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Trabajo infantil- la inocencia perdida.

17/06/2009 14:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 12 de junio se conmemoración del Día Mundial de la Lucha contra el Trabajo Infantil, pero este es un flagelo social se encuentra que en todo el mundo

LA GACETA DE TUCUMAN

Domingo 7 de Junio de 2009

ACTUALIDAD

La inocencia perdida

Alrededor 14.000 chicos, de entre 5 y 17 años, trabajan en Tucumán. Los ministerios de Educación y de Trabajo de la Nación, a través de un plan de inclusión educativa, que ejecutan con otros gremios procuran reinsertarlos al sistema. Unos 5.000 niños son explotados en actividades rurales de adultos en la provincia. Hasta el 2016 la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  quiere erradicar este flagelo

Venta callejera, fútbol y un ratito en el ciber

Una niñez eclipsada por las obligaciones

Los 12 oficios habituales

No se considera trabajo limpiar vidrios de autos

Son niños y se quedan sin juegos y sin afectos por trabajar

“Mientras no junte la plata, no puedo volver a la casa”

Datos y opiniones

En el campo, los padres llevan a los chicos a trabajar con ellos

“Un 25% de los que levantan la cosecha del tabaco son niños”

Venta callejera, fútbol y un ratito en el ciber

Un muchacho de 13 vende Mantecol a diario en la zona del microcentro, con su mamá.

Va y viene por el microcentro, sobre todo por la zona del Mercado del Norte. Lleva en su mano izquierda una caja de golosinas. “¡Dos Mantecol por un peeeso!”, ofrece a viva voz. Un poco remiso a hablar con LA GACETA, dice que vende esos bocaditos dulces y que uno de sus hermanos y su madre ofrecen verduras. “Están a la vuelta, por la otra calle”, señala en dirección de Mendoza al 800. José tiene 13 años, es regordete e hincha de San Martín y dice que para él “vender esto me divierte y también me cansa porque son muchas horas para terminar la caja”. Cuenta que comenzó hace dos años ofreciendo frutas y verduras en el centro -su familia vive cerca del Mercofrut y allí se proveen de los productos-. “Antes iba a la escuela todos los días, pero ahora cuando estoy cansado no voy y mi mamá ya no me reta. Total, con la plata que gano todos los días tengo para la ‘pesi’ (por Pepsi), un panchito grande, le doy lo que me queda a ella y se pone contenta”. ¿Cuando seas más grande te gustaría trabajar en un comercio con aire acondicionado y calefacción? se le pregunta. “Sí porque ahí no se transpira y porque no hace frío, pero a mi me gusta la calle... y en el negocio no me dejarán salir”. El cronista le pregunta si tiene tiempo para jugar. “Sí, los domingos y a veces los sábados jugamos a la pelota en el barrio, a veces por plata. Y como soy delantero trato de hacer muchos goles para ganar el partido. Y también voy un rato al ciber...”.

El diálogo se corta abruptamente. Su madre y su hermano acaban de llegar. La mujer, inquisidora, pregunta al periodista: “¿qué quiere?”. Se le explica que es una nota sobre trabajo infantil y que también es necesario saber qué dicen los padres. “Y bueno -habla más calmada-, hay que trabajar para vivir, ¿que no? Si no trabajamos todos los de la familia no hay para comer”. La mujer cuenta que ella trabajó desde chica en el campo (cerca de Santa Rosa de Leales) hasta que vino a la ciudad como empleada doméstica a tentar mejor suerte. “Si nadie nos da laburo, tenemos que vender en la calle y los changos (sus hijos) me tienen que ayudar. Yo no tengo marido”.

