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Tarde para volver 23.2

13/12/2009 18:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continuación del capítulo diez. Reposición

Por la noche llamaron a John, quién no sólo se alegró muchísimo con la noticia sino que les había contestado que por nada del mundo se perdería la boda de sus sobrinos predilectos.

Ya estaban todas las invitaciones realizadas y aceptadas.

Al día siguiente Kelly la llamó para decirle que ni Bob ni Cleve habían podido conseguir días de vacaciones, pero que habían podido cambiar sus dos días libres en el trabajo por ese fin de semana. Dispondremos sólo de esos días. Nos hubiera gustado que fuera más pero nos conformamos con poder estar todos presentes en la ceremonia.

-Serán suficientes- le contestó. -Lo importante es que estemos todos juntos en ese momento.- se despidieron como siempre después de intercambiar opiniones por un período prolongado de tiempo.

En la noche anterior al día de la boda, en el último vuelo disponible, que por suerte consiguieron en una compañía de bajo coste, habían llegado sus padres y su hermano con la novia. Era cerca de la medianoche.

Fue una hermosa sorpresa para Alex y Mabel ver que Bob había venido con su novia. No les había dicho nada y les encantó a ambos.

Se fueron todos a acostar. Habían preparado un par de colchones inflables para dormir ellos, dejándoles la cama matrimonial a sus padres. Para Bob habían preparado el diván del living, que era muy cómodo, pero para una sola persona. La otra cama disponible era de mediano tamaño, pero la estaba usando Ester, así que tuvieron que pedirle a ella que por favor se mudara al diván y les dejara su cama a Bob y su novia.

Ester no tuvo ningún problema. De esta forma encontraron ubicación para todos en la casa y ninguno tuvo que ir a un hotel, lo cual les pareció una maravillosa demostración de afecto.

Kelly y Cleve se sintieron muy felices porque sus hijos, como ya los llamaba, le habían cedido su habitación.

A la mañana siguiente descubrieron que casi ninguno había podido dormir por la excitación que tenían.

Bob, porque iba a ser el padrino de su hermano y eso lo hacía sentirse muy importante. Nunca antes había actuado como tal y temía no saber hacerlo bien.

Kelly, porque no hacía más que pensar en la ceremonia. De que manera se desarrollaría y sino cometería ningún error. Lo había despertado a Cleve varias veces durante la noche, preguntándole cosas sin ninguna importancia.

Ester, porque su hija se casaba, y aunque no era el primer hijo que lo hacía, si era la primera vez que su esposo no estaría. Temía que la tristeza no le permitiera disfrutar de ese día tan importante para su hija.

Y por supuesto ellos dos, porque eran los verdaderos protagonistas de todo esto.

John y su esposa vendrían en avión e irían directamente a la iglesia, puesto que el vuelo llegaba cerca del mediodía.

Bob, Cleve y Alex, tuvieron que ir a tomar algo al bar de la esquina, Mabel, tenía que vestirse y Alex no podía verla. Cuando estuviera lista, los llamarían al móvil.

Bob y Alex partirían para la iglesia y Cleve se encargaría de llevar a la novia en el coche. Aunque la iglesia estaba a pocos metros de la casa, era lógico que no fuera caminando. Él estaba acostumbrado a manejar en España. Lo hacía siempre que venía a visitar a su hermano a Barcelona.

Mabel estaba bellísima. Su vestido era muy sencillo, solo estaba realzado por un bordado de perlas y flores de azahar en el busto. En la cabeza lucía un pequeña coronita de las mismas flores. La falda se abría en varios volados de distinto largo, pero ninguno llegaba más allá de la media pierna.

Su madre lucía un sencillísimo vestido negro. Ella se encargaría de llevar a su hija al altar.

Cleve vino a buscar a Mabel apenas ella lo llamó.

Ester y Kelly se fueron caminando a la iglesia. Kelly vestía un traje de dos piezas de color verde aceituna, y una blusa blanca. Llevaba además cartera y zapatos al tono.

Cuando Mabel entró a la iglesia del brazo de su madre y llevando un pequeño ramo de flores de azahar en las manos que mostraban un leve temblor de emoción, Alex no pudo menos que mirarla con total admiración. La que sería su esposa en pocos minutos, estaba increíblemente bella.

