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Nuestro deber es proteger los cultivos nativos...

02/06/2013 18:42
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Principal Nuestro deber es proteger los cultivos nativos... Dom, 06/02/2013 - 01:08 “Nuestro deber es proteger los cultivos nativos”

Por María Teresa Morresi

A Magda Choque Vilca (50), ingeniera agrónoma, la llaman "la reina de las papas andinas". Lucha por defender las variedades originales del Altiplano.

Con un rostro anguloso y pelo ensortijado que se agita como soplado por la brisa que barre los cerros y las quebradas que vive recorriendo sin pausa en su Jujuy natal, Magda -Magui- Choque Vilca (50), 19 generación del cacique Viltipoco de Tilcara, el guerrero que le hizo frente a los españoles, es "la reina de las papas andinas". Un puntal en la recuperación de los cultivos nativos americanos del norte argentino entre los que además de los papines se destaca el yacón y la súper nutritiva quinua, que este 2013 celebra su año: sí, el Año Internacional de la Quinua.

Ingeniera agrónoma, reconocida por su tarea en Latinoamérica, incluso en Europa, desde sus años de estudios se dedicó a cuidar la biodiversidad de su tierra natal y sobre todo su cultura.

Es investigadora de alma, conocedora como pocas de los secretos de los pequeños y coloridos papines andinos -esas mini papas azules, rojizas, amarillas, redondas u alargadas de sabores y usos diversos- a los que empezó a redescubrir y a recuperar con pasión y minucioso trabajo hace más de 25 años, en lugares remotos, dispersos por esa geografía de la quebrada que invita al silencio, a tocar las estrellas en las noches que allí parecen más inmensas.

Magui es uno de esos seres que siempre salen a recorrer los campos sin temor a los vientos, al sol que quema la piel, al frío y a los caminos que suelen ser apenas sendas desde las que se ven imponentes los cardones asentados sobre las montañas, a veces de colores rojizos, y la ida y vuelta de llamas y ovejas que pastan por las serranías. No hay mal clima que la detenga ni complicación u impedimento para llevar adelante la tarea de revalorizar la historia de su gente, los cultivos, los alimentos, la tarea diaria de los pequeños agricultores, rindiéndole culto a la sagrada madre tierra, la bendita Pachamama.

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Los bailes y los frutos de la tierra

Ella siente desde lo más profundo, una solida autoestima porque la educaron para experimentar orgullo por sus orígenes, historia y costumbres; un rasgo que aflora con nitidez cuando habla:

"Yo siento plenitud en mi trabajo con la gente y con la tierra", dice esta mujer nacida en La Quiaca un 25 de noviembre de 1962. "Ahí viví hasta los 12 años con mi madre, maestra de escuela y de vida, y mi padre empleado en el correo. La Quiaca, que está a más de 3400 metros sobre el nivel del mar en el Altiplano -la puna- en el norte extremo de la Quebrada de Humahuaca, es especial. Los quiaqueños somos bailarines, somos fiesteros. Cualquier motivo es bueno para festejar. Al ser limítrofe con Bolivia, las pasiones de ese pueblo son también las nuestras. Escuchamos una cueca y los pies bailan solitos. Ahí viven descendientes de turcos, de árabes y gente que viene del campo, arrieros que venden los corderos, las papas y los maíces".

De niña convivía con las serenatas y comía las picantes empanadas de Villazón, Bolivia. Fue feliz. Sus recuerdos están llenos de momentos grupales alegres. "Mi mamá presidió la comparsa de los Chipas, la comparsa de carnaval de un lugar al que llegan las personas trayendo manzanas y otras frutas del campo".

A los 12 años se mudaron a Tilcara, de donde era su padre. Ahí vivió el campo, estableció una particular relación con las comidas, con el clavel y con la gente del lugar. Compartió el tiempo con su abuelo Victorico, con su tío Germán, poeta, y con su abuela cocinera quien le enseñó mil y un secretos que fue y sigue transmitiendo de generación en generación en especiales encuentros comunitarios.

Para interesar a la gente en esos productos en vías del olvido, creó un espacio particular, "Los sabores de la tierra", lo hizo con la comunidad de Coctaca. Fue un viaje memorable a las recetas del pasado y un ejercicio de memoria colectiva. En el encuentro las abuelas cocinaban, hablaban sobre las recetas y se relacionaban armando una trama infinita de saberes casi ocultos.

"Mamé la tierra, la cocina y los colores de la quebrada. Siendo la única nieta que estaba con mis abuelos, pelaba maíz, hacía escabeches y otras comidas. Eso hizo que quiera transmitir el orgullo por mis raíces. Siento que la puna y la quebrada son mías.

