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El idioma sensible

06/02/2018 09:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más de 600 millones de personas hablan en castellano, leen en castellano y se expresa en la lengua de Cervantes a diario gracias a ser la lengua heredada de sus madres, lo que hace que el castellano sea la segunda lengua materna más hablada del planeta después del chino

La lectura de un idioma es la base fundamental para la transmisión del pensamiento de generación en generación, es la fuente de la que se nutre la cultura de los pueblos y es el vehículo de expresión de las culturas, forjadas por la palabra escrita que hace de yunque y el fuego de su sonido en boca de quien la declama, hasta convertirla en la espada que corta el silencio.

La palabra es como el dardo certero que hiere el corazón o Excálibur a la espera de ser desencajada del interior de la piedra, dormida por el tiempo.

Gracias a Braille, con el tacto, es posible leer mientras las yemas de los dedos se deslizan sobre los pequeños lunares de la piel percibiendo sensaciones que generan ideas hijas de las palabras posibles en la profunda oscuridad.

Las palabras aguardan el regreso del lector para ser rescatadas del olvido, entonces despiertan nuevas sensaciones agachadas en la memoria gracias a la magia de la lectura o de la oratoria que embelesa los oídos.

 La palabra se transforma en sentimiento vivo, cada palabra va unida a la historia de cada individuo, a sus primeros balbuceos, a las primeras palabras aprendidas de la madre, las que van unidas a los primeros deseos, sabores, sinsabores, alegrías, desilusiones y a los primeros amores.

Las palabras de amor, nos llevan de inmediato al sexo, al deseo, al erotismo y a las fantasías sexuales de los primeros sueños amorosos, esas palabras asociadas a lo placentero que se mezclan con lo prohibido desde la infancia hasta volverse atrevidas en la adolescencia.

Esas palabras de amor, que como otras tantas, los adultos desgastan devaluándolas con el uso y abuso de la falsificación y la mentira constante hasta llegar al engaño y el fraude, dejando sin sentido a la palabra.

Las palabras son semillas, que nacen en las flores de los poemas

Cuando la palabra se torna verso en pluma del poeta o canto del trovador, adquiere una fuerza distinta a oídos y lectores sensibles que viven con emocionada intensidad sus letras.

Hay versos que hacen estallar en corazón, que inundan lo ojos de lágrimas, que hieren en lo más hondo y que exaltan las pasiones más ocultas.

Versos que estremecen el cuerpo, que agitan el alma y retumban en los adentros hasta hacernos temblar erizando la piel.

Es el idioma sensible del que escribe o reza las palabras, el que despierta los sentimientos dormidos, como el sonido de la aldaba en la puerta de una casa en silencio.

Asusta su sonido inesperado, anunciado la llegada de lo desconocido, que palabra tras palabra se desvela hasta descubrir lo inesperado, lo deseado… o lo no querido.

Versos que incendian el alma, llevan al pecado, a lo reprimido, a lo que no se reconoce de boca a fuera y se sufren como un castigo placentero sabiendo que están prohibidos.

Placeres íntimos que se han fugado de la cárcel del alma, en la que se encierran los deseos proscritos por la moral puritana de los velos y los cirios.

Que recuerdan a vírgenes y falos entre santos y castigos, ente sacrilegios y pecados impuestos desde hace siglos.

La palabra libera verso a verso, en confesiones sin penitencia, comulgando el pecado de todos nuestros vicios, escondidos en sacristías alejados del púlpito del poeta sacrílego.

Rozando con sus dedos nuestras pieles cargadas de deseos, descifrando cicatrices, lunares, arrugas, maquillajes y postizos hasta hacer estallar por los aires los sentidos y convertirlos en un desbordado río de pasiones que lo arrasan todo…sin saber si es virtud o es vicio.

Entonces llega la locura al no poder distinguir entre realidades y sueños, entre deseos prohibidos y placeres incontenidos, descubrimos que se han equivocado de puerta…maldita aldaba que retumba en los oídos y no eran palabras…eran sonidos.

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixero

 


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