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Manspreading (chiste en dos partes)

28/09/2015 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Me topé con la palabra por primera vez en uno de esos panfletos izquierdistas en los que gustosamente colaboro. El texto, escrito en tono furibundo por una furibunda colaboradora, daba por hecho que el lector, de natural progresista y moderno, sabría el significado del anglicismo en cuestión. Yo no lo sabía y, aunque no era difícil deducirlo por el contexto, corrí a Google para cerciorarme. Como cualquier progresista comprometido sabe, estar a la última en causas y reivindicaciones requiere de un constante reciclaje terminológico.

Recalé en la Wikipedia buena, la anglófona (en la española una vez leí que el reiki funcionaba y ya nunca más volví a entrar por miedo a acabar siendo demasiado progresista). Así fue como descubrí que el manspreading es lo que de toda la vida se ha llamado despatarrarse, con el matiz de que el extranjerismo alude exclusivamente a la variante que se practica en asientos públicos, dando como resultado sendas opresiones a las mujeres ubicadas a derecha e izquierda del sujeto opresor. Espera un poco, pensé nada más leerlo. ¿Mujeres? ¿Por qué mujeres? Muchos hombres, como yo mismo, llevamos toda nuestra vida sufriendo esta clase de despotismo subyugante sin saber siquiera que tal cosa tenía un nombre.

Como varón blanco y heterosexual de clase media que soy, no estoy acostumbrado a sufrir discriminaciones aleatorias. Mi única experiencia personal en el mundo de las minorías se la debo a mi condición de zurdo, que me lleva a prolongar anormalmente el proceso de compra de los pilot (fenómeno que, probablemente, ningún diestro comprenda, del mismo modo que muchos varones son incapaces de comprender algunas reivindicaciones feministas).

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Ocurre que, además de blanco, heterosexual y zurdo, soy estrecho de tórax. Este condicionante óseo me coloca en una posición claramente desventajosa en términos de masculinidad, no solo en el cortejo, que también, sino, muy particularmente, en lo que a asientos públicos se refiere. En los aviones, por ejemplo, soy víctima frecuente y abnegada de un doble Manspreading: el inferior (por culpa de unas piernas que exceden, de largo, el estrecho margen espacial que les corresponde) y el superior (velludos brazos que ocupan, sin mediar permiso, la totalidad del reposabrazos común).

El Manspreading, por tanto, no constituye un micromachismo, como sostiene cierto sector del feminismo contemporáneo, ya que victimiza por igual a mujeres y a hombres de constitución estrecha. El despatarre es, y así debemos considerarlo todos los progresistas, una lacra que nuestra sociedad solo conseguirá dejar atrás si mujeres y hombres de tórax escueto hacemos frente común. Porque juntos podemos.

La segunda parte, de Barbijaputa, aquí.

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Autor:
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Reportaje
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