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"Lo que son las cosas" en Comodoro

29/05/2009 16:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El escritor Rubén Gómez presentó su quinto libro de poemas en su ciudad natal, Comodoro Rivadavia, ante un buen marco de público en el CEPTUR. Aquí lo que pasó, se dijo y se vivió

La presentación arrancó con el actor Marcelo Vázquez que enumeró parte de lo que vivimos juntos en el Taller Literario que hice en el Kultural 5, ese bello y acogedor lugar del que es dueño y directivo. Contó que hacía semanas que venía empujándolo para que preparara algo para presentar mi libro y finalmente aseguró que no se le había ocurrido nada. Para subsanar el "error u omisión" convocó a Morrison, su personaje insigne a quien dejó una carta en manos del público. Morrison no me conocía ni sabía qué hacer pero la carta era explícita al decir que "empleara su magia". Entonces fue que hizo unos trucos de magia e interpretó un instrumento al que calificó como "autóctono comodorense de origen australiano". Entonces dio paso al autor, a mi, a Rubén Eduardo Gómez, que dijo:

Gracias a todos por estar aquí, todos reunidos hoy para la presentación de mi quinto libro de poemas, Lo que son las cosas.

Es inevitable pensar que hace 21 años presentaba mi primer libro “El pecado de soñar” en la vieja Escuela de Arte, ubicada en la zona del puerto y hoy demolida.

Es inevitable caer en los lugares comunes a los que el amontonamiento de recuerdos nos lleva y trae de manera tan caprichosa como el viento.

Ahora, después de haber presentado cuatro libros antes de este, ¿Cómo se hace para presentar un libro propio sin dar demasiadas pistas o inducir la lectura de quien lo recibe?

Está la presentación formal: “Estimado público, amigos, colegas, lectores… les presento mi libro Lo que son las cosas…. Lo que son las cosas, libro mío te presento a tu público”, y entonces el escritor, debería dejar que las cosas pasen entre ellos, como una suerte de Celestino, para después asombrarme y decir: “Mirá lo que son las cosas”, ¿no?

Generalmente el escritor se vale de algunos artilugios para contribuir al misterio: invita a otro escritor a que hable del libro, invita a algún músico que entretenga y distraiga, invita a alguien con buena voz a leer poemas, entre otros.

Pero no cuento hoy con estas posibilidades.

Me dije que las presentaciones son oportunidades de vender ejemplares. Entonces pensé en la publicidad subliminal.

(Cartel de “Oferta Sale 30% off…”).

También pensé que quizás no todos comprenderían un metamensaje como este por lo que busqué algo más directo.

(Cartel de “Comprame un libro, che!…”).

Finalmente no supe por cual inclinarme.

Entonces pensé en contarles una historia. Pensé en contarles que hace unos días me encontré con un ex compañero de la primaria mientras hacíamos ambos algún trámite engorroso de esos donde hay que hacer cola y todo.

- Ey, Rúben, - (Cartel “Me llamo Rubén y no Rúben!!") me espetó casi a los gritos, llamémoslo Tito – Mirá lo que son las cosas, donde nos venimos a encontrar…

Después del abrazo y de conversar durante un buen tiempo –las colas para cualquier trámite suelen ser largas- hablamos de bueyes perdidos y también de algunas bueyas perdidas, y le comenté que hoy presentaba mi quinto libro de poemas y lo invité a venir.

- Qué bueno, Rúben – dijo Tito - ¿así que escribís, che? ¿Pero vos no hacías dibujitos? Yo me acuerdo que dibujabas bien vos…

No sabía qué decirle porque hace algunos años que no dibujo ni los impuestos, y atiné a sonreír y mirar hacia ese lugar al que uno mira tratando de hacer memoria. Y le conté de mis libros anteriores y de todos los lugares a donde había llegado de la mano de la poesía. Y entonces me dijo:

- Mirá lo que son las cosas, che… Y ¿de qué trata el libro?

Y me mató. Me quedé pensando. ¿Se puede resumir un libro de poemas? ¿Se puede reseñar al menos, un libro de poemas? No creo. En todo caso se puede interpretar un libro de poemas y tal vez hasta traducirlo de alguna manera al propio lenguaje o vibración interna. Dí algunas vueltas para no decir nada, y me quedé pensando en la pregunta. ¿Cuál es el tema del libro? ¿Sobre qué?

