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El Dios débil del nuevo cristianismo

10/05/2010 21:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El filósofo italiano Gianni Vattimo postula el fin de las verdades absolutas. La caridad como el valor del cristianismo que sobrevive en la posmodernidad y el futuro de la Iglesia

Em un bello pasaje de "El ocaso de los ídolos", Nietzsche nos cuenta que el mundo real se ha convertido en un sueño. Fue el mundo patónico de las ideas el primero que nos dio la idea del mundo real. Más tarde, el mundo real fue concebido como la tierra prometida tras la muerte (al menos para los virtuosos). Más tarde, Para Descartes, el pensamiento del mundo real era la prueba de las ideas claras y distintas (pero sólo en mi mente). Con el positivismo, el mundo real pasó a ser el mundo de las verdades experimentalmente verificadas y, por tanto, un producto del científico experimental (después de todo, más que observar la naturaleza, el científico moderno la estimula y espera como respuesta el surgimiento de algo científico). LLegados a este punto, el así llamado mundo real se ha convertido en una historia que nos contamos los unos a los otros. Es difícil aceptarlo, pero en la actualidad vivimos en una narración del mundo de este tipo. Al vivir en esta narración del mundo, que hemos creado nosotros mismos, ya no somos capaces de ver la naturaleza: sólo vemos nuestro mundo, un mundo que ha sido crecientemente organizado a través de series enteras de entidades tecnológicas. Cuando hablamos acerca de nuestras necesidades naturales, mencionamos cosas como el ascensor o el cine, cosas que no son en modo alguno naturales, pero que se han hecho habituales en nuestras vidas y aparentemente indispensables. ¿Qué sería de nosotros si tuviésemos que sobrevivir en un mundo en el que nos dejaran totalmente solos?. Nuestras necesidades naturales están definidas por aquello en lo que estamos insertos, sea lo que sea. Pero no son en absoluto naturales, más bien están estimuladas por la publicidad, condicionadas por la tecnología, etc. Nuestro mundo se ha convertido en un sueño en muchos sentidos. Presenciamos un accidente de auto y corremos a casa para verlo en la televisión: lo que se emite por la televisión está pensado para proporcionarnos una intensa sensación de realidad. Sólo somos capaces de ver el accidente en su completa realidad a través de la televisión: el limitado punto de vista desde el que lo ptresenciamos en la calle no nos basta. Vivimos en esta realidad televisada local y globalmente, día tras día.El pensamiento débil: que el mundo real se convierta en un sueño también puede expresarse en términos del nihilismo de Nietsche. Mientras el mundo objetivo se consume a sí mismo, da lugar a una transformación subjetiva no de individuos, sino de comunidades, culturas, ciencias y lenguajes. Esto es lo que teoricé con la noción de pensamiento débil. Si hay una línea emancipatoria en la historia del hombre, tal emancipación no habrá sido fruto de la realización final de una esencia dada definitivamente (lo que significaría que, en cierto modo, deberíamos retornar a nuestro estado de inocencia originaria anterior a nuestro pecado original). Debemos realizar siempre una transformación, desde el momento en el que la naturaleza abre camino a lo cultural o a lo material, a lo espiritual. Esto es lo que Hegel quería decir cuando habló de hacer del mundo la casa del hombre. No es diferente del esfuerzo de hacer de la propia casa un hogar. La decoración de una casa no depende únicamente de conseguir muebles cómodos o de crear un entorno acogedor. Una vez que está todo terminado, si algo se ha perdido o está fuera de su sitio, no podemos evitar notarlo enseguida. Lo que hace de nuestra casa un hogar es el orden artificial que establecemos. Baudelaire escribió algo fantástico: "Allí donde he encontrado virtud, he encontrado siempre algo antinatural". Es siempre de este modo: la naturaleza es el mundo en el que el pez grande devora al chico. No es un lugar de leyes. La virtud es diferente por cuanto está determinada no por la naturaleza, sino por la cultura. Es también algo que trasciende. En este sentido, la emancipación consiste actualmente en el proceso de secularización, en tener una mejor comprensión del sentido de las Escrituras leyéndolas espiritualmente. Max Weber explicó que el mundo capitalista se fundó en la base de cierta interpretación de la ética protestante. Ahorro, disciplina, contención y represión de los impulsos inmediatos son fundamentales para la constitución del orden del capital. Así, el mundo moderno se formó aplicando, transformando y algunas veces incluso confundiéndo el contenido de su tradición, que es primariamente una herencia bíblica. ¿En qué punto termina este contínuo proceso de transformación? ¿Cuáles son sus límites? ¿ O acaso hemos llegado a un punto donde no hay más límites, donde simplemente podamos hacer lo que querramos?. No, puesto que, aunque el acontecimiento del cristianismo pone en funcionamiento los procesos de secularización, podemos también también encontrar en las Escrituras un límite a la secularización y, por lo tanto, una guía para la desacralización: la caridad. Si leemos atentamente los Evangelios o los escritos de los padres de la Iglesia, nos daremos cuenta de que, al final, la única virtud