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08/10/2021

La prueba.

Es una carrera de 2.750 Km y 66.000 metros de desnivel a través de los Pirineos, en la que no hay ningún tipo de asistencia, con un tiempo máximo para completarla de 11 días y 12 horas.

La ruta comienza en Bagneres Bigorre y se abre paso hacia el Mediterráneo (cruzando puertos como el Col de la Core y el Paileres), volver al punto de partida (subiendo, entre otros, los principales puertos de Andorra), entrar en España (previa escalada del Tourmalet, Aubisque y Portalet), ir hasta el Hendaya (destacando los puertos del Issarbe y Bagarui) y finalizar de nuevo en Bagneres Bigorre (destacando en esta parte del recorrido los puertos de Larrau, Portet, Lac Aumar y Tourmalet). En total contabilicé más de 70 puertos.

De los tres corredores que comenzamos el reto solo yo pude acabar, invirtiendo un tiempo de 11 días y 5 horas.

Capítulo 1. Plan B (Homenaje al ciclismo).

Comandante: ¿Qué clase de fuga tenían en proyecto?

Capitán Hilts: Deslizarnos de noche hasta un punto que descubrí cerca del alambre. Un punto muerto. Excavar un pozo de un metro. Sacar la tierra. Esparcirla para que no forme montón y luego fuera (...) Avanzaremos horadando la tierra como un par de topos. En cuanto hayamos cruzado la alambrada y el espacio abierto entraremos en el bosque y adiós. (De la película La Gran Evasión).

En la línea de salida me dije: prohibido reventar, esa es la clave de este proyecto.

Si fuerzas hasta rebasar el límite, si avanzas hasta no poder más y caer agotado, ¿Cómo vas a recuperar estando el terreno plagado de puertos?.

Es un reto diferente, pensé, y en una prueba de estas características si te pasas de rosca o enfermas estás fuera. No hay margen de error, ¡es imposible sanar las heridas en las rampas pirenaicas!

Y planeé pasar la primera noche durmiendo placidamente en un hotel pero no hallé nada abierto en una Francia deprimida e inhóspita y tocó zafarrancho de combate.

Me adapté bien a ese nuevo plan y el mañana dejó de importar mientras desafiaba con éxito al gélido Paileres y el peligroso descenso del Col de la Llose.

Al Mediterráneo (km 482) llego cansado, tras 27 horas de esfuerzo, pero son solo las once de la mañana y debo continuar aprovechando las horas de luz.

En los repechos de Cataluña me pregunto si no habré gastado ya toda mi artillería a las primeras de cambio y me invade cierto pesimismo, ¿estaré condenado a tener que retirarme en un par de días víctima del agotamiento?.

Pero me consuelo porque, al menos, he realizado una gran etapa pirenaica, compulsiva, arriesgada, sin mirar más allá del próximo kilómetro, al más puro estilo de Luis Ocaña.

Periodista: Ocaña, ¿cómo quieres te recuerden?

Luis Ocaña: Ocaña atacando, Ocaña dando la cara.

Los puertos se suceden ya desde el comienzo de la prueba. La primera foto, del llevadero Col de las Palomeres.

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El Col de la Core fue el primer puerto duro del desafío.

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Seguimos....con el Muro de Peguere.

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Y al poco comienza una noche plagada de puertos y descensos imposibles. La segunda foto, que la hice con el teléfono móvil (de algunos puntos debíamos remitir una foto) es del Paileres (2.000 metros de altitud).

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A la costa (Km 482 y 10.000 metros de desnivel) llego en 27 horas.

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Ya en Cataluña los repechos se suceden y atravesamos unos parajes espectaculares.

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Capítulo 2. Bienvenidos al otoño.

La rapidez fue su error. Si no hubiese tenido tanta prisa no se habría disparado en el pie la primera vez. Escucha hijo. Tener puntería y ser rápido con un arma tiene sus ventajas pero no sirve de nada comparado con el que es frío. (de la película Sin perdón) .

Pasan las seis de la tarde y me dispongo a subir el Col de Ares como broche de oro a una gran jornada de más de 35 horas.

