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"¡Que los ricos paguen la crisis!", claman sindicatos críticos con Rousseff

19/09/2015 00:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Unos 15.000 manifestantes procedentes de varios sindicatos y movimientos de izquierda críticos con la presidenta Dilma Rousseff marcharon este viernes en Sao Paulo contra el nuevo plan de austeridad presentado por el gobierno de Brasil, que incluye por primera vez recortes en programas sociales.

Encabezados por dos muñecos de cartón que representaban a Rousseff y al líder de la oposición -el socialdemócrata Aécio Neves-, los manifestantes clamaron no sólo contra el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), en el poder desde hace 12 años, sino también contra los movimientos opositores de la derecha.

Según los organizadores, unas 15.000 personas acudieron a la marcha. La policía de Sao Paulo no ofreció por el momento datos sobre la participación.

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En plena Avenida Paulista, corazón de la mayor ciudad de Brasil, Reinaldo Cervatti sostenía un cartel en el que se leía "¡Que los ricos paguen la crisis!", uno de los lemas de la protesta, donde también se llamó a la huelga general.

"Hay movimientos de la derecha que se manifiestan contra Dilma, otros oficialistas que le apoyan y nosotros somos una tercera vía", afirmó a la AFP este funcionario universitario de 40 años.

"Estamos en contra del ajuste fiscal porque afecta principalmente a la clase trabajadora, a la gente sin vivienda y no a los banqueros", protestó Cervatti, un exvotante del PT que, sin embargo, está en contra de un "impeachment" (juicio político) a la presidenta Rousseff.

- Contra los recortes -

Al contrario de las tres multitudinarias marchas promovidas por la oposición más conservadora, que sacaron desde el comienzo de 2015 a millones de brasileños a las calles, en la protesta de este viernes no se reclamó un juicio político contra la mandataria.

Las críticas de los manifestantes, entre los que había sindicatos de metalúrgicos, de profesores, partidos de izquierda y diversos movimientos sociales, se centraron en la nueva ola de ajustes con la que el gobierno pretende conseguir alrededor de 17.000 millones de dólares.

La administración de Rousseff quiere revertir así el presupuesto deficitario que presentó para 2016 y que le costó la rebaja de la calificación de la deuda del país al grado especulativo por parte de la agencia Standard and Poor's.

El plan consiste en postergar ajustes salariales y contrataciones del sector público, eliminar 10 de los 39 ministerios, reducir mil empleos estatales y recrear un viejo impuesto a las transacciones financieras.

Pero esta vez los recortes quebraron una nueva barrera y afectaron también al sensible terreno de los programas sociales en vivienda y salud, bandera del Partido de los Trabajadores y uno de los pilares del boom brasileño que sacó a 40 millones de personas de la pobreza.

- Agitación -

Decepcionado, el metalúrgico jubilado Carlos Alberto Alves Ribeiro salió este viernes a la calle para apoyar a sus colegas del cinturón industrial de Sao Paulo, uno de los sectores a los que más fuerte ha golpeado la crisis.

"A Lula hace tiempo que se le olvidó que fue metalúrgico y traicionó a los votantes. Trabajé 20 años en este sector y no recuerdo una situación tan mala y con tantos despidos", subrayó en alusión a los inicios sindicales del expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2010), que tras convertirse en un influyente líder obrero dio el salto a la política nacional.

Acorralada por la recesión, un Congreso rebelde y por las sospechas de corrupción que salpican a su partido y a su Gobierno por el torrente de fraudes en la estatal Petrobras, a la presidenta Rousseff se le abrió esta semana un enésimo frente con los indignados por el nuevo plan de ahorro.

En ese heterogéneo grupo levantan la voz desde los empresarios, que critican el intento de subir la carga tributaria, hasta varias agrupaciones radicalizadas de izquierda, y aliados tradicionales del PT, como el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MTS) o los Sin Techo (MTST), que también llamaron a la movilización.

Arrastrando un carro que cargaba un busto de Rousseff en cartón piedra, el funcionario federal Francisco Fernandes marchaba preocupado entre sus compañeros del sindicato en Sao Paulo.

"El clima está muy agitado, no sé lo que va a pasar. El pueblo ya no confía en nadie", lamentó.


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Autor:
Redacción Política (31941 noticias)
Fuente:
AFP
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