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Tarde para volver 3.2

13/12/2009 18:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es la repetición de esta noticia porque se borro del sistema. Continuación del capítulo uno

-Alex, por ultima vez te lo imploro, contéstame, dame una razón, por favor. No sabes cuanto necesito escucharla!- le dijo suplicante.

-Es mejor que dejemos las cosas aquí, Sophie. Es mejor para todos-. Y colgó.

Ya no podía seguir hablando. Sabía que lo menos que tendría que ofrecerle a Sophie sería una explicación, pero no encontraba ninguna que no fuera la verdad, y ésta no podía decírsela.

Se sentó en el sofá, y se quedó pensando en su vida.

Nuevamente volvió a cuestionarse si había sido correcto lo que habían decidido hacer con su padre aquella noche.

-En realidad- se dijo, -yo no decidí nada, sólo acaté las indicaciones de mi padre, pero esto no me libera de ninguna culpa porque pude haberme negado. Pero la verdad es que no lo hice y no se puede volver al pasado para vivir un universo alternativo y poder comparar así, cuál hubiera sido la decisión más correcta-

Estaba totalmente ensimismado en sus pensamientos cuando sonó el teléfono. Era Sophie.

-Alex - dijo con voz grave y enérgica, - yo sí tengo algo que contarte y, a diferencia de ti, quiero hacerlo. Necesito que nos veamos. Puedes venir?-

-Por supuesto. Donde quieres que nos encontremos?-.

-Recuerdas el bar en el que solíamos encontrarnos, en la esquina de la casa de mis padres?-

-Claro- respondió Alex.

-Nos veremos allí en una hora- y colgó.

La casa de sus padres estaba a 10 km de la de los padres de Sophie.

Ellos se habían mudado cuando Alex tenía 14 años. .

Alex se duchó, tomó un té caliente y se encaminó al bar. Su madre le había dejado su coche para que pudiera movilizarse todo lo que quisiese.

Llegó 20 minutos antes de la hora fijada.

Se sentó, pidió un café y se dispuso a esperarla.

Cuando la vio entrar, su corazón empezó a latir apresuradamente.

Cuánto la había querido!

Estaba tan hermosa como la última vez que la había visto.

Su cabello largo, lacio y oscuro le llegaba a la mitad de la espalda. Sus ojos oscuros y penetrantes tenían la misma intensidad de siempre, aunque sus movimientos parecían más aplomados.

Por supuesto, había dejado atrás la adolescencia y ese andar desgarbado tan propio de ella!

Ahora era una señora casada.

Ella en cambio lo encontró totalmente diferente.

Ya no tenía ese corte de cabello de adolescente que a ella le gustaba tanto, ni usaba esa ropa informal con que acostumbraba a verlo.

Casi siempre vestía lo mismo, un jean, una remera o un sweter, según el clima que hiciese, y su clásico gorro de lana.

Ahora lucía una camisa celeste que hacía juego con sus ojos que resaltaban del marco de su cara, y un pantalón negro.

En lugar de calzado deportivo tenia zapatos.

Muchos recuerdos se agolparon en la mente de ambos.

Tantas veces se habían reunido en ese bar!

Que distintos eran ambos entonces! Sólo pensaban en hacer el amor y compartir una película o una serie juntos.

La felicidad y el amor que sentían mutuamente eran parte diaria e integral de sus vidas y ninguno pensaba que algo pudiera alterarla.

Se sentó frente a él y pidió un café.

Se miraron intensamente durante unos minutos mientras se lo servían.

Ninguno de los dos sabía como empezar la conversación. Ambos estaban nerviosos. Muy nerviosos. Cada uno tenía sus propios motivos para estarlo.

Por fin Sophie carraspeó y le dijo; - Hola-

-Hola- le respondió, - estas bellísima-.

-Gracias, tú tampoco te quedas atrás. Pero no he venido para que nos adulemos. Necesito ponerte al tanto de las cosas que me ocurrieron cuando te marchaste. Sucedieron muchas cosas desde entonces y algunas de ellas te conciernen directamente-.

Alex la miró con un signo de interrogación en su rostro. Porque habrían de concernirle las cosas que le habían sucedido en su ausencia?

-A mí tampoco me resulta fácil lo que voy a decirte, pero quiero hacerlo. Al decirte esto no te estoy reprochando el que tú has decidido guardar silencio-.

-Tal vez me arrepienta mas tarde de esta decisión que he tomado tan apresuradamente y sin consultar con Pete. Pero es que él está en el trabajo, y no me pareció oportuno llamarlo para contarle de tu regreso. Tampoco pude esperar hasta la noche que vuelva -.

Tomó su cartera y sacó de su interior la billetera. La abrió y sacó una foto.

Se la extendió a Alex.

Alex miró con asombro y sin entender nada la foto que tenía frente a él

-Quién te dio esta foto?- le preguntó.