Mi idea es, una vez superado el collado, dejarme caer hasta Ripoll y buscar allí un hotel.

Pero comienza a llover a mitad del puerto. Una lluvia fina y constante que me deja empapado antes de enfilar el descenso.

En la cima hace frío y arrecia la lluvia, las ruedas me escupen el agua del asfalto y comienzo a tiritar a las primeras de cambio porque ya no estamos en verano.

Entro, presa del frío, tiritando y nervioso, desecho, en el primer pueblo que veo en busca de algún tipo de alojamiento. Me topo con un hostal cerrado a cal y canto pero, finalmente, en un gran golpe de suerte, encuentro un albergue y allí me acomodo (Km 650, 12.000 metros de desnivel).

Consigo asearme un poco pero no tengo nada que cenar y me acuesto el estómago vacío. Tampoco habrá desayuno.

En el fondo aquella cura de humildad me vino bien, fue un buen aviso, ¿Y si me pilla ese agua de noche?

Desnudo, no tengo ropa seca, bajo mi manta térmica y otras dos gruesas que encontré en el albergue, reflexiono sobre mi fragilidad y mis propios límites y decido ser cauto: me concedo dos días para llegar a Ax Les Thermes (Km 1.015, 22.000 metros de desnivel).

Aguacero en el Col de Ares y parada de emergencia en Mollo.

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Salgo de día porque tengo la ropa mojada y necesito comer algo.

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Planteé dos etapas llevaderas, de unos 180 Km cada una de ellas. En la primera rodé por Cataluña, destacando el Col de Pal y el de la Creueta. Este último, cerca de la estación de esquí de La Molina, me pareció espectacular.

Col de Pal.

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La Creueta.

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Paré a dormir en un buen hotel a los pies del Puymorens y, al día siguiente, acabé con los siete puertos andorranos del recorrido en un buen día de cicloturismo, con unos 6.500 metros de desnivel.

Antes de entrar en Andorra tuve que coronar Puymorens, justo al amanecer.

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Comparado con un Septiembre en Venta Rasquilla (Gredos) Envalira (2.400 metros de altura) me pareció El Caribe.

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Ensalada de puertos en Andorra, con La Gallina, Comella, Beixalis, Arcalis, Ordino y Envalira de nuevo.

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Capítulo 3. La ofensiva sobre Jaca.

Porque en cada juego, la vida, o el fútbol, el margen de error es muy pequeño. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla, medio segundo más lento o más rápido y no llegas a cogerla. Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno, (...), nos dejamos el pellejo por esa pulgada que se gana. Porque sabemos que si sumamos esas pulgadas eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre ganar o perder. (de la película Un domingo cualquiera).

Finiquitado el periplo andorrano encuentro un buen hotel en Ax Les Thermes ( Km 1.015, 22.000 metros de desnivel) y consigo sacarle a la recepcionista una macedonia de frutas y un par de plátanos para el desayuno.

Los días de asueto se han acabado y debo reemprender la marcha de noche con el objetivo de llegar a Jaca (Km 1.635, 35.000 metros de desnivel) al día siguiente, antes de que comience el sexto día.

Es alentador saber que allí, llegue a la hora que llegue, me esperan cena y cama en casa de mis amigos Juanma y Laura. Pero antes debo recorrer más de 600 Km y salvar 13.000 metros de desnivel.

A mitad de camino, la ruta pasa por el punto de partida donde tengo el coche y podré aprovechar para echar una cabezada, cambiarme de ropa y asearme lo imprescindible con una pastilla de jabón.

Es un consuelo y me tranquiliza.

Afronto con optimismo y fuerza los nueve puertos que me separan del coche, donde llego pasadas las doce de la noche tras haber escalado bajo la luna el Col de Azet y el Aspín.

Me lavo un poco y malduermo en el asiento delantero unas tres horas antes de proseguir el camino.

Coronado el primer paso por el Tourmalet vuelvo a Bagneres Bigorre dando por zanjado el primer bucle de la prueba (Km 1.438 y 32.000 metros de desnivel) en 5 días y tres horas.

