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Cristina, la mas peronista de todas y todos

05/06/2013 07:24 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Perón supo construir el único experimento totalitario de la historia argentina. Ni siquiera la dictadura de Videla pudo lograr que no ser adicto al régimen pusiera en peligro al ciudadano

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Es el gobierno actual el más parecido a los dos primeros gobiernos de Perón ? Veamos similitudes y también sutiles diferencias.

Perón supo construir el único experimento totalitario de la historia argentina. Ni siquiera la dictadura de Videla pudo lograr que no ser adicto al régimen pusiera en peligro al ciudadano. Los empleados públicos debían estar afiliados al partido peronista, comenzando por los maestros. Los libros de la primaria enseñaban a leer con textos y figuras de Perón y Evita, que se confundían o reemplazaban con figuras paternas. La doctrina se enseñaba desde los primeros grados. Irrumpieron en la escena los “jefes de manzana”, responsables políticos ante el partido y la policía de las actividades de los vecinos, midiendo con un centímetro imaginario la adhesión y fidelidad al régimen, so pena de ser delatados si no dan la talla.

La prensa libre, ahogada perseguida dejo de existir, Alberto Gainza Paz y su familia fueron extorsionados y amedrentados a límites insostenibles, porque se resistió a venderles La Prensa, único diario importante de la época que no fue cooptado. El gobierno manejaba la importación y distribución del papel prensa, todo aquel que fuera opositor, o bien, no recibía papel o solo lo suficiente para imprimir un par de páginas

Perón odiaba a los tibios, “el que se desentiende de hacer su parte es tan enemigo como el que trabaja en contra”. El pensamiento único “ningún argentino de bien puede negar su coincidencia con los principios básicos de nuestra doctrina sin renegar primero de la dignidad de ser argentino”, es simple el que no es peronista no es argentino.

El culto de la fuerza es parte constituyente del peronismo y siempre ha logrado una unánime popularidad. Diría que sus orígenes se sitúan en el fascismo y el totalitarismo. Al jefe no se lo discute y eso es todo. Con la misma ceguera, con el mismo miedo al castigo, todo pensamiento crítico deviene en traición.

“Copar la plaza”, “ganar la calle” las consignas son todas militares, combatientes. Nadie trata de convencer a nadie, a nadie le interesa, en realidad, la voluntad de la mayoría ; se trata de manipular, por la fuerza si es necesario, el fin es ganar por el medio que fuere y, si es sucio, mejor. Lo que importa es rápidamente ir al voto y aplastar. ¿ Y la minoría ? Pero ¿a quien le importa la minoría?. Y sobre todo no discutir: la mayoría es absoluta y monolítica – aunque no lo sea- de allí su fuerza.

El culto de la fuerza es parte constituyente del peronismo y siempre ha logrado una unánime popularidad

Cristina dice que tiene un modelo. Perón no lo dijo con las mismas palabras, pero también lo tenía. Perón produjo una verdadera revolución social en la Argentina hasta entonces conservadora, logrando que los trabajadores alcanzaran a compartir el producto bruto en dos mitades equivalentes. Cristina bajo su mando los pobres son, todavía hoy, un 30 por ciento de los argentinos. Para demostrar que lo suyo era una revolución, Perón no necesitó disfrazar sus cifras con algo parecido al Indec. Podría sostenerse que su revolución social tuvo un alto costo económico, un costo que era evitable. Lo que no podría sostenerse es que, torpe o no, fue una revolución.

Como se ve en la manera y en los modos de hacer política y ejercer el poder, hay muchísima similitud entre ambas gestiones, más allá del maquillaje, ropaje y aggiornamiento de las terminologías, en la sustancia encontramos la misma materia, la obsesión por el poder total y concentrado en una sola persona, la inclaudicable idea del pensmiento único, el desprecio por la oposición y el pensamiento plural.

Quizá la diferencia más acentuada entre los dos modelos de poder sea la dirección de la mirada . La mirada de Perón apuntaba al futuro: el futuro de una Argentina social que al fin no consiguió. Cristina, en la medida en que insista en el sesgo camporista que también caracteriza a sus asesores, aún mira al pasado; a un pasado que, porque ya lleva 40 años, nos queda cada vez más lejos. ¿Es posible, todavía, insistir en los años setenta, esos años que dividieron sangrientamente a los argentinos?

Muchas veces hemos sido una nación de odiadores . Unitarios contra federales, nacionalistas contra liberales, conservadores contra radicales, Montoneros contra militares? ¿Es acaso nuestro destino dividirnos con cada generación, desgarrándonos entre dos memorias incompatibles? Mientras no demos vuelta la dirección de la mirada, y aprendamos la lección de la historia estaremos condenados a repetirla

vascoviejo


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Vascoviejo (24 noticias)
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Usuario anónimo (07/06/2013)

Creo que es suficiente información para preguntarnos por qué siempre los argentinos estamos envueltos en este tipo de personajes