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Marcelo Tinelli: La máquina de hacer mediáticos

07/06/2010 17:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La galera del mago. Desde el antiguo “ Videomatch” , el conductor muestra su habilidad para crear personajes. Cómo lo hace: aquí, cuenta su secreto

De la noche a la mañana, en un abracadabra, el discreto custodio de un millonario excéntrico pasó a ser conocido por la inmensa mayoría de los argentinos. Lo llaman Tito. Y nadie se pregunta por su apellido ni su nombre de pila. No hace falta, porque esa suerte de “ Tito de la gente” no tiene pasado ni futuro. El Tito del que todos hablan es presente puro; existe sólo aquí y ahora; es televisión pura. Ese Tito no tiene vida personal ni ideología política ni preferencias estéticas ni ninguna característica que exceda a la del personaje parido, de repente, por Marcelo Tinelli en ShowMatch (El Trece).

En el estudio mayor de Ideas del Sur, los productores están en sus puestos, el público ocupa las tribunas, los artistas detrás de escena esperan el momento de salir al ruedo. Se encienden las luces. El conductor ocupa el centro de la escena y saluda “ Buenas noches América” : con ese grito de Tinelli se decreta el Big-Bang. El universo del show, el humor, el disparate, la música y las risas está en marcha. Nadie sabe, en verdad, qué ha de ocurrir allí, porque el conductor de esa nave desopilante se ha reservado para sí y para el público el beneficio del asombro.

Como los magos sacan conejos de la galera, Marcelo engendra personajes. Los encuentra por todos lados. Entre los participantes de “ Bailando por un sueño ” , por ejemplo, descubrió que Matías Alé podía sacarle el jugo a aquellos viejos chistes de la infancia que comenzaban con la frase Primer acto...

En “ Patinando por un sueño ” , bastó una mueca y un comentario ingenioso de Gladys Florimonte para que el conductor y la comediante engendraran a Zulma de Tinelli, un personaje que de ShowMatch saltó a Este es el show y luego, acompañó a Gladys en su labor teatral. Otra noche, Rocío Marengo concluyó su coreografía con una pirueta que, dijo, era un salto “ de koala” . Marcelo se abalanzó sobre esa frase, que adivinó rendidora. Y vaya si lo fue: Marengo se agenció de un personaje y un tema musical inspirado en el koala. En “ Cantando por un sueño ” , Iliana Calabró quiso entonar Libre pero desafinó más allá de lo imaginable. Marcelo la impulsó a reírse de sí misma. Ella aceptó. Desde entonces, su personaje no dejó de crecer, alimentado por kilos de tiramisú, protegido por una vida familiera, adornado por la sensualidad femenina a los 40.

No es necesario ser famoso para funcionar como materia prima de esa máquina de fabricar celebridades que es Marcelo Tinelli. Para muestra, el caso de Maxi D´Iorio, un muchacho desconocido para el gran público antes de su paso por ShowMatch; el stripper más famoso de la televisión después de que Tinelli le inventara una historia.

Aún más asombroso es el caso de Tito, la creación más reciente de Marcelo Tinelli. A Tito no le hizo falta bailar, desnudarse, actuar y ni siquiera desafinar una canción. Tito, el guardaespalda, no pronuncia palabra. Para elevarlo a la categoría de celebridad, a Marcelo le alcanzó con que el custodio de Ricardo Fort siguiera las instancias del show sin esbozar sonrisa, imperturbable.

Hoy, millones de argentinos saben quién es Tito. En las redes sociales como Twitter y Facebook se habla de él. Su nombre está integrado a las conversaciones cotidianas. Anteayer, cuando en ShowMatch se planteó el dilema de buscar un reemplazo para Lorenzo Lamas, que estará ausente del programa durante algunos días, la tribuna coreó un solo nombre: Tito.

