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Israel biblico

06/09/2018 10:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Breve historia del Israel narrado en la biblia

He hecho este paréntesis para reflexionar un poco sobre la personalidad de este omnipresente y enigmático Yahvé. Volvamos ahora a la historia de Israel como pueblo. En el capítulo 3 vimos someramente la historia de Israel desde su fundador, Abraham, hasta la muerte de Moisés a las puertas ya de la Tierra Prometida. ¿Cuánto tiempo pasó entre estos dos personajes y estos dos episodios históricos tan fundamentales en la historia de Israel? No lo sabemos con absoluta fijeza, ya que no se conoce la fecha precisa en que Abraham dejó la tierra de Ur de los caldeos y se dirigió a Canaan según el mandato de Yahvé; y, por otra parte, tampoco se sabe con demasiada certeza qué año fue el de la salida de Moisés con todo su pueblo desde Egipto hacia la Tierra Prometida; pero como término medio se puede afirmar que entre uno y otro personaje transcurrieron alrededor de 650 años. Echemos un rápido vistazo a lo que fue la historia de Israel desde la llegada y el establecimiento definitivo de los judíos en Palestina (alrededor de 1300 años antes de Cristo) hasta la aparición de Jesucristo y la destrucción de Jerusalén por el emperador romano Tito, acaecida unos 35 años después de la crucifixión del fundador del cristianismo. Seis períodos La historia de Israel desde la llegada a la Tierra Prometida hasta la aparición de Cristo, podría dividirse en seis grandes períodos: 1. Los personajes centrales del primer período son Josué, el discípulo de Moisés, y Samuel, que fue el último de los jueces. En este período, que fue de incesantes batallas para lograr la conquista final de Canaán, se hizo una división del territorio entre las 12 tribus. En vista de los constantes ataques de los cananeos y de los filisteos, el pueblo hebreo empezó a ver la conveniencia de tener una mayor unidad y por ello empezaron a oírse las primeras voces pidiendo un Rey. 2. El segundo período, que duró 120 años, está claramente caracterizado por el reinado de tres grandes reyes que hicieron de Israel una nación unificada y fuerte. El primer Rey fue Saúl, ungido por el último de los profetas-jueces que fue Samuel. Tras de Saúl vino otro personaje fundamental en la historia del pueblo hebreo: el Rey David; y tras de David, reinó su hijo Salomón, famoso por su sabiduría. Cada uno de estos Reyes, reinó 40 años, y en general podría decirse que estos 120 años fueron la época de oro de la historia de Israel. Ellos fueron los que en realidad convirtieron a Jerusalén en la capital, sobre todo Salomón, que construyó el primer gran templo, tal como lo había mandado Yahvé, edificando además un suntuoso palacio para sí mismo y otros grandes edificios que convirtieron a Jerusalén en una de las grandes ciudades de la antigüedad. 3. El tercer período lo constituye la división o la escisión del reino de Israel. A la muerte del Rey Salomón, ocurrida en 932 a.C. comienzan a suceder cosas no beneficiosas para la nación israelita. La hostilidad de los pueblos que habían sido desalojados de sus territorios no había decrecido y, por otra parte, habían aumentado las rencillas entre las diferentes tribus. Como resultado de esto, se establecieron dos reinos separados: al norte el reino de Israel regido por el Rey Jeroboam y que comprendía 10 de las 12 tribus; al sur el reino de Judá, regido por Rehoboam, que a pesar de que sólo comprendía 2 tribus y era más pequeño en extensión, sin embargo, era el que habría de conservar el verdadero espíritu de Moisés y la estirpe o la descendencia directa del Rey David. El reino de Israel, tras muchas dificultades, duró 200 años hasta la caída de Samaría, su capital, en poder de los asirios en el año 722 a.C. El reino de Judá, por haber estado regido por reyes mejores y más fieles a los deseos de Yahvé logró resistir mejor los ataques de sus enemigos, pero finalmente alrededor del año 600 a.C. tuvo que rendirse ante el empuje de Babilonia que se llevó prisioneros a sus ciudadanos más prominentes. Quince años más tarde, una nueva embestida de los babilonios destruyó Jerusalén, y los hebreos fueron llevados en masa como prisioneros a Babilonia. 4. El cuarto período lo constituyen los 70 años, poco más o menos, que estuvieron los hebreos exilados en Babilonia, hasta que el Rey persa Ciro, les permitió volver a su tierra en el año 536 a.C. Durante este período descollaron dos grandes profetas: Ezequiel y Daniel. A su regreso, tuvieron los judíos la ardua tarea de reconstruir el templo y la ciudad y de volver a organizar las instituciones del pueblo, la mayoría de las cuales habían prácticamente desaparecido durante el exilio. En esta tarea cívico-religiosa descuellan los nombres del descendiente de David, Zorobabel, de Esdras y del gran Nehemías que logró reconstruir todas las murallas de la Ciudad Santa. 