
Los mosquitos son la tortura del verano en muchos países, y en otros la tortura de todo el año. Son transmisores de enfermedades que afectan a cientos de millones de personas cada año. Así es que la gente piensa ¿por qué no nos deshacemos de ellos de una vez por todas?.
¿ Pero erradicar un organismo podría tener importantes consecuencias para los ecosistemas?.
Un ecosistema al que no molesta la mano del hombre está siempre balanceado, quitar a los mosquitos de en medio podría traer terribles cambios a los ecosistemas de diversas partes del mundo. ¿Por qué?
Por ejemplo podemos revisar las curiosidades generales de los mosquitos y no es tan sencillo, no sólo hay que mirar esto con ojos de picaduras o molestias del hombre sino también con ojos ecológicos y con una visión de conjunto. Un ecosistema es algo complejo, donde cada ser vivo depende de otro tanto para sobrevivir o para estar controlado y no volverse una plaga, y a la vez condenarse a la extinción al depredar a su presa.
Obviamente los ecosistemas se adaptan al daño, pero esa adaptación irá en función de que ese ecosistema quede balanceado, no en función de que nosotros los humanos quedemos satisfechos. Por eso extinguir especies produce efectos impredecibles en el ecosistema mundial, que pueden ser para mejor o para peor visto desde nuestra perspectiva.
Por ejemplo podemos revisar las curiosidades generales de los mosquitos y saber que hay 3.500 especies, si bien tan sólo algunos cientos de ellas pican a los humanos. Habitan casi todos los continentes. Por eso mismo son importantes para numerosos ecosistemas.
“Los mosquitos han estado en la Tierra durante más de 100 millones de años”, dice Jittawadee Murphy, uno de los especialistas que emite su opinión. “Y han evolucionado junto con muchas especies durante ese tiempo”.
Los mosquitos son alimento para muchos animales, desde otros insectos a reptiles, peces y aves. Si los liquidásemos por completo, todos esos animales se quedarían sin su presa. Sin contar que los mosquitos - como las abejas- también hacen de polinizadores para muchas plantas, que así se quedaría sin los encargados de facilitarles su reproducción.
Esto parece contradecir la labor que día tras día, en el Instituto Militar de Investigación Walter Reed en Silver Spring (Maryland, EE. UU.), Jittawadee Murphy abre la puerta que le lleva a una sala llena de mosquitos transmisores de la malaria (Anopheles stephensi). Su misión es alimentar a millones de larvas con pescado molido y ofrecer a las hembras ratones inconscientes para que les chupen la sangre del estómago (dejan sin sangre hasta a 24 de ellos al mes). Murphy lleva estudiando los mosquitos 20 años con el fin de limitar la expansión de los parásitos que transmiten.
Aun así, ella misma afirma que preferiría que desaparecieran de la faz de la Tierra, un sentimiento que sin duda mucha gente comparte. La malaria infecta cada año a cerca de 247 millones de personas en el mundo y acaba con la vida de casi un millón de ellas. Además, los perjuicios sanitarios y económicos que causan van mucho más allá, ya que también transmiten la fiebre amarilla, el dengue, la encefalitis japonesa, la fiebre del Valle del Rift, el virus Chikungunya y el virus del Nilo Occidental. A ello hay que añadir el factor de las plagas: forman enjambres lo suficientemente grandes para asfixiar, sus aguijones se clavan en la carne de multitud de seres humanos a lo largo del hemisferio Norte. Alguien o algo los echaría de menos?

Y algunos ecologistas sostienen que si bien los ecosistemas sentirían su falta, se adaptarían como lo hicieron ante otras especies extinguidas por el hombre.
Pero serían muchos los ecosistemas, y muchas las especies que sufrirían su desaparición. Por ejemplo la aves migratorias casi dependen de los mosquitos, podrían descender a más del 50% si estos no existieran.
Eliminación, la guerra mundial contra los alados
En opinión del entomólogo médico Carlos Brisola Marcondes, de la Universidad Federal de Santa Catarina en Brasil, un mundo sin mosquitos sería “más seguro para nosotros. La eliminación del Anopheles sería un paso muy importante para la humanidad”.
