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Tarde para volver 22

22/11/2009 19:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continua el capítulo 10

Tenía que existir alguna forma de que Joey supiera que su padre no se había desentendido de su hijo. Algo que lo uniera aunque fuera a la distancia.

Cuando no conocía su existencia era una cosa. Pero otra muy distinta, ahora que la conocía. Lo primero no había sido técnicamente un abandono, pero este último, Joey sí podría, en algún momento de su vida, interpretarlo como tal.

Entonces tuvo una idea.

-Creo Que podrías empezar mandándole tarjetas para su cumpleaños y para navidad y que Kelly se las fuera guardando para mostrárselas cuando llegue el momento de hablarle. En ellas, podrías ir contándole cuántos deseos tienes de abrazarlo y compartir su vida, para que, cuando él se entere de todo, no sienta que lo abandonaste. Sería una manera de estar hablándole, aunque él todavía no pueda enterarse de tu conversación. Pienso que cuando él las lea, no sólo podrá comprender la situación, sino entender todos esos sentimientos tuyos hacia él que guardaste durante todo ese tiempo pensando siempre que todo lo que hacías era para su propio bien en menoscabo del dolor que te producía estar separado de él. Tendrá la certeza que no te olvidaste de él en ningún momento desde que supiste de su existencia. Que seguiste paso a paso su vida. En pocas palabras, que cuando él las lea, sepa cuánto quisiste compartir tu vida con la de él- concluyó Mabel.

-Es una magnífica idea, Mabel. Realmente Dios, en lugar de castigarme por lo que había hecho, me premió con tu existencia!. A ninguno de nosotros tres ni a mis padres, se nos ocurrió esa idea. Gracias de nuevo, amor mío. No se que haría sin ti-.

Mabel sonrió y le dio un apasionado beso de amor.

Se abrazaron e hicieron el amor como no lo habían hecho antes.

A la mañana siguiente retornaron a sus respectivos trabajos.

Alex se sentía completamente relajado después de la tensión vivida.

Mabel tenía la capacidad de provocar en él un estado de tranquilidad absoluta. Siempre tenía las palabras justas y esos gestos cariñoso, que estaban en ella a flor de piel, cuantas veces él los necesitara.

Esther había decidido permanecer en la casa. No se animaba a salir sola, pese a lo que le había dicho Alex. Nunca lo había hecho antes. Se había casado muy joven, y el mismo día que se había separado de la protección de sus padres, había empezado a sostenerse de las manos de su marido.

Por eso, cuando tenían sus días libres y no estaban muy atareados con el estudio, llevaban a Ester a pasear y conocer Madrid.

Ester, que jamás se había movido de un circuito reducido a pocas calles en su ciudad natal, se entusiasmaba con todo.

Lo que más le llamó la atención fue el palacio real. Nunca antes había visitado un palacio. Ni siquiera lo había visto en fotos.

Ella no estaba acostumbrada a vivir en un reino, y le gustaba enterarse de las novedades de los reyes, del príncipe y de Doña Leticia, próxima a convertirse en princesa cuando la desposaran.

Le resultaba extraño pensar que todavía existieran reyes, príncipes y princesas en la vida real.

Nunca había sido una gran lectora. No solía leer los periódicos ni ver muchos noticiarios. Ocupada con su casa y sus tres hijos, nunca se había dado mucho tiempo para ella.

Aquí, en España, disponía de mucho tiempo libre y miraba durante muchas horas los programas televisivos. Y casi todos los días mostraban algo de sus actividades. Le llamaba mucho la atención que los españoles quisieran tanto a sus reyes y príncipes.

También le gustaba ver por televisión a la duquesa de Alba.

Le parecía una mujer muy graciosa por la forma en que combinaba los colores de su vestimenta.

En pocas palabras, Ester se sentía realmente a gusto en España.

Con el tiempo se animó a salir sola por los alrededores aunque nunca se alejaba mucho.

Le daba tristeza pensar que tenía que volverse, pero tenía que hacerlo. Habían quedado muchos trámites pendientes que tenía que finalizar.

Sentía que había sido una excelente idea la de Mabel de traerla y alejarla de sus recuerdos, que en su casa hubiera encontrado en cada mueble, retrato u objeto visible a cada instante o estuviera haciendo lo que estuviera haciendo.

Aquí no había nada material que estuviese al alcance de su vista. Los recuerdo estaban en su corazón, y esos si que estarían allí para siempre. Ester tenía la absoluta seguridad que jamás nada, ni el tiempo ni la vida, iban a poder menguar la tristeza que les producían.