CIUDAD DE SAN MIGUEL DE TUCUMAN:

Es diminuto y simpático. Le brillan los ojos mientras habla. Su sonrisa amplia deja ver una larga hilera de dientes blancos que contrastan con su tez morena. “Me va más o menos en la escuela porque no tengo mucho tiempo para estudiar”, dice Jonatan, de 12 años, quien reside con su abuela en el barrio Juan XXIII (“La Bombilla”). “Mi mamá vive con otro hombre y a mi papá no lo conozco. Desde hace unos meses vengo aquí (los semáforos de Mate de Luna y Ejército del Norte) desde el lunes hasta el sábado porque quiero tener mi platita. Aquí, limpiando los vidrios de los autos, saco unos 20 pesos por día. Vengo a las ocho o nueve de la mañana y me voy a las cinco”, señala. El chico ingresa a la escuela a las 18 -turno nocturno- y cursa el cuarto grado. “Después de las 12 como un sánguche de milanesa y una gaseosa y listo”, dice el muchachito, hincha de Atlético y Boca. “Mi abuela es buena; yo le doy seis pesos todos los días. Por ahí se enoja porque salgo a trabajar, pero a mí me gusta. Ella es jubilada y me dice que no haga esto porque es peligroso”. Cuando se le pregunta si piensa sobre lo que será en el futuro, se encoje de hombros y responde: “no sé, yo no tengo ninguna ilusión. Estudio por obligación porque no me gusta. Lo que sí quiero es tener otro trabajo mejor, para que no esté en la calle por la lluvia y el calor”.

Junto a Jonatan está Mario, de 15 años, quien vive con sus padres en “La Bombilla”. También va a un colegio nocturno, “Solidaridad y Paz”, en Thames y Chile. Contó que “desde chico le ayudaba a mi viejo como capachero, pero ahora vengo aquí (Mate de Luna y Ejército del Norte) porque me gusta, los acompaño a mis amigos y de paso gano $ 25 por día”. Agregó que en su casa tiene para comer. “Esto que gano acá es para comprarme pilchas y zapatillas”.

Carla, de 10 años, vive en Villa Amalia. En sus manos tiene varias boletas de Telekino que ofrece en la City a transeúntes indiferentes que apuran el paso para llegar a los bancos antes de la hora de cierre. “Quiero seguir estudiando; cuando sea grande quiero ser maestra”, señala con firmeza La pequeña dice que todas las mañanas, hasta las 13, vende ilusiones de varios miles de pesos. Es una tarea que desarrolla desde hace un año junto a su padre y cuatro hermanos. “Después de que vendo las boletas me voy a la casa porque a las 2 entro a la escuela. Ando bien, me gustan Historia y Geografía. Tengo tiempo para estudiar cuando salgo de la clase”, detalla. Ante el pedido del cronista, lo guía para que se encuentre con su padre. El hombre vocea el Telekino sobre una acera de Junín al 100 junto a otro de sus hijos. “Yo sé que los chicos tienen que estudiar y jugar. Pero quedé viudo hace dos años y me la tuve que bancar desde entonces. Los chicos me tienen que colaborar porque solo no puedo”.

Una niñez eclipsada por las obligaciones

José, de 11 años, cuida motos en los estacionamientos cercanos a la plaza de Concepción.

CONCEPCION.- José es un niño de 11 años que vive en el barrio 1º de Mayo de esta ciudad. El pequeño, al igual que otras cientos de criaturas, tiene su infancia eclipsada por obligaciones de adultos. Casi no tiene tiempo para los juegos con amigos. A veces pasa por la cancha del barrio y se resiste a la tentación de  una “picadita” breve.

Es que   José trabaja y carga la urgencia cotidiana de llevar algunos pesos a casa. Tiene seis hermanos menores. “Vengo de la escuela y salgo a cuidar motos en los estacionamientos de cerca de la plaza. Ahí por día gano cerca de 30 pesos. A veces consigo un poco más. Con eso comemos en casa porque papá está trabajando lejos” confesó.

José retorna a casa, exhausto, y a la mañana concurre a clase. “Su nivel de rendimiento escolar es escaso y corre el riesgo de quedar de grado”, comentó su maestra. Es el paradigma de un drama que, pese a algunas medidas oficiales, no se logra contrarrestar. En realidad la legión de los chicos que trabajan  se incrementa todos los años en las ciudades del interior tucumano. Aguilares, según algunas estimaciones de docentes, es el municipio que registra el mayor nivel de niños y adolescentes que trabajan en las calles. Provienen de barrios marginales con múltiples problemas sociales. Los chicos no solo trabajan cuidando motocicletas, sino también como cartoneros, lustrabotas, ayudantes de albañil, vendedores de golosinas y como cadetes.