Los seres humanos han realizado numerosos esfuerzos coordinados para eliminar los mosquitos, aunque no siempre han sido efectivos. Los intentos más exitosos fueron la campaña para la erradicación del Aedes aegypti a principios de los años noventa, que mitigó la propagación de la fiebre amarilla lo suficiente para poder completar el Canal de Panamá, y el uso del larvicida Paris Green para eliminar el transmisor de la malaria Anopheles gambiae en Brasil en 1940. La aplicación del DDT hizo posible que Estados Unidos fuera declarado libre de malaria en 1949 y la labor del Dr. Arnoldo Gabaldon en Venezuela logró erradicarlo en esa misma fecha.
Sin embargo, los productos químicos que se utilizaron entonces están actualmente prohibidos en muchos países. En opinión de Roger Nasci, entomólogo del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, “hoy en día no se pueden llevar a cabo acciones tan expeditivas, al estilo militar y, además, ya no disponemos de DDT. Tenía muchos efectos colaterales, pero era un producto excelente para eliminar mosquitos, sin respeto para la salud humana”.
Janet Fang de Nature planteó el dilema ¿eliminar a los mosquitos o respetar el ecosistema y aprovecharnos de ellos?
Los científicos que estudian diversos aspectos de la biología de los mosquitos y de su relación con el entorno dieron algunas respuestas, sobre que actitud tomar frente al dilema.
Acabar con una de las especies de mosquito podría dejar a un depredador sin presa o a una planta sin polinizador. Por otro lado, analizar un mundo sin mosquitos es algo más que un ejercicio de la imaginación: se están llevando a cabo numerosos proyectos que buscan métodos para acabar con la especie más perniciosa y contagiosa del planeta.
El control de mosquitos mediante el uso de productos menos tóxicos es esencial para mantener el nivel de mosquitos en Florida, el sudeste de Asia y Latinoamérica dentro de niveles aceptables. El control mundial de malaria en 2010 requiere cerca de 1.400 millones de euros para el rociado residual intradomiciliario y 1.550 millones para las redes insecticidas.
Como apunta Nasci, “es una cuestión complicada, por eso aún quedan mosquitos y no se van a ir”.
Phil Lounibos, científico del Laboratorio de Entomología Médica de Florida en Vero Beach (EE.UU.), afirma que “la eliminación de los mosquitos reduciría el sufrimiento humano sólo temporalmente”. Su estudio apunta a que los trabajos para eliminar una especie transmisora de enfermedades serían inútiles, porque su hueco lo llenaría rápidamente otra especie.

Su equipo capturó mosquitos hembra transmisores de fiebre amarilla (Aedes aegypti) en charcos de Florida y descubrió que algunos de ellos habían sido inseminados por mosquitos tigre (Aedes albopictus), que transmiten varias enfermedades a los humanos. La inseminación deja estériles a los mosquitos hembra de fiebre amarilla, lo que muestra cómo un insecto puede ocupar el lugar del otro.
En resumen, la cadena alimenticia se vería afectada en numerosos ecosistemas, con consecuencias que son imposibles de prever. En Francia, por ejemplo, en el parque Camargue, se hizo una total fumigación contra los mosquitos, y esto quedó reflejado en un descenso de la población de aves, que incluso pusieron muchos menos huevos.
El impacto ecológico de la guerra antimosquitos. Las Plagas árticas
La tundra ártica podría ser el lugar en el que más impacto ecológico tendría la eliminación de los mosquitos, ya que allí es donde habitan especies como el Aedes impiger y el Aedes nigripes. Los huevos que ponen los insectos eclosionan al año siguiente cuando se derrite la nieve y en tres o cuatro semanas ya se convierten en adultos. Desde el norte de Canadá hasta Rusia, durante un breve período son extraordinariamente abundantes y en algunas zonas forman enjambres muy numerosos. Según el entomólogo Daniel Strickman, jefe del programa de entomología médica y urbana del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos en Beltsville (Maryland), “se trata de algo muy poco frecuente a nivel mundial. No hay ningún otro lugar en el planeta en el que constituyan una biomasa comparable”.