que queda es siempre la caridad. Con San Pablo aprendemos que las tres grandes virtudes son la fe, la esperanza y el amor, "pero la más grande es el amor"; incluso la fe y la esperanza acabarán en un punto o en otro. Como nos enseña San Agustín: "Ama y haz lo quieras". El lenguaje de Dios: Este es un mensaje liberador y, al mismo tiempo, incómodo, en el sentido de que sugiere, en relación con el amor; que cualquier cosa está asociada a la tradición y la verdad del cirstianismo es prescindible y bien puede ser considerada mitológica. Por ejemplo. no sé si Dios puede ser considerada como tres personas en una, según la tradición que da El, la teología clásica trinitaria. Podría parecer indispensable pensar de este modo, pero seguramente hoy no quemaríamos a nadie por hereje por no creer en la trinidad. En vez de aplicar la mano dura de la utoridad de la Iglesia para reforzar la cohesión doctrinal, hoy invitaríamos a los disconformes a que pensaran un poco más acerca del problema. Pero todo sea dicho, cuando uno piensa en tales cuestiones, en lugar de resolver el debate, a menudo llega a dificultades ulteriores. Por ejemplo, cuando pienso en el lenguaje masculino de Dios como padre, no puedo maravillarme de porqué Dios debe ser padre, o madre o alguna otra forma de paternidad. El lenguaje de Dios como padre, es obviamente un lenguaje alegórico. Y una vez que comienzas este camino, no sabes adónde podrás acabar. La cuestión, por tanto, es saber si uno puede seguir rezando el Padrenuestro tras reconocer que está culturalmente condicionado. Mi respuesta es que sí, puesto que, cuando rezo, sé precisamente que las palabras que estoy usando no intentan representar cierta verdad literal. Rezo con esas palabras más por el amor a una tradición que por el amor a cierta realidad mística. Es como la relación que podamos tener con un pariente cercano. Sería insensible pretender que nuestros abuelos compartieran nuestras ideas políticas. Ciertas cuestiones es mejor dejarlas aparte. Podemos tener un respeto especial por su experiencia y el lenguaje que heredaron. En este sentido, las relaciones interpersonales tienen mucho más que ver con la caridad que con la verdad.¿Los científicos lo son por su amor a la verdad o por su amor a formar parte de una colectividad científica que les permite desarrollar ciertos discursos y en la que encuentran ciertos interlocutores?. Cuando el Filósofo Jürgen Habermas habla de racionalidad, admite que la racionalidad consiste en introducir argumentos que pueden sostenerse razonablemente en diálogo con otros. No dice que la racionalidad o la verdad sean lo que corresponde ala "cosa en sí misma". La noción de verdad ha cambiado desde San Agustín; pero el giro Agustiniano hacia el interior es ya un paso adelante respecto de la verdad objetiva, puesto que una vez que hemos vuelto la vista hacia adentro, también podemos intentar escuchar a otros como a nosotros. En nuestro días, la verdad está cada vez más determinada por el acuerdo con los demás. Hemos dicho: "No estamos de acuerdo con que hemos encontrado la verdad, y quizás no podamos estarlo, pero sí podemos decir que, al menos, hemos encontrado alguna verdad cuando nos hemos puesto de acuerdo con algo". Esto significa, también que en elugar de la verdad, hemos puesto la caridad. Es como lo que escribía Dostoyewsky hace un siglo: si se viese forzado a seguir entre Cristo y la verdad, elegiría a Cristo. Este sentimiento contrasta con lo que Aristóteles tuvo que decir sobre su maestro Platón: "Platón es un amigo, pero más amiga es la verdad". La violencia de la Metafísica: Según Nietsche, la Metafísica es un acto de violencia porque quiere apropiarse de "los principios primeros" para dominar y controlar. No hace mucho, en Turín, participé en un debate con Gadamer. Algunos han dicho que en los últimos años, Gadamer había desarrollado una suerte de actitud hermenéutica religiosa que se veía reflejada en sus frecuentes diálogos sobre la religión y las tradiciones religiosas. Además, hablaba cada vez más a menudo acerca del bien. El giro hacia su religiosidad en su filosofía fue, fundamentalmente resultado de una hermenéutica. Es decir, si no hay una verdad objetiva definitiva, una verdad alrededor de la cual debemos reunirnos todos, entonces la verdad ocurre en el diálogo. La verdad de Cristo viene a enseñarnos que la Iglesia no es una verdad completa; su mensaje crece con la historia. De modo similar, no podemos leer a Platón sin tomar en consideración la historia de la interpretación de Platón. Lo que parece natural, es de hecho, histórico. Tal y como lo veo, el cristianismo se está moviendo en una dirección que no puede sino iluminar o debilitar su carga moral en favor de su caridad práctico-moral. Y no solamente se dá un debilitamiento de sus concepciones morales y metafísicas, sino que con esta transformación, la caridad reemplazará a la verdad.. Recuperar este mensaje de caridad nos permite aligerarnos de cargas dogmáticas y dejar entrar un nuevo espíritu de ecumenismo en la Iglesia.

Gianni Vattimo (Filósofo) postula el fin de las verdades absolutas. La caridad como el valor del cristianismo que sobrevive en la posmodernidad y el futuro de la Iglesia

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Autor:
Pensantekarma (8 noticias)
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