“Una de las causales importantes de este problema es el desgranamiento de la familia. Padres que se separan y que  toman cada uno por su lado. Así, dejan a los chicos librados a su propia suerte. Incluso lo obligan a asumir responsabilidades propias de los adultos” comentó la pedagoga Claudia de Quinteros.

“Otro de los factores es la subocupación. Los padres no todos los días trabajan y en consecuencia obligan a sus hijos a salir a traer el pan a casa. En otros casos los papás son alcohólicos, pierden su capacidad laboral,   y el problema impacta principalmente en los chicos” apuntó la docente. (C)

Los 12 oficios habituales

Mendigos

En las calles, lugares públicos, estaciones de transporte, semáforos, domicilios privados. Niños que cargan bebés, bajo el control de mayores.

Limpiecistas de parabrisas

Están en las esquinas con semáforos.

Vendedores ambulantes

Venden caramelos, golosinas, chocolates, CD y DVD ilegalmente copiados (truchos), utensilios, lapiceras en bares, restaurantes, transportes, galerías.

Recolectores de Basura, Cartoneros

Son acompañados por su familia. Los niños seleccionan y clasifican los residuos que se pueden vender.

Jardineros

Ayudan en trabajos pesados de jardinería con sus padres .

Acomodadores y acarreadores

Se hacen cargo de acomodar los cajones de frutas o verduras y carritos de los clientes en el Mercofrut.

Auxilares de Clubes

Trabajan en instituciones deportivas o civiles en limpieza, acarreo y luego guardado de equipos, en las cantinas, etcétera. Sus labores se intensifican los fines de semana y días feriados o de torneos.

Auxiliares de Talleres y de Comercios

Cumplen tareas en talleres mecánicos, en comercios de ropa, zapatería.

Lavadores de Autos y Camionetas

Muchos se encuentran en la avenida Wenceslao Posse. Trabajan con sus familias.

Auxiliares de Cortadas de Ladrillos

Por lo general trabajan con sus familia. No figuran en libros ni en recibos pero sus horas son cobradas por los mayores. En las inspecciones por lo general declaran que lo están acompañando, nunca trabajando.

Cosechadores y Recolectores

De tabaco, papa, frutilla, arándano, hortalizas. Hubo una caida en los recolectores de citrus, pero por lo general ocurre cuando se debe exportar, debido a las exigencias internacionales. La mayoría de los países europeos rescinden los contratos cuando está involucrado en el proceso el trabajo infantil.

Lustrabotas

Era el rubro con mayor presencia infantil. Había decaído un poco hasta el año pasado pero desde que se agudizó la crisis global volvió a incrementarse, al igual que los limpiadores de vidrios de autos en semáforos.

No se considera trabajo limpiar vidrios de autos

Un funcionario afirma que detrás de la tarea de los chicos en los semáforos “no existe un empresario que les paga para que lo hagan”. En en NOA, “es un problema cultural”.

TOTALMENTE  FUERA  DEL  SISTEMA. Los funcionarios no contemplan a los niños que trabajan en los semáforos. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ

“El trabajo infantil tuvo un sensible descenso en los últimos años en Tucumán, sobre todo en el sector de la citricultura, debido fundamentalmente a los controles que realizan las empresas sobre los contratistas de obreros que trabajan en las fincas. Esto se debe a que la Comunidad Europea -donde va la mayoría de los embarques de limones- es muy estricta con respecto a la explotación laboral de los niños, al punto de que cuando descubre esta anomalía deja sin efecto la compra de cítricos”. Así se expresó ante LA GACETA el director de Trabajo de la provincia, Jorge Blasco.

El funcionario indicó que en las actividades ligadas a la frutilla, al tabaco, a la papa y en las cortadas de ladrillos es donde se pone el esfuerzo para combatir estas irregularidades. Aclaró que los chicos que limpian vidrios de autos en los semáforos “no están incluidos en el trabajo infantil porque detrás de su tarea no existe un empresario que les paga para que lo haga”. Indicó que, según la ley, hasta los 15 años de edad los niños no deben trabajar. Desde los 16 en adelante sí pueden hacerlo, pero con autorización de los padres. Y desde los 18 pueden hacerlo sin autorización. De todas formas, aclaró, la jornada laboral no debe exceder las seis horas y no deben realizar tareas insalubres ni trabajo nocturno..

