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Tarde para volver 25

22/11/2009 19:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sigue el capítulo diez

Festejaron el cumpleaños de Hannah con la misma sencillez con que habían festejado el primero de Samanta. En cambio 5 días más tarde, la casa se llenó de pequeñines que revolotearon en ese pequeño living, durante casi 3 horas.

Los abuelos y los padres, John y su esposa, no alcanzaban a atender entre todos, los pedidos incesantes de coca cola y papas fritas que luego tiraban por el piso.

En este viaje, los padres y sus tíos aprovecharon para festejar, además, la graduación de sus hijos y sobrinos. Los cuatro estaban muy orgullosos de ellos.

Y tal como lo había prometido hacía mucho tiempo, John les consiguió trabajo a los dos. Poco tiempo antes que ellos terminaran con sus estudios, John, en una de sus visitas a Madrid, había hablado con algunos conocidos a los que había puesto al tanto de la próxima graduación de sus sobrinos.

Cuando se recibieron, ellos fueron a verlos y luego de una entrevista personal lo habían obtenido.

A partir de ahora, ya no trabajarían en la misma empresa ni tendrían los mismo horarios, pero eso no les importaba.

La oferta salarial de ambos hacía que sus ingresos fueran más del doble de los anteriores, y eso les compensaba ir a distintos lugares y con distintos horarios.

Capitulo 11

Hacía tiempo que la situación económica de Alex y Mabel había empezado a mejorar. Desde que habían cambiado de trabajo, no sólo sus nóminas habían cambiado considerablemente, sino que Alex, tenía varios alumnos particulares. Mabel, prefería no tenerlos. Quería dedicarles todo el tiempo posible a sus hijas. Sentía que la misión más importante que tenía en la vida era esa. Bastante le costaba abandonarlas para ir a dar clase en el instituto, como para sumar a esto, horas extras con alumnos en su casa.

Las niñas seguían siendo inquietas y movedizas como siempre. No llegaban a ser hiperquinéticas, pero su energía era evidentemente superior a la media normal, o por lo menos así le parecía, por eso le costaba bastante esfuerzo encontrar actividades para entretenerlas. Cuando el tiempo era lindo, llevarlas a los juegos era la mejor solución que había encontrado. Allí si que la gastaban!, pero cuando el tiempo no lo permitía, y, durante la época escolar, sucedía con frecuencia en Madrid, se encontraba en un atolladero del que le costaba salir. El departamento era muy pequeño, no había espacio para desarrollar actividades físicas. A ambas niñas les gustaba bailar todo el tiempo, pero ella no tenía la suficiente energía para acompañarlas, en el ritmo que ellas exigían. Era la única actividad física que podían permitirse en ese pequeño espacio del living. Por eso buscaba en las librerías, libros que la ayudara a encontrar tareas caseras. Y no había demasiados.

Cuando llegaba el fin del día se sentía realmente extenuada. No se quejaba por eso, porque era parte de su tarea maternal y ella lo entendía, pero a veces el cansancio la llevaba a ponerse de mal humor, y generalmente, era Alex el que pagaba las consecuencias.Por supuesto, no tardaba en darse cuenta del error y corría a darle un beso y a pedirle perdón. Alex comprendía la situación y trataba de ayudarla en las tareas, cuando tenía tiempo libre.

Por eso desde hacía un tiempo estaba cavilando que necesitaban vacaciones. Desde que las niñas habían nacido no se las habían tomado para ir a ningún lado, sólo algunos fines de semana que iban a Barcelona a la casa de John.

Alex pensó que sería una maravillosa sorpresa para Mabel decirle que fueran a Uruguay a visitar a su familia. Ninguno de ellos conocían a sus hijas y claro, ellos tampoco conocían a sus sobrinos. Su hermano mayor había tenido mellizos hacía tres meses.