“Mirá lo que son las cosas”, me dije, no lo había pensado desde ese lugar. Entonces le mostré a Tito el libro y le dije:

- En la contratapa del libro, el escritor y amigo Jorge Spíndola, cita a Italo Calvino que dice: “El hombre camina días enteros entre los árboles y las piedras. Raramente el ojo se detiene en una cosa, y es cuando la ha reconocido como el signo de otra”.

Tito levantó las cejas, me miró con los ojos extrañados y juntó los labios mientras asentía. ¿Habrá entendido a Calvino? Pensé durante unos instantes y le dije:

- Este es el verdadero ars poética del libro, el arte poética: esa posibilidad, esa dulce posibilidad de que esa cosa sea el signo de otra cosa, y sobre todo el haberla reconocido como tal.

Y seguí contándole que el libro está dividido en varias partes. La primera se llama Lo que hay, y en ella encontramos algunas de las cosas que somos: un piso detenido en una fría estación, una lluvia que lava urgencias, la piel que se acomoda en el tiempo en que cae una lágrima, una raya al costado detenida antes de la despedida, un paso que maldice al olvido, un cielo sostenido y leí:

Hay que levantar la vista

Ver el cielo cortado

Cientos de cordones cables hilos

La mirada no lo abarca sino en parcelas

Cielo alambrado

Es imposible que este cielo

- decía la abuela –

se nos caiga encima

A Tito pareció interesarle y me habló de que su abuela también decía que cuando el cielo estaba muy encapotado y con toda la amenaza de lluvia sobre la cabeza, que el cielo se nos caía encima. Y entonces nos fuimos de allí. Abandonamos los trámites y nos fuimos a tomar un café.

Le conté que en el libro también hay una nube que acaricia el valle y se deshace en él, y la memoria de los ciruelos en el ciruelo otro, leí:

hay un ciruelo en flor

la casa de juan carlos devuelve

la primavera mil cincuenta y ocho

noviembre de Rubén busca las maduras

poda la damasca ahuyenta a los gorriones

que picotean los higos que roban al sol

levanta la parra con alambres

juega con mateo

césped mientras el asado

sonrisas de mauro

tomamos un vino

el ciruelo de juan carlos espera

soles propicios sus rojos

rojos que no tendrá la rawson

mil cincuenta y ocho

demolida ausencia tierra hecha greda

sequía de otros abandonos

vaya uno a saber

qué ha sido de los ciruelos

mil cincuenta y ocho

vaya uno a saber

en manos de quién están

Sentí que a Tito le gustaban los poemas que había elegido. Le conté detalles de la casa de la calle Rawson 1058 donde vivíamos hace unos años. Y también le conté de la sombra, y de un viento aullador:

viento que sopla doble

aúlla arriba

golpea el pecho

para que escuche

baja el mentón

auuuuu ya

y sube

y el aullido más arriba

auuuuu ya

y la sonrisa espera

en el fondo

detrás de los ojos

la roja amarilis

Tito sonrió con la idea de un viento-lobo. Y me dijo que el viento nos habita y que nos es inevitable. Le hablé de un árbol con raíces de viento, las marcas que huellan el viento y también de un metro de romero que nos condimentaba el patio. Y la tierra, claro, la tierra como palabras, como lenguaje del viento que somos:

tierra pasa con el viento

la tierra pasa

no importa el manjón las bisagras la llave

pasa la tierra al piso los muebles el pelo

y la boca

no hay caso

insiste pasa la tierra

habita la rutina del trapo la tierra

la escoba la tierra

pasa

Tito asentía con gesto adusto. Y me animé a seguir contándole mi libro, este libro que no puede resumirse. Le hablé de un camino que insiste, de una ruta que no sabe adonde llevar y la vuelta repetida, como si fuera un estigma del desconcierto.