-Nadie. Yo la obtuve con mi vieja cámara Polaroid. Recuerdas cuanto nos gustaba fotografiarnos juntos con esa máquina?-

-Y que hiciste? Un viaje al pasado para obtenerla? Ésta es una replica de una foto mía que mis padres tienen sobre la chimenea junto a la de mi hermano-.

-Lo sé, la recuerdo perfectamente. No hice ningún viaje al pasado. Simplemente, recordé esa foto y quise obtener otra, en el mismo estilo- hizo una pausa -Lo vestí lo más parecido que pude a esa foto y recién acabo de sacársela-.

-Es que todavía no reconoces lo que estas mirando? -le preguntó Sophie extrañada- Alex, él es tu hijo!-.

Alex se quedó mudo.

Sentía que no podía mover ninguno de sus miembros. Que no era dueño de su cuerpo, y mucho menos de su mente.

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-Mi hijo? Mi hijo? Tengo un hijo! -No, no podía ser verdad lo que estaba escuchando. -Probablemente, estoy soñando, - se dijo, mientras sentía que su cerebro repetía- Un Hijo! Tienes un hijo!-

Miraba la foto y en su mente se hacía mil preguntas sin respuestas. Todas a la vez, sin orden, sin lógica. No entendía nada.

Pero, si de algo no tenía dudas, era que le parecía estar mirando una foto suya de su infancia.

No podía existir un parecido más grande. Además Sophie le había puesto, intencionalmente, una camisa y una corbata, como la que él usaba cuando sus padres obtuvieron aquella foto, que desde que el pudiera recordar, estaba en un porta retrato sobre la chimenea de su casa. Él vestía su uniforme escolar.

Estaba atónito. No podía articular palabra. No podía pensar. No podía moverse.

Se quedó mirando la foto, como si el tiempo se hubiera detenido y lo hubiera petrificado en esa posición.

-Alex- dijo Sophie con dulzura tratando de romper el hielo de la situación y apoyando su mano sobre la suya, -no vine aquí para pedirte nada. Ni Joey ni yo necesitamos nada de tí. Pete se encarga de amarlo y protegerlo al igual que a mí desde el día que supo que me dejaste y que yo estaba embarazada. Solo sentí que debías saberlo- y tragando saliva agregó -Algún día, tu hijo, a lo mejor quiera conocerte. Dicen que todos los chicos buscan en algún momento de sus vidas a sus padres biológicos y quería que estuvieras preparado para esa ocasión. Sólo espero que si eso ocurre, puedas explicarle a él lo que no te atreves a contarme a mi-

Trato de aguantar el llanto para poder continuar con sus palabras, lo que se le hacía cada vez más difícil. Respiro profundamente y dijo -Por supuesto, él no sabe nada aún, es demasiado chico, pero cuando tenga edad, siempre estuvimos de acuerdo, tanto Pete como yo, en contarle la verdad- Lo miró fijamente a los ojos y agregó:

-Era todo lo que tenía que decirte. Puedes quedarte con la foto si quieres, la obtuve para tí. Si no vuelvo a verte, espero que seas feliz-.

Sophie hizo un gesto como de levantarse de la silla. Sintió la mano de Alex apoyarse sobre la suya. Sintió su calor y se estremeció. Un frío intenso recorrió su cuerpo.

Él le dijo con mucha ternura:

-Espera Sophie, no te vayas, por favor. Sé que no tengo ningún derecho a preguntártelo, pero respóndeme si puedes. Y tú- dijo mirándola fijamente a sus ojos, -¿ eres feliz?-

Sophie tragó saliva y respondió.

-Tres días después de tu partida, supe que estaba embarazada. No me había hecho ningún test, pero siempre había tenido un ciclo regular. Nunca un día antes, nunca un día después. Así, que ese día, lo supe. Una semana más tarde lo corroboré con esos tests caseros que venden en la farmacia. No puedo explicarte cómo me sentí entonces! Primero tu partida, luego el embarazo. Mi vida se había transformado en poco tiempo en un caos. Sabía que mis padres me exigirían que abortase y yo estaba segura de no querer hacerlo. Por suerte ahí estaba Pete. Consolando mi llanto. Abrazando mi soledad. Compartiendo mis miedos-.

Sophie tomó un sorbo de café para tratar de deshacerse del nudo que tenía en la garganta y continuó:

-Ambos habíamos intentado saber algo sobre ti. Habíamos llamado a tus padres por separado por supuesto, preguntando sobre tu paradero, y ellos nos respondieron que te habías liado con una chica y te habías unido a una secta. La voz de tu padre parecía sincera, pero cuando esta versión la escuché de tu madre, supe que no era verdad. Su voz temblaba al hablar sobre el tema. No encontraba las palabras correctas. Balbuceaba con frecuencia. Supe que no era verdad, y también supe que no sabía en que pensar. Nunca había puesto en duda nuestro amor. Tan convencida estaba que era real y sincero y que duraría para siempre. Imagínate entonces que no podía aceptar que de pronto, tú, me hubieras dejado de querer y te hubieras ido con otra mujer. Necesitaba encontrar una razón más valedera, o por lo menos, menos dolorosa. Pero no la encontraba. Pero si voy a serte sincera, jamás creí que te habías ido con otra-.