Hasta que habían cambiado de trabajo, el gasto de guardería de ambas niñas, más lo que le pagaban a Rocío les insumía casi la mitad de sus ingresos, por lo que no les quedaba margen para pensar en vacaciones.

Mabel recibió la noticia saltando como una de sus hijas. No lo había pensado y la emoción hizo que se le soltaran algunas lágrimas.

Es la mejor idea que has tenido en toda tu vida, le dijo mientras lo besaba en los ojos. Gracias amor, sabes lo que significa mi familia y hace tanto tiempo que no los veo! Además podré conocer a los niños.

Perdona que te corrija, le dijo Alex, la mejor idea que he tenido en mi vida, fue casarme contigo, besándola en la boca. Es lo menos que puedo hacer para demostrarte lo agradecido que estoy por eso.

Podríamos tomarnos todo el tiempo de vacaciones para permanecer allá. Aunque ahora, nuestros ingresos son mejores, no creo que podamos hacer este viaje con mucha frecuencia, puesto que cuatro pasajes, aunque las niñas supongo que pagarán menos, no suman poco dinero, dijo Mabel, que te parece la idea.

Fantástica. Iremos todo el tiempo que tú quieras y tu familia nos pueda brindar.

Lástima que allá será invierno y no podremos pasear demasiado, dijo con tristeza Mabel, pero debido a nuestro trabajo, jamás podremos ir en verano, así que será mejor que pensemos cómo disfrutarlo.

Durante los días sucesivos, Mabel que no se cuestionaba con frecuencia si había hecho bien o mal, al dejar a su familia para radicarse en Madrid, comenzó en silencio a hacerlo.

Aquí encontré al amor de mi vida, lo que me dio la oportunidad de tener un hogar y esta maravillosa familia que tengo, pensaba.

Habría en Uruguay otro “amor de mi vida” que me hubiera brindado algo semejante a esto? Eran sus preguntas.

Sabía que nadie en la tierra podría responderle a estas preguntas, pero no podía evitar hacérselas. También sabía que Alex, realmente llenaba su existencia y que eso solo justificaba su residencia aquí.

De todas formas, pensaba que hermoso hubiera sido, que todo esto que poseía lo hubiera encontrado en Uruguay. Pero nadie puede aspirar a tenerlo todo según sus deseos, se decía, pero al día siguiente volvía a preguntárselo.

Estaba cavilando sobre esto, cuando sonó el teléfono.

Era Sophie que llamaba a Alex para avisarle que Joey estaba enfermo.

Mabel escuchó atentamente lo que le contaba Sophie, y le prometió que Alex se comunicaría por Messenger cuando volviese del trabajo. Dime a que hora estarás en casa? le preguntó.

No creo que pueda encontrarme en casa, respondió Sophie, no se como evolucionará Joey, pero por el momento no pienso moverme del hospital. No te preocupes te llamará al móvil apenas regrese. Dame tu número por favor.

Sophie, ten fe, por favor. La fé mueve montañas no lo olvides.

Escuchó un sollozo ahogado del otro lado del teléfono.

Apenas se enteró de la noticia, la llamó con evidente signos de preocupación. Sophie nunca lo había llamado para avisarle algo así. En los raros casos que Joey estaba indispuesto, se limitaba a mandar un mail, diciendo que tenía una virosis o algún eritema, o una enteritis sin importancia. Jamás lo había asustado con una llamada telefónica como en esta oportunidad, por lo que pudo deducir fácilmente que la situación era diferente a las demás.

Sophie, como estás le preguntó. Cuéntame que ha pasado con todos los detalles posibles, por favor.

Joey comenzó con fiebre hace dos días. Cuando consulté con su médico me dijo que teníamos que esperar, que probablemente era otra virosis más, sin ninguna importancia. Yo le comenté que lo veía muy débil y que nunca antes lo había visto así, pero él me dijo con serenidad, que muchas virosis, como por ejemplo una gripe, pueden provocar una importante debilidad, pero que era pasajera y que no me preocupase. Tenemos que esperar la evolución, por ahora, no presenta ningún síntoma de otra enfermedad, concluyó entonces. Así que me limité a esperar como me había aconsejado por 48 horas.