Él estaba parado en el altar junto a su madre. Tenía puesto traje y corbata azul y una camisa blanca con alforzas en la delantera.

La ceremonia fue tan sencilla como Mabel había deseado, pero sumamente emotiva. Las palabras del sacerdote habían sido muy cálidas y en varias oportunidades, las cinco mujeres estuvieron a punto de llorar. Cleve las había observado y había pensado, riéndose para sus adentros, - las mujeres son todas iguales! Lloronas! Cualquier cosa las emociona al punto de hacerlas llorar-.

John también había observado la escena y pensado exactamente lo mismo.

Cuando ambos lo comentaron, ya sentados en el restaurant, se rieron con fuerzas. Ambos estaban de acuerdo que las mujeres, sino todas, la mayoría eran “romanticonas incurables”. Y que les encantaba llorar.

Cuando el oficio religioso terminó, luego de los saludos habituales, y tal como estaba planeado, se fueron todos a almorzar.

Al entrar al mismo, Mabel se sacó la corona de azahares que lucía sobre su cabello.

Todos se sentaron alrededor de la mesa.

Sirvieron un bandeja de jamón crudo y variedad de quesos como entrada, luego pulpo a la gallega con diversos acompañamientos de vegetales y por último helado de fresa con crema chantilly y confites de chocolate por encima.

Cuando recién terminaban de servir los postres, Cleve miró el reloj y mostró cara de preocupación. Estaba disfrutando tanto de la reunión que no había notado la hora que era.

Con cara de circunstancias y voz grave, dijo: -Todo ha salido perfecto hasta ahora pero sino salimos corriendo perderemos el avión-.

Mabel inmediatamente le pregunto, con aire de tristeza.- El avión?, pero es que no partían mañana por la nochecita?-

-Por supuesto, hija, nosotros partimos mañana, pero ustedes salen dentro de una hora y media y si no nos apuramos no llegaremos a tiempo-.

-Que nosotros que? -Preguntaron a dúo Alex y Mabel.

-Que ustedes perderán el avión que va a llevarlos a Granada. Aquí tienen los pasajes y la reserva del hotel. Tu madre, con su incurable romanticismo, me pidió que lo hiciéramos de esta forma. Que no les avisáramos hasta este momento que teníamos preparado un pequeño viaje de boda. Se que no serán más que 30 horas, y eso que aquí estoy incluyendo el tiempo de viaje, pero tu madre pensó que era mejor poco que nada y yo, como siempre, acaté sus órdenes sin oponer resistencia- dijo riéndose.

-Vamos, no hay tiempo que perder. Tendremos que dejar los brindis para otra ocasión-Kelly te trajo un vestido y un par de zapatos para que vayas a cambiarte en el toilette. Lo depositamos en la recepción del restaurant para que ustedes no lo vieran. Hazlo pronto, o de verdad perderemos el avión. En complicidad, tu madre les preparó una maleta con lo necesario para el escaso tiempo que estarán fuera-.

Mabel se levantó y le dio un beso a cada uno. -Son unos padres maravillosos. No importa el tiempo, será nuestra luna de miel y jamás la olvidaremos. Gracias por haber pensado en esto. Gracias también por esperar este momento para decírnoslo. En un minuto estoy de vuelta.-

Cuando volvió estaban las copas llenas de champagne, por lo que hicieron el brindis más rápido de la historia de los acontecimientos de esta naturaleza, se besaron y se despidieron de todos.

Cleve los llevó al aeropuerto.

Kelly pensó que, aunque su hijo no viviera cerca de ellos, tampoco vivía tan lejos como para sentirse triste. Después de todo, eran sólo dos horas y cuarto de avión desde Bristol, y la felicidad de Alex era más importante que la distancia.

Personajes destacados

Cleve, en cambio, mientras los llevaba al aeropuerto, volvió a preguntarle a su hijo sino pensaba en algún momento volver a Inglaterra.

