colocar en otros mercados lo que están dejando de colocar en Europa. Se repotencia así la perspectiva de conflictos comerciales, como ya se está viendo en las peleas de la Argentina con China por el aceite de soja, y con la Unión Europea, Brasil y Uruguay por las restricciones adoptadas en las últimas semanas a la importación de alimentos. Muchos analistas coinciden en que ya empezaron a resurgir los planteos oficiales y también privados de “administración” del comercio y que la prohibición de importar alimentos es un ejemplo en esa dirección.

Pero el problema no es sólo el euro, sino el resto de las monedas. “Si lo que predomina es la devaluación del euro respecto al resto de las monedas, el impacto sobre la competitividad vernácula sería acotado. Pero si el escenario se combina con una revaluación del dólar, las consecuencias serían otras. Aquí la principal amenaza sería la devaluación del real en Brasil”, dice el último Informe del Banco de la Ciudad de Buenos Aires.

Justamente, esa combinación cambiaria fue prevaleciendo en los últimos días. El euro no detuvo su caída, el dólar se apreció, el real acumula una devaluación que supera el 8% desde el inicio de la debacle griega y se alejan las posibilidades de que China acepte revaluar su moneda. En cambio, el peso argentino siguió apreciándose ya que la depreciación nominal fue muy inferior a la inflación real.

El informe del banco porteño agrega que “el impacto de la apreciación cambiaria difiere según las regiones de acuerdo con el patrón de comercio bilateral. China y Brasil presentan las principales amenazas. Con China, el problema está del lado de las compras externas, ya que el 90% de las importaciones corresponden a productos industriales con cierto grado de elaboración y con presencia de competidores locales. Desde 2008 se registra un creciente déficit bilateral por el aumento de las compras a China.

Del lado de las exportaciones, la apreciación cambiaria no representa un problema: nuestras ventas se concentran en productos primarios y agroindustriales (cerca del 80% son porotos de soja y aceites) cuyos precios se determinan en los mercados internacionales.

En el caso de Brasil, 78% del comercio bilateral corresponde a manufacturas. Aun sin contar el bloque automotriz que cuenta con su propio esquema de comercio regulado, el intercambio bilateral es altamente intraindustrial y la apreciación del peso respecto al real está alimentando un creciente déficit comercial, luego de equilibrarse durante en 2009”.

A su vez, los coletazos de la crisis europea, la fortaleza del dólar y las preocupaciones ante una posible recesión mundial que achique la demanda de alimentos siguieron presionando a la baja los precios de los commodities agrícolas.

Para la consultora Analytica, que entre otros dirigen los economistas Ricardo Delgado y Eduardo Levy Yeyati, “el contagio de la crisis europea al mundo emergente es evidente cuando miramos los flujos de inversión internacional hacia los mercados de acciones y bonos de países emergentes”. Y agrega que la caída en volumen fue más pronunciada en Brasil y México, y, previsiblemente, en economías europeas como Polonia o Hungría, que en Argentina, donde los mercados siguen a la expectativa de las primeras noticias del canje”, para concluir que “el canje debería sobrevivir a la crisis europea, pero no así las expectativas de emisión de nueva deuda a tasas de un dígito”.

Analytica sostiene que “más importante aún para el contexto local es el efecto de la crisis europea sobre las monedas. En lo que va del año, el dólar se apreció cerca del 10% con relación a las monedas fuertes y los pronósticos apuntan a un fortalecimiento adicional del dólar. En otras palabras, la crisis europea amenaza con invalidar la estrategia del Ggobierno de apuntar a una tasa de depreciación en línea con la inflación oficial que, en estas circunstancias, podría implicar tasas de apreciación real del peso cercanas al 20% en el año”.

Por su parte, la consultora Abeceb, que dirige Dante Sica, sostiene que “el primer canal de impacto podría ser el comercial. Una reducción de la demanda externa de Europa afectaría la generación de empleo, con repercusiones en el resto de la economía interna”.

Pero también “con la crisis de Grecia, la soja ha mostrado una tendencia bajista. Una disminución del precio de la soja tiene impacto sobre la entrada de capitales por la vía comercial, también implica menor cantidad de recursos para el Estado y una disminución del ingreso nacional. No obstante, la caída no ha sido tan pronunciada y los pisos de US$ 340 la tonelada no se han quebrado todavía”. Y además, “hay un canal que sí se está viendo afectado por la crisis europea y que complica las intenciones del Gobierno de volver a los mercados financieros en el cortísimo plazo. El riesgo país, que se elevó en concordancia con los índices globales, no permite al gobierno disfrutar de los beneficios del canje presentado el último mes, ya que el problema heleno le “cortó” la racha bajista al riesgo país”.

Poco podría hacer el Gobierno ante la tormenta externa. Sin embargo, a pesar de los nubarrones, ni siquiera tomaron un paraguas.


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