Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Emiro Vera Suárez escriba una noticia?

Desvergüenzas en el callejón del diablo

13/11/2018 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En España ya hay empresas de publicidad que ganan cifras astronómicas con influencers, pero de ficción

Fusión y Convivencias

 

Estamos perseguidos por una verdadera campaña mediática proveniente de los países desarrollados que nos colonizan de nuevo y, entraron en una verdadera pugna y, lo que vemos en los reportajes de prensa es de cirugías estéticas hasta un buen caviar, nuestros hijos queriéndose ir al exterior para ser esclavizados y, otros grabándose un video para ser expuesto en las redes sociales, los más locos anuncia su boda. Pero, lo mas cumbre es ver jovencitas retocándose las tetas para lucir un buen escote y, no ser admirada por nadie.

Pero, las agencias de lujos vienen cerrando sus puertas porque, no hay usuarios. Menos dólares para adquirir esos performances.

En España ya hay empresas de publicidad que ganan cifras astronómicas con influencers,  pero de ficción. Uno de los ideólogos de este creciente mundo orwelliano destacaba en una entrevista el valor de estos kabukis, como los llama rememorando los personajes del teatro japonés clásico con sus extraordinarios maquillajes, frente a la frialdad y simpleza de los bots que no tienen nada de glamour, no son capaces de mantener encendidas discusiones en las redes y cada vez son más fáciles de identificar y desechar. Son usuarios falsos de Facebook, Twitter o Instagram a los que tal vez sigamos sin saber que no existen; son personas que nos dicen qué comprar, cómo ser y qué pensar por un coste mucho más barato -y menos riesgos- que los celebreties chinos.

Concluía Nicola Chiaromonte en La paradoja de la historia, es una época de mala fe, pues no ha dejado de creer, pero carece de convicciones genuinas. Las verdades inútiles, que aportan significado al mundo, han sido reemplazadas por mentiras útiles, del mismo modo que los bienes únicos -como sostuviera el antimoderno William Morris- han sido sustituidos por innobles sucedáneos. Sus brillantes "lecturas sobre el progreso", donde el filósofo italiano analizaba el recorrido de la idea en obras de Stendhal, Tolstói, Martin du Gard, Malraux y Pasternak, fueron publicadas en 1970, hace ahora casi medio siglo, pero el tiempo desde el que hablaba es en esencia el mismo que seguimos habitando con la diferencia -no menor para quienes vivieron sometidos a las dictaduras del Este- de que no existe ya el bloque soviético. Pensador comprometido e intelectual en el más alto sentido de la palabra, Chiaromonte se exilió de la Italia fascista y combatió en nuestra Guerra Civil, integrado en la cuadrilla de Malraux que lo retrataría, con el nombre de Scali, en su célebre novela La esperanza.

Enfrentado ya en España a los comunistas, que como de costumbre lo acusaron de estar a sueldo de la CIA, defendió un socialismo libertario, cercano a las posiciones de su amigo Camus al que le unía la defensa de la libertad individual -ya se sabe,  burguesa, una menudencia cuando se trata de crear el paraíso para la clase proletaria, a la que sus presuntos defensores suponen poco interesada por estas formalidades- frente a los siniestros esbirros de la URSS.

Nos dejó Chiaromonte una reivindicación del poder iluminador de la ficción literaria, pero también o sobre todo una formidable lección de esa disciplina, la filosofía de la historia, que va más allá de la descripción superficial de los procesos para sumergirse en las corrientes de fondo. La Gran Guerra -y también la revolución bolchevique que representó, ya para Rosa Luxemburgo, la derrota efectiva del socialismo- marcó la quiebra del mito del progreso y desde entonces, pese al renacimiento de la democracia después de la Segunda Guerra Mundial, prevalecen las "creencias adulteradas". Los avances materiales y la "letal busca automática de la novedad" no pueden suplir el vacío espiritual que convierte a los hombres modernos en esclavos, carentes de la piedad cósmica que Bertrand Russell o el mismo Einstein formularon en términos casi religiosos.

Jamás, creeré en estos revolucionarios venezolanos que dicen ser amantes del pueblo, cuando buscan achicharrarlos y llevarlos a una tumba única sin cremarlos. Simplemente son burgueses y neoliberales, donde la gente se lo cree, todo lo expresado por ellos, bueno, es una guachafita más, cuando iba al Club Recreo en el Malecón de Puerto Cabello y me acercaba al mar para pensar en una amiga idealizada, es pura imaginación recreativa y, así nos tienen los militares verduleros del país y, donde todos los ciudadanos aceptan sus recados.

