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22-05-2013

Julia Orayen, la edecan que triunfo en el primer debate presidencial en México

Con un escote noqueó a todo el país durante el primer debate entre los candidatos a la Presidencia de la República

La acusan de todo: de ser una conspiradora, incluso de asuntos risibles como tener una inteligencia impropia para una modelo. En efecto, es una chica poco común y, por si fuera poco, muy sensual. Disfruta esto, el mes que viene podrás verla en playboy.

Las miradas que se clavaron sobre su escote aquel 5 de mayo durante los pocos segundos de su participación en el primer debate entre los candidatos presidenciales son un fenómeno al que Julia ya está acostumbrada. Lo único que la intimidaba ese día era equivocarse; todo debía ser perfecto, pues si cometía un error empañaría el trabajo de todo un equipo de producción. Su provocativo vestido era lo de menos y al final todo salió tan bien, que Julia se vio obligada a abrir una cuenta oficial de Twitter (ahora con miles de seguidores) y a dar más de una docena de entrevistas en un solo día; así como a escuchar jugosas ofertas para quitarse la ropa en revistas. Desde luego, también recibió las confesiones telefónicas de ex novios, quienes ‘recordaron’ que siempre ha sido el amor de su vida. Tras ese escote protagonista de miles de memes, existe una mujer argentina con mucho sentido del humor; un título de escritora de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), que llegó al país a finales de los 90 temerosa por la mala fama que ya tenía el país por su violencia. Julia recuerda que entonces le provocaba temor salir a la calle con ropa sexy; irónicamente, vestir así es el motivo por el cual ahora causa revuelo, incluso en el extranjero. ¿Cuándo llegaste a México?

Llegué en 1997, fue el 27 de mayo, lo recuerdo bien porque todos los años lo festejo. Si la gente festeja cuando se casa, que es lo peor que hacen en su vida, ¿por qué yo no habría de celebrar mis aniversarios en México? ¿México es tan terrible como casarse?

No, sería incapaz de hacer una comparación así. Al contrario, es de las mejores cosas que he hecho en mi vida. ¿Por qué te mudaste?

Mi papá vivía en México desde que yo tenía dos años. De pronto cayó enfermo y vine a cuidarlo porque le quedaban dos meses de vida. Él era un investigador en lógica, matemáticas y en filosofía de la ciencia en la UNAM. ¿Cómo era tu vida en Argentina?

Muy tranquila, porque estudiaba, vivía con mi mamá, llevaba la vida normal de una estudiante de preparatoria. No me pesó el cambio porque siempre amé muchísimo a mi papá, aunque fue muy drástico: un sábado me enteré que el miércoles mi próxima casa era México. Era menor de edad. Ya conocía el país porque viajé constantemente para ver a mi papá, pero vivir es muy diferente. Al principio salía con mucho miedo por todo lo que se dice afuera de México; sobre todo siendo una mujer sola. En Argentina tenemos otros usos y costumbres. Como se habrán dado cuenta, somos escandalosas en nuestra manera de vestir; entonces sí me daba temor salir a la calle. ¿Qué fue lo primero que extrañaste de Argentina?

Lo primero que extrañé realmente fueron mis gatos; tenía cinco, todos de diferentes edades y eran mis hijos. Al poco tiempo de llegar, ya tenía a mi hijo aquí, se llamaba Orfeo y falleció el año pasado. ¿Eres más de gatos que de perros?

Soy de animales en general, ¡hasta de dos patas! Y en México existimos un montón de ésos…

¡En todos lados! No es exclusivo de un lugar. Pero sí me gustan los animales, he tenido de todo tipo, tengo dos Xoloitzcuintles y un gato. He tenido de todo, hasta una cerdita vietnamita. Me la quedé un tiempo en el departamento de una amiga, pero no por mucho, y la tuve que donar a una granja ecológica para niños. Cuando llegaste a México, ¿tenías un plan de lo que harías en el futuro?

No, no pensaba en nada respecto a lo artístico y empecé a estudiar diseño publicitario, pero no me gustó eso de manipular el cerebro del consumidor. Después empecé a trabajar en agencias de modelos, no lo busqué, simplemente se dio. Bueno, como modelo ahora manipulas las mentes con tu figura…

Sí, pero es muy diferente ser parte de la campaña desde tu imagen, que ser parte desde la mercadotecnia, donde vendes algo con cualidades que tal vez no existen y vender castillos en el aire. Aquí no me siento tan responsable. ¿Cómo decides estudiar en la SOGEM?

He escrito durante toda mi vida y cuando hice el examen todo el mundo me decía que era imposible que yo me quedara, que era muy complicado. Pero lo logré, estudié una primera etapa, salí por cuestiones personales y luego regresé. Amo la escritura, pero mis niveles autocríticos no me permitirían ser feliz como escritora, creo que me falta algo más. ¿Le cumpliste la fantasía a algún aspirante a escritor de salir con una guapa?

Básicamente, los estudiantes para escritor se reían mucho de que una modelo pudiera tener dos neuronas que se conectaran. No, en la escuela no tuve ninguna relación. ¿Sufriste tu experiencia en la SOGEM, entonces?

