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Cómo entrenar el don de gentes para ser más feliz, según Euprepio Padula

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23/01/2020 02:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Les reconoces porque miran a todos por igual independientemente de quiénes son. Y luego, la sonrisa es clave: sin sonrisa no hay carisma, simpatía ni don de gentes. Y siempre está acompañada de una luz determinada que, sin ningún tipo de arrogancia, permite identificarles. En una reunión, sabes por su mirada, por su imagen y por la luz que transmiten quién tiene don de gentes". Pocos se reconocerán en esta descripción de Euprepio Padula, pero seguro que han pensado en alguien.

Que no cunda el pánico: en su libro Don de gentes. La clave para triunfar en la vida, publicado por Alienta Editorial, el autor defiende que "todo el mundo, sin ninguna duda" puede alcanzar ese don. Este jueves 23 de enero lo presenta en la parroquia de San Antón de Madrid (Hortaleza, 63. 19.00 h, entrada libre), junto a la periodista María Casado, el empresario Cipri Quintas y el padre Ángel.

"Hay personas que genéticamente son más privilegiadas con simpatía, carisma... y otras menos. Pero eso no significa que no puedas trabajarlo", explica Padula. Es decir, se nace pero también se hace. "Me parece un tópico tremendo lo de algunos gurús que dicen que o lo tienes o te aguantas... y no, todas las cualidades relacionadas con el liderazgo se pueden entrenar. Se trata de trabajarlo mucho sabiendo cuáles son tus puntos débiles. Se puede conseguir, por supuesto", asegura este experto polifacético.

El italiano es coach de dirigentes, conferenciante, headhunter, escritor y artista. Además, ha participado en programas de televisión. Muchos de los consejos que ofrece parten de su experiencia: "Yo vengo del sur de Italia de una familia muy humilde; eso es una base, lo que marca tus comienzos. Ahora, en la vida luego eres tú, aprendiendo quién eres y con tus puntos fuertes y débiles, quien tiene que trabajar para mejorar y conseguir tus metas en la vida".

Cuando le preguntan "cuál es la primera cosa que hay que hacer para desarrollar el don de gentes", no duda: "Lo fundamental es no tener prejuicios, no juzgar siempre". Para ello, recomienda "quitarse esas gafas de tantos colores que no nos permiten ver la realidad, y tratar a todo el mundo con simpatía y amabilidad, ya sea alguien humilde o el rey de España". Porque, según él, cuando miras el mundo "sin filtros de sexo, raza, orientación sexual, clase social o cultural" consigues "una ventaja competitiva brutal".

Pedimos a Padula que defina 'carisma' ("esta mirada que, por medio de una sonrisa, permite que todos alrededor se contagien", contesta) y la conversación nos lleva a un terreno muy personal. "Cuando me preguntan quién ha sido mi maestro en la vida siempre uso el ejemplo de mi madre. Era tremendamente humilde y analfabeta pero ha sido la persona más carismática que he conocido".

"Ella tenía una generosidad y una sonrisa tan contagiosa que todo el barrio la reconocía, era una referencia total", admite orgulloso. "La veías en la calle y, a pesar de lo que le costó sacar adelante a una familia con seis hijos, siempre tenía puesta en la cara esa sonrisa y esa mirada generosa", recuerda.

Reconoce que se ha encontrado con algún caso perdido, porque "la capacidad de alguien para eliminar los propios prejuicios está solo en sus manos", pero propone acabar con los tópicos. Uno típico es que "los tímidos no pueden y, sin embargo, algunas de las personas más carismáticas que he conocido eran así". Corrobora que "hay gente más introvertida con una enorme capacidad de transmitir y, por añadido, un gran don de gentes".

Por contra, "hay personas muy herméticas con su vida personal pero que no tienen ningún problema para relacionarse con los demás. Y sin embargo, hay gente en la tele, artistas de la comunicación, que aparentemente resultan los más simpáticos del mundo y, sin embargo, son unos sociópatas y en las distancias cortas no tienen ninguna inteligencia emocional".

El subtítulo de su libro remite al triunfo, pero no como lo imaginamos. Él lo tiene claro: "El triunfo en la vida es ser feliz. Mira mi madre: no era rica ni famosa pero, desde nada y con una historia personal tremenda, consiguió lo máximo que pudo. Eso es un triunfo".

Porque "el éxito y la felicidad son lo mismo". Aunque "solemos relacionarlo con dinero, fama y poder", para él consiste en que "nosotros y quienes tenemos alrededor seamos felices". Unos lo serán tocando poder, "otros con un sueldo decente y una familia que les guste". Pero "difícilmente llegará a ser feliz sin don de gentes", sentencia. También cree que hay que tenerlo "para ser buena persona".

Nosotros mismos nos imponemos "autolimitaciones como pensar 'no valgo' o 'esto no puedo conseguirlo', 'soy antipático, soy así, qué le voy a hacer'. ¡Pues se puede hacer mucho!", defiende. "Una frase típica de mi libro es que quiero ayudar a la gente a dar la mejor versión de sí mismo. Claro que tenemos limitaciones y no siempre conseguimos todo lo que querríamos ser o tener, pero todos tenemos la obligación de dar nuestra mejor versión, con nuestros puntos fuertes y débiles por supuesto, pero deberíamos ir a por ello".

Terminamos la charla adentrándonos en un terreno que ha vivido de cerca: la política actual. Desde su punto de vista, "se caracteriza por una falta total de don de gentes". O sea, que vamos "fatal, no nos sobra nada". La prueba, "cuatro elecciones en cuatro años y la incapacidad de negociación y diálogo" de los partidos nacionales.

Alguno se salva. "La que más creció en 2019 fue Adriana Lastra (PSOE). El líder del PP, Pablo Casado, tiene don de gentes pero le podría sacar muchísimo más partido", dice. Y "no es la principal característica de Pedro Sánchez", añade, mientras en Inés Arrimadas ve "un potencial de crecimiento enorme".

Sin embargo, también hay gente "sin ese don que ha llegado muy lejos. En política tenemos el caso de José María Aznar, que se convirtió en presidente del Gobierno", cita el experto. Así que, para quienes no lo tienen "hay esperanza. Aunque creo que incluso quien no lo necesita debería trabajarlo".

El mejor ejemplo sería Barack Obama. "De forma universal se le ha considerado carismático y con don de gentes. Además es un caso bastante emblemático porque se podría pensar que nació así y no. Por supuesto, tenía muchas cualidades personales y profesionales pero lo trabajó de una forma brutal", dice el autor.

Y del ámbito de influencia español, elige a Raffaella Carrá, Jorge Javier Vázquez o Lola Flores. "No son los mejores en lo suyo pero triunfan por su magnetismo, con la cámara y a nivel personal también".

"Alguien se preguntará qué hace un ateo como yo presentando su libro en una iglesia...", dice sobre el padre Ángel. "Nos conocimos hace años. Cuando se murió mi madre, que como ves es una de las claves de mi vida, tuve un rifirrafe con el cura de mi pueblo por el funeral y volví con muy mal sabor de boca sobre la relación que tiene la Iglesia con la sociedad. Entonces me reuní con el padre Ángel y fue un momento maravilloso de mi vida", relata Euprepio Padura, que ha colaborado mucho con Mensajeros de la Paz.

En cuanto a Cipri Quintas, se conocieron "en playa del Carmen, en México, durante unas vacaciones. Es una persona que me encanta porque tiene una filosofía superoptimista de la vida y hace del abrazo y la sonrisa realmente una receta mágica para ser feliz". Dos buenos ejemplos para la presentación de su libro Don de gentes.


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