¿Cómo empezó este ejercicio de celebridad veloz? Con la atenta mirada de Marcelo Tinelli sobre todo lo que sucede en el estudio mientras él oficia la liturgia de la risa y el humor (Ver “ Siento que animo ...” ). En pleno show, Marcelo giró su cabeza hacia a la izquierda, vio a un joven, recostado contra la escenografía y mirándolo con una seriedad que, en ese marco, parecía una extravagancia. “ ¿Qué me mirás así?” , le dijo, al aire. El tipo ni se inmutó. Tinelli, el mago, había sacado otro conejo de la galera. Al día siguiente, empezó a jugar con él. El público se entusiasmó con el personaje y con el paso de comedia improvisado y delirante: el conductor más exitoso de la TV argentina jugando como un chico con el guardaespaldas de un ricachón.

Fue algo semejante a lo que, allá lejos y hace tiempo, había ocurrido con “ el hombre de la barra de hielo” de Titanes en el ring : la primera vez pasó por allí llevando ese bloque helado para un pedido de producción. El director de cámaras tuvo el tino de enfocarlo. A los televidentes, se les antojó misterioso. Ya no había nada para discutir: el anónimo visitante sería un personaje, sin texto ni disfraces; absoluto misterio, puro enigma.

A la manera de un titiritero, Marcelo va moviendo los hilos de cada una de sus criaturas de ficción conforme a las necesidades y los tiempos del show; conforme a la respuesta del público.

A partir de un buen trabajo de casting, “ Bailando por un sueño ” convoca participantes carismáticos. Pueden bailar mejor o peor, pero allí el baile es un ingrendiente más del show que, como es marca registrada en Tinelli desde que empezó en la TV, tiene su pata fuerte en el humor. Tal es el caso del boxeador cordobés conocido como la Mole Moli. Es verborrágico, ocurrente, desenfadado: una fruta jugosa para improvisar duelos verbales con el conductor. Hasta ahí, lo esperado. Luego, lo impredecible: al correr de la conversación, Marcelo incorporó al relato a la Negra, la esposa de la Mole, quien ni siquiera está presente en el estudio.

Otro tanto ocurrió con un tal Mariano: no pertenece al mundo del espectáculo, es el esposo de una cocinera, Jimena Monteverde. A ella, Tinelli la puso a bailar. A él, lo hizo conocido en la brevedad de un llamado telefónico al aire.

Siempre atractiva para el gran público, la habilidad de Tinelli para fabricar celebridades viene de lejos, desde el viejo Videomatch .

Eso hizo con Marcela Feudale, una locutora de radio a la que contrató en 1991 y a poco andar, la convirtió en un personaje: “ la enana Feudale” . En el libro que se editó el año pasado, para celebrar los veinte años de Tinelli como conductor, Feudale dijo: “ Hasta el ‘ 94, no aparecí (en cámara). Me tapaba, hacía las notas de espaldas, era como la incógnita. Hasta que Marcelo dijo’ Ya está, mostrate’ . Ese año empecé a tener más interactividad, participé de notas, en los sketches, los chicos me enseñaron a actuar. Me he disfrazado de Mujer Maravilla, de La Bella, de Ingrid Bergman [...]” .

En aquella época, Marina Vollman, era una linda chica que parodiaba telenovelas junto a Diego Díaz en el ciclo de Tinelli: “ Hicimos Marina de lejos y Marina de nadie -declaró en el citado libro-. Llegó a participar Ricky Martin, increíble. La popularidad que te daba el programa era impresionante. Marcelo me presentó un lunes a la medianoche, y el martes me metí en un shopping y me paraba la gente, me pedía autógrafos. Y yo no entendía nada” .

Así es Tinelli: un conductor y productor de ojos y oídos bien alerta para detectar en los demás alguna cuota de carisma, por modesta que sea, y potenciarla. Así es ShowMatch : una usina de relatos, una fábrica de cuentos con personajes nacidos de personas reales, moldeados por el conductor y lanzados a la popularidad desde las alturas del rating. El resto, lo hace el público, que los recibe y los recrea a su antojo.


Sobre esta noticia

Autor:
Joaquin Macial (211 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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