Con el paso de los días, Joey, se sentía cada vez mas débil, estaba muy pálido y le costaba respirar. Yo me resistía a creer que fuera una virosis como las que había tenido anteriormente, pero traté de acatar las órdenes de su médico y esperar esas famosas 48 horas. Al cumplirse las mismas, lo llamé para ponerle al tanto de las novedades. No lo veo bien, Dr. Para nada bien. Le cuesta un poco respirar, y la palidez es muy marcada, le dije con mucha angustia.

Tráigamelo al consultorio. La espero en 2 horas, le contestó. Supuse por el tono de voz, que él había pensado que estaba exagerando, pero cuando llegué a la consulta y lo vio tal como se lo había descripto por teléfono, noté cierto aire de preocupación en su rostro. Me dijo que lo veía marcadamente pálido, con un tinte amarillento que yo no había notado y ligeramente confuso y al revisarlo encontró unas manchas violetas en su piel.

Le indicó su ingreso inmediato al hospital.

Me acaban de informar que padece de una púrpura trombocitopénica.

Que significa eso?, preguntó alarmado.

Dicen que no se sabe bien su origen, que puede ser genético, pero que no siempre lo es. Que puede ser grave como puede recuperarse completamente. Que la sangre presenta un trastorno de coagulación que hace que las plaquetas, que son parte de los elementos que la componen, se agrupen y eso hace que aparezcan esas manchas en la piel.

Que tenemos que esperar la evolución. Qué fácil es decir ciertas cosas!

Cómo se espera en estos casos, sin morir en el intento, le había preguntado.

Estoy desesperada, Me pareció que tenías que saberlo.

Por supuesto que tenía que saberlo! le dijo sin dudarlo, te agradezco que me hayas llamado.

A qué hora puedo llamarte, para saber como sigue?

Te llamaré yo, cada vez que haya algún cambio, te parece bien? No creo que me mueva del hospital. Sino me dejan estar a su lado, permaneceré en la sala de espera. No podría estar en mi casa esperando.

Por supuesto, sino estamos en casa, deja el mensaje en el contestador, y señala la hora en que podemos encontrarlos a ustedes para hablar sin interrumpirlos si están en una consulta médica.

Le dio el número de móvil suyo y el de Mabel y anotó el de Pete.

Yo tengo que tener desconectado el móvil, lo mismo que Mabel, cuando estamos dando clase, pero te llamaré apenas termine, si veo que hay un mensaje.

Hablaban dos o tres veces por día. Alex notaba que la voz de Sophie se quebraba muchas veces al teléfono, y eso le preocupaba sobremanera.

Han comenzado a hacerle plasmaféresis, dicen que es un tratamiento bastante efectivo y que ha logra generalmente muy buenos resultados.

Plasmaféresis? Le preguntó Alex intrigado y que es eso?

No lo sé. Me lo explicaron pero no entendí nada. Estoy agotada y mis nervios están super alterados y todo esto no me permite comprender lo que me dicen. Sólo puedo decirte que le han empezado a hacerle transfusiones.

A Alex le produjo muchísima preocupación esta palabra. Suena como algo muy, pero muy terrible, pensó.

Apenas colgó el teléfono, fue a buscar en Internet el significado.

Se entero que le extraían la sangre al propio paciente, la sometían a un tratamiento y luego se la volvían a inyectar.

Eso lo tranquilizó. No parece ser algo muy grave, pensó. Además había corroborado las palabras de Sophie, al leer que daba muy buenos resultados. Porque diablos, pensó, los médicos usan palabras tan extrañas. Cuando la oí, me imaginé lo peor!

No obstante, él que no acostumbraba a rezar frecuentemente, en ese instante le pidió a Dios por su hijo.