-Papá- le Respondió, -sabes que ya hemos comenzado nuestros estudios aquí. Sabes también que estamos bastante entusiasmados y que pensamos que vamos a tener mejor futuro en España con esta carrera que en Inglaterra. Y vuelvo a repetirte papá, por enésima vez que Mabel no quiere ir a vivir a Inglaterra.-

Mabel hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, sin decir una palabra.

-Cómo sabes que no te gustaría vivir en nuestro país si nunca has estado en él?- le increpó Cleve. Mabel no contestó nada. No le pareció el momento adecuado para dar explicaciones.

-Porque no la traes a conocerlo y después que decida?- le dijo a Alex.

-Te prometo que lo haremos papá. En nuestras próximas vacaciones iremos a visitarlos-.

-No lo dudes que lo haremos Cleve- dijo Mabel. -Nuestras primeras vacaciones serán para conocer Inglaterra. Te pone contento esto?-

-Por supuesto. Espero que no dejen de cumplir con esta promesa-.

Ambos prometieron que la cumplirían fuese como fuese.

Ya habían llegado al aeropuerto y tuvieron que salir corriendo, pues era la hora del último aviso de embarque.

Mabel le tiró un último beso a Cleve desde lejos y luego desapareció.

Cuando llegó a la casa le comentó a Kelly y a Bob sobre la promesa que había recibido de ambos. Ellos se habían vuelto en un taxi del restaurant y estaban sentados en el living, en silencio. Ni Bob ni Kelly sabían hablar español y Ester no sabía una palabra de inglés.

Bob, que al igual que su padre deseaba que su hermano volviera a Inglaterra, se alegró mucho con esta noticia. -Todavía seguía siendo su héroe, su mejor amigo y además ahora-, se dijo con orgullo, - su ahijado-. Deseaba mucho que volviera.

Le resultó muy difícil a Ester compartir con ellos ese fin de semana.

Por suerte Cleve sabía hablar español y actuaba de intermediario, pero resultaba aburrido hablar y que alguien tradujera permanentemente.

Habían tenido muy poco tiempo en Granada y sólo habían alcanzado a conocer la Alhambra, sus maravillosos jardines, los palacios Nazaríes y la Alcazaba. Se vinieron maravillados con lo que habían visto y se habían prometido volver con tiempo suficiente para recorrerla en su totalidad.

Estaban cansados, puesto que llevaban tres días descansando muy poco.

Al otro día tenían que volver al trabajo y a la facultad, lo que no les dejaba tiempo para reponerse.

Cuando llegaron a la casa, Ester los esperaba con una cena frugal. Imaginaba su cansancio y pensó que era oportuno que la cena fuera liviana. Y por supuesto no se había equivocado.

Esta sería la última semana en España para Ester.-Volveré algún día se preguntaba? Supongo que sí. Tendré que venir a conocer a mis nietos, aún cuando el presupuesto no me facilite la vuelta-.

Mabel se quedó muy triste el día que se despidieron, pero en el tiempo que estuvo viviendo con ellos, ella le había enseñado a usar el Messenger, y eso acortaría la distancia.

Ester estaba muy orgullosa de haber aprendido a usarlo. También había aprendido a mandar mails.

Nunca antes se había sentado frente a un ordenador, y siempre lo había visto como algo inentendible. Cuando, lentamente, fue dando los primeros pasos sola, se dio cuenta cuán equivocada había estado. No sólo no lo había encontrado difícil, sino que lo encontraba divertido.

Dos o tres veces por semana conversaba con su hija. Mabel pudo ir viendo como su madre se iba adaptando a su nueva vida. Nunca pensó que se recuperara tan bien. Como siempre, agradecía a la cámara darle la oportunidad de ver estos cambios en su madre, como lo haría si estuviese a su lado.

Alex y Mabel habían planeado esperar a que sus estudios estuviesen adelantados para empezar a agrandar la familia, pero la vida no siempre permite conseguir llevar adelante los planes.

Cuando Mabel supo que estaba embarazada, en un principio, se sintió apenada. Temía no poder hacer frente a la situación. Su trabajo y la facultad le insumían bastante tiempo.

