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SOPA mojada

21/01/2012 08:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Senado de EEUU ha postergado la ley de manera indefinida, aunque no definitiva. Las reacciones, que venían sucediéndose los últimos días, se han recrudecido en el último momento, donde las acometidas de Anonymus han culminado con el mayor ataque informático que se recuerda

¡Ay que ver! Nos ha bastado apenas un cuarto de siglo para que esto de internet termine afectando a todo el mundo. Ya lo decía una de las predicciones de IBM, asegurando que en cinco años la información podrá llegar a cualquier rincón del mundo en tiempo real. Camino de ello vamos, no cabe duda. Solo hay que echarle un vistazo a los resultados que da Google al buscar cualquier palabra, más cercanos los números a sueldos de directivos que otra cosa. Hoy día, hay más páginas webs que neuronas en el cerebro. Todo nuestro saber y cultura se encuentra allí imbuido, gramo a gramo, hasta alcanzar los cincuenta gramos aproximados que dicen que pesa Internet. Poco peso para el gigantesco significado que representa. Un significado con forma circular, con la apariencia de un redondo planeta electrónico. Un mundo que vamos descubriendo a la velocidad que marca la actualidad y donde una noticia puede llegar a extenderse en minutos más rápido que pudiera hacerlo cualquier virus; donde la importancia de la información viene determinada por el volumen de usuarios que accedan a ella. Ya no caben medias tintas, como sucedía antes, cuando la información impresa aparecía a cuenta gotas, dando a muchos una explicación que seguía el criterio de unos pocos. Ahora son estos muchos quienes se convierten, de receptores de cierta información, a emisores de la acción que es la búsqueda de la verdad.

Sin embargo, no cabe duda que nos encontramos todavía al comienzo del camino. Porque, desde luego, existen tantas posibilidades como podamos imaginar; queda en nuestra mano la libertad de escoger este u otro camino, de abrir una puerta u otra. Casi sin darnos cuenta, hemos creado un mundo nuevo, paralelo a éste, que hemos comenzado ha habitar desde hace bien poco. Y allí es donde quedan nuestras proyecciones, reflejos de nuestra forma de pensar, con reacciones acordes a nuestra actitud. En definitiva, nos convertimos en los nuevos habitantes de este mundo, que se mueve a una velocidad vertiginosa, arrastrándonos a nosotros dentro. Tan deprisa se mueve, hacia tantos lados, que ya comienzan a ponerle puertas y cimentar murallas, estableciendo normas y leyes, en defensa a ultranza del copyright de los productos susceptibles al pirateo, esto es, cualquier información con denominación de origen. En España lo sufrimos con la ley Sinde y ahora se pretende globalizarlo a nivel mundial, haciendo que traguemos con SOPA, ley altamente impopular que, muy oportunamente, el Senado de EEUU ha decidido postergar de manera indefinida, aunque ni mucho menos definitiva. Más o menos, los mismos pasos que dio el decreto ley Sinde. Las reacciones, que venían sucediéndose los últimos días, se han recrudecido en el último momento, donde las acometidas de Anonymus han culminado con el mayor ataque informático que se recuerda. Todo esto, luchando a favor de la libertad de expresión. Y a nivel mundial: en España, por ejemplo, la página de SGAE había caído, ofreciendo muestras de su error: (504 Gateway timeout).

Se la denomina ya la “I Guerra Mundial Digital”. Una lucha que se basa en la defensa de la pluralidad. Algo sin duda cierto, ya que la intención de la ley es cerrar páginas web extranjeras que atenten contra los intereses de los EEUU (lo que es equiparable a decir que la defensa de unos pocos bien vale el sacrificio del resto). Y para ello se valen del privilegio que supone el que estén allí ubicados todos los dominios. Quedando en su mano el hacer o deshacer, aunque la intención está clara. El hecho es que este nuevo entorno digital que crece a pasos gigasíacos se ha ido desarrollando sobre todo en clave de libertad, donde cada uno tiene el derecho de escoger uno u otro camino. Bloquearlos o no debería nacer de la voluntad del usuario y no de la prohibición, enemiga acérrima del libre albedrío. Desde luego, que te prohíban tocar una cosa, históricamente, jamás ha traído resultados nada satisfactorios.

La estrategia más eficaz y que siempre ha funcionado es, sin lugar a dudas, la educación: la formación de mentes pensantes que actúen con responsabilidad, y esto es competencia principal del estado. La prohibición se instaura cuando no ha funcionado esta educación y, por lo tanto, cuando ha fallado el estado.

En el caso de la ley SOPA, importan los matices, o la ausencia de ellos. A la fuerza hemos aprendido lo importantes que son, sobre todo en una sociedad donde, por ejemplo, la ausencia de cadáver condiciona la existencia de un asesinato, o donde la forma de obtener pruebas fiables para procesar a un imputado sirve más tarde para enjuiciar, o quitar de en medio, a un juez. Situaciones que se suman a muchos otros gritos de indignación e injusticias que se intentan no transvasar al mundo digital, donde se están cimentando los principios sobre los que se ha de seguir creciendo. Es natural, por lo tanto, que una gran inmensa mayoría intente por todos los medios conseguir un mundo diferente, alejado de éste tan ambiguo. Un mundo donde el poder económico parecía no encontrar el hueco lo suficiente amplio como para colarse. Y donde la palabra “compartir” ha terminado adoptando, con el paso de los bytes, otro significado: se ha convertido en el abono de este actual y enorme desarrollo. “Compartir” ha posibilitado que la mayor información posible pueda fluir rápidamente hasta el mayor número de personas posibles. Información que en sí se hace imprescindible para evolucionar, para seguir avanzando en el camino. Todos apoyándonos en todos. Como si, de verdad, al llegar al mundo, nadie naciera sabiendo.


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Autor:
Enrique Madrazo (65 noticias)
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Tipo:
Opinión
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