Su madre lo llamaba todos los días para hablar sobre Joey. Iba con Cleve todos los días al hospital y al igual que Mabel y Sophie, rezaba por su salud, permanentemente.

Cuando al salir de clase, vio que tenía un mensaje en su móvil, tuvo un presentimiento que lo asustó.

El mensaje decía: Joey se ha agravado. Llámame por favor.

La voz que Sophie tenía en el momento de grabar el mensaje confirmó su presentimiento.

La llamó inmediatamente. Por suerte tenía agendado el número en la lista del móvil porque no podía recordarlo.

Alex, dijo una voz grave y llorosa, Joey ha empeorado.

Presenta una insuficiencia renal. Tendrán que hacerle diálisis

Los médicos dicen, que no es frecuente que esta enfermedad, se complique de esta manera, pero que en este caso sucedió.

La palabra diálisis, sí, la conocía y lo atemorizó muchísimo. El no sabía que en ciertas ocasiones, se necesita hacer diálisis, sólo para sacar al paciente de la insuficiencia, y que, luego se suspende. Todo lo que sabía es que la gente que él conocía, dos compañeros de trabajo que estaban en diálisis, dependían de la máquina para el resto de sus vidas, y que uno de ellos, ya estaba en la lista de espera para hacerse transplante de riñón.

No quiso imaginarse a su hijo en esa situación. Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos a borbotones. Como le pasa a mucha gente, sintió que era su culpa. Que la vida le estaba cobrando el abandono. Nunca debí volverme de Inglaterra sin contarle quién era, se repetía una y otra vez. Nunca. Fui un cobarde. Que haré si se muere? No, por favor Dios, no permitas eso. Desquítate conmigo que soy el culpable. El no hizo nada.

Por primera vez, se dirigió a la iglesia a rezar por su hijo.

Era la iglesia donde se habían casado. Allí la encontró a Mabel, quien ya se había enterado de la noticia, a través de Kelly, quién la había encontrado en su casa, jugando con sus hijas.

Ambos se abrazaron y lloraron juntos.

Vamos, Alex, tengamos fe, le había dicho Mabel. Cuando él le contó la sensación de culpa que estaba teniendo, como siempre ella encontró las más dulces palabras de aliento.

Cuántas veces hemos hablado de este tema? Tú nunca lo abandonaste. Primero desconociste su existencia y luego supusiste que no tenía edad para que entendiera la situación.

Tus palabras como siempre son maravillosas, pero esta vez estoy en desacuerdo. Yo debí permanecer en Inglaterra, lo más cerca posible de él. Debí enfrentarme a todos y aceptar ante ellos la parodia de la secta. No lo hice por cobardía, le dijo llorando.

No es cierto lo que estás diciendo. No fue cobardía. Pensaste que estabas harto de mentiras y no quisiste seguir esa farsa. De haber permanecido en Inglaterra la habrías tenido que mantener el resto de tu vida. O crees que al cabo de unos años, ibas a sincerarte con todos tus conocidos?

Imaginas cuales hubiesen sido sus reacciones? Te hubieran dado vuelta la cara. Y habrías optado por irte del pueblo.

Es probable que si lo consultaras con algún psicólogo, él te diría que estuviste equivocado, que deberías haber afrontado la situación. Es muy fácil dar consejos en estos casos. Pero también estoy seguro, que otro psicólogo, con otra escuela, te diría que hiciste lo correcto. Que primero había que preparar a tu hijo para enfrentarse a la situación y eso es lo que has estado haciendo todos estos años. Esperar a que esté preparado.

Te garantizo que si hicieras una gran encuestas entre muchísimas personas, que te conocieran o no, encontrarías un porcentaje de gente que dirían que debías haberle dicho la verdad, pero otro porcentaje apoyaría tu decisión resueltamente.

Y en ese caso que harías, aceptarías por valederas las respuestas que tuviesen mayor


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Edelweys (185 noticias)
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