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Tarde para volver 1.1

13/12/2009 18:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vuelvo a reponer el comienzo de la novela porque no puedo encontrarlo

CAPITULO 1

Eran las 19.30 de la tarde. El avión de Alex acababa de aterrizar en Bristol.

Durante todo el trayecto que duró el viaje se había estado preguntando como le iría. Aunque repetidamente se decía a si mismo que no debía pensar, no podía evitarlo.

Se imaginaba las mil y una formas en que reaccionaría si se llegaba a presentar el problema.

-Basta ya, Alex! -Se decía, pero, sólo un segundo mas tarde, estaba de nuevo haciéndose la misma pregunta.

Al bajar del avión, apresuró sus pasos. Quería ser uno de los primeros en llegar al control de Aduana.

Quería en realidad que para bien o para mal todo pasara por fin.

Llegó a la ventanilla repitiéndose mentalmente que tratara de mostrar total indiferencia ante el trámite.

El empleado miró su pasaporte. Lo miró a él y volvió a mirar el pasaporte. Luego lo chequeó en su ordenador.

Este trámite que generalmente dura unos segundos, lo vivió como una eternidad.

Le preguntó por fin si venía por placer o por negocios y cuánto tiempo permanecería en Inglaterra.

Alex respiró aliviado. Todo estaba yendo bien después de todo.

Le contestó que venía a visitar a sus padres y se quedaría 10 o 15 días.

-Disfrute su estancia- le había dicho, al tiempo que le devolvía el pasaporte.

Sintió que unas gotitas de sudor que habían querido aparecer en su frente, se frenaban.

Respiró profundamente y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro al contestarle -Gracias, no dude que lo haré-.

Alex se encontraba otra vez en Inglaterra, después de 5 años de ausencia!

Sintió una extraña sensación de felicidad. Había pasado la aduana sin ningún inconveniente. Se felicitó a si mismo por haberse animado.

Su padre había ido a buscarlo al aeropuerto.

Al verlo le había mostrado el pasaporte con una sonrisa, confirmándole de esta manera que no había tenido ningún inconveniente en la aduana.

El padre le sonrió a su vez demostrando que había entendido el mensaje.

Se abrazaron mientras ambos reían ante la felicidad del regreso.

-Lo has logrado! -Le había dicho su padre.

-Así es papá, valió la pena todo el miedo que sentí hasta el momento que me devolvieron el pasaporte-.

Cleve llamó a Kelly para darle la buena nueva. -Todo ha salido OK- le había dicho.

Ambos se dirigieron al estacionamiento donde Cleve había dejado el auto.

En el camino iba reconociendo las cosas que habían quedado grabadas en su memoria antes de partir.

Le parecía que todo, absolutamente todo estaba exactamente igual a los recuerdos que tenía de ellos.

Carreteras, árboles, casas, negocios.

La gasolinera donde solía ir a cargar el tanque de su auto de adolescente, un Mini Cooper negro de dos puertas con muchos años de estar rodando, pero al que consideraba parte de su vida, seguía teniendo como dependiente a Kurt, un hombre de edad irreconocible pues siempre se lo veía igual.

Desde la época que acompañaba a su padre a cargar combustible en su coche, Alex recordaba su cara siempre sonriente, llena de arrugas, con sus ojos celestes llenos de vida y una sonrisa para el cliente. No recordaba haberlo visto triste jamás. Lo vio desde lejos. El no podía verle pero igual le sonrió.

Cuando llegaron a la puerta de su casa Alex sintió que muchos recuerdos de su vida volvían a agolparse en su memoria.

Saludo a su vecino y su esposa que, curiosos y probablemente sabiendo de su llegada, estaban en la vereda.

Ellos le respondieron con la misma sonrisa de siempre.

Les hizo un gesto para hacerles saber que pasaría mas tarde a saludarlos.

Recordaba perfectamente las galletas que cocinaba Helen.

