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Injustas jerarquías

03/01/2013 07:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las personas somos de enojarnos, nos cuesta perdonar y nos ponemos recelosos para dar segundas oportunidades o soportar ciertas actitudes o errores al otro. Pero el problema no es ese precisamente: el problema es que séamos injustos con los demás.

Muchas veces hemos tratado mal a personas que no lo merecían, siendo que a otras personas que quizá sí se lo merecían les perdonamos o dejamos pasar varias cosas. Muchas veces no hemos dado ciertas oportunidades a otras personas, cuando al mismo tiempo nos cerramos injustamente a otras. También sucede que a veces intentamos justificar todo lo que otra dice o hace porque la queremos, en lugar de aceptar que le estamos permitiendo muchos lujos y antojos que podrían afectar nuestra relación o a nosotros directamente.

Y esto tiene que ver muchas veces con la bondad de las personas que creemos que tienen o poseen.

¿Por qué? Porque puede suceder que, de una persona que consideramos hueca, inútil o una idiota no esperamos algo decente o bien hecho de su parte, y no nos sorprenden cosas mediocres de su parte. En cambio de alguien a quien admiramos o queremos mucho, esperamos mucho en general, y cuando mete la pata o reacciona o manifiesta algo que no esperábamos, nos decepciona y nos produce desconfianza.

Es muy fácil pensar ejemplos de cómo los héroes decepcionan cuando son corrompidos o cómo desilusionan u ofenden a los demás cuando fracasan en algo que creían ser maestros o que creían tener dominado, y el cómo el condenado recibe laureles y el respeto de todos por hacer algo bueno, algo que inclusive podría ser su obligación o deber para enmendar uno de sus pecados: si una persona infame o de la que tenemos muy bajas expectativas o esperanzas de obtener algo "bueno" o "decente" hace una pavada, nos hace arquear las cejas y nos da posiblemente una esperanza de que su naturaleza (o sus manifestaciones al menos) cambien.

Ejemplos concretos de esto son personas que putean a todo el mundo, pero que a ciertas personas (por diversas razones) perdona y les deja pasar los errores, siendo ellas generalmente personas respetadas, queridas, temidas o admiradas. También personas que se molestan cuando alguien (de quien tenía buen concepto) hace o dice algo inesperado o con lo que no está de acuerdo, o sino también personas que tienen malas elecciones en la vida (como en parejas o amigos que los rodean) y que se apegan y dedican su tiempo y atención a gente que no vale la pena.

Cuando uno tiende a rozar con el otro lo primero que siente es ganas de putearlo o dejar la charla o retirar su presencia (o la ajena) de la escena. Lo segundo es quejarse de cómo la persona nos ofendió, decepcionó o molestó, y lo tercero podría ser el cómo nos entristecemos y sentimos mal por cómo la otra persona nos decepcionó o nos falló. Y esto puede terminar en dos cosas en general: terminar en la típica escena de "ayyy, pero no puedo estar mucho tiempo enojad@ con esa persona, la quiero muchooo" , o... terminar en un final bastante melodramático de "no es quien creía, me decepcionó, las cosas no van a ser igual de ahora en más" .

Pero sobre el tema de la decepción, las segundas oportunidades y nuestros umbrales de tolerancia y paciencia surgen estas cuestiones: ¿por qué les damos segundas oportunidades a ciertas personas y a otras no? ¿qué hace que tengamos fe en una y no en otra? ¿hasta qué punto somos capaces de perdonar al otro y/o a sus acciones? ¿cuáles son nuestros límites a la hora de soportar o tolerar conductas de terceros? ¿por qué tendemos a decepcionarnos más rápido de otras personas que de otras? ¿por qué exigimos a ciertas personas ciertas cosas y a otras no? ¿hasta qué punto ciertos tipos de relaciones condicionan expectativas y requisitos "de base" para podernos llevar bien con el otro?

Eso, obviamente, depende de la situación y de los "elementos" que forman parte de nuestra persona, del otro y de la relación que tenemos con él, pero es evidente que muchas veces estas injustas jerarquías suceden, como cuando vemos que una persona sufre mucho por otra, arrastrándose o angustiándose, como así también cuando vemos que alguien es muy duro o exigente con los demás pero no consigo mismo.

La afectividad obviamente es otro factor: "es tu amiga, es obvio que la vas a defender" , "yo a Fulanito lo re banco en todo lo que dice y hace" , "ese es un gil, no te lo tomes en serio" , "es una estúpida, pero la quiero igual..." , "¿por qué me hacés a mí todo esto siendo que hay gente que te hace cosas peores?" , "sos un pelotudo por creerte todo lo que dice, siendo que todos sabemos cómo es [inserte nombre de persona]" , "no te podés juntar con ese/a pelotudo/a..." son frases cotidianas que ilustran el cómo a veces somos abogados del diablo de personas que son totalmente indefendibles o injustificables, el cómo les damos nuestro cariño y devoción... y solamente porque "las queremos". Qué injusto, ¿no?

Ahora: si sos una persona justa, que intenta ser (en lo posible) neutra y bien lúcida a la hora de dar a cada uno lo que se merece te felicito: estás siendo justo, que de hecho es una virtud que hace miles de años los griegos consideraban sagrada, que versa así: "dar a cada uno lo que se merece" .

¿A qué voy con esto? A que posiblemente sos capaz de tolerar al otro, de darle oportunidades para que se exprese, se explique o sea escuchado, que si puteás a una persona que querés también putees a otra a la que no y viceversa, y que sabés muy bien cuándo pararle el carro al otro o no ser tan duro si ves que se te está yendo la mano.

También sos justo cuando aceptás tus limitaciones y aprendés a ponerte en los zapatos del otro, dándote cuenta que no sos un tirano que reina un mundo donde queda exiliado el primero que te decepciona o que no cumple con tus expectativas iniciales. El darte cuenta que quienes tenés en un pedestal (o quienes son tus autoridades) no siempre tienen la última palabra, y que además pueden meter la pata es también un posible indicio de lucidez y justicia. El ver que alguien está arrepentido y que el pasado ya fue también lo es. El notar y saber apreciar el arrepentimiento, la culpa y la vergüenza de un tercero también te eleva y ennoblece sin lugar a dudas.

En fin, es difícil ser justo, ¿no?

¿Conclusión? Supongo que una respuesta muy difusa y haragana a todo esto es que somos humanos, y que somos zonzos o tercos con los demás, en vez de reflexionar qué nos "conviene" en lo concerniente a las relaciones con los demás y el grado de exigencia que le ponemos a cada persona... Acordate de darle a cada uno lo que se merece, sea cercano o no, sea tu archienemigo o tu mejor amigo, que así estás demostrando una nobleza y una superioridad de juicio y prudencia que son, a mi criterio, increíblemente de ejercer en la vida


Sobre esta noticia

Autor:
Carlosneu (82 noticias)
Fuente:
itinerariodepensamientos.blogspot.com
Visitas:
306
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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