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27/01/2023

Podemos declarar una pandemia. Podemos dictar confinamientos. Podemos hacer PCR. Podemos ofrecer vacunas para todos. Pero sin tu colaboración, todo nuestro esfuerzo es inútil… NO PODEMOS MORIR POR TI. Vacúnate!!!

Yo, no dudo. Parafraseando aquella campaña de la DGT “no podemos conducir por ti” lo que hoy a nivel planetario está sucediendo con la Agenda 2030, la Pandemia y las llamadas “vacunas”, la campaña de la OMS bien podría resumirse así: Podemos declarar una pandemia. Podemos dictar confinamientos. Podemos hacer PCR. Podemos ofrecer vacunas para todos. Pero sin tu colaboración, todo nuestro esfuerzo es inútil… NO PODEMOS MORIR POR TI. Vacúnate!!! 

Yo, confieso. A la vista de la actual situación que vive nuestro planeta y los seres que la habitan, “negar” tal y como la RAE la define,  “decir que una cosa no es verdad, no existe o no es como se afirma o se cree” hace tiempo ya que ni me reconforta ni me satisface. Ha sido como pregonar en el desierto. No es que nadie te escuche, es que nadie te oye. No es que nadie te mire, es que nadie te ve. No es que sean mudos, es que no te hablan. No es que no sepan, es que no saben, que no saben. No es que estén muertos, es que están vivos pero aletargados y abducidos.

Yo, no olvido. Presionado para no ignorar lo que está ocurriendo y ser condenado a revivirlo, —tal y como acertadamente sentenció el poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana con la frase que hasta hoy conmemora a las víctimas del Holocausto en uno de los bloques del Campo de Concentración de Auschwitz, “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”—, opto por apearme de aquella condición de “negacionista” para  adoptar la de “Renegacionista”.

Yo, me vacunaba. Nunca fui “anti-vacunas” —me inoculé todas las del calendario e antigripal y neumococo— porque las anti-Covid, no son vacunas, sino un experimento genético y un instrumento para insertar a la población un interfaz —Óxido de Grafeno Reducido y nanocomponentes— que permita su control, neuromodulación y hasta exterminación, a voluntad de un algoritmo de IA que, a la fecha, nadie conoce aún su programación, quien la controla y su verdadero y último objetivo. Y por favor les pido encarecidamente que no me crean. Así les dijera que eso está demostrado y avalado por cientos de prestigiosos informes científicos y por decenas de “comités de expertos”, no se lo traguen. Gracias. Hagan como hice yo: pongan cualquier vial de cualquier vacuna o inyectable en el portaobjetos de cualquier microscopio óptico (180/250€) y crean en lo que vean por si mismos y con sus ojos. Puedo afirmar y afirmo que, todas las llamadas “vacunas” e inyectables hoy, son el arma más sutil y letal que ha existido en la historia de la humanidad desde el letal y mítico Caballo de Troya del ejército Aqueo que, abandonado antes de huir,   fue introducido por los propios troyanos en la fortificada Troya como un signo de victoria para, por la noche, salir de su interior los guerreros Aqueos, abrir las puertas de la fortificación y tomar Troya. La población mundial, primero sufrió los embates de la Pandemia y, en medio del castigo y la lucha frente a la misma, abrazaron la llegada del experimento salvador llamado “vacuna” como un triunfo en su lucha, como una victoria, ignorando que, a modo de “inóculo Troyano”, en su interior, aunque indetectable a simple vista, se encontraba una sustancia tóxica y letal a escalas inimaginables, a corto, medio y largo plazo, además de otros nanocomponentes. 

Yo, disiento. En estos “tres tristes trimestres” últimos, del año del “final del principio” del exceso de mortalidad en el planeta, que toca a su fin, para dejar paso al “principio del final” de dicha Pandemia de mortandad en 2023, florecieron por doquier un sinnúmero incontable de entidades u organizaciones que, enarbolando falsamente la bandera de negacionistas o disidentes frente a la Pandemia y las vacunas, intentaron, sin éxito, —claro que para frenarlo y controlarlo--, aglutinar y dar cobijo al creciente e imparable tsunami de contestación social que se ha desatado en todos los países. Un fenómeno paralelo a las emergentes Agencias de fact checking que, llamadas a detectar y verificar la desinformación provocada por las Fake News,  a la fecha, son la maquinaria más sofisticada y poderosa jamás imaginada de fabricación y puesta en circulación de noticias falsas. Ser negacionista, como digo, al lado de toda esa naciente y apesebrada falsa disidencia negacionista, dejó de ser un orgullo, para ser una vergüenza. 

