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Ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios

18/01/2011 17:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbiosSubo a la lata de carne humana y sus esporádicos habitantes se están quejando por el olor. Le reclaman en voz baja al chofer que deje abiertas las puertas, que así no se puede estar. No hacen mucho espamento, porqueellos saben.Él hace un gesto como diciendo "no sean tan intolerantes, che". Yo no sé de dónde viene, aunque tampoco me importa mucho. Sólo pienso en bajarme de una buena vez de ahí, como cada vez que viajo.

Sube una mujer con tres nenes. Nadie le cede el lugar. El chofer pide por favor, todos miran para otro lado, hasta parece que los escuchara silbar. De pronto el micro se desinflama, gran parte de los pasajeros baja por la puerta embudo dejando lugares libres para todos los queíbamos parados. Claro, los pasajeros no aguantaban el olor esa tarde.

Me causa gracia cómo la gente le teme a lo diferente.

Me siento al lado de una mujer que va escribiendo frenéticamente mensajitos en el celular. Se la ve alterada. Me imagino que se está peleando con su pareja o su ex pareja, algo en sus gestos me lo dice, casi puedo escuchar lo que escribe y lee a través de su respiración. Corro la cortina inflada por el viento y miro la soledad de la ciudad a esa hora tan poblada pero tan desierta. Salgo volando por la ventana, aunque me quedo sentada en el mismo lugar.

Minutos después estoy en el puente que une Neuquén con Cipolletti. Puedo ver a la gente que vive entre maderas, chapas y cartones a la orilla del río. Y, al lado, la cancha de golf cuyos jugadores vestiditos de blanco y bien erguidos tienen una nariz tan grande que les impide ver lo de allá.

Un hombre se levanta de uno de los asientos de atrás y se dirige al centro del colectivo. "Buenas tardes", dice. "Disculpen que los interrumpa en su viaje. Yo vivo en la terminal de Cipolletti, duermo ahí. Los cartones son mi cama. Necesito que me ayuden con un pesito para poder comer, sino hoy no como." Algunos bajan la mirada, otros lo llaman haciendo ruido con las monedas en su mano o flameando un billete como el tipo de la sortija en las calesitas. Él va recogiendo lo que lo alimentará hoy. La chica que hasta hace unos minutos se peleaba con su pareja o su ex pareja por mensajitos de textosaca de su mochila una bolsa de hallullas.

Él le agradece mucho más eufóricamente que a quienes le dimos plata. Abre la bolsa y, antes de sacar la primera, pasa por todos los asientos ofreciéndonos. Nadie acepta, tenemos la panza llena.

El micro frena frente a la terminal, nuestro compañero de viaje se baja ahí, no sin antes despedirse de todos.

Ahora los pasajeros le piden en voz alta, y con duras críticas, al chofer que deje abiertas las puertas.

Yo miro de reojo levantando una ceja mientras sonrío irónicamente. Y me bajo unas cuadras después.


Sobre esta noticia

Autor:
Sol Arrieta (72 noticias)
Fuente:
cotidianidadeshumanas.blogspot.com
Visitas:
407
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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