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Repensar la enseñanza

19/08/2011 12:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El libro "El maestro ignorante" de Jaques Ranciere rescata de la oscuridad al pedágogo francés Joseph Jacotot. Mediante el redescubrimiento de esta figura olvidad del siglo XIX, el autor introduce controversias en las actuales concepciones de la práctica educativa

El libro de Ranciére es una ráfaga de viento que levanta la arena que cubre la pedagogía y nos deja observar lo que Carlos Skliar [1] define como los sin sentido de la misma. “El maestro ignorante” genera incomodidad a cualquiera que se ha formado en la tradición pedagógica y que se ha comprometido con determinadas formas de transmisión de saberes. Ranciére interviene políticamente buscando saber si un sistema de enseñanza tiene un presupuesto de desigualdad a reducir o una igualdad a verificar. Para poder comprender lo que el libro genera es primordial desplegar algunas de las ideas que expone, a través de una selección de citas, y entablar un dialogo con reflexiones que algunos autores realizan sobre el mismo.

Ranciére manifiesta en el libro:

“La revelación que se apoderó de Joseph Jacotot se concentra en esto: es necesario invertir la lógica del sistema explicador. La explicación no es necesaria para remediar una incapacidad de comprensión. Todo lo contrario, esta incapacidad es la ficción que estructura la concepción explicadora del mundo. El explicador es el que necesita del incapaz y no al revés, es el que constituye al incapaz como tal. Explicar alguna cosa a alguien, es primero demostrarle que no puede comprender por si mismo” [2]

Carlos Skliar analiza este giro en la lógica del sistema explicador que retoma Ranciére de la praxis de Jacotot. Según Skliar el maestro francés considera fundamental romper con el binomio maestro explicador- alumno incapaz puesto que la explicación es la invención de la incapacidad del otro. A medida que el maestro realiza una explicación cada vez más grande se va empequeñeciendo al alumno. De esta manera el alumno al reducirse frente a la magnitud de la explicación es incapaz de explicarse por si mismo sin la ayuda del maestro. Para Skliar la pedagogía de Jacotot debe sustraerse de la explicación, debe dejar de explicar. Si se debe dejar de explicar se tiene que atacar la otra cara de esta moneda que es la comprensión. Si la explicación deja al maestro en una jerarquía superior en el juego de las desemejanzas, la comprensión va a ser una posición inferior que estará destinada siempre al alumno. Al no haber explicación no hay grandes ni pequeñas, malas o buenas explicaciones. Al no haber comprensión ni mejor, ni peor, ni trascendental, ya no hay alumnos incapaces, capaces, diminutos y grandes.

Según Ranciére: “Para emancipar a un ignorante, es necesario y suficiente con estar uno mismo emancipado, es decir, con ser consciente del verdadero poder del espíritu humano. El ignorante aprenderá solo lo que el maestro cree que puede y si le obliga a actualizar su capacidad: círculo de potencia homólogo a ese círculo de la impotencia que une al alumno con el explicador del viejo método” [3]

El maestro ignorante que al no tener el “saber sabio” del profesor considera a los alumnos como iguales y les enseña a usar sus propios saberes. No busca educar a sus alumnos para que sean académicos que indaguen la verdad, para él lo importante es que sean sujetos libres que no se sientan inferiores a ninguno, que logren adquirir una inteligencia emancipada. El maestro ignorante mas que saber que no sabe, sabe también que el otro puede llegar a saber. Entonces se dirige al otro, lo interroga, le habla. Se puede aprender en tanto el maestro verifica que el estudiante es un indócil que pelea por aquello que posee. El maestro ignorante potencializa lo que propio del alumno no coercionando su libertad.