Yo, reniego. En una de las acepciónes de nuestra RAE: renegar es “abandonar [una persona] sus ideales o su religión para seguir otros diferentes”, y se me podría llamar desde ya, “Renegado” porque, si desde siempre renegué de los regímenes totalitarios y dictaduras, hoy reniego, aún más, de las falsas democracias. En aquellas, al menos sabes lo que hay y a lo que te enfrentas. En estas, detrás del depósito de tu voto en una urna, tolva o máquina, que supuestamente permite al pueblo escoger a los llamados a gobernarte, se esconde hoy uno de los engaños y artificios más descomunales de nuestra reciente historia. La elección en una votación de los miembros del Parlamento y del Senado les confiere tal patente de corso, tal poder e inmunidad, que no solo acaban sojuzgando al resto de poderes e instituciones de lo que sería el llamado “aparato del Estado -Justicia, Fiscalía, Defensor del Pueblo, Corona, Ejército…- y maniatando medios de comunicación, Sindicatos, Patronales, Entidades financieras, sino, lo que es peor, eligen y ceden a terceras personas, pedazos cada vez más grandes de la soberanía del país, al punto de que, acabamos siendo gobernados por instituciones transaccionales y por personas que ningún pueblo votó ni escogió. Los últimos ejemplos más llamativos serían la cesión al G7, G20, OMS, FORO DE DAVOS… entre otros, el dictado de las políticas globalistas que todos los sumisos gobiernos del mundo han decido —por nosotros— acatar. 

Yo, maldigo. En la otra acepción de la palabra “renegar” según la RAE: “Decir o proferir insultos, juramentos o maldiciones contra algo” es donde por fin he encontrado mi anhelada zona de confort. Y es que, la RAE, al que reniega, le llama “renegado”: “sería dicho de una persona áspera de condición y maldiciente” pero no admite el uso de la expresión “Renegacionista” y, por tanto, renegando también de la oficialista y formal RAE, me declaro abiertamente “Renegacionista” porque, ante la deriva del planeta de los últimos tres años hacia una salvaje e impuesta distopía, (RAE: “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas, causantes de la alienación humana”), grito y maldigo: ¡que paren el mundo que yo me bajo! Y mientras no lo paran, o me paran, o me silencian, sigo Renegando y maldiciendo.

Yo, pregunto. ¿Donde está esa mayoría planetaria que votó la perversa Agenda 2030 ya en ejecución avanzada, para conectar, mediante la interfaz  inserta en  los inoculos, nuestras neuronas a la IA que nadie sabe quien diseñó y, menos aún, controla? ¿Quien quiere o quien se cree que con el Big Reset, Gran Reinicio o Nueva Normalidad, “no tendrás nada y serás feliz”  —salvo que, con no tener nada, quieran decir que estaremos muertos—?  ¿Quien decidió que yo o mis hijos queremos el Internet de los cuerpos y la interconexión neuronal de nuestros cerebros a la nube, Google, wikipedia, las Redes Sociales...etc? ¿Que autoridad supranacional está ejecutando y con qué legitimidad, la implantación de un interfaz neuronal en los seres humanos, sin distinción de edad, raza o sexo, que ya permite leer nuestros pensamientos y hasta inducir e insertar experiencias y vivencias no vividas, quien sabe con qué fines? ¿Que algoritmo decidirá que seres humanos sobre la tierra serán útiles y cuáles inútiles y desechables, en esa distopía genocida y criminal decidida por quien muchos ya sospechan? ¿Los ancianos? ¿Las mujeres y hombres fértiles? ¿Los desconectados? ¿Los enfermos y discapacitados? ¿Los débiles? ¿Los homosexuales? ¿Los anti sistema? ¿Los no vacunados? ¿Los desempleados? ¿Los renegados, como yo?