Una circunstancia importante es la polinización en que el mosquito podría sustituir a la abeja hoy en peligro
“Si su existencia tuviera algún beneficio, habríamos encontrado la manera de sacarles provecho. Lo único que siempre hemos querido de los mosquitos es que desaparezcan. Pero las dudas de los científicos persisten.
Las opiniones sobre lo que ocurriría si dicha biomasa desapareciera son diversas. Bruce Harrison, entomólogo del Departamento Medioambiental y de Recursos Naturales en Winston-Salem (Carolina del Norte, EE. UU.), considera que la cantidad de aves migratorias que anidan en la tundra podría reducirse a menos de la mitad sin mosquitos de los que alimentarse. Otros investigadores discrepan. Cathy Curby, bióloga en el Servicio Estadounidense de Protección de la Fauna en Fairbanks (Alaska, EE. UU.), afirma que en las muestras analizadas de los estómagos de aves no abundan los mosquitos árticos y que los jejenes son una fuente de alimento más importante. Según ella, “los humanos corremos el riesgo de calcular un número excesivo de mosquitos en el Ártico ya que éstos se sienten selectivamente atraídos hacia nosotros”.
Los mosquitos consumen hasta 300 mililitros de sangre de cada uno de los animales que encuentran en una manada de caribúes. Se trata del pez mosquito o Gambusia Affinis, totalmente especializado en cazar mosquitos. Es tan bueno en su trabajo que los indígenas suelen tenerlo en estanques y en campos de arroz para controlar a los mosquitos. Si desapareciesen los mosquitos, el pez mosquito se extinguiría, ya que está especialmente adaptado a alimentarse de estos insectos. Y al extinguirse los mosquitos se llevarían por delante a los peces al no tener alimentos.
Un pequeño cambio en la senda seguida por éstos puede tener consecuencias muy importantes en un valle ártico a través del cual migran miles de caribúes, que pisan el terreno, comen liquen, transportan nutrientes, sirven de alimento para los lobos y, en general, modifican el entorno.
Teniendo en cuenta lo anterior, en el Ártico sí se echaría de menos a los mosquitos.
En definitiva, parece que hay pocas cosas que hagan los mosquitos que no puedan hacer otros organismos igual de bien, excepto quizá una: tienen una eficacia letal para chupar la sangre de una persona e inyectarla en otra, ofreciendo así una ruta ideal para la propagación de microbios patógenos.

“El efecto ecológico de eliminar los mosquitos perjudiciales es que aumentaría la población. Ésa sería la consecuencia.”, señala Strickman. Se salvarían muchas vidas y muchas otras ya no quedarían debilitadas por las enfermedades. Aquellos países en los que abunda la malaria, como en el África subsahariana. Según Jeffrey Hii, experto en malaria de la OMS en Manila, habría una “carga menor en el sistema sanitario y los hospitales, el gasto público en sanidad se trasladaría del control de enfermedades infecciosas a otras cuestiones sanitarias importantes y se reduciría el absentismo escolar”.
¿Sólo Daños Colaterales: la vida seguiría igual que antes?
Sin embargo, los científicos opinan que en muchos casos el vacío creado por la desaparición de un mosquito quedaría rápidamente cubierto por otros organismos. La vida seguiría igual que antes o incluso mejor. En lo que se refiere a los organismos transmisores de enfermedades graves, según el experto en insectos Steven Juliano, de la Universidad Pública de Illinois en Normal (EE. UU.), “es difícil ver el perjuicio que causaría su eliminación, salvo los daños colaterales”.
Probablemente la mayoría de las aves que se nutren de mosquitos pasarían a alimentarse de otros insectos que, en ausencia de éstos, podrían proliferar para sustituirlos. Puede que otros insectívoros no les echaran de menos para nada: los murciélagos se alimentan principalmente de polillas y sólo el 2% de lo que se encuentra en su estómago son mosquitos.
La entomóloga médica Janet McAllister, del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Fort Collins (Colorado, EE. UU.), plantea lo siguiente: “¿Qué preferiría para reponer la energía pérdida, comer un solomillo de 600 gramos o una hamburguesa de 150?, ¿una polilla o un mosquito?”.