Tengo un buen colchón de tiempo pero no me entretengo y parto hacia Jaca.

El recorrido, entre Bagneres y el inicio del Aubisque, resultó terrorífico. Un terreno plagado de repechos con rampas muy exigentes y en una región deshabitada donde no encontré nada que llevarme a la boca.

El Aubisque se me atraganta, voy vacío, y paro al poco de comenzar el Portalet en un restaurante para comer una ensalada. Fue lo único que vi abierto en más de cien kilómetros.

En el puerto se me hace de noche y mi país me recibe con una suave lluvia que enlentece el descenso y desborda mi paciencia.

Pese a ello, consigo mi objetivo y llego a Jaca poco antes de la una de la mañana, tras cubrir los 600 Km y 13.000 metros de desnivel en unas 45 horas.

Allí, ceno como un general y duermo bien hasta las ocho de la mañana. No hay prisa por salir porque dan lluvias por la mañana y no quiero enfrentarme a ellas.

El caso es que continúo atesorando más de un día de margen con respecto al límite horario.

Madrugo y el Col de Port cae de noche.

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El Col de Agnes, que no conocía, fue uno de los que más me gustó.

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Tras estos dos puertos vienen los modestos Col de Latrape y Aspet para remtar con el Col de la Menté.

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En el descenso de la Menté se puede ver esta placa donde Ocaña se cayó y perdió aquel famoso Tour.

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Después tocó afrontar el Port de Bales. Uno de los grandes puertos pirenaicos y que tenía pendiente desde hace muchos años.

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Peyragudes.

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Paro a cenar después de Peyreagudes y reemprendo la marcha, ya de noche.

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Después de dormir un rato en el coche prosigo con un pequeño rompepiernas que da a parar al Torumalet.

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Duro rompepiernas entre el Tourmalet y el Aubisque.

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El Aubisque, por la vertiente de Soulor-Ferrieres, como siempre, espectacular.

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Col de Portalet, estamos en casa.

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Capítulo 4. Patinazo.

Pero tiene que pagar a Polly todas las semanas, pase lo que pase. Que el negocio va mal, te jodes pero pagas, un incendio, te jodes pero pagas, cae un rayo en el local, te jodes pero pagas. (De la película Uno de los nuestros).

Hace una mañana magnífica y ruedo por casa: El Puerto del Somport, y los Cols de Labays, Issarbe y Bagargui, son lugares que conozco como la palma de mi mano y los disfruto. Parece un día normal, un sábado cualquiera.

Al primer paso por Saint Jean Pied de Port (Km 1.835 y 39.000 metros de desnivel) llego sobre las nueve de la noche tras el lento descenso nocturno del Col de Ahusquy.

Busco hotel pero los dos que encuentro abiertos están completos. El recepcionista del último de ellos me dirige a una calle donde se alquilan habitaciones.

Caigo en la cuenta de que al tipo solo le ha faltado darme una patada en el culo para despacharme de su recepción y cuando no encuentro lo que me dice observo que si sigo las instrucciones de un gilipollas irremediablemente acabaré haciendo el gilipollas.

Desisto de la idea de encontrar un lugar para dormir y busco sitio para cenar. Pero, entonces, me topo con la intransigencia y los rígidos horarios de los hosteleros franceses. Solo al final, en el último sitio, consigo que me hagan un sándwich y una hamburguesa, que remato con dos postres.

Al menos, me consuelo, la ruta se dirige hacia el Atlántico sin puertos y por buenas carreteras pero al mirar la meteofrance veo que está lloviendo en el trayecto por lo que decido descansar en una parada de autobús, justo al pie de la carretera. Tiro de manta térmica aunque, con el ruido de los coches y la incomodidad del cemento, apenas puedo conciliar el sueño.

Tras este parón, reviso el pronóstico meteorológico y observo con alegría que las lluvias han cesado. Arranco a toda velocidad pero solo aguanto cuarenta kilómetros porque no tengo ya la cabeza para grandes cabalgadas nocturnas.

Me detengo unas dos horas en otra parada de autobús y sigo hacia la costa (Km 1.890) donde arribo a las seis y media de la mañana.