5. Durante el quinto período, Israel estuvo dominada por diversas naciones. Primeramente por los persas hasta que éstos fueron derrotados por Alejandro el Grande en la batalla de Arbela en el año 331 a.C., lo cual puso a los israelitas bajo el dominio de los griegos. Muerto Alejandro en el 323 a.C., Israel pasó a depender de Egipto aunque la dominación de éste fue en términos mucho más aceptables que las anteriores. Más tarde, Antíoco el Grande derrotó a los Tolomeos de Egipto, y entonces comenzó el dominio de los Seléucidas sobre Judea en el año 198 a.C. La capital de los nuevos dominadores estaba en Antioquía, Siria, y su dominio sobre Israel duró hasta el 142 a.C, cuando gracias a los esfuerzos de un padre con sus tres hijos, Matatías, Judas, Jonatán y Simón, más comúnmente llamados Los Macabeos, Israel logró su total independencia. 6. Esta independencia, que marca el inicio del sexto período, duró sólo alrededor de 80 años, pues pronto aparecieron en escena los romanos. En el año 63 a.C. Pompeyo tomó a Jerusalén, y extendió al dominio de Roma sobre toda la Judea. Este dominio duró más de un siglo y puede decirse que fue fatal para Israel como nación, ya que el año 70 de nuestra era, las legiones romanas comandadas por Tito, tras un terrible cerco arrasaron la ciudad de Jerusalén, matando a miles de sus habitantes y llevando prisioneros al resto de ellos. Comienza entonces la diáspora o dispersión de los judíos por todo el mundo. Para entonces ya había hecho su aparición en escena Jesucristo, y esta misma diáspora de sus conciudadanos ayudó grandemente en los comienzos, para la difusión de las ideas cristianas, ya que por ser Cristo judío, muchos de sus paisanos se sintieron fuertemente atraídos por sus predicaciones y por las de sus 12 apóstoles que también eran, sin excepción, judíos. Como podemos ver, este largo período desde el establecimiento de las 12 tribus de Israel en la Tierra Prometida hasta la destrucción de Jerusalén por Tito (un período de aproximadamente 1300 años) dista mucho de ser pacífico. Parecería que con la llegada a la tierra que Yahvé les había prometido, todas las innumerables tribulaciones del desierto y de Egipto quedarían atrás; pero no fue así, antes al contrario; si exceptuamos algunos breves períodos, Israel en su propio país (que según las promesas manaba leche y miel en donde sería largamente bendecido) tuvo una historia por demás agitada. Por si no fueran suficientes los ataques constantes que muy lógicamente recibía de los pueblos que lo rodeaban por haber sido lanzados de sus tierras, sus propios reyes se encargaron de mantener al pueblo en una constante zozobra debido a los abusos de poder y a las constantes rencillas entre las diversas facciones del pueblo (no raramente debido a diferencias en la interpretación de la ley) y entre las diversas tribus, Basta leer la lista de los reyes, sobre todo los de la Casa de Israel, para ver que buena parte de ellos fueron asesinados por el que le sucedió en el trono, que a su vez era asesinado por el siguiente rey. En el juicio sintético que Ia misma Biblia da de todos los reyes que gobernaron al pueblo hebreo, la mayoría de ellos merecieron el calificativo de «malo»; no sólo porque se apartaba de los mandamientos tal como se los había dado Moisés, sino porque eran malos gobernantes, ambiciosos y déspotas. Aunque, por otro lado, hay que reconocer que el mantenerse fieles a los preceptos de Yahvé, en muchas ocasiones era causa de guerras con los países vecinos. Los reyes que en la Biblia están catalogados como buenos no eran precisamente un modelo de transigencia o de tolerancia con las creencias de los otros, y muchas veces, de no haber estado tan imbuidos de los preceptos de Moisés, hubiesen tratado con sus vecinos y hubiesen tolerado creencias y costumbres que en definitiva no van contra una manera racional de actuar y de vivir. Pero en este punto, Yahvé no colaboraba para que su pueblo viviese en paz. Sus amenazas y no sólo sus amenazas sino sus terribles castigos saltan constantemente a lo largo de las páginas de la Biblia en este largo período de 1300 años. Profeta tras profeta amenazaba con muertes y con plagas a un pueblo, ya de por sí bastante agitado por las circunstancias históricas en que le tocó vivir y por las circunstancias históricas en que el mismo Yahvé lo había metido. Otro pueblo que no estuviese tan atado por leyes tan estrictas y amenazas tan graves como lo estaba el pueblo de Israel, probablemente hubiese en muchas ocasiones salvado las graves dificultades con las que se encontró; pero Yahvé era intolerante, Yahvé era celoso, Yahvé era vengador, y sus profetas se encargaban de recordárselo constantemente al pueblo.


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