Somos "fragmentos de una totalidad eternamente impenetrable" pero caminamos a ciegas y nuestra enfermedad, que no ha hecho más que agravarse, es la egolatría. Esto, iba a hablar de Dancausa, consejera delegada de Bankinter, soltando por su boca, a propósito de los impuestos hipotecarios, que "en algún momento alguien nos tiene que ayudar y proteger a los bancos". Poresita. Les quería decir que un solo muerto, Khashoggi, ha importado a la comunidad internacional infinitamente más que los 40 niños que Arabia Saudí se cargó de un bombazo el 9 de agosto en Yemen.

Les iba a contar que la aerolínea KLM ha echado del vuelo a una pareja de españoles al ser incapaces de comunicarse en inglés. O lo del vuelo en el que un tipejo le grita "negra" y "bastarda" a una mujer y, en vez de dejarlo en tierra, el personal de Ryanair decide que la señora se cambie de asiento. Les iba a contar que Irene Montero va a cobrar la indemnización por unos versos que un ripioso le dedicó. No vale: por esta regla de tres, Chicho Sánchez Ferlosio, Quevedo o Javier Egea con sus epigramas machistas o antifascistas hoy estarían en Chirona.

Todo, es una imaginación creativa. Así viven, los ciudadanos residentes en mi conjunto residencial, se la dan de burgueses y discuten en plenaria por una bolsa de CLAP, avergüenzan y, por eso, estamos como estamos y, la gente humilde que pasa frente a nuestro portón comen mejor que nosotros, hacen una cola de sesenta números por tres pollos de matadero, tres días de la semana y me pregunto, de donde sacan tanto dinero, cuando los burgueses de mi Villa tienen buenos autos y camionetas y se pelean por una harina o un paquete de frijoles mexicanos de tercera categoría.

Así que, mi país es un campus para varias reflexiones. Prácticamente un monopolio, tenemos una mentalidad de patio de Monipodio y, estamos expuestos a la critica internacional, como unos desvergonzados, por esto, Pablo Iglesias, se hace pipí en nuestros rostros. Debemos reflexionar y dejar esa mentalidad de amapuches, eso lo aprendimos de la oposición que pacto con el gobierno y nos encallo en las letrinas de nuestras barriadas.

De repente escribo como español, brasileño, árabe, francés o venezolano, es por mis amistades de ese círculo

Cuando joven, deseaba ser futbolista y de calidad. Ahora veo a los muchachos chutar la pelota y moverse como en un campo minado y, deseo tener mi silla de mimbre para escuchar charadas, merengones y vallenatos, ya no quiero escuchar al señor presidente y a su séquito de chivatos.

Les iba a hablar del francotirador -o tirador franquista- que nos quería hacer aquí un JFK. También de lo fácil que es basar la estrategia política en el miedo al otro: el viejo truco de la ultraderecha. Les quería decir a los de Nuevas Generaciones que no les luce el colegio de pago, que llamar "ratas" a sus adversarios políticos es tela de cani. La primera de ellas es la extraordinaria plantilla que tiene el conjunto de Heliópolis. William Carvalho, Lo Celso, Júnior, Guardado, Bartra, Sidnei, Canales, Tello…

y de mis compañeros de clase.

Los avances materiales y la "letal busca automática de la novedad" no pueden suplir el vacío espiritual que convierte a los hombres modernos en esclavos, carentes de la piedad cósmica que Bertrand Russell o el mismo Einstein formularon en términos casi religiosos. Somos "fragmentos de una totalidad eternamente impenetrable" pero caminamos a ciegas y nuestra enfermedad, que no ha hecho más que agravarse, es la egolatría. es iba a hablar de Dancausa, consejera delegada de Bankinter, soltando por su boca, a propósito de los impuestos hipotecarios, que "en algún momento alguien nos tiene que ayudar y proteger a los bancos". 

No hay nada más instructivo que ordenar los estantes de una librería. El otro día, intentando poner un poco de orden, me encontré con viejos ejemplares de cómics de los primeros 80, sobre todo de El Víbora, pero también fanzines más o menos underground, de aquellos que se vendían casi de tapadillo en algunas tiendas de discos o en algunos bares, no muchos. Los estuve hojeando un rato y tuve que mirar varias veces la fecha de publicación: 1981, 1982, 1984. Increíble. Por todas partes, mirases donde mirases, había jeringuillas, transexuales, sexo, sexo y más sexo –y dedicado además a toda clase de filias y parafilias–, palabras obscenas, terroristas, bombas, metralletas, cuchillos, crímenes, profanaciones, insultos generalizados, en fin, de todo.