Este compendio de ideas sobre las cosas que se hacen uno tiene una segunda parte que se llama LOS QUE SON y allí

hay una vereda rota siempre

prueba los tobillos siempre

rota siempre

un riacho circula baja discurre

por la avenida siempre

lleva un mensaje

un pucho siempre

quizás una pluma

un yuyo zonzo se subleva siempre

al cemento

se yergue con flor y todo

y no pide riego

ni que le hablen

ni más luz

ni una aspirina en el agua pide

ni que limpien sus hojas con leche

ni fertilizantes ni cenizas

su flor pide

que no arreglen la vereda

Tito me habló entonces de la perseverancia y la constancia. Le dije que en esta parte del libro las huifas beben con los ojos, también que los ojos se dan vuelta, que siempre hay alguien ahí afuera, las voces que nos gritan, las sombras que laten y las carpas silenciadas por la indiferencia.

Más sobre

Hay una mujer:

una mujer de más del setenta de pelo en saco

largo una manga la otra sostiene expedientes

es la izquierda y camina contra el tránsito

el ceño pollera larga blanca zapatilla

y la otra no

hay el semáforo que corta

y la mujer mira adentro de cada auto

cada butaca solo unos segundos

y vuelve a caminar

hay quien dice es municipal

otros que escapó del hospicio de los expedientes

y hay quien asegura que ella es quien se busca

en coche va una niña carabín

en coche va una niña carabín

hija de un capitán

carabirulí carabirulá

Tito sonrió con la canción de su infancia. Me habló de la lucha de los setenta y de los amigos y familiares perdidos. Le dije que dolían, como los güesos de un árbol frío, y leí el poema de un perro otro que busca:

nariz de piso busca snif snif

hueso y resto busca snif snif

sobran cáscaras

sobras de edificio

sobra el perro

calle busca snif snif

sobre el nylon

no comas arroz con vidrio

no puntos busca snif snif

se pega el pañal

nariz húmeda

de piso

al piso busca snif snif

basura

en nylon anónima busca snif snif

sobra doblado

duerme hambre busca snif snif

en el container

sobra

Tito me miró con sorpresa y sonrió. Le conté del hambre y el hombre, del perro de la calle y de los chicos de la calle, de los cartoneros y de las diferencias, de los miles de tonos en los que la calle quiebra la luz con la que vemos las cosas, le conté de una piedra:

piedra otra piedra y otra más

las piedras dispuestas

en todo lugar de paso

solo para el paso y su dificultad

un lenguaje y el decir

esta lengua trabada a fuerza de vocalizar

con piedras en la boca

Tito me contó que antes se le ponían piedras en la boca a tartamudos y a los que tenían problemas de dicción para corregir sus problemas. Yo le dije que el lenguaje a veces se me volvía una piedra, como la de Sísifo, a la que debía empujar incesantemente y sin encontrar la palabra justa, la definitiva, la que debe ir allí y no en otro lugar.

Tito me instó a seguir y le conté que la tercera parte del libro se llama SON LAS COSAS y allí hay sábanas y despertadores, bolsas de arpillera, y alambre:

una cuerda de pared a pared la ropa y

el viento y el peso mojado vencen

el dueño del patio supo qué hacer

arte de alambre argentino

no es incomprensible

cuidar su patio y familia

a la vista están

sus desamparos

Entonces hablamos con Tito sobre la soledad, la del alma y la física, de los que nos dejan sin dejarnos y de los que nos hacen falta. Yo le conté de mis cosas, de un sobre caprichoso y una pava que pajarea, de un mapa y una lombriz, una corona, y de una cama para equilibristas:

una cama de dos patas

invita a hacer equilibrio

a no conciliar el sueño el no descanso

hacer equilibrio

no caer en las redes que esperan abajo

para cuando no haya medios minutos

en los que pensar

hay la cama de dos patas

solo el equilibrio

Tito se quedó callado un instante y aproveché para contarle de otras cosas, de un cuadro pintado por ojos, de un libro que desnuda y sobre las cosas:

una lagartija besando la infancia pobre

repta sobre las cosas yéndose

distintas

insanas

yéndose en el piso

en el camino

en el tiempo

y en el vientre del reptar

dicen dicen dicen

que van al sol

que mudan la piel

que dejan pobre a la lengua seca

lo cierto es que

demudan las cosas

No pensaba seguir leyendo, pero Tito pidió otro café y me dijo:

- Mirá lo que son las cosas, Rúben, todo este tiempo, todas estas vivencias, tantas cosas… Leéme más…

Le dije que el libro tiene una cuarta parte que se llama LO QUE AGUA y allí, claro, hay una gota fría pero también fuego en las raíces y los capullos:

¿de qué está hecho

ese capullo?

