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El Precio de un Alma

07/09/2009 07:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estando Pablo y Silas en Filipos, Provincia de Macedonia, a los pocos días fueron encarcelados a raíz de falsas acusaciones; y sin juicio previo fueron azotados y echados a la cárcel, siendo sus pies asegurados en un cepo. La acusación tenía algo de real: Eran alborotadores....

EL PRECIO DE UN ALMA ...

(Hechos 16, 11-34)

Estando Pablo y Silas en Filipos, Provincia de Macedonia, a los pocos días fueron encarcelados a raíz de falsas acusaciones; y sin juicio previo fueron azotados y echados a la cárcel, siendo sus pies asegurados en un cepo. La acusación tenía algo de real: Eran alborotadores.....

¡La predicación del Evangelio siempre causa alboroto! ...

A la medianoche Pablo y Silas comienzan a cantar himnos de alabanza con gran gozo y en alta voz. ¡Se ve que Dios siempre da canciones en la noche! ...(Job. 35,10). Sus espíritus se elevan así por encima del dolor de sus cuerpos aun ensangrentados y torturados. Y fue en ese momento que interviene la Gloria de Dios en defensa de la verdad y la justicia; y la respuesta del Cielo no se hace esperar: Se abrieron las puertas de las celdas y las cadenas de todos los presos.

Ante el hecho, el carcelero toma espada para terminar con su vida, pues su muerte seria su paga por la huida de los presos. Pero Pablo clama, para evitar semejante hecho.

¡Cuanta serenidad y sangre fría la del apóstol!.

Pablo no mostró orgullo por la liberación milagrosa, ni menos aun prisa para una huida. Un solo pensamiento ocupaba su mente: El ansia de salvar un alma y evitar que se lanzara a la eternidad sin conocer a Cristo. Y fue en ese instante que el carcelero, convencido de su pecado, salto a los pies de Pablo y Silas, pidiendo ser salvo.

La brevedad, la sencillez y la precisión de los siervos del Señor, aun hoy resuenan hermosas: ¡Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo!. Esta sola respuesta dio al carcelero la seguridad que buscaba y necesita para la salvación de su alma; siendo el “como” asunto de enseñanza posterior, pues una nueva atmósfera se respiraría en la “Casa” del nuevo creyente en Crist ... (Sal. 16, 31)

¡Se salvo!... ¡Cree en el Señor Jesucristo!.

(Hechos 16, 31)

Dr. Eduardo P. Demarchi

Instituto Teológico Logos

Córdoba. Argentina.

E-Mail: institutoteologicologos@yahoo.com.ar


Sobre esta noticia

Autor:
Dr. Eduardo P. Demarchi (2 noticias)
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Tipo:
Opinión
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