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Ha muerto un hijo

10/10/2009 14:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hijos. Suicidio. Depresión

Un prestigioso escritor argentino, Abel Posse, escribió un nuevo libro donde narra, después de muchos años la infortunada muerte de su hijo de dieciséis años.

Aparentemente, el hecho ha sido como tantos otros, un adolescente inteligente, umbrío, que sin más se descerrajó un tiro una mañana de enero, después de dejar una breve esquela a sus padres.

Esto muy sucintamente acabo de leer en las noticias publicadas en el diario La Nación –‘Narrar la muerte de un hijo’ por Leila Guerriero 10/10/09-.

Ya en otros artículos he abordado el tema de la depresión y siempre existe un hilo conductor, invisible a veces hasta para mí.

La Señora, como yo he dado en llamarla, toma formas raras, muchas veces se tiñe de tristeza, de parálisis emocional, pero no siempre es así, otras tantas es violenta, agresiva, resentida y hace que quien la sufre sea una persona brava.

Sus formas de manifestarse son tan distintas y con tantos matices que van del blanco al negro que sería inútil intentar describirlas todas aquí.

Lo que si es cierto, es que una de sus metas es el suicidio.

Algunas personas piensan que para suicidarse se necesita coraje, otras dicen que es cobardía, todos tiene razón, porque el uno es necesario para enfrentar al instinto de supervivencia y la otra para enfrentar la vida.

Cuando un niño pierde sus padres es huérfano, pero cuando un padre pierde a sus hijos no tiene nombre

Pero, cuando se llega a esa instancia, nada importa, lo único que se quiere es terminar con todo, cuanto antes, se piensa en la NADA, como en la única solución, en diluirse como el agua en vaya a saber uno qué. No hay sentimientos, no hay sensaciones ni emociones. Uno es un cuenco vacío.

No piensa siquiera un momento en los que deja, no se puede pensar en ellos, es absolutamente imposible.

Y los que quedan, ay! los que quedan… cuanto dolor, cuanta angustia.

Creo que no debe existir en la vida de un ser humano un desgarro más profundo que la muerte de un hijo, ni siquiera podemos nombrarlo. Cuando un niño pierde sus padres es huérfano, pero cuando un padre pierde a sus hijos no tiene nombre.

¿Cómo se puede sobrevivir a la muerte de un hijo? ¿Cómo, cómo? La sola pregunta me enloquece. Compadezco y admiro a aquellos que lo hacen, y me vuelvo a preguntar…

Me abruma tan sólo imaginarlo, ¿perder a uno de mis críos?, ¿qué la vida me lo arranque de un tirón?

Por supuesto, que uno piensa que la vida debe seguir, que si tiene otros hijos, se debe a ellos, pero imagino, tan sólo imagino, que a partir de ese momento una es una muñeca rota, vacía, que continúa mecánicamente hasta el final. No lo sé. Gracias a Dios no me ha pasado.


Sobre esta noticia

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Guardiana (117 noticias)
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