No, tengo muy buenos amigos de esa época y mis escritos y calificaciones hablaban por mí, la verdad me iba muy bien. Sigo escribiendo, no de manera profesional, pero nunca he dejado de hacerlo. ¿Con tu fama repentina te buscaron los compañeros de la SOGEM?

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No, mis amigos siempre han estado ahí. Los que sí lo hicieron fueron algunos ‘ex’: resulta que ahora soy el amor de su vida, se acordaron aquel domingo que yo existía. Muchos pierden la perspectiva, las cosas son exactamente igual que antes. El que me quiera me va seguir queriendo y el que no, hablará lo peor de mí. ¿Qué cualidades tienes para que la gente te quiera?

Varias, como la sensatez, pero me pueden querer mucho o me pueden odiar por eso. Cuando alguien me cuenta sobre su relación de pareja y le digo que él es quien está mal y no me pongo de su lado, se enojan conmigo. Con mi gente soy muy tierna y consentidora, soy feliz de cocinarle a mi gente, de recibirla en casa y estar al pendiente de lo que les haga falta. Cualquiera de mis amigos sabe que si tiene una emergencia a la hora que sea, ahí voy a estar. ¿Qué te gusta cocinar más: comida mexicana o argentina?

No como carnes, sólo como pescado. Entonces lo que más cocino son pastas o tartas, un platillo argentino muy típico; o empanadas, es lo que mejor me sale. ¿Te gusta el humor mexicano? En la red circulan muchas bromas donde no eres la protagonista, sino tu escote.

No te lo puedes tomar personal, ni lo bueno ni lo malo. Soy de un humor bastante negro; me he divertido mucho y algunas bromas sí me han hecho subir un poco la temperatura, pero no más de ahí. La gente se ha sorprendido porque esperaban que fueras una mujer guapa, pero tonta. ¿Buscas inteligencia en los hombres?

No soporto un hombre tontito, me aburro mucho. Si no puedes platicar con él fuera de 15 minutos, ¿qué te deja? Y si vas a platicar del clima, mejor me quedo callada. Para una pareja sí necesito a alguien que admire y me pueda enseñar cosas. ¿Has tenido relación con mexicanos?

Sí, viví ya con dos mexicanos, son los únicos con los que he vivido. ¿Ellos motivaron tu decisión de no casarte?

Para nada, para mí el matrimonio sólo es un contrato. No creo que mi compromiso, mi amor o mi lealtad por alguien dependan de un papel; cuando estoy con una pareja, viva con él o no, voy con todas las condiciones que a mí me parecen importantes como fidelidad, compromiso, comprensión, apoyo. Fuera de lo que la gente cree, soy muy feliz viviendo en pareja, pero no en matrimonio. Soy feliz despertándome antes que él y levantándome a hacerle el desayuno, llevárselo a la cama, prepararle el baño, plancharle y lavarle la ropa. Lo hago con cariño y no para que sienta que soy su sirvienta. No debo firmar ningún papel para que me crean que amo a alguien.

En 2008 posaste para Playboy México. ¿En qué momento el pudor deja de ser una barrera?

A cada persona le da pudor por diferentes cosas, no me siento expuesta exclusivamente por un desnudo, hay situaciones en las que te sientes más vulnerable que cuando estás sin ropa; el cuerpo es un envase al final del día. En 2008 fue muy gracioso porque a la media hora de iniciar la sesión de fotos, lo que menos importaba era el desnudo, ya no me daba cuenta, había pasado a un segundo plano. Ahí es cuando te das cuenta de que el trabajo está siendo bien hecho. ¿Cuáles son esas situaciones que te hacen vulnerable?

No me gusta que me vean llorar; si tengo que elegir, prefiero salir a caminar desnuda por Paseo de la Reforma que llorar. Tanto me han repetido que no debo llorar, que es una de las cosas que más me duelen. Sentirme inútil tampoco me gusta, el año pasado me atropellaron y no podía ni bañarme yo sola. Me generó una sensación de vacío y desnudez mucho peor que una cuestión física. Dijiste que no pudiste dormir aquella noche del debate, ¿duermes mucho?

Sí, una de mis terapias es el sueño. Poca gente me cree que duermo nueve horas al día. Entonces dormir tres horas para mí no es nada, es la muerte, Desataste muchas reacciones, ¿qué es peor para ti, el machismo o el feminismo?

Los dos son igual de dañinos, sólo que el segundo se disfraza de justicia. Pero todos los extremos son igual de malos y dejan a la mujer igualmente en un lugar horrible. Después de todo este ajetreo provocado por el debate, necesitarás vacaciones. ¿ya sabes a dónde ir?

Creo que no serán muy pronto, no sé cuándo pueda, pero sé que quiero ir a un lugar muy tranquilo. Sería muy feliz de irme a la playa con mis perros y que mi preocupación sea si me voy a tomar un jugo de naranja o uno de toronja, ese estilo de cosas.

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Autor: El Mundo (4844 noticias)

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