Yo, insisto. Al enfriamiento global le sucedió, sin solución de continuidad, el calentamiento global y ante ese zozobra y la falta de acuerdo por la comunidad científica, se optó por hablar de Cambio Climático y, más recientemente, de anomalías en el núcleo de la tierra, hoy auténtico cajón de sastre globalista, al que se culpabiliza de cualquiera de los horrores que venimos padeciendo: sequías extremas, escasez de alimentos, crisis energética, dolencias y enfermedades, catástrofes naturales, fenómenos climáticos, contaminación, radiación, etc. Nadie habla de los chemtrails como no sea para negarlos. Estelas que aparecen en todos los cielos del planeta por efectos, dicen, de la condensación de vapor provocada por los aviones comerciales, como si en mis primeros 50 años de vida, que jamás las vi en esta frecuencia y cantidad, no existieran los aviones, el vapor y la condensación. ¿Será también otro efecto del cambio climático?  Nadie menciona, así sea para demostrar su inocuidad, la fumigación permanente con nitrato de plata y otros metales pesados y nanopartículas en los cielos de amplios territorios del planeta para incidir sobre la nubosidad y atraerla o dispersarla. Silencio absoluto sobre los efectos de esas partículas en suspensión que, a más de inhalarlas y depositarse en aguas y cultivos, interactúan con la macro red planetaria de antenas 5G y microondas y sobre los letales pulsos, medibles con aparatos al alcance de cualquiera, que estas selectivamente proyectan sobre la población humana. 

La guerra va ser larga porque, los que van a perderla, todavía están ganando

Yo, me reitero. Reniego de aquellos que no elegí ni voté y que hace demasiado tiempo ya, deciden por mí en cualquiera de los más nimios aspectos de mi existencia y la de mis seres queridos. Reniego de esas organizaciones supranacionales, tipo OMS (Organización para la Minoración de la Superpoblación) que dictan a los sumisos gobiernos del mundo que hacer, como y cuando, ante qué. Aquellas que cambian los parámetros a su antojo para declarar una pandemia que, como mucho, y hasta el 2019 sería epidemia. Aquellas que dictan el confinamiento forzoso en sus domicilios de la población humana, el distanciamiento social, el uso de mascarillas, el cierre de fronteras, los mecanismos de control y  el control de los controladores. Reniego de la mayoría de gobiernos arrodillados ante el dictado de unos pocos, y más aún, de aquellos gobiernos que, como China, dictaron absurdas políticas de COVID cero, que no es que limiten ya derechos fundamentales, sino que, directamente los pisotean, anulando para demasiados, los mínimos espacios de movilidad, intimidad y libertad de sus habitantes y para no pocos, ordenando su arresto forzoso y conducción a campos de concentración, higienización y reclusión, que llaman “albergues de cuarentena” mientras la economía se tambalea, las fábricas se paran, se incumplen las entregas comprometidas a otras fábricas de medio mundo  e irrumpen las inimaginables protestas sociales. 

Yo, aborrezco. Aborrezco que a finales de 2.019 en Wuhan, al tiempo que arrancaban en plan piloto la red 5G, se desatase la alarma por la aparición de un Coronavirus que, cruce de murciélago, pangolín y caracol o gusano, se propagaba muy rápidamente y presentaba un índice de contagio y letalidad muy alto. Coronavirus de diseño y programación Informatica que, hasta hoy, nadie conoce, ha identificado, ni secuenciado —cuándo al menos dos telescopios ya en órbita están explorando más allá de lo que llamábamos nuestro universo visible, a años-luz de distancia, objetos o efectos con miles de millones de años de existencia, incluso muchos ya desaparecidos—. Que poco después y ya en 2.020, el año que cambió para siempre la historia del ser humano sobre la tierra, la OMS declarase una Pandemia mundial y pusiese de rodillas a todos los gobiernos del planeta, con medidas absurdas y draconianas jamás justificadas, atendido el bajo índice de letalidad de dicho Coronavirus denominado SARS-Cov2 y la enfermedad que provocaba, a la que se llamó Covid-19. Que en los pródromos de la Pandemia se aplaudiera a los que tiempo después nos traicionarían. Que los pocos jefes de estado que se resistieron (Trump, Boris Jonshon, Bolsonaro…) fueran laminados por los mismos que los habían aupado. Que se dejaran de hacer autopsias y que se implantarán Test PCR, ineficaces según su inventor y premio Nobel, para imponer inmovilizaciones, confinamientos, distancia social, cuarentenas, cierres de fronteras, prohibiciones, limitación de aforos, mascarillas…etc. Que se dejara de dar asistencia hospitalaria a los ancianos de las residencias, practicando con los mismos eutanásias forzadas. 

