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El ataque a las instituciones de la democracia puede hacerse de muy diversos modos. Periodistas, conductores, y público sin espíritu crítico favorecen esa modalidad de golpismo, en diarios, radios y televisión
¿El cuarto poder o el poder de cuarta?
Ya lo dice el filósofo Arturo Schopenhauer, en su obra “Eudemonología”: "No hay peor odio que aquel cuyo origen no puede confesarse", pues al no poder decir los motivos verdaderos por los cuales se desprecia al otro, por fuerza han de emplearse engaños. Y el mismo pensador asegura, en otras páginas de esa obra, que el honor del mejor ser humano vive en la punta de la lengua del más miserable entre ellos.
Ambas son ideas aplicables a la actualidad argentina, y combinadas, pueden explicar con certeza mucho de la realidad que muestran algunos medios de comunicación masivos, a los que no creo que convenga menospreciar.
Hay artículos firmados por Morales Solá, por muestra, que siendo ejemplos paradigmáticos del concepto, a la vez guardan una semejanza enorme con panfletos opositores, al menos, los firmados en esta década:
“El problema de Kirchner es Kirchner”, “El gobierno es el problema del Gobierno”, “…Todo eso dura muy poco, pero lo suficiente como para que el ex presidente pueda fugarse de sus ratoneras”, “Kirchner hasta se dio el lujo de una impúdica especulación…”, “Kirchner quema las últimas balas, tratando de escapar de aquella puerta que lo conduciría hacia la derrota y el desierto”, “Kirchner es el argentino que menos confía en la eficiencia del Estado argentino”, “El horizonte de unas eventuales elecciones perdidosas para él (Néstor Kirchner) se acerca velozmente”, “Néstor Kirchner es el que quiere ampliar y socializar su drama personal (…) se aferra desesperadamente a las garras del poder (…) su confuso proyecto "nacional y popular", un adefesio que atrasa medio siglo”, “¿Qué hizo el kirchnerismo en más de un lustro para reconstruir las instituciones devastadas, para restaurar la economía frágil de entonces, y para rehacer el propio sistema de partidos políticos? Nada…”, “El problema no son los candidatos, sino el Gobierno”, etc., etc.
…dando espalda contra el suelo —con rendición incluida— a la pretensión de imparcialidad de algunos medios. Y rara vez este género de periodistas cita una fuente:,
"La verdad es que nunca pudimos reconstruir la relación con Washington después de Mar del Plata", se sinceró un funcionario político de aquellos tiempos…”
"Es la forma de Kirchner para mostrar independencia de los Estados Unidos", se sinceró un ministro actual…”
“No durará así mucho tiempo. Nunca pudo con su genio", suele deslizar un funcionario que lo conoce desde Santa Cruz…”
“La gente común votará antes de llegar a leer nuestros nombres” , dijo uno de los más conocidos barones del conurbano…”
“Kirchner no es Perón ni Olivos es Puerta de Hierro , dijo uno de ellos”
“Kirchner lo llamó mafioso a Duhalde , ironiza un conocido kirchnerista”
“Kirchner nos está dejando una derrota , explica un gobernador”
“Aquí todo lo que huele a kirchnerismo espanta a la gente , dijo uno de sus principales dirigentes”
…sin que se sepa quiénes son esos ellos, esos alguien, esos funcionarios, y etc., lo que puede hacer pensar que su fuente es su deseo de tener alguna.
Por supuesto que tanto extravío no puede quedar libre de contradicciones insolubles: Sin detenernos a calificar que se llame “fiesta” a la ayuda que el Estado otorga a los consumidores, Morales Solá en apoyo al campo y fiel a su estilo panfletario y por supuesto, sin citar fuentes escribe por derecha que: “…altos funcionarios de entonces le plantearon al matrimonio presidencial una dura opción frente a la necesidad de terminar la fiesta: o se acababan los subsidios al consumo de servicios públicos o el Estado debía aumentar sus ingresos. Hay que aumentar los ingresos , dictaminó Kirchner. Cúmplase, pero ¿de dónde saldría el dinero para ese aumento de la recaudación? Kirchner hurgó hasta que encontró la veta: sería la soja”
…y en otro artículo con la misma firma por izquierda dice que: “Millones de argentinos, por ejemplo, se han desmayado de estupor en los últimos días, y muchos más seguirán sorprendiéndose en las próximas semanas, por tarifas de gas con aumentos que, en algunos casos, quintuplican los valores anteriores”. Creo que he escuchado a mi abuela hablar de “gataflorismo”; Lo que no tenía ella era la frecuente desdicha de encontrar tan claros síntomas en aquejados por ese mal.