-Cómo haré cuando tenga al bebé- se preguntaba con miedo. -No quisiera dejar los estudios, ni siquiera posponerlos. Nos gusta tanto estudiar juntos! Tampoco sería lógico que él abandonara para esperarme-. Y si de algo estaba segura, es que no podía dejar de trabajar. Necesitaban ambos ingresos. La vida estaba bastante difícil para sobrevivir con uno solo.

Alex compartía sus miedos, pero trataba de alentarla. Ninguno de los dos pensó nunca en abortar.

Cuando llegaron las vacaciones, tal como habían prometido, fueron a Taunton.

Mabel, ya estaba embarazada de 3 meses y lucía con orgullo su incipiente pancita. El miedo a no poder desempeñarse en el futuro no le hacía perder el orgullo de sentir que sería mamá.

Una de las primeras cosas que hizo Alex fue llamar a Sophie. Le pidió por favor que volvieran a encontrarse en el parque, como la última vez, para poder observar a Joey desde lejos.

Ella no tuvo ningún inconveniente y durante el tiempo que estuvieron en Inglaterra, Alex tuvo oportunidad de verlo en cuatro ocasiones. Siempre desde lejos, alegrándose por poder observar como había crecido, y entristeciéndose por no poder abrazarlo, besarlo y llamarlo hijo.

Cleve se había reservado las vacaciones para tener todo el tiempo libre y dedicárselo a ambos.

Inconsciente o tal vez muy consciente, quería convencer a Mabel que Inglaterra no era como ella pensaba, aunque por supuesto quería pasar tiempo juntos.

Los cuatro salieron muy temprano rumbo a Londres, ese día. Cleve había planeado hacerle conocer a Mabel la mayor cantidad posible de esa ciudad.

Los llevó a pasear por todos lados.

Recorrieron las calles de Picadilly Circus. Cleve estaba convencido que Alex tenía que volver a ver ese lugar para poder sentir que el pasado ya había pasado y nada podía modificarse. Kelly estaba de acuerdo con su marido en esto.

Le costó mucho caminar por sus calles, pero terminó agradeciéndole a su padre. -Creo que tenía que volver tal como lo habías dicho- le dijo-No recuerdo mucho los lugares que recorrí esa noche, pero si me acuerdo del bar. Quiero volver a entrar. Tomaré un café, esta vez no habrá cerveza-.

Fueron al bar y Alex sintió una extraña sensación en el pecho. Recordaba cómo se había divertido esa noche. Tomó conciencia, por primera vez, que había salido sólo del bar. Hasta ese momento no había pensado nunca que esa aventura que había ido a buscar, nunca la había encontrado. Ninguna de las muchachitas del bar lo acompañó, como había imaginado que sucedería al partir de su casa .- Qué extraño- pensó, - que hasta hoy nunca haya pensado en eso-. Realmente se quedó asombrado ante esta reflexión.

Cuando salieron trató de recordar las calles que había estado caminando esa noche, pero no lo logró. Todo estaba demasiado confuso en su mente. Sólo recordaba haber salido del bar y caminar sin rumbo. Luego recordaba estar conduciendo y, por último, y eso si lo tenía presente, el momento que sintió el impacto del cuerpo contra su coche. Sintió un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.

Su padre, adivinando lo que estaba pensando, le dijo que tratara de poner un punto final a sus recuerdos. Que no ganaba nada dejándose atormentar por ellos.

Kelly sólo se limitaba a asentir lo que su marido decía. Mabel le estaba apretando fuerte su mano, tratando de hacerle sentir que ella estaba a su lado.

Después fueron a la Abadía de Westminster, a las torres y al museo británico.

Mabel pensaba, sin hacer ningún comentario, como podría ese museo poseer tantas piezas de Egipto, Roma, y Grecia. Le impresionaba que prácticamente toda la historia antigua estuviera dentro de este museo. -Que habrá en sus países de origen, si está todo prácticamente aquí?- se preguntaba sin obtener respuesta.

En el viaje de vuelta, Alex casi no pronunció palabra. Mabel quiso respetar su silencio. Había sido un reencuentro con un pasado que no le resultaba agradable y del que nunca dejaría de sentirse culpable. No importaba lo que le aconsejara su padre. Los sentimientos estarían siempre presentes. Ciertas cosas no se pueden olvidar fácilmente


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