El gato Fritz de Robert Crumb y los Freak Brothers de Shelton, la Anarcoma de Nazario, el Makoki de Gallardo & Mediavilla, el Peter Pank del gran Max o las revisiones altamente sexualizadas –casi porno- que hacía Pilar con los antiguos personajes de los tebeos: por cualquiera de estas historietas, si se publicaran hoy en día en una revista digital o en un periódico, habría manifestaciones, críticas despiadadas en los periódicos, debates en las tertulias, interpelaciones parlamentarias, y quizá hasta actuaciones judiciales, boicots y amenazas en la calle.

Pero lo curioso del caso es que hace cuarenta años –¡40 años! – una revista como El Víbora se vendía con toda normalidad en cualquier quiosco y llegaba a vender 40.000 o 50.000 ejemplares, o incluso cien mil en algunos casos. Con sus bombas y sus jeringuillas y sus sexos enhiestos y sus cuchilladas y sus crímenes y sus delirios sexuales. Hoy en día, por muchas de esas historietas se pedirían castigos y censuras contra sus autores, y se acusaría al director de la revista y hasta a sus lectores, y las críticas lloverían por todas partes: de la extrema derecha más tontorrona y reaccionaria, sí, pero también de los sectores feministas radicalizados y de la izquierda bobalicona que se ha identificado con todas las víctimas y que cree ver un atropello y un insulto en cualquier cosa

Se acuerdan del Gallo Pelón o Condorito, ahora, el único muñeco divertido, es el presidente al disertar alguna mejora del pueblo. Como se burlan de él. Pero, esta ganando la campaña, no la oposición.

. Pero en aquella época, hace cuarenta años, todas esas historietas y esos dibujos –sucios, grotescos, sacrílegos, descarados– se veían con normalidad. Puede ser que resultasen molestos o hirientes –y lo eran, vaya que sí, porque ese era justamente su propósito–, pero nadie se escandalizaba ni ponía el grito en el cielo ni corría a buscar a un guardia. Es más, hacer eso se habría interpretado como una reacción histérica y vergonzosa que hubiera desacreditado de inmediato a quien pidiera censuras y castigos para esas historietas. Escandalizarse, en aquella época –que ahora ya nos resulta tan lejana como el imperio de Nabucodonosor–, se consideraba una actitud propia de gente necia e irritable. Y hacerse el ofendido, o indignarse con suma facilidad –como hacemos ahora–, se tomaba como un signo de idiotez.

Ahora, en cambio, parece que cualquiera que se escandalice o se ofenda está demostrando una apabullante superioridad moral sobre el resto de la humanidad. Ofenderse te hace sentir bondadoso, justo, razonable. Si gritas, si te escandalizas, si corres a denunciar algo por inadecuado o vergonzoso, estás dando a entender que eres una buena persona, uno de esos treinta y seis justos que según la vieja tradición judía sostienen el peso de la humanidad. Hace cuarenta años era justo lo contrario, pero hoy en día han cambiado las tornas. Y mucha gente parece incapaz de entender las bromas, el humor, la ironía, el contexto de lo que se dice o la simple fantasía con que se expresa alguien. Incluso la imaginación está mal vista, porque la imaginación cambia las cosas de sitio, exagera, fantasea con la realidad o nos hace creer que las cosas podrían ser de otra manera a como en realidad son. Y como nos hemos vuelto fundamentalistas, lo leemos y lo interpretamos todo al pie de la letra, porque no entendemos los dobles sentidos del lenguaje, ni esas dislocaciones del sentido que alteran sutilmente las cosas cuando nos introducimos en el mundo de la ficción.

Mi padre vio a veces ejemplares del Víbora y el Gallo Pelón, y aunque a él no le gustaban –era un mundo que para él no tenía ningún sentido–, nunca se le pasó por la cabeza indignarse por el hecho de que su hijo mayor, los leyera. En su mundo, que todavía seguía siendo el nuestro –aunque de eso sólo nos demos cuenta ahora–, así eran las cosas de los adultos. Pero ese mundo, que era el de Anarcoma y Makoki y los Freak Brothers, ya no existe. Ahora el mundo es de los ofendidos, de los escandalizables, de los que corren a buscar un guardia cuando ven algo que no les gusta. Y son delincuentes perniciosos

Les iba a contar que la aerolínea KLM ha echado del vuelo a una pareja de españoles al ser incapaces de comunicarse en inglés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1183 noticias)
Visitas:
3499
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.