Como algo en una panadería y marcho, otra vez, hacia Saint Jean Pied de Port. Tan solo me separan de allí 100 kilómetros y considero que me costará llegar cinco horas.

Pero el camino es una sucesión de cuestas imposibles, algunas con más del 20% de pendiente, y avanzo tortuosamente entre blasfemias y juramentos, ¿qué clase de persona puede diseñar un recorrido así?.

El reto parece ahora una locura sobrehumana e inabordable pero, en un alarde de la legendaria cabezonería aragonesa, respondo a aquel órdago desmontándome de la bicicleta y pasando las subidas más empinadas andando.

¡No podrás conmigo! Exclamo airado mientras escupo sobre el asfalto.

Al final, entre la dureza del recorrido, sestear en un prado al calor del sol, comer en un restaurante y buscar un hotel para la noche, cubrir aquellos cien kilómetros me llevará cerca de diez horas.

Y por más que en Saint Jean Pied de Port comenzase un encadenado de puertos demoledor (Arnosteguy, Artaburu y Burdinkurutzeta) celebro mi llegada a aquel lugar, ¡se acabaron las sorpresas!

Roto, y sabiendo de la crueldad del recorrido, decido burlarme del Arnosteguy haciendo andando su kilómetro más duro (14% de pendiente media).

Agradezco la visita del organizador en la cima de este puerto porque estaba mentalmente agotado tras haber pasado una noche al raso y concatenar una serie de reveses.

Paso muy bien el Artaburu y corono Burdinkurutzeta-Bagargui de noche, donde el húmedo descenso hace patinar mi rueda trasera y me exige concentrarme al cien por cien.

A Larrau (Km 2.100 y 46.000 metros de desnivel) llego sobre las diez de la noche mientras los trabajadores del hotel apuran el cigarrillo de después de la cena.

Tras una jornada temible por los imprevistos decido descansar bien y levantarme a la hora en la que dan los desayunos.

Y puedo decirles que no comí nunca mejor desayuno que el que me sirvieron en el hotel Etchemaité de Larrau.

Parto de Jaca. El Somport lo subo bien, y cuento con los ánimos de mi paisano Kike y su esposa Fé. Gestos que siempre se agradecen y aprovecho ahora para saludarles.

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Labays. Cuando trabajaba en Sabiñánigo solía venir por aquí las tardes primaverales una vez terminada la jornada laboral. Así que me sigo sintiendo en casa.

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Col de Issarbe. Otro clásico de la región.

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Bagargui. El que pensé sería el último antes de un buen descanso...iluso....

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A dormir, o más bien, a dejar pasar la noche....

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Rampas y más rampas.

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El Arnosteguy y el Artaburu son tan bellos como exigentes.

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Burdinkurutzeta y Bagargui, los últimos puertos antes de un buen descanso.

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Capítulo 5. Lluvia.

Además Butch, ¿cuántas peleas más crees que podrás aguantar?, no existe el gran día para los boxeadores veteranos (....). La noche del combate es posible que sientas una ligera punzada. Será el orgullo que intenta joderte. A la mierda el orgullo. El orgullo solo hace daño. No te ayuda jamás. Lucha contra esa mierda. (De la película Pulp Fiction).

Bien dormido y alimentado salgo de Larrau decidido a llegar hasta Bagneres Bigorre en un tazado de 300 Km y 6.000 metros de desnivel dejando el reto visto para sentencia.

Quiero protagonizar una gran exhibición, a la altura del reto, y afronto con optimismo y brío el Puerto de Larrau y la Piedra de San Martín (por Saint Engrace, su vertiente más dura) pero en el modesto Col de Ichere comienza a llover con cierta intensidad.

La lluvia prosigue superado el Marie Blanc y en Laruns (Km 2.236 y 51.000 metros de desnivel) paro a comprar ropa seca y un arsenal de barritas.

Estoy nervioso, y una tormenta de pensamientos contradictorios sacude mi cabeza mientras sorbo un café tratando de mantener la calma.

