Cuatro meses y cuatro días después de que Mariano Rajoy llegara al poder y formara Gobierno, la economía española no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado, y no hay indicios a la vista de que la tendencia vaya a cambiar. Más bien al contrario, irá aún a peor.
Todos los anuncios y decisiones relevantes de Rajoy (la subida del IRPF, los primeros recortes de gasto público de diciembre, la reforma laboral, la austeridad de los Presupuestos, la amnistía fiscal, las medidas casi de intervención de las comunidades autónomas, la Ley de Estabilidad Presupuestaria, los recortes en sanidad y en educación en los que ahora anda…) tenían dos objetivos muy claros:
1. Reducir el déficit.
2. Tranquilizar a los mercados financieros para bajar así los costes de financiación de la deuda.
Los dos objetivos son en el fondo el mismo: equilibrar las cuentas públicas, convencido el Gobierno de que así pondría las bases para la recuperación. ¿Pero está consiguiendo ese equilibrio? Pues parece que no. Los recortes y las reformas anunciadas no han tenido en los mercados el efecto que se buscaba, y la prueba es que la prima de riesgo de la deuda está en los peores registros de la era de Rajoy y similares a los más delicados de la era de Zapatero, por encima de los 400 puntos básicos. El efecto de esos niveles de prima es catastrófico: nos va a generar unos costes de servicio a la deuda superiores a los 29.000 millones previstos en los Presupuestos, luego impactará en el déficit… a peor, en el sentido contrario al que se buscaba.
Además, muchas de las medidas y reformas han impactado negativamente en la actividad económica. Cae la demanda nacional; baja el consumo, la producción, el empleo… Conclusión: menor recaudación fiscal, menores ingresos para el Estado, y de nuevo una tendencia al desequilibrio en las cuentas públicos.
Sí, el Gobierno ha hecho un pan como unas tortas, y ya empieza a ser consciente de ello. La semana pasada, el ministro de Economía, Luis de Guindos, ya hablaba de que nuestra economía empieza a necesitar estímulos, no sólo recortes. Incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI), poco sospechoso de keynesianismo militante, se preguntaba en su informe si Europa y España se han pasado de frenada y se están ahogando solos. Y el premio nobel estadounidense Paul Krugman remataba el domingo: ’Los problemas fiscales españoles son una consecuencia de su depresión, no su causa. (…) Sin embargo, la receta que procede de Berlín y de Fráncfort es una austeridad fiscal aún mayor. Esto es descabellado (…) En vez de admitir que han estado equivocados, los líderes europeos parecen decididos a tirar su economía y su sociedad por un precipicio’.
Krugman titulaba su artículo ‘El suicidio económico de Europa’, pero ese mismo día en que se publicaba, anteayer, se abría una pequeña puerta a la esperanza, al no suicidio. El candidato socialista, François Hollande, ganaba la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas y se situaba como favorito frente a Nicolas Sarkozy para la elección definitiva, el 6 de mayo. Hollande propone que el Banco Central Europeo tome un papel más activo en la defensa de las deudas soberanas de los países del euro; quiere que se luche contra el déficit, sí, pero con menos urgencias en el calendario y activando cuanto antes medidas de estímulo económico que fomenten la actividad y el empleo. Si Hollande desaloja a Sarkozy del Elíseo, Europa se habrá deshecho del eje francoalemán, del Directorio Merkozy Solorrecortes que está llevando a la Unión al suicidio económico y social por la obsesión de la austeridad de la alemana Angela Merkel.
Ayer me dio la impresión de que, incluso en las filas del PP y del Gobierno, hay quien ha visto un atisbo de esperanza para España si el socialista Hollande llega al poder en París.
Autor: Blog 20 minutos - Arsenioescolar (309 noticias)
Fuente: blogs.20minutos.es
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