Alex y Mabel también sabían que tendría que marcharse y también a ellos les daba tristeza.

Alex empezó a pensar que su relación de noviazgo tenía que tocar su fin y comprometerse seriamente y que no habría mejor momento para ello que eso ocurriera antes que la madre se marchara, para que pudiera compartir el día de la boda. La situación económica no era buena para ninguno como para pensar que Ester volvería pronto a visitarlos.

Él había escuchado infinidad de veces como su padre le había propuesto matrimonio a su madre y suponía que a Mabel también le gustaría el romanticismo y la sorpresa así que decidió repetir la escena.

Le compró el mejor anillo que le permitió su presupuesto.

Le contó a Ester de sus planes y le pidió su complicidad para llevarlos a cabo. Le pidió que se hiciera la indispuesta el día que él la llevara al parque para pedirle que se casara. De esa manera Mabel no sospecharía porque su madre no salía con ellos como era la costumbre.

Organizaron la salida el día domingo.

Cuando estaban a punto de partir, Ester dijo que tenía un repentino cólico intestinal. Fue al baño y cuando volvió les comunicó que no se animaba a moverse de la casa porque temía que tuviera necesidad urgente de un toilette y no lo tuviera a mano.

Mabel le contestó que no se preocupara. -Todos nos quedaremos a hacerte compañía- le había dicho con un beso en la mejilla. -Era un simple paseo por el parque el que estaba planeado, lo podemos dejar para otro día- había dicho sin darle ninguna importancia.

Ester le rogó que por favor no hiciera eso, puesto que ella se sentiría muy mal al saber que, por su culpa, iban a desperdiciar ese hermoso y soleado día de domingo.

-Pero mamá, si no te sientes bien, es mejor que estemos a tu lado-.

-Y para que?- le había dicho su madre- me vais a acompañar al baño cuando lo necesite?- agregó.

-Es que jamás te quejas por nada. Me preocupa que no te sientas bien. Tenías tanta alegría con los preparativos de este paseo que me entristece dejarte sola en casa. Eso, sin tener en cuenta que podrías no sentirte bien y necesitar ayuda-.

-Claro, eso es posible -contestó Ester, -pero se arregla muy fácilmente. Si necesito ayuda, los llamaré al móvil. Vayan al parque y disfruten, por favor. No me hagan rogárselo nuevamente-.

Alex le dijo a Mabel que su madre tenía razón en lo que le estaba diciendo. -Es un día maravilloso, no perdamos el paseo. Quiero llevarte a almorzar a ese restaurant que tanto te gusta. Ester nos llamará si nos necesita y nosotros vendremos corriendo-.

Un poco a regañadientes Mabel aceptó.

Alex la llevó al parque, y tal como había hecho su padre, la invitó a sentarse en un banco. El lugar estaba rodeado de hermosas flores, aunque faltaba el lago con los cisnes, pero no le importó.

-Que hermoso día! -dijo Alex aspirando el perfume del aire.

-En verdad lo es- contestó ella.- Pero que raro estás!. No entiendo que te pasa. No sueles ser tan romántico. En realidad, creo que es la primera vez que te veo tan romántico. Nunca fue tu fuerte-.

-Es que siento que este día será un día diferente para ambos-.

-Y porqué?-, preguntó curiosa.

Mabel, que siempre había sido tan sensitiva, no presintió en ningún momento lo que estaban a punto de proponerle. Él había sabido ocultarlo muy perspicazmente. Había tomado todas las precauciones posibles, incluso ocultar sus emociones, y eso si que le había resultado difícil. Pero, evidentemente, lo había logrado.

Y tal como lo hizo su padre, se arrodilló en el parque, que estaba repleto de gente, muchas de las cuales se quedaron contemplando la escena, sacó de su bolsillo el estuche y abriéndolo, tomó las manos de Mabel en su mano vacía y le dijo tiernamente: -Aceptarías ser mi esposa?-

Mabel sintió que la felicidad la embargaba totalmente. No esperaba esta propuesta ni mucho menos una escena semejante. Alex nunca había tenido manifestaciones románticas con ella hasta ese momento.

-Claro que acepto. Es que acaso lo dudabas?- le contestó una vez que se hubo repuesto de la sorpresa.

-No- le respondió con una sonrisa, -no lo hubiera hecho si tenía dudas, pero quería cumplir con un procedimiento establecido y por primera vez mostrarte que soy capaz de ser romántico, aunque no sea mi principal característica. Y además, por sobre todas las cosas, sorprenderte-.