Siempre encontraba una excusa para ir a su casa para que lo convidara con ellas. Eran de chocolate, crocantes y tiernas a la vez. Se preguntó si las seguiría haciendo ahora que sus hijos habían crecido y se habían marchado del pueblo. Probablemente no. Pensó que sería una maravillosa sorpresa que cuando fuera a saludarla volviera a oler el aroma de las mismas.

Al abrir la puerta reconoció enseguida el olor que emanaba de la cocina de su madre. Kelly había preparado su comida favorita: cordero con coliflor gratinado, y vegetales frescos.

Abrazó a su madre con afecto, saboreando por anticipado por el aroma de la comida que su madre le había preparado. Ella siempre lo esperaba así.

Cuando lo vió sus ojos se llenaron de lágrimas. No se había sentido muy segura de que su hijo estuviera haciendo lo correcto pero él no había querido escuchar razones. Y ahora lo tenía frente a ella y todo estaba en orden y su alegría no tenía límites.

Hacía mas de un año que no lo veía, y lo encontró tan aplomado y maduro!. Qué diferente a ese jovencito que vio partir intempestivamente una noche! Ahora era un hombre.

Todo se debe a Mabel, pensó feliz, la novia que compartía la vida de su hijo en España desde hacia casi 3 años.

La había conocido cuando fue a visitar a Alex a España, la primera vez, con su marido y su otro hijo, y había aprendido a quererla mucho.

Ella era una muchachita muy amable que disfrutaba atendiéndola y ofreciéndole una hospitalidad y una calidez asombrosa, que Kelly no sabía cómo agradecer.

Solían tener largas charlas por las tardes.

Durante quince días habían aprendido a ser amigas, a apreciarse y valorarse mutuamente.

Kelly agradecía a Dios que esa muchachita rubia, de ojos azules verdosos y sonrisa encantadora, hubiera irrumpido en la vida de su hijo.

En una de esas tardes donde ambas conversaban sin parar, Mabel le había contado a Kelly las circunstancias por las que ella se encontraba viviendo en Madrid, y todo lo referente a su relación con Alex.

Comenzó contándole como había sido su vida en Uruguay, su pasión por el idioma inglés y todo lo que le había pasado aquel día en que le habían llamado la atención en el trabajo por primera vez en los casi tres años que estaba trabajando allí, y como horas más tarde había descubierto a su novio con su mejor amiga.

Le explicó como decidió alejarse de todo aquello a la vez que cumplía con sus deseos de viajar y conocer. Le dijo también que si bien sus padres no habían estado conformes con su decisión por temor a que se encontrara demasiado sola, habían terminado apoyándola en todo.

También le contó a Kelly cómo había conocido a Alex y cuales habían sido las razones que la habían hecho acercarse a él.

-Ambos trabajábamos en la misma empresa y nos encontrábamos al entrar y salir de nuestras respectivas secciones- le dijo- y al mirarnos nos sonreíamos mutuamente como si fuéramos viejos amigos. A mi me pareció desde un principio un chico que necesitaba ayuda y como yo siempre tengo necesidad de ofrecerla espontáneamente, me acerqué a él, y poco a poco me fui enamorando- le había dicho.

-Cuando él me contó sobre sus pesadillas y sus desventuras con las chicas que huían ante ellas, supe que yo podía llenar el vacío que había vivido durante esos dos años en la isla- había comentado orgullosa.

No tuvo inconveniente en contarle que cuando ellos se conocieron él acostumbraba a emborracharse y fumar marihuana, todas las noches. Sabía que estaban al tanto del tema, por lo que nunca pensó que estaba contando algo privado o que pudiera molestarle.

-El no sentía que estaba haciendo algo incorrecto- le había dicho - puesto que creía que eso le ayudaba a conciliar el sueño y que aunque las pesadillas lo siguieran despertando por las noches, no lo desvelaban dejándole ese sabor amargo en la boca del que no podía desprenderse


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Edelweys (185 noticias)
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