Teniendo un menú con tantas opciones, parece que la mayoría de insectívoros no pasarían hambre en un mundo sin mosquitos. No hay suficientes pruebas de que el ecosistema se vea afectado como para hacer dudar a quienes defienden la erradicación.
Pero muchas especies de insectos, arañas, salamandras, lagartijas y ranas perderían también una fuente importante de alimentos. En un estudio publicado recientemente, los investigadores llevaron a cabo un seguimiento de aviones comunes, aves que se alimentan de insectos, en un parque de Camargue (Francia), después de rociar la zona con un agente microbiano de control de mosquitos. Se observó que dichas aves sólo pusieron un promedio de dos huevos por nido, en comparación con los tres que pusieron en los lugares de control estudiados.
En estado larvario, los mosquitos constituyen una buena parte de la biomasa en los ecosistemas acuáticos de todo el mundo. Abundan en cualquier lugar donde haya agua, desde charcos efímeros hasta agujeros en los árboles, pasando por neumáticos viejos, y la densidad de larvas en los terrenos llanos inundados puede ser tan alta que hasta sus movimientos pueden provocar ondulaciones en la superficie. Se alimentan de las hojas caídas, detritus orgánico y microorganismos. La pregunta es si, en ausencia de mosquitos, aparecerían otras especies que lo hicieran. Según Juliano, “muchos organismos procesan el detritus. Los mosquitos no son los únicos ni los más importantes. Si quitas un remache del ala de un avión, no es probable que el avión deje de volar”.

Plantas en peligro, allí donde hay agua y plantas carnívoras
Los efectos pueden depender de cómo sea el lugar en el que se acumula el agua. Las larvas de mosquito son miembros importantes de las comunidades estables que se forman en las reservas de agua que se encuentran en el interior de las plantas carnívoras unos 3 (Sarracenia purpurea) de la costa Este de Norteamérica. Los mosquitos (Wyeomyia smithii) y los jejenes (Metriocnemus knabi) son los únicos insectos que viven allí, junto con microorganismos como rotíferos, bacterias y protozoos. En este caso, la eliminación de los mosquitos podría afectar al crecimiento de las plantas.
En 1974, el ecologista John Addicott, ahora en la Universidad de Calgary (Alberta, Canadá) publicó su trabajo sobre la estructura de depredador y presa en las plantas carnívoras, en el que apuntaba una mayor diversidad de protozoos en presencia de larvas de mosquito.
La experta en evolución Dina Fonseca de la Universidad de Rutgers en New Brunswick (Nueva Jersey, EE. UU.) compara el caso con el de las chinches chupadoras, de la familia de los ceratopogónidos. Según sostiene, “a la gente a la que pican esos insectos o que se infecta con virus, protozoos o filarias a través de ellos les encantaría eliminarlos, pero algunos ceratopogónidos son polinizadores de cultivos tropicales como el cacao, por lo que eso significaría un mundo sin chocolate”.
El entomólogo Joe Conlon, de la Asociación para el Control del Mosquito de Estados Unidos, dice que “si erradicamos a todos los mosquitos, sufriría sólo un parón y después seguirá viviendo de otra forma con la vida que no conocemos. Algo mejor o peor ocupará su lugar”.
Los investigadores están desarrollando métodos alternativos de control de mosquitos
- Los insecticidas basados en ARN matan los A. aegypti induciendo el suicidio celular. “Básicamente, ordenan al mosquito que se mate a sí mismo”, expone Stanton Cope, directora del Consejo para la Gestión de Plagas del Ejército norteamericano.
- Esterilización de los machos. Si se introducen en la cantidad suficiente, los machos estériles pueden ralentizar la reproducción.
- Productos químicos mejorados. Los mosquitos se están haciendo resistentes a los actuales insecticidas que actúan sobre el sistema nervioso. Los investigadores están buscando agentes que utilicen otros mecanismos, entre ellos, productos naturales como el aceite de cedro.
- Trampas para atrapar mosquitos. En 2008, los investigadores del Ministerio de Agricultura norteamericano eliminaron casi por completo el Aedes taeniorhynchus de una isla en Florida mediante trampas que generan dióxido de carbono para atraer a los mosquitos.

Autor: Diasporaweb (603 noticias)
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