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Hace 3d

Vaya por delante que soy arte y parte como docente. Y desde hace años. Es decir, que las escuelas de negocios tradicionalmente me han dado de comer y me siguen dando. Pero eso no es obstáculo para que, pasados los años, uno se fije en lo que han estado aportando y se ponga un poco nervioso. Por el fondo y también en más de una ocasión por sus formas. Por eso, cuando leí este sábado pasado Un nuevo modelo para la economía en el blog de Guillermo Dorronsoro, hoy decano de la Deusto Business School, pensé que merecía continuar la reflexión.

En ese artículo Guillermo planteaba la disyuntiva de qué referencia tomar a la hora de formar a las alumnas y alumnos: la realidad (aunque sea un infierno) o esa "nueva economía" con la que titula el post:

... si tú fueses Decano (o Decana) de una Escuela de Negocios ¿qué harías? ¿formar a las personas para el modelo económico imperante, con el que se encontrarán al salir por la puerta, o formarlas para un modelo económico alternativo, que todavía no sabemos si tendrá éxito?

Primera reflexión: el modelo actual -llamadlo como queráis- ya sabemos que ha fracasado. No es asunto menor. No es tanto formar para un modelo que "no sabemos si tendrá éxito". Es que el gran problema es formar para un modelo que está agrandando la desigualdad y que ha contaminado de economicismo todo lo que toca. Y es fácil enumerar algunas de las responsabilidades que las escuelas de negocios tienen en este desaguisado: formar élites, convertirse en auténticos lobbies de presión, endiosar modas o plegarse a los deseos de sus amos los clientes.

¿Me pongo un poco duro? Ya, pero ¿qué hay de esa política de "precios de élite" para "alumnas y alumnos de élite"? Nada como excluir por el precio. Ese dinero te sirve, por supuesto, para pagar un título: el salvoconducto para poder navegar en las turbulentas aguas de los negocios de alto copete. ¿Qué hay de todo ese modelo "made in business school" tipo ejecutivo agresivo, con la corbata reglamentaria y el éxito como referente grabado a fuego en su piel? ¿Qué hay de esos valores de extrema competencia y liderazgo feroz y visionario muchas veces disfrazado de piel de cordero, coaching en mano?

Segunda reflexión: el modelo económico alternativo ya es una realidad. Otra cosa es que de momento una escuela de negocios vea difícil de qué forma convertirlo en cliente. La desintermediación y las nuevas reintermediaciones también afectan a las escuelas de negocios. De momento parece que no tienen cintura suficiente. La oferta académica está donde está, reactiva y bastante por detrás de la realidad. Pero esta realidad, aunque no guste a la mayoría de escuelas de negocios, es la que es. Sí, una sociedad damnificada por un modelo (capitalismo global, como lo llama Guiller) contra el que ha empezado a generar anticuerpos. Estaría bien conocer la opinión de la ciudadanía, en su globalidad, frente a la cosa llamada "escuela de negocios". ¿A que asocia usted "escuela de negocios"? Buff, qué miedo.

Tercera reflexión: ¿quién es el cliente de una escuela de negocios? ¿En quién fija su atención?, ¿son las grandes empresas?, ¿sus directivos?, ¿las élites que pueden pagar esas matrículas top? No es cuestión menor. ¿Quiénes conforman los consejos de estas escuelas? Dime para quién trabajas y te diré qué oferta moldeo. Si miro al corto plazo, porque necesito ingresos económicos "previos" al resultado final, no queda otra: tengo que hacer lo que mis clientes me piden. Y piden no ya competencias directivas. Piden un tipo de persona, piden dedicación y esfuerzo, piden lealtad, piden flexibilidad, piden actitud. ¿Qué actitud? Pues la que les conviene. Piden conocimientos, habilidades y actitudes. Sobre todo actitudes. Y si haces caso fiel a tus clientes, entonces tienes una bomba de relojería entre las manos.

Cuarta y última reflexión en este post: no cambiar nada y seguir como hasta ahora es más "infierno" (Guiller rescata una cita brillante de Italo Calvino). Es decir, si no formamos en las escuelas de negocios para una economía diferente de la actual, estamos consolidando más aún el infierno. Somos el medio para un fin perverso, lo cual me ha recordado una cita que se atribuye a Martin Luther King:

The hottest place in hell is reserved for those who remain neutral in times of great moral conflict.

Y creo que este es un momento especialmente delicado. Son ya demasiados años en que las élites están convirtiéndose en un enemigo. Las escuelas de negocios deberían hacerse mirar cuál es su rol respecto al mantenimiento de las élites. Quizá convenga olvidar cómo nacieron y pensar que están a tiempo de cambiar. Porque hoy ya no podemos ser neutrales. No se puede estar en misa y repicando.

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