Yo, detesto. Destesto, la dejadez, laxitud y cobardía de todos los contrapoderes del planeta —legislativo, judicial, fiscalía, ejército, fuerzas y cuerpos de seguridad, tribunales internacionales, instituciones médicas y científicas, etc.— Nunca hasta hoy en la historia de la especie humana sobre la tierra, tan pocos, pudieron engañar a tantos, tanto tiempo; y, menos aún, la impunidad absoluta a nivel transnacional campó tan a sus anchas como así lo hace desde hace ya tres tristes largos años. Hay un gobierno oculto y globalista que controla la OMS, ya títere y apesebrada de las multinacionales farmacéuticas, fundaciones, fondos de capital y otros, que se han propuesto dictar quien vive, donde y como, y quien, inútil o estéril, eufemísticamente, se descompensa, se desvanece y repentinamente… muere. Vivimos un exceso de mortalidad, a nivel planetario, sin precedentes y, lo que es peor, los medios no se hacen eco del mismo y los gobiernos y autoridades solo aciertan a confesar que no se lo explican, culpando al cambio climático, las anomalías del núcleo de la tierra, secuelas del SARS-CoV-2, y otras, tan variopintas e inverosímiles, que escucharlas producen sonrojo y vergüenza. 

Yo, acuso. Cualquier código penal, en cualquier país, recoge figuras penalmente delictivas que hoy, sí de la pandemia por Covid-19 se trata, gozan de una inmunidad e impunidad intolerables. Genocidio, lesa humanidad, organización criminal, asesinatos, delitos contra la salud pública, lesiones, falsedad… etc. Nadie investiga, persigue, detiene, abre causas,   tramita denuncias, dicta medidas cautelares, toma testimonios, castiga… por ese tipo de delitos. ¿Concierto global? Eso parece y eso desata un desconcierto global y el hartazgo y cansancio de la población. Hay Autores Intelectuales de lo que está ocurriendo —OMS, Foro de Davos, etc.—;  hay Autores-ejecutores —gobiernos, multinacionales farmacéuticas, Ministerios de Salud, etc.—; hay Cómplices —comunidad científica, médica, auxiliar, etc.—; hay Encubridores —medios de comunicación, falsa disidencia, agencias de fact cheking, etc.—; y de seguro que hay también Partícipes a Título Lucrativo, es decir, miles de personas y sociedades que, sin participar directamente en la comisión de los crímenes, se benefician, muchos a sabiendas, de los mismos  —tanatorios, crematorios, ambulancias, farmacias, hospitales y centros de salud, fabricantes y laboratorios de test, mascarillas, jeringuillas, antenas de telefonía, etc.— 

Yo, sé. Que las inoculaciones producen en muchos casos efectos magnéticos en el inoculado porque, se sabe pero se oculta, el Óxido de Grafeno Reducido que contienen, al contacto con las células y proteínas del inoculado, se vuelve magnético. Que, los inoculados con dicho interfaz, emiten direcciones MAC aún después de fallecidos, por un tiempo. Que la sangre y glóbulos rojos de los inoculados registra anomalías, apelmazamientos y densidades patológicas. Que, en las pocas autopsias que se hacen o en las labores de preparación de los cuerpos para su cremación o enterramiento, se encuentran con demasiada frecuencia, en la red arterial y venosa de los fallecidos, largos coágulos cartilaginosos y blanquecinos hasta hoy nunca vistos. Que se han disparado las muertes súbitas de deportistas por infartos, cuando en realidad son arritmias, porque el órgano “eléctrico” por excelencia, del ser humano, es el corazón y éste interactúa con el Óxido de Grafeno allí existente cuando se somete a esfuerzo, radiación de microondas y pulsos, cambios de presión y altitud, ondas sonoras, luz ultravioleta, etc. Lo mismo que cabe decir de los Ictus, los derrames, embolias, neumonías y todo lo que suponga un proceso oxidativo e inflamatorio. Se sabe, pero se oculta, que a la ola de “salidas de vía” en carreteras y ciudades, le precede en la mayoría de casos, el fallo cardiaco —arritmia— del conductor. Que el tsunami de muertas súbitas o “repentinitis” sin explicación —demasiadas ya con imágenes en vivo y en directo— sin distinción de raza, edad o sexo, que los servicios de asistencia médica y raras veces algún medio de comunicación local tildan eufemísticamente de mareo, lipotimia, golpe de calor, desvanecimiento, descompensación… etc., no es otra cosa que un infarto cerebral, ictus, derrame o arritmia provocado por dicha sustancia alojada en cerebro, pulmón y corazón, a modo de interfaz e interactuando en dicho instante por efecto de un pulso, luz, cambio de presión o radiación electromagnética proveniente de antenas de telefonía. 