Si cierta prensa afirma que no le permiten la palabra, estamos como ante esos letreros en los que se lee “Prohibido fijar carteles”: La expresión no puede existir sin contener la negación de sí misma
Pero, a pesar de las pruebas que colecta un webblogger equipado tan solo con el Mozilla, sucedió que en el auditorio del Hotel Sheraton, durante un seminario sobre la libertad de prensa en Argentina, el mismo periodista que escribió lo que muestro, declaró que “la libertad de expresión afronta su peor momento desde 1983”. Resulta una paradoja irresoluble que desde la prensa que lo propaga se sostenga que no le permiten la palabra. Algo como esos letreros en los que se lee “Prohibido fijar carteles”, donde la expresión no puede existir sino a expensas de contener la negación de sí misma.
Cómo nos cambia la vida. Este precoz trabajador de prensa, que a los 16 años ya andaba por los pasillos de los diarios en su Tucumán natal, que hoy quisiera tal vez ser el representante del pensamiento argentino, es el mismo que fue condecorado por el general genocida Antonio Domingo Bussi; El mismo que en marzo de 1976 recibió un pergamino en el que se agradecía “Su colaboración en la lucha contra la subversión”; Cualquier persona que consulte el diario “La Gaceta” del 23 de abril de ese año verá una nota de tapa, donde se abraza la designación del general Bussi como gobernador argumentando que “el general conoce el ámbito local y no ignora las necesidades y las urgencias de la provincia”, y tras reseñar “el pensamiento” del genocida, termina diciendo que “tales palabras y posiciones reflejan sin duda la perspectiva de un clima indispensable para aplicar una acción política eficaz”. La firma de esa nota pertenece al Sr. Dr. Joaquín Morales Solá, quien hoy confecciona y publica desde el diario La Nación los veredictos más forzados y adversos al gobierno democráticamente elegido por los argentinos.
Para eso, se valen de una herramienta que por lo poderosa y letal, puede ser considerada superior a las armas: los medios de comunicación masiva. Y en ellos, la diatriba, el escarnio, la mentira, la injuria, la “cita” sin fuentes, el panfleto, la ridiculización, campean sin ocultar, o apenas ocultando, su obscenidad y su desvergüenza. Enorme cantidad de medios hay en Argentina que, con cuidado o por descuido, son los cómplices de ese poder golpista, plantando pruebas falsas en la forma de dudas que se repiten sin cesar acerca de cualquier dato, circunstancia o cualquier otro ítem que no sea favorable a sus intereses egoístas o corporativos.
Otra forma de estropear a figuras públicas reconocidas, es el mismo que utilizan los psicópatas para sentirse superiores a sus víctimas: el escarnio, la mofa, la deslegitimación, el menoscabo. En eso no está solo Morales Solá, pues para otro público y por otro canal, se repiten en lamentable sucesión.
Pocos medios hay que día tras día no hagan aparecer como noticia lo que sucede en el programa “Gran Cuñado”, como si esa parodia de la visión que alguien tiene de la vida política tuviera por sí misma alguna importancia más allá del rating televisivo. Insensato sería no darle, sin embargo, la importancia hasta donde la tiene ya no por sí, sino por el espacio que se le ofrece. Puedo sugerir entonces que siendo los mismos medios a los que preocupan las acciones novedosas de un gobierno legítimo los que tienen tanto interés en que se sepan las marchas y contramarchas de un programa que enaltece la vulgaridad y el descrédito, es lícito sospechar que los desenlaces previstos en ese plan no pueden ser sino desfavorables al gobierno que promueve valores encontrados con las corporaciones. Es conocido que la propaganda puede avecinarse en niveles insospechados a la voluntad de los mismos televidentes, mediante acciones subliminales; Por tanto, tal vez no convenga menospreciar las acciones realizadas por ese programa, si bien a poco de analizar su historia vemos que el conductor de ese programa no tiene otro interés que reunir millones. Y que para lograrlo no repara en poner su gran sonrisa y sus gritos al mejor postor, lo que algunos dirían que lo puede situar en el conjunto de los traidores al público que provee esos millones, puesto que no se puede presentar como atenuante, por ser absurdo, que el conductor ignore que tras su forma de hacer dinero, hay o puede haber una operación política, y de las más execrables. El dios rating hace que incluso fósiles políticos como Menem amenacen aparecer delante de esas cámaras, para alcanzar con la primicia un número de mirones insospechado. Y ni que decir, por sobreentendido, que el turco va a aprovechar ese inesperado obsequio para hablar, y no a favor del gobierno, precisamente. Que esa categoría de mamarrachos parezca humor político, es certidumbre de que quienes así opinan jamás tuvieron delante de sus sentidos a humoristas de talla, como Tato Bores, que a cualquier tipo de interés anteponía sus puntiagudas e inteligentes interpretaciones de la realidad política, o las revistas Barcelona, o El Fisgón, propietarias de un humor lúcido y no por ello menos cáustico, observadoras sagaces y críticas de la realidad y de sus representantes públicos.