En ese andar por mis raíces aprendí a amar el carnaval, de ahí que mi año empieza en el carnaval, no solo por el baile y la fiesta sino porque es un lugar donde se encuentran las personas. Aunque hoy transite otros espacios, mi ciclo de vida sigue regido por ciertos hábitos. En la Semana Santa estoy en la ermita de la virgen de Copacabana de Punta Corral, en medio de los cerros. Se baja hacia Tilcara en una gran banda de sikuris, y el 1 de agosto se hace un sahumo para la madre tierra".

Vida natural vs. tecnología

Magda vivió la escuela secundaria entre Tilcara y San Salvador de Jujuy y después estudió ingeniería agronómica. Lo hizo en la época de la revolución verde, iniciada por el agrónomo estadounidense Norman Borlaug. Entonces se utilizaban variedades mejoradas de maíz, trigo y otros granos y se aplicaban plaguicidas y fertilizantes químicos. Con estos procedimientos, la producción llegó a ser cinco veces superior que la obtenida con las técnicas y variedades tradicionales. No obstante aumentar la productividad, esto generaba impactos negativos y ataba a los cultivadores a paquetes tecnológicos.

"Eso iba en contramano de nuestros deseos. Yo no estaba interesada en ese tipo de agricultura. Yo promovía la diversidad y la cultura, la protección de la vida, de las semillas. Al recibirme, tuve contradicciones. Sentía otra lógica. Comencé a rastrear las papas cuando queríamos preparar con mi abuela ciertas comidas pero no las encontrábamos.

Con la gente de unas 45 comunidades, nos preguntamos si podía ser útil encontrarla y nos decidimos a indagar e ir ubicando algunas que parecían ya extinguidas. Al principio aplicaba un método científico, luego fui cambiando. Trabajé con quienes eran guardianes de esa diversidad que se apagaba".

Unida a los pequeños agricultores fueron recuperando variedades –hay más de 47 y en la quebrada, entre Jujuy y Salta, debe haber unos 3000 cultivadores- y luego, hace de esto 15 años, organizaron la feria de las papas andinas, un espacio colorido y abierto en el que no faltan las copleras, los intercambios de semillas, las papas decoradas con accesorios multicolores realizados con hilados de la zona y un bullicioso movimiento que promueve la continuidad de la riqueza nativa. La última feria tuvo lugar el 11 de mayo en Tumbaya, Jujuy.

Hoy concurren entre 400 y 500 campesinos a cada encuentro. Llegan con sus bolsas temprano, bajando de los cerros, de lugares apartados y poco accesibles en algunos casos, a mostrar e intercambiar lo mejor que tienen para seguir cultivando artesanalmente esas maravillas que les dio la naturaleza. "Para conservar las papas hacen falta las ferias, una costumbre que se había perdido y que es fundamental, así como la transmisión de conocimiento culinario. Necesitábamos volver a poner en valor el espacio ferial", sostiene.

Alimentos con historia

Magda, en su tarea de sacar a la luz la riqueza propia de la región, junto a Susana Martínez, hoy presidenta de la Cooperativa, portal del patrimonio, y otras mujeres, fue también visionaria e impulsó al grupo que impidió la desaparición del yacón, una raíz comestible parecida a la batata, acuosa, con sabor a melón, considerada 'la miel andina' y que según algunos cronistas, los chasquis o correos de la época de los incas llevaban en sus alforjas para saciar sus necesidades de agua.

En la actualidad, al yacón lo cultivan en Bárcena unas quince familias, convirtiéndolo en infusiones, caramelos y dulces. El yacón, con valor agregado, viajó varias veces a Turín, Italia, a esa fiesta enorme de comunidades campesinas y cocineros de todo el mundo que es Terra Madre, un homenaje que realiza el Movimiento Slow Food. Magda trabajó en la Facultad de Ciencias Agrarias de Jujuy, en la Cátedra de Horticultura, y en la actualidad es Directora de Educación Superior de la provincia de Jujuy desde donde alienta la formación docente y técnica.

Promovió el desarrollo de la Tecnicatura en cocinas regionales y cultura alimentaria que se dicta en Tumbaya (la primera promoción se recibió en 2010). Su marido y sus hijos la acompañan en este esfuerzo por darle un giro a la historia y lograr que los cultivadores tengan un trabajo digno del que se sientan orgullosos.

"Las generaciones que nos precedieron conservaron alimentos y recetas. No podemos dejarlos morir. A las papas queremos protegerlas, redescubrirlas para que nuestros hijos las disfruten. Perder una variedad es como perder a uno de nosotros." fuente

MAS INFO: http://buenasiembra.com.ar/ecologia/agricultura/exitosa-experiencia-de-cultivo-de-quinua-194.html

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