La crisis que atraviesa la escuela genera que los profesores y alumnos tengan que construirse por si solos

Para Ranciére:

“Un explicador progresista es, en primer lugar, un explicador, es decir, un defensor de la desigualdad. Es cierto que el orden social no obliga a nadie a creer en la desigualdad, que no impide a nadie anunciar la emancipación de los individuos y la familia. Pero este simple anuncio –que nunca habrá bastantes gendarmes para impedirlo- es también el que encuentra la resistencia mas impenetrable: la de la jerarquía intelectual que no tiene otro poder que la racionalización de la desigualdad.” [4]

El libro es un impresionante tratado sobre la igualdad, plantea a su vez una crítica a las relaciones pedagógicas que construyó la modernidad. La relación entre educación y desigualdad que plantea Jacotot y Ranciére ataca no solo al mito pedagógico que siempre se consideró igualitario sino también a la figura del profesor que se anuncia como emancipador. Este último está reproduciendo la misma jerarquía desigual de saberes y poderes desde un escalón superior al que no renuncia. Este intelectual crítico no desarma las jerarquías sino que las consagra, aunque sea a través de la crítica. Antelo plantea que la desigualdad es el alimento de los administradores y perseguidores de la igualdad. Para estos la igualdad es algo que va a venir mientras que para Jacotot y Ranciére es el punto de partida.

El texto de Ranciére es una intervención política en el debate educativo actual que vuelve a colocar en el centro de las preocupaciones la cuestión de la igualdad. El texto no solo es una crítica a las formas de educación conformadas por la escuela Republicana francesa de 1830 sino que también es un cuestionamiento a las pedagogías progresistas posteriores al Mayo Francés que aún tienen vigencia. El libro “El maestro ignorante” destaca las desigualdades que se conforma con la enseñanza Republicana que tenía como objetivo conformar a las elites que debían ejercer el gobierno y distribuir el conocimiento en el pueblo pero considerando a este siempre dentro de una jerarquía inferior. El viejo Liceo conformado por herederos (de origen burgués y poseedores de códigos culturales adquiridos en sus familias) y becarios (de categorías más modestas pero que adquirían importancia a través la virtud y el trabajo) construía una ficción de igualdad con la incorporación de estos últimos. Gracias a los becarios los profesores podían sentirse progresistas y de izquierda sin dejar de identificarse con una cultura superior. Las desigualdades sociales se mantenían ajenas a lo que sucedía dentro de la escuela. A fines de los años sesenta esta estructura institucional de conformación de una enseñanza secundaria constituida para una elite escolar y social se va a convertir en una enseñanza de masas. Durante los años ochenta se establece una enseñanza democrática y progresista que tenga como centro la pedagogía y la subjetividad del joven. Ese santuario sagrado que era el Liceo va a abrirse a la sociedad sin tener la capacidad necesaria para modificarse. La enseñanza secundaria se abrió a la sociedad en el peor de los momentos cuando la alianza entre la escuela y la sociedad daba la espalda a los valores serios de la escuela, en el momento de un profunda crisis económica y social (esta imagen de la escuela con estallada es la que impera en la escuela media argentina actual). Este programa institucional anteriormente descripto sigue vigente en la actualidad. La crisis que atraviesa la escuela genera que los profesores y los alumnos tengan que construirse por si solos sus principios de motivación, siendo esta tarea mas difícil para los alumnos puesto que ellos están dominados por los adultos y reciben una atención menor. Las brechas sociales existentes en la sociedad y que se incrustan en la escuela se reproducen aunque la democratización escolar intente reducirlas, generando diferencias no solo en una institución sino también con otras. El libro de Ranciére es fundamental para advertir que la única forma de mantener el ideal igualitario es resistir el formato escolar académico que desiguala ( no importa si la escuela es mas o menos democrática ).

(1)Skliar, C. La futilidad de la explicación, la lección de poeta y los laberintos de un pedagogía pesimista, en “Cuadernos de Pedagogía Nº 11”, 2003.

(2)Ranciére, J. Op. Cit. Pág. 15.

(3) Ranciére, J. Op. Cit. Pág. 25.

(4) Ranciére, J. Op. Cit. Pág 165, 166


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Ruibal Irazabal (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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