16:47
23-05-2013
Victor Virgós
Publicada el 09-05-2012 02:24 0 2

El funeral de las emociones perdidas

Todo cambia, nada permanece inalterable

Han desaparecido "los bosques de Nerón, de Calígula y de Carlomagno".

Todo cambia, nada permanece inalterable.

Como las olas añiles y de plata que recorren miles y miles de kilómetros, montadas a horcajadas sobre gibas y lomas saladas para fenecer con un ósculo póstumo junto a la orilla del mar, así van desapareciendo inveteradas amistades, se alejan del presento los recuerdos más entrañables, perdemos a familiares y allegados y esos momentos irrepetibles que no volverán a ser los mismos jamás.

Todo inicio viaja inexorable hacia un cambio, hacia un final, hacia una transformación estética, hacia el preámbulo de algo nuevo y remozado, como una supernova que estalla en una fuente de millones de colores para impregnar el cosmos de rutilantes fulgores cegadores.

Mi crónica matinal inhala y exhala desde la primera línea un innegable hálito pesimista de poética derrotada y meditabunda.

Es parte de mi naturaleza, se alía con pertinaz contumacia a los ruegos de la melancolía y la nostalgia. Invocan mi nombre los espectros que moran en los recovecos más lúgubres de mi espíritu. También es parte de mi naturaleza, congraciada con la reflexión introspectiva, la oscuridad y el desplome emocional.

Pero ante todo soy un "ente" poliédrico, polivalente y bipolar. Complejo como el cosmos, impenetrable como la noche más oscura. Soy canción y trino de avecillas primaverales, soy la noche y el día, tormenta de fuego e invierno en Noruega.

Mi artículo matinal es una oda reflexiva que enfrenta a dos contendientes legendarios y antagonistas: la pérdida y la recuperación, la devastación y la restauración, el pesimismo y la alegría.

A veces tengo la alienante y foránea sensación de caminar entre humanóides robóticos que me escrutaran estupefactos, con sus testas metálicas y corazón de latón, miembros de plomo y hojalata y pasión revertida a mero reflejo emocional automático y reprogramado.

Es como asistir a un funeral de emociones perdidas. Siento que me observan cuando analizan, avergonzados o deseñosos, el origen y causa de mi perenne sonrisa y buen humor. Siento que analizan y vituperan en ominso silencio mi tono de voz grandilocuente, como de clamor de trompetas, bandurrias y panderetas, o mis exacerbados ademanes de histrión o gondolero veneciano.

A veces departo con gentes apagadas que parecen observar el mundo desde el vertiginoso alero de un tejado. Entonces me pregunto cómo es posible que desde tamañas altitudes no logren ver el resplandor de la Luna ni el fulgor de las estrellas, ni sientan el calor del Sol sobre su dermis, aséptica y glacial.

Perdida la emoción del embeleso tan sólo prestan oídos al ulular del tiempo que se extingue, y la mitad de su botella medio vacía es nitroglicerina, es toxicidad convertida en perpetuo lamento y cuitas.

Perdida la emoción de la búsqueda de nuevas compañías y alegrías, sus callejones sin salida son muros inexpugnables que no atraviesan ni picos, ni palas ni obuses. El final del camino puede ser el inicio de otro transversal. Una sonrisa apagada podría ser el comienzo incipiente de una risotada.

Todo radica en la actitud. Esas gentes que se aislan, que corren en solitario como atlétas de un mundo deshabitado, que viven la vida con el temor despavorido del infante neófito, acumulan pavores como si fueran nutrientes imprescindibles para su subsistencia.

Son corredores de fondo que huyen de sí mismos, que no tocan ni sienten a los demás, acaso aterrados de su íntima cercanía. Apresan sus emociones cautivas en una caja de caudales y atavían su cuerpo con vestimentas de látex que comprimen sus emociones, enjaulándolas como si fueran aberraciones que no necesitaran transpirar, aunque ello conlleve enquistamientos malsanos y furibunda contradicción.

Mi artículo matinal es pura apología de reconversión y recuperación. Ante la pérdida, renovación, ante la tristeza una nueva pasión.

Recuperemos la sonrisa y la algarabía jubilosa, la risa y la fantasía. Ante una respuesta adversa, otra disparatada que derive en la sonrisa. Cuando una puerta se cierra otra se abre. Todo cambia, nada es eterno ni permanece inalterable. Sonríe y que pases un día maravilloso.

Añade tu comentario

Comentarios de El funeral de las emociones perdidas

Nombre: (opcional)
Añade tu comentario:
Inserta el código de verificación:
 
 

Sobre esta noticia

Autor: Victor Virgós (627 noticias)

Fuente:

Visitas de esta noticia: 722

Tipo: Opinión

Esta noticia se publica con licencia: Copyright autor

Lugares
Noruega

Regístrate en Globedia