Me preocupa la idea que si paro allí a dormir, evitando la lluvia, habré dilapidado mi margen de tiempo y tal vez todo se haya ido a la mierda con una etapa tan corta, pero también que no tiene sentido arriesgar bajo la lluvia en el Aubisque, ¿y si mi final es una hipotermia o una caída?.

Finalmente, decido parar a dormir allí y dar por cerrado un pésimo día.

Sí, mañana estaré descansado y con ropa seca nada podrá detenerme.

Después del desayuno, una buena ascensión al Puerto de Larrau.

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Desciendo de nuevo al pueblo de Larrau y la emprendo con la Piedra de San Martín desde Sainte Engrace.

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Lourdius. Comienza a llover....en una tarde tipicamente otoñal.

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El Marie Blanc pone el punto y final a una jornada muy breve.

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Capítulo 6. Amarrando el resultado.

Un tipo capaz de tirarse 24 horas a base de café, tabaco y un bocadillo de calamares no está bien (...). Nunca has entendido lo que era la vida Piojo. Y hay que cambiar. Porque la vida, Piojo, está llena de cosas buenas. Hay culitos muy redondos y coches con mucha marcha (...).Voy a darte un consejo de amigo, de buen amigo, no te compliques la vida. Cuando uno se complica la vida acaba no siendo feliz y cuando uno no es feliz nunca vuelve a tener suerte. (De la película El Crack).

Madrugo y comienzo de noche porque mi plan pasa ahora por encadenar el Aubisque, Aspin, Portet, Lac Aumar, Cap de Long y Val Louron de una tirada, y resarcirme del día anterior.

Corono el Aubisque poco antes del amanecer dejando la tibia luz de la luna unas imágenes imborrables. Luce hermoso el Puerto aunque el descenso resulta frío y descorazonador.

Pero las fuerzas me fallan en la ascensión a Lac Aumar y Cap de Long, tras más de doscientos kilómetros desde el comienzo del día, y decido posponer la Val Louron para el día siguiente.

No tengo fuerzas para hacerlo de noche y voy bien de tiempo, ¿para qué arriesgar?

Duermo en Saint Lary (Km 2.450 y 57.000 metros de desnivel) y divido los últimos 300 Km días en dos cómodas etapas que, salvo en la bajada de la Val Louron, disfruté en todo momento.

Y así, con tranquilidad y todo a mi favor, habiendo dosificado muy bien mis fuerzas llego a la meta con unas horas de margen.

Cima del Aubisque. La luna ilumina timidamente el puerto y arroja imágenes espectaculares. Lástima que mi cámara no pudo captar la belleza del escenario.

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El Aspin.

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El Portet, asfaltado recientemente, no lo conocía y me gustó bastante. Incluyo una foto mía realizada por el organizador de la prueba.

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Remato la jornada con Lac Aumar y Cap de Long y finalizo la tarde a más de 2.0000 metros de altura.

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Al día siguiente madrugo porque quiero llegar antes de que se haga de noche al puerto de Gavarnie-Tentes, ya que la cima supera los 2.0000 metros de altura y no quiero hacer ni un metro de esa bajada a oscuras. Así que comencé de noche, y con algo de lluvia y niebla, la Val Louron. Fue un comienzo de día duro, el último sacrificio.

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Entro en calor en la enésima, y última, trampa del recorrido, que encontré pasado Borderes Louron.

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Harquet Ancizan.

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Segundo paso el Tourmalet. Incluyo una foto que me hicieron mis padres en la cima del puerto.

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Troummouse, el cuarto puerto del día.

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Cierro el día, y sentencio el reto, con el collado de Gavernie-Tentes, o Puerto de Bujaruelo, mugando con Aragón.

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El último día, traca fin de fiestas con Luz Ardiden (las dos primeras fotos) y Tourmalet. Hago las fotos con el móvil porque la batería de mi cámara se agotó.

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Bueno, ahora a descansar y a pensar en algún buen proyecto para el año que viene. Me gustaría hacer algo similar en numero de días pero en un terreno menos exigente y sumar más kilómetros por algún sitio desconocido. A ver si es posible....

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