Yo, disiento. La llamada “nueva normalidad” no es ni nueva, ni normal. Es normal y no es nuevo que las multinacionales farmacéuticas hayan hecho su trienio de oro porque, desde que existen, su objetivo nunca fue “sanar enfermos” sino “enfermar sanos”, “cronificar dolencias” e “inventar enfermedades nuevas” Es normal y no es nuevo que hospitales públicos y privados de todo el mundo etiqueten de enfermos con Covid y fallecidos por Covid a todos los que llamen a su puerta, pues ello engorda sus arcas y presupuestos con el maná de las ayudas y subvenciones multimillonarias por cada caso. Es normal y no es nuevo que, por presiones o miedos y seguro que en muchos casos por dinero,   la comunidad médico-científica calle y oculte lo que con seguridad conoce. Es normal y no es nuevo que, por publicidad e ingresos, los medios de comunicación silencien lo que está ocurriendo. Es normal que todos los gobiernos implanten las mismas medidas de prevención, confinamiento y campañas de vacunación porque nadie les va a exigir responsabilidades por hacer lo que dicta la OMS y lo internacionalmente correcto, lo que todos hacen, y si por apartarse de dichas pautas, como así ocurrió en algunos contados casos. 

Yo, no consiento. Pero la “nueva normalidad” si es nueva y anormal en una cosa: la población mundial, el ser humano, los individuos, su mayoría más estrepitosa, inexplicablemente calla, asiente y consiente con todo este estado de cosas. Y lo que es peor, coadyuva, a sabiendas o ignorante, a la consecución de tan malvado objetivo. No querían ver, no querían escuchar, no querían saber, que algún día dirán los maniatados y vendidos medios de “desinformación” e “incomunicación”. Es verdad que el entramado que creó, mueve, distribuye y sostiene el engaño, la masiva proliferación mundial de los “inóculos Troyanos” es tan poderosa que es muy difícil rebelarse y luchar contra la misma. Somos David contra Goliat. La esperanza es que parece que la población ya están reaccionando, así fuere porque se amplió dicha inoculación a sus hijos sanos y bien nacidos, a partir de los pocos meses de edad. Por eso me atrevo a vaticinar, en palabras de Winston Churchill que, “la guerra va ser larga porque, los que van a perderla, todavía están ganando”. 

Yo, agradezco. A mi hermano Juan Carlos, médico, ya fallecido, que luchó hasta el final por hacerse oír y que a mi me abrió los ojos, a tiempo. Al profesor español Dr. Campra Madrid, por ser el primer valiente a nivel mundial, que se atrevió a afirmar y firmar un informe en el que aseguraba, ya en el año 2021, que los viales de las cuatro vacunas anti Covid-19 por él examinadas con espectroscopía Micro RAMAN, contenían Óxido de Grafeno Reducido. Al Bio-Estadístico español Ricardo Delgado y su canal LQC, por impulsar dicho informe y por ser el primero a nivel mundial en luchar desde entonces, con datos y pruebas,   sin pausa ni descanso, contra este engaño masivo. Por último, a su insestimable e infatigable colaborador el Dr. José Luis Sevillano y todos los que, en una lista interminable, aún luchan desde la auténtica disidencia, por ganar esta guerra. 

AscoHastaLaNáusea 

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