¿esponja de sol

sumiendo la luz a su seno?

¿de qué

esos pétalos que absorben

espacio y tiempo?

ay ese capullo

como una brisa

que se lleva el mar

el cielo

¿de qué está hecho

ese capullo?

Entonces le conté a Tito del aire que no llega y de los peces que bébense, le conté del lugar donde las nubes pasan por debajo de uno y de la que viene con el olivo en la boca.

Le conté que la última parte del libro se llama LO QUE ESPERA y allí hay ángeles negros lacios, y le dije:

llaman a los ángeles

con los santos estampados en las manos

y el acordeón envuelto

en canciones gitanas

trenzadas en los cabellos de ángeles

negros lacios

ángeles bebas que llaman

llaman a los trenes

llaman a los ángeles

y no hay manera

Tito me preguntó de los viajes y las partidas, de lo que se va y lo que viene con uno con el viaje. Le hablé de un vuelo largo y oscuro, de un colibrí que maravilla en un noveno piso, de un piso lejano en la edad, de una caricia que espera, y de una foto del abrazo, que dice:

ahí está la foto del abrazo

brazos que faltan

en la despedida de lo que no se ve

el espacio que duele

los ojos al piso sin portarretratos

un suspiro viejo de cicatriz

un dibujo de manos grandes

y dedos de sol

el pelo largo dibuja mauro

y su dibujo camina

sin esperar

Tito me preguntó por mis hijos entonces, y le dije de Mateo, de Mauro y de Lorenzo, de lo que pasa y se siente cuando los veo correr y gritar y reír. Parecen querer atrapar toda la vida en el ya y en este instante, y levantan las manos, y leí entonces:

las manos arriba / más arriba /

arañando el cielo / rasguñándolo /

el cielo las manos

todo parece mucho entonces

las manos arriba para asir

lo que quiera llegar

lo que se deje tomar

arriba las manos

como una red

como una telaraña

de huesos sangre

y deseo

Tito se emocionó, el muy bobo, y aproveché para contarle que, como en todo libro hay una vez, pero que no en todos los libros podría encontrar un poema que cierre el libro y que hable de un balde. Aproveché que se sonaba la nariz con estridencia con una servilletita del bar, y leí:

las piedras la tierra que pasó

los pasos de latidos viejos

huellas en la playa del 83

hay que baldear

los gritos que retumban

y tumban y van

curitas y rasguños

los raspones y golpes

moretones azules

extrañamientos

baldear desgarramientos

desgarraduras

desesperaciones y desesperanzas

lo que se resiste al olvido

espinas bajo la uña

y cada error enmohecido

también la memoria

hay que baldear

corazón.

Tito me abrazó. Le dije que no solo tiene poemas el libro sino que lo engalana una Postdata intemporal de la poeta mexicana Guadalupe Elizalde, a modo de postfacio; le conté que la tapa es de la artista plástica de Puerto Madryn, Daniela Mastandrea, que realmente es excelente. Y le gustó todo esto.

En ese momento sonó un ringtone, Tito lo reconoció y atendió su teléfono. Me hizo señas de que lo esperara un minuto y salió del bar porque habla a los gritos supongo y quería privacidad.

Tito no volvió más. Llegó el mozo poco después y aboné los seis cortados y también las medialunas que Tito había deglutido después del recital personalizado.

(Cartel: Bar El Aguante - 6 cafes..... $ 30.- 12 medialunas.... $ 24.- total ..... $ 54.-)

Mirá lo que son las cosas…, me dije. Tengo que presentar mi libro y no sé como hacerlo aún. Vuelvo a pensar en qué decir de este libro, pienso en cómo poder resumirlo o reseñarlo y encuentro curiosamente esto que les ofrezco:

(Cartel: Inventario de asombros)

Un inventario de asombros.

Muchas gracias.

--

Publicado por Rubén Gómez para Vela al Viento Ediciones Patagónicas el 5/13/2009 09:22:00 AM


Sobre esta noticia

Autor:
Rubén Gómez (2 noticias)
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