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El sueño interrumpido de Philip K. Dick y sus ovejas eléctricas

07/09/2010 23:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Philip K. Dick (1928-1982). Aquí con Ridley Scott, director de Blade Runner (1982). Esta notable fotografía fue reproducida por el filósofo de profesión, e historiador de la ciencia ficción ítalo-argentino, Pablo Capanna. Fue incluída en el volúmen Idios Kosmos-Claves para una biografía de Philip K. Dick, de la colección cántaro-ensayos (2006).

Hoy no escribiré sobre Masonería ni Seguridad privada. Estoy lejos de casa y en mi bolso de viaje-trabajo llevo la revista-libro El Péndulo, de abril de 1982. Estoy releyendo una de mis autobiografías preferidas, la de Robert Silverberg, titulada Bronce Sonoro, Címbalo Vibrante, en alusión a un pasaje de Corintios (la otra es Vías de escape, de Graham Greene).

Aparte de revisitar la ciencia ficción, confieso mi relectura, en los últimos meses, de Raymond Chandler, Ross MacDonald y de catorce volúmenes de P. D. James y las vicisitudes del inspector Dalgliesh y la detective Cordelia Gray (en este punto insisto en que la nena protagonista de la película Sin City -que devendrá en Jessica Alba- utiliza el seudónimo de Cordelia, para escribirle a Bruce Willis, en homenaje a la autora inglesa).

Volviendo a la vida de Silverberg y a las primeras páginas de El Péndulo, redescubro la nota escrita en referencia a la reciente muerte, en aquella época, de Philip K. Dick, la cual reproduzco con singular placer por el hallazgo.

"El 2 de marzo, a las ocho y veinte de la mañana, dejó de existir en Santa Ana, California, uno de los grandes maestros de la ficción especulativa contemporánea: Philip Kindred Dick. Tenía 53 años.

Philip K. Dick nació el 16 de diciembre de 1928 en Chicago, fue propietario de una disquería y locutor de radio para programas de música clásica. Empezó a escribir en 1951 y en el momento de su muerte era autor de casi medio centenar de libros. Se casó cinco veces y tuvo tres hijos.

Dick muestra en toda su obra una inconfundible simpatía hacia el heroísmo callado de seres humanos sencillos, atrapados en circunstancias existenciales complejas. En sus novelas y cuentos se repiten, obsesivamente, algunos temas: la confusión de seres humanos con simulacros mecánicos, la delgada línea que separa la realidad de la ilusión, el poder de las drogas alucinógenas.

Ningún otro escritor del género ha mantenido un nivel tan alto a lo largo de tantos años y en tantos libros. Varias de estas obras admirables pueden leerse en castellano: El hombre en el castillo; Los tres estigmas de Palmer Eldritch; Ubik; Tiempo marciano; Gestarescala; La penúltima verdad; Fluyan mis lágrimas, dijo el policía; Dr. Bloodmoney; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Precisamente esta última novela está siendo llevada al cine por Ridley Scott, el brillante director de Alien. Hace pocas semanas, el propio Dick aprobó el libreto definitivo de la película, que se llamará Blade Runner.

La etapa final de Dick se caracterizó por un agudo interés en la religión y en los valores religiosos, y alimentó la creación de una trilogía concluída poco antes de su muerte: Valis (1981); The Divine Invasion (1981) y The Transmigration of Timothy Archer, que aparecerá este año".

Gurú de la contracultura norteamericana de los años 60, Dick fue adicto a las drogas, padeció frecuentes ataques de esquizofrenia y alguna experiencia mística. El saldo total de su obra abarca: 36 novelas de ciencia ficción, 14 novelas realistas, 6 volúmenes con unos 150 cuentos, 3 libros de ensayo y un voluminoso diario que escribió durante la última década de su vida. Mis obras preferidas son El hombre en el castillo, una obra que presenta una historia alternativa en la cual los países miembros del Eje ganan la Segunda Guerra Mundial; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, harto conocida a través de su versión fílmica y Tiempo de Marte, donde el poderoso Gremio de los plomeros controla el planeta rojo.

Lamentablemente esta última obra desapareció de los estantes de mi video-biblioteca, hoy superada por la acumulación de documentos y archivos históricos. Pero aún la pueblan y persisten en ella libros valiosos del género, tales como: La naranja mecánica, de Burgess; Más que humano, de Sturgeon; El hombre demolido, de Bester; la trilogía antológica Visiones peligrosas, de Harlan Ellison; Bóvedas de acero y Los robots del amanecer, de Asimov; los mejores cuentos de Roger Zelazny dispersos en varios volúmenes; Tropas del espacio, de Heinlein; Credo, de Ballard, etc.

Volviendo a Dick, entre las adaptaciones fílmicas, algunas de las mejores son Blade Runner (1982), dirigida por Ridley Scott y basada en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de 1968; El vengador del futuro (1990), de Paul Verhoeven, basado en el cuento Usted lo recordará perfectamente, que aún conservo en una vieja antología de los 70. Verhoeven también adaptará para la pantalla grande el libro de Robert A. Heinlein, Tropas del espacio, un autor que empezó militando en la izquierda estadounidense y terminó sus días como asesor de Ronald Reagan en el proyecto de la Guerra de las Galaxias en la década de los 80. Otras versiones son Next (2007), de Lee Tamahori; Minority Report (2002), de Steven Spielberg, director que tiene la costumbre de recurrir a los autores de culto de la ciencia ficción especulativa para alimentar sus películas como en El imperio del sol, de James Graham Ballard o Inteligencia Artificial , de Brian Aldiss. Ambos británicos. De Dick suelen citarse también: El pago (2003), de John Woo y la abrumadora Una mirada a la oscuridad (2006), de Richard Linklater.

Todas estos libros y películas pueblan los estantes de mi video-biblioteca, llegando a los varios centenares, junto a otros clásicos de la ciencia ficción policial o de conspiraciones corporativas, como por ejemplo, Atmósfera cero, con Sean Connery; Luna 44, con Michael Paré; Rollerball, con James Caan o hasta las más recientes Yo, robot; La isla o Equilibrium.

De H. G. Wells a Julio Verne, de Orwell y el chanchito Napoleón de Rebelión en la Granja, pasando por Brasil del grupo Monty Python, esta noche he intentado quitar el polvo que se acumula en mi memoria, mientras espero el advenimiento de mi hijito y ansío que le interese mi colección completa de Sherlock Holmes, o las aventuras del Padre Brown, de G. K. Chesterton, o mejor aún, que redescubra con su curiosidad y propia iniciativa, el placer insepulto de la lectura. El viejo Philip supo escribir un cuento llamado La fe de nuestros padres, que paradójicamente aún conservo. Descansa en paz, Philip.

En Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_K._Dick

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Sobre esta noticia

Autor:
Mauriciocampos (112 noticias)
Fuente:
mauriciocamposmasoneria.blogspot.com
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Reportaje
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