-Espera un momento, - dijo Mabel reaccionando y con una sonrisa picarona, - mi madre no esta indispuesta, o si?-

-No, claro que no lo está. Fue todo un complot que organizamos entre los dos. Actúa muy bien tu madre. Te lo hizo creer, no es cierto?-

-Por supuesto que me lo hizo creer. Hasta hace unos instantes estaba pensando si me estaba necesitando. Pues si que lo habéis organizado en completo secreto. No entiendo cuando lo hicieron. No recuerdo que hayan estado solos-.

-Buenos- dijo Alex, divertido- tú también tienes necesidad de ir al baño, no?-

-Eres increíble, mi amor. No te imaginas cuanto te agradezco este regalo que me has hecho. El del anillo con la proposición, por supuesto, pero la forma en que has organizado todo para darme esta sorpresa me demuestra cuánto piensas en mí y cómo me quieres. Ha sido el mejor regalo de boda que podías haber imaginado. Volvamos a casa a buscar a mi madre y vayamos todos juntos a almorzar. No me parece justo que la dejemos sola-.

-Iba a proponerte exactamente lo mismo. Vayamos a buscarla-.

-Y cuando has pensado que nos casaremos?- le preguntó Mabel.

-He apresurado el pedido para poder hacerlo antes que tu madre se vuelva a Uruguay. Cuánto tiempo crees que te pueden llevar los preparativos?-

-Hummm- dijo sonriente, -como un minuto estaría bien? Bueno, tal vez necesite dos-.

-Estoy hablando en serio le contestó. Cuánto tiempo?-

-Es la primera vez que voy a casarme así que no tengo ninguna experiencia al respecto. Tendremos que preguntar en el registro civil-.

-Y el resto de los preparativos?- Le preguntó. -Cuánto tiempo crees que te llevaran?-

-A que preparativos te refieres? -

-No lo se, le contestó. Para mi también es la primera vez, pero es que mi madre me comentó que durante cuatro meses estuvo tan ajetreada que no paraba un momento de ir de un lado a otro y yo nunca le pregunté en que consistió semejante ajetreo-.

-Deduzco de lo que me cuentas que tu madre debe haber hecho un gran festejo. Yo no quiero fiesta. Siempre me imaginé que el día de mi boda se celebraría en total intimidad. Que sólo estarían presentes mis seres más queridos. Y fíjate lo que son las circunstancias de la vida! Mi padre no estará y no creo que mis hermanos puedan viajar. Me queda solamente que pueda hacerlo tu familia. No sabes cuánto te agradezco que hayas pensado en que todo sucediese antes que mi madre volviese a su casa. Que ella esté cerca de mí ese día va a compensar en parte la ausencia del resto-.

-Entonces, mañana iremos al registro civil y decidiremos la fecha. Ahora, vayamos a buscar a tu mamá-.

Ester se asombró al verlos regresar tan pronto. -Que pasó?- preguntó ansiosa.

-Estaba muy preocupada por ti- le dijo con ironía Mabel -sabiendo que estás tan mal y yo tan lejos-.

Ester ya había observado el anillo en el dedo de Mabel, por lo que pudo interpretar con claridad su ironía.

-Hemos venido a buscarte. Iremos todos juntos a almorzar y a celebrar- le respondió con mucha alegría.

Ester abrazó con fuerzas a ambos y les deseó que fueran muy felices. Se fue a vestir y partieron.

Al día siguiente, a la hora del almuerzo, ambos fueron al registro civil y fijaron la fecha en un mes.

Esa misma tarde, al salir del trabajo, fueron a hablar con el sacerdote que oficiaba misa en la iglesia a la que Mabel solía ir con frecuencia.

Apenas llegaron a su casa se comunicaron por Messenger con los hermanos de Mabel para darles la noticia. Luego hicieron lo mismo con los padres de Alex.

-No sabes lo contenta que estoy- le había dicho Kelly y realmente su cara reflejaba esa felicidad a través de la cámara. Conozco a esa chica nada más que por lo que puedo verla a través de este sistema, lo poco que hemos hablado y lo mucho que me has contado de ella, pero puedo asegurarte que ya la quiero como a mi hija.-

-Creen que podrán venir los tres para la boda? Conseguirán permiso en el trabajo Cleve y Bob- le preguntó ansiosa Mabel.

Los cuatro hablaban casi a la vez a través del Messenger, por lo que a veces había que repetir la pregunta porque se mezclaban las voces, y nadie entendía nada.