Se podrá alegar que “Gran cuñado” es masivo, y se dirá eso tal vez con pretensión de aval. Si eso fuese así, el sentido de la frase que dice “Coma mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas” serían tan falso como exacto es en realidad. La falta de responsabilidad ética se une a la falta de responsabilidad estética para engendrar ese esperpento. No es la pretensión de tomar partido por una u otra política lo que guía al conductor de “Gran Cuñado”, sino que su línea de conducta solamente está guiada por la facturación, y eso es lo que lo hace un enemigo de aquellos que proveen su bienestar, ya que al tomar partido por el señor dinero, debe hacerlo también por quien se lo proporciona directamente, que por fuerza, debe ser quien lo tiene… y no desea dejar de tenerlo. Hay ejemplos que confirman mi teoría: en 1995, el cierre de campaña de Menem no se realizó como sería lógico, en un estadio lleno de obreros danzando el ritmo de la marchita, apenas visibles entre la bruma provocada por el humo del choripán, sino que se hizo desde el escenario de VideoMatch, un programa que llevaba seis años en el aire y al menos cuatro de liderazgo. Muchos analistas consideran esa puesta en escena como determinante para la reelección de Menem, donde a las graciosas preguntas acerca de si salía con tal o cual señorita, se sumó la simpática imagen al lado del dinosaurio Bernardo y el dramatismo que se usó para referirse a la pérdida de su hijo Carlitos. En la entrevista también estuvieron Zulema y Cavallo. Menem o sus asesores de imagen sabían lo que hacían en la manipulación de la simpatía, hasta el punto que a Menem correspondía saludar en todo acto público a Figuretti, el personaje que en ese programa tenía Fredy Villareal. Un año después, el conductor decía a Clarín “…a Menem lo quiero como persona”, y que “La inflación cero es apenas el principio”. Menudo favor ha hecho a la patria Don Diversión.
Más tarde, el Sr. Marcelo Tinelli fue auspiciante de De la Rúa cuando representaba la esperanza ante la política liberal, pero comenzó a mofarse de su “inalterable condición de tonto” cuando dejaba de ser negocio acompañarlo. Esta opinión –que copio y pego de Sergio Federovisky– agrega que el conductor “… enalteció a los Kirchner al punto de ponerles a su disposición una radio oficialista cuando convenía serlo y ahora se regodea en contra del matrimonio presidencial ante su casi segura caída en desgracia. Siempre (Marcelo Tinelli, aclaro yo) del lado de los exitosos. En consecuencia, siempre del lado del dinero, que nunca sale derrotado”.
Vale como decir que programas y conductores de esta calidad no son recién llegados a este tipo de manejos. Lamentablemente, los medios nunca pagan por esas acciones, ya que en todo caso se carga sobre los políticos la culpa de los males que suceden en todo el universo. Y si bien la escalofriante sentencia shakesperiana nos advierte que “La historia es un cuento contado por un idiota, llena de sonido y de furia”, siento que es lícito resistirse como nuestra palabra pueda a estas nuevas formas de golpismo, más sutiles pero no menos dañinas que las utilizadas en un pasado tan cercano como doloroso. La sociedad argentina está a punto de decir si pasa la prueba, si está madura para decidir sus destinos, o si aun hace falta más padecimiento, más reality show, más marionetas, más intentos groseros y desesperados, para por fin aprender a decidir nuestro porvenir sin pasiones ni engendros que manejen nuestras decisiones.
En el caso que pasemos la prueba, verán los discrepantes que a pesar que tienen desde hace siglos sus pies sobre nuestras gargantas, nos hemos arreglado para continuar respirando, al fin, y que fueron en vano tanto esfuerzo, tanta desesperación, y que estamos triunfalmente inmunizados contra esas formas modernas de golpismo que día a día, noche a noche, como espantosos espectros capaces de mutar en cara de “Serios” o de “Risas” según convenga, se dispersan por los kioscos y se despliegan sigilosamente en el interior mismo de millones de hogares argentinos.