Alex la miraba con un sentimiento de culpa y de ternura mientras relataba su angustia. No podía creer que la hubiese hecho vivir tan terrible situación.

Sophie continuaba:

-A Pete no le pareció tan ilógico lo que nos habían dicho tus padres. Tampoco había notado nada en la voz de tu madre, así que nunca se cuestionó si eso era verdad. Él estaba acostumbrado a leer historias de crímenes, y no justamente en novelas, sino en los diarios y principalmente en los libros de abogacía que un amigo de su padre le había regalado hacía tiempo, cuando supo de su deseo de ser abogado. Simplemente lo interpretó como una de las tantas cosas increíbles que había leído en los relatos de juicios. El me explicó que muchas de esas sectas reclutan a las personas casi como esclavos. No les permiten el contacto con familiares ni con el exterior. En muchos casos, el sexo, que se practica libremente y sin ningún tipo de ataduras o reglas, es el anzuelo para atraer a las personas, quienes se ven posteriormente envueltas en una red sin salida. Cuando tuvo la certeza que me habías abandonado, me contó que él siempre había estado enamorado de mi, pero como yo siempre había mostrado mis preferencias por ti desde muy niña, y puesto que tú eras su mejor amigo, jamás me hubiera confesado sus sentimientos de no ser por esta circunstancia que estábamos viviendo. No puedes imaginarte lo tierno que se mostró ante mis ojos. Me abrazaba y me besaba la mejilla, como lo hacía siempre, pero esta vez yo noté la diferencia de su beso, aún cuando no me lo había dado en los labios. Me propuso que nos casáramos en secreto y que no le dijéramos a nadie la verdad sobre la paternidad de mi hijo, ni siquiera a nuestros padres. Ya veríamos con el tiempo de encontrar el momento oportuno- y agregó:

-El sabía que yo no lo quería, pero le bastaba con saber que él me adoraba, y que quizás con el tiempo podría conseguir mi cariño. No lo pensé mucho. En seguida acepté su proposición. Era la primera vez desde que te habías marchado que sentía que estaba pensando con sensatez. Había estado tan confundida hasta entonces, tan hundida en preguntas sin respuestas. Perdida en laberintos sin salida! Fuimos al ayuntamiento y nos casamos tan pronto como pudimos, sin comentarlo con nadie. Fue una ceremonia sencilla. Ninguno de los dos estábamos vestidos para la ocasión. Habíamos ido con nuestros atuendos habituales. Le pedimos a George y a su novia, te acuerdas de él verdad? que fueran nuestros testigos. Cuando salimos del ayuntamiento, fuimos a almorzar los cuatro. Eso fue todo. No hubo más festejos. Después del almuerzo, sabíamos que teníamos que enfrentarnos a nuestros respectivos padres, que no sabían nada de lo nuestro. Fuimos primero a casa de mis padres y luego a la de sus padres y les dimos las dos noticias. A ninguno de los cuatro les gustó lo que habíamos hecho, pero ya estaba hecho y nada podían hacer para cambiarlo. Aunque muy a disgusto, no tuvieron otra opción que aceptarlo-.

Sophie no quería obviar ningún detalle, sentía que las palabras, que tanto tiempo había mantenido atragantadas, salían de su boca casi dejándola sin respiración.

-Hasta que nació Joey las relaciones con nuestros respectivos padres no fueron lo que podría catalogarse como buenas, ni siquiera regulares. Mis padres estaban muy enojados conmigo, pero los padres de Pete estaban furiosos, tanto con Pete como conmigo. También entre ellos cuatro, había discusiones. Recuerdo que la primer navidad que festejamos después de casados, habíamos acordado con Pete festejarla todos juntos. Resultó la peor navidad de nuestras vidas. Primero nos había costado convencer a nuestros respectivos padres de reunirnos en nuestra casa, y luego, cuando al fin accedieron a nuestros múltiples ruegos, en mitad de la reunión, comenzaron a discutir. Nadie recordaba como había comenzado la discusión, una simple palabra había desencadenado en otra, luego en una observación y posteriormente en un primer insulto al que luego se sucedieron unos cuantos. Finalmente los cuatro se levantaron de la mesa aún sin terminar de comer y se volvieron a sus casas, sin saludarse. Hoy que la situación familiar es distinta ninguno de nosotros deja de recordar aquella primera navidad cuando estamos reunidos, esta vez en concordia y felices, festejándola. Todo cambió cuando Joey se unió a nuestras vidas. Ambas parejas empezaron a compartir tiempo entre ellos y con nuestro hijo. Hoy son amigos inseparables. Juntos llevan a Joey a distintos paseos, juntos comparten nuestra pena cuando él está enfermo, aunque es un niño muy sano y sólo ha tenido algunos problemas virales propios de la edad, juntos compartimos su cumpleaños y las navidades, en fin somos una familia muy unida. Y Joey fue el culpable absoluto de esa unión. Con respecto a mí, no puedo decirte que amo a Pete como te ame a ti – hizo una pausa y lo miró fijamente a los ojos. Afirmó:

-Tampoco las circunstancias son las mismas. Nosotros éramos dos adolescentes jugando a querernos. No teníamos obligaciones, ni siquiera preocupaciones. Ahora somos una familia. No, no lo amo de esa manera pero lo quiero muchísimo. Ha sido un padre excepcional, y un compañero inseparable. Hace tres años, yo tuve un embarazo ectópico que me provocó una intensa hemorragia. Tuvieron que extirpar una de mis trompas uterinas. Después de eso no volví a quedar embarazada, pese a que ambos lo deseábamos intensamente. Hace más de un año me hicieron los estudios de infertilidad y me confirmaron que las posibilidades de otro embarazo eran casi inexistentes. Él fue quién me dio fortalezas para seguir adelante, justamente él, a quien ya no podría ofrecerle un hijo propio, aceptó más fácilmente que yo la situación. Ninguna mujer puede dejar de valorar una situación así, ni se le pasaría inadvertido que es la mayor demostración de un amor incondicional. Renunció a su paternidad con entereza y me dijo que ya la vida le había regalado un hijo que colmaba todas sus expectativas. “Sólo los necesito a ustedes dos para vivir feliz”, me aseguró con lágrimas en sus ojos. “Sólo a ustedes dos”- y agregó -Como verás no puedo tener a mi lado, a alguien mejor. La vida reparó con su presencia el daño que nos hiciste. Ahora debo marcharme - dijo Sophie y se levantó de su silla.

Alex dejó que Sophie se fuera sin moverse de la suya.

Se quedó sentado en el bar, pidió un whiskey y luego otro y otro.

Terminó totalmente borracho.

Decidió que no conduciría el coche de su madre.

Llamó un taxi y regresó a su casa.

Cuando el padre lo encontró borracho al abrir la puerta, su cara, como siempre, enrojeció violentamente.

Gritando le preguntó al tiempo que se asomaba por la ventana, para ver si estaba el coche de Kelly.

-No habrás venido conduciendo, verdad?-

-Por supuesto que no, papá, volví en taxi-.

-Se puede saber que significa esta borrachera a esta hora de la tarde?-

-Estoy muy cansado para explicar nada papá- contestó Alex lacónico.- Me voy a la cama-.

Pero se tiró sobre el diván, quedándose al instante profundamente dormido.

Su madre cogió una manta y lo tapó.

Su padre seguía maldiciendo por ver a su hijo en ese estado.

Ella intentó tranquilizarlo, pero no era fácil hablar con Cleve cuando estaba enojado. Jamás aceptaba razones.

Cuando despertó era de madrugada, sus padres y su hermano dormían.

Estaba todavía mareado por efecto del alcohol, y tenia una cefalea intensa.

Se levantó y se dirigió a la cocina. Hurgó entre los medicamentos de su madre hasta encontrar el paracetamol. Se tomó dos comprimidos y se dirigió a su habitación.

Volvió a quedarse profundamente dormido apenas apoyó su cabeza en la almohada.

Cuando volvió a despertarse era todavía muy temprano.

Era sábado, así que tanto como su hermano y sus padres no se levantarían tan temprano como de costumbre.

Se quedó tendido en la cama. Quería intentar poner en orden sus ideas.

Tarea casi imposible.

Qué iba a hacer de ahora en más? Que actitud tendría frente a su hijo?

Iría a su casa y le diría: - Hijo, aquí estoy. No sabía de tu existencia por eso no vine antes.!!! ¿??-

O le diría; -Jamás tuve intención de abandonarte pero aquí estoy y de ahora en más seré un verdadero padre???. El ya tiene un verdadero padre para que querría tener otro?-.

Su hijo tenía sólo 4 años. Podría entender algo?

Y en ese caso, que sería del otro padre que él conocía como suyo?

-Cómo se le explica a un niño de 4 años una situación como esta?- se preguntaba Alex sin cesar.

Que rol podía tener él en esa familia, ya conformada desde hacía tiempo?

Quién era él para venir a alterar un orden ya establecido y que funcionaba perfectamente


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Edelweys (185 noticias)
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