-Preguntaremos mañana en el trabajo- le había contestado Cleve. -Han hablado con Bob?-

-No, todavía no pudimos hacerlo. No estaba conectado y como vimos que ustedes si lo estaban, los llamamos primero. Cuando terminemos, lo llamaré por teléfono.-

-Quieren que vaya a ayudarlos en los preparativos? Un mes me parece bastante poco tiempo para hacer todo lo que se necesita-.

-No habrá preparativos Kelly- le contestó Mabel. -Ya he hablado con mis hermanos y no pueden viajar. El viaje es demasiado costoso, y está totalmente fuera de su alcance. Tampoco lo está en el nuestro, sino lo haríamos con mucho gusto. Sólo habrá una ceremonia sencilla. Y luego iremos los ocho a almorzar. Preparar esto no me llevará mucho tiempo, pero gracias por el ofrecimiento- le dijo amablemente.

-Ocho?, preguntó Kelly asombrada. Quién más vendrá?-

-Todavía no lo hemos llamado, pero supongo que John y su esposa aceptarán nuestra invitación. Han sido tan buenos con nosotros cuando fuimos a visitarlo. Nos demostró tanto cariño, que supongo que no tendrán inconvenientes en venir. Continuando con lo que conversábamos sobre la recepción, yo nunca soñé con una gran fiesta, pero de todas formas, tampoco tenemos dinero para hacerla. Ni siquiera para irnos de luna de miel. En verdad no tenemos ni dinero ni tiempo-.

Kelly se sintió muy triste porque su hijo y su nuera no iban a tener una boda completa, según sus sentimientos.

Cuando cerraron el Messenger, Kelly le preguntó a Cleve sino podían hacerse ellos cargo de los gastos, de la misma manera que Antonio lo había hecho con ellos.

-Por supuesto que lo haremos. Ya mismo vuelvo a comunicarme con ellos-.

-Déjame hacerlo a mí- le suplicó Kelly, - sabes lo importante que es para mí todo esto.

-Por supuesto- contestó Cleve. –Hazlo-.

Kelly volvió a llamar a Mabel para contarle lo que habían decidido.

-Gracias por todo lo que quieren hacer por nosotros- le dijo realmente agradecida Mabel- pero de verdad Kelly, yo siempre quise una ceremonia sencilla y el hecho de que ni mi padre ni mis hermanos puedan estar presentes me hace redoblar ese sentimiento. No es sólo por el dinero que no quiero la fiesta, es que aquí no tenemos verdaderos amigos ninguno de los dos. Tenemos ciertas amistades del trabajo y de la facultad, pero no las sentimos como una amistad profunda y no tendría mucho sentido organizar una fiesta-.

-De acuerdo- dijo Kelly con una tristeza que no podía disimular, -entonces, déjennos regalarles la luna de miel-.

-Otra vez tengo que darte las gracias, pero lamentablemente, tampoco eso podemos aceptar, puesto que ninguno de los dos tenemos días de vacaciones por lo que resta del año. Las hemos tomado para ir a Uruguay y a Inglaterra respectivamente-.

Kelly sintió que no podía hacer nada para brindarles a sus hijos una gran boda y eso la entristeció mucho, porque para ella eran cosas muy importantes que duran para siempre en el recuerdo.

-Puedo al menos regalarte el vestido de novia? por favor- le dijo humildemente en un intento por ayudar en los preparativos.

-Eso si que puedes. Pero recuerda que tiene que ser muy sencillo. Nos casaremos cerca del mediodía y luego iremos a almorzar a un restaurant común, así que no puedo ir con un vestido muy pomposo. Me parece que lo más apropiado es que tampoco sea largo hasta el piso. A mitad de piernas, creo que estaría más acorde con las circunstancias. No olvides además, que no tengo tiempo para que me hagan uno a medida, por lo que pienso ir mañana sin falta a la tienda, a probarme los que están a la venta, para que tengan tiempo suficiente para hacerme los retoques que sean necesarios. Se que no cumplo con lo que te gustaría- le dijo Mabel tratando que Kelly no se sintiera decepcionada con sus decisiones.

-Entiendo perfectamente lo que significa para ti todo esto, pero mi visión es completamente diferente y por suerte Alex me apoya sin retaceos.-

-Será como tú lo quieras- le contestó. -Tengo que entender que es tu boda y no la mía- Ambas rieron ante esta acotación. Siguieron charlando por un largo rato sobre cosas relacionadas con el tema.


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Edelweys (185 noticias)
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