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Socialismo, el sueño que genera pesadillas

02/01/2019 23:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En la China de Mao, al menos 80 millones de hombres, mujeres y niños murieron para crear un “paraíso de los trabajadores”

Por: Richard Ebeling

La Gran Época, Estados Unidos

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Partidaria del candidato Bernie Sanders con motivo de las primarias de New Hampshire el 9 de febrero de 2016. Los milenials se sintieron atraídos por la visión utópica del socialismo. Olvidan que la realidad del siglo XX fue muy diferente. (Win McNamee / Getty Images)

Las encuestas del año pasado muestran que más del 50 por ciento de los milenials tienen una visión positiva del socialismo, en detrimento de los sistemas económicos y las sociedades de mercado. Las encuestas también revelan que cuando se les pide que expliquen lo que quieren decir con “socialismo”, generalmente presentan una imagen vaga de un gobierno que “cuida de la gente” y les proporciona “cosas gratis”.

Esto es lo que sucede cuando una nueva generación [nacida aproximadamente entre principios de los 80 y finales de los 90, ed.] no conoce la realidad de la historia contemporánea.

Es una lástima, porque el siglo pasado ejemplifica mucho mejor que cualquier experimento de laboratorio las consecuencias devastadoras que sufren las sociedades que han aceptado, o se han visto obligadas a aceptar, los sistemas totalitarios de gobierno.

El 7 de noviembre de 2017 se cumplió el centenario de la Revolución Socialista Rusa dirigida por Vladimir Lenin. Lo que, según las declaraciones de sus líderes, y la creencia de la mayoría de sus seguidores, crearía un brillante y hermoso “nuevo mundo”. Sin embargo, en retrospectiva, se puede decir que el resultado fue más bien un reino de terror.

El costo humano para la realización del socialismo

El politólogo R.J. Rummel (1932-2014) dedicó su carrera al estudio de los efectos de las dictaduras y guerras del siglo XX en la humanidad. Según sus cálculos, el régimen soviético mató a más de 64 millones de personas entre 1917 y 1986. En la China de Mao Zedong, desde su ascenso al poder en 1949 hasta su muerte en 1976, al menos 80 millones de hombres, mujeres y niños habrían muerto para crear un “paraíso de los trabajadores”.

Si añadimos las personas que murieron en el curso de los intentos de crear sociedades socialistas en otros países durante el siglo XX, el total supera con creces los 150 millones de personas.

Estas decenas de millones de seres humanos inocentes y desarmados fueron asesinados por ejecuciones, torturas, campos de trabajo o por hambre. Al mismo tiempo, los que sobrevivieron en estas sociedades experimentaron la realidad y el fracaso de la planificación socialista central.

La propiedad privada y la libre empresa fueron abolidas. El gobierno nacionalizó o reguló fuertemente la producción agrícola e industrial. Qué se tenía que producir, cómo y dónde se tenía que producir, qué calidad y en qué cantidad, todo tenía que ser establecido por los departamentos gubernamentales de planificación centralizada. Desde pasta de dientes hasta papel higiénico, desde ropa hasta maíz enlatado, los burócratas del gobierno determinaron la disponibilidad de todos los bienes, y a quién deben ser asignados.

La decadencia generada por la planificación gubernamental

Aquellos que fueron regularmente a esos territorios por trabajo, durante los últimos años de la Unión Soviética, por ejemplo, fueron testigos de este fenómeno por sí mismos.

Teóricamente, se suponía que las tiendas de Moscú serían el escaparate del socialismo, y de hecho las estanterías siempre carecían de los productos que a la gente le hubiera gustado comprar, mientras que estaban llenas de esos productos de mala calidad que nadie quería comprar.

Dado que las empresas privadas habían sido abolidas hacía mucho tiempo y que “ganar” era ilegal, no se alentó a los líderes de las empresas gubernamentales a producir y vender lo que los rusos realmente querían comprar. A diferencia de las empresas privadas, no tenían que preocuparse por satisfacer la demanda de los consumidores, lo que normalmente da lugar a pérdidas y ganancias. De hecho, los gerentes de las empresas gubernamentales sólo tenían que alcanzar las cuotas de producción establecidas por los departamentos de planificación centralizada. Si llegaban a ellos, conservaban su lugar, recibían premios, tenían acceso a tiendas especiales e incluso el gobierno les permitía elegir el lugar de vacaciones al cual ir.

Todo esto estimuló la proliferación de la corrupción y el mercado negro. Como en las tiendas oficiales del gobierno no era posible obtener lo que se necesitaba o deseaba, era necesario ponerse en contacto con aquellos que tenían acceso directo a esos bienes, y luego hacer que se los dieran los unos a los otros mediante “sobornos” o “favores”.

La farsa de las libertades civiles en las sociedades socialistas

Al mismo tiempo, dado que el gobierno era responsable de la producción y suministro de todo, el arte, la literatura, la música y la cultura en general también dependían de los propios departamentos de planificación del gobierno para proporcionar camisetas, emparedados y jabón.

La constitución soviética hablaba de libertad de expresión y de prensa, libertad de religión y libertad de asociación. Pero en realidad el gobierno los controlaba y los limitaba a todos de acuerdo a sus propios objetivos y a la ‘necesidad’ de frenar y prevenir cualquier forma de descontento o de disidencia política.

Al revisar los suministros de papel y las impresoras, los únicos libros, periódicos y revistas que se publicaron fueron los aprobados por la dirección del gobierno socialista. Y no se permitía que las visiones contradictorias se manifestaran a la luz del día.

Por supuesto, los estudios de grabación musical y los equipos de producción de cine y televisión también estaban bajo el control y la dirección del gobierno. La única música, películas y programas de televisión disponibles eran aquellos que los planificadores socialistas consideraban que estaban en línea con una visión socialista, y con una visión “positiva y saludable” de la sociedad, según lo establecido por los funcionarios del gobierno en los departamentos de planificación central.

De hecho, había un mundo clandestino de música, libros y películas prohibidas, pero los que fueron descubiertos en posesión de estos objetos, ya fueran vendedores o compradores, corrían el riesgo de pasar mucho tiempo en la cárcel, en campos de trabajos forzados, o incluso de ser ejecutados como una barrera “contrarrevolucionaria” o “enemiga del pueblo”.

La inevitabilidad de la dictadura socialista

De hecho, el socialismo no conduce realmente a esa sociedad “justa y equitativa” que mucha gente ha imaginado, sino más bien a un mundo sombrío, sucio y descorazonador en el que los hombres deben ajustarse unilateralmente a los dictados del Estado y de los planificadores. Con la abolición de la empresa privada, el gobierno se convierte en el único empleador. Todo el futuro de las personas en términos de carrera, trabajo, salario, expectativas y calidad de vida, pasa de sus propias manos a las de quienes detentan el poder político.

En la práctica, este ha sido el socialismo en todos los países que han intentado realizar plenamente el sueño de un mundo sin libertad de empresa, libertad personal y libertad de asociación.

El resultado sería el mismo si la generación de milenials realizara realmente su sueño de vivir un futuro socialista.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

Richard M. Ebeling es un distinguido profesor de ética y gestión de libre empresa en el Citadel Military College de Charleston, Carolina del Sur.

Artículo en inglés: Millennials Dream of Socialism–It Will End a Nightmare

Traducción de Lucía Aragón

 


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (1224 noticias)
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Reportaje
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