Sobre la tarea de la repartición a su cargo, señaló que “trabajamos en las líneas represiva y sancionatoria, a través de multas y sumarios. Pero esto no se soluciona sólo así, ya que además hay que asistir a los niños. El Ministerio de Trabajo de la Nación implementa becas a través de Ministerio de Educación de la provincia: es una especie de plan tipo Jefas y Jefes de Hogar para el padre y una beca para el chico a fin de que termine la educación obligatoria de nueve años. Y también se asiste a los hermanos”.

Blasco apuntó que “ahora nos queda lo más duro: el tema cultural. En el Norte del país, los padres no ven como algo malo que sus hijos menores trabajen. Es más, en el campo no es mal visto que el chico coopere con la familia. Le dicen, por ejemplo, ‘hijo de tigre’ al niño trabajador. O sea, es bien visto culturalmente”. Por ello, indicó que desde la repartición se realizan campañas de difusión contra el trabajo infantil y charlas en escuelas y sindicatos “donde se pone énfasis en que esta actividad no tiene que ser bien vista por la sociedad”. El funcionario destacó la tarea de sindicatos como Uatre, Fotia y ATSA, y de entidades como la Fundación Juan XXIII y Copreti (Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil).

“Mientras no junte la plata, no puedo volver a la casa”

Martín, a los 14 años, limpia parabrisas, lustra zapatos, corta el pasto, arregla jardines, pasea perros, cosecha limones o trabaja en cortadas de ladrillos desde que tenía ocho años.

“Mi papá me castiga porque dice que somos hijos del rigor. En realidad siento más pena que bronca”

“Si no llevo entre $40 y $50 me pegan”, cuenta temeroso Martín. Apenas tiene 14 años pero desde los 8 años no sólo limpia parabrisas de automóviles, taxis y colectivos también lustra zapatos, corta el pasto, arregla jardines, limpia fondos de casas, pasea perros mascotas, cosecha limones, trabaja en cortadas de ladrillos, vende diarios y hasta carga las bolsas en los supermercados.

“Mi padre no trabaja, cobra un plan trabajar pero es alcóholico. Mi madre es la que sale a buscar la plata para comer y vivir el día a día junto a otros tres de mis seis hermanos”, contó a LA  GACETA.

Martín a veces debe esperar hasta la madrugada para poder descansar. “Mientras no junte la plata, no puedo volver a la casa”, expresó. “Hace seis años que ayudo así a mi familia” explica el chico de la mirada opaca y el rostro manchado de suciedad. Aunque sabe leer y escribir, aún no pudo terminar la primaria. “Este año volví a la escuela nocturna”, agregó.

En Argentina 6, 3 millones de menores de 18 años son pobres

A pesar de su dura realidad, Martín tiene esperanzas. “Sé que tengo que estudiar para poder ser algo mañana. Pero si no podemos comer, ¿cómo voy a estudiar?”, reflexiona. No obstante ello, dice con orgullo: “sé que es malo trabajar desde niño; dicen que es una forma de robarnos la infancia. Pero peor es robar, asaltar, arrebatar a la gente, drogarse o matar para robar. Varios de mis conocidos del barrio hacen eso. A mí no digo que no me tientan; lo importante es no hacer estas cosas”.

Dice que su papá lo castiga “porque él dice que somos hijos del rigor”. “A veces me da mucha rabia cuando me azota con el cinto o me tira patadas y trompadas, pero en realidad siento más pena que bronca la mayoría de las veces. El nunca pudo estudiar, porque no le da la cabeza. Lo poco que tiene lo usa para comprar bebida y emborracharse. Aún así mi papá sdice que trabajar desde chico es algo normal, que cuando él tenía mi edad trabajar alejaba a los chicos de de ser ladrones y les enseñaba a ser honestos”, detalló.

- ¿Y a tu madre también la golpea? - “No, jamás la tocó. Siempre se la agarra con nosotros. Pero a la chancletuda, como le decimos a mi vieja, no le gusta que nos maltrate pero a la vez lo justifica porque dice que está alcoholizado. Dos de mis tres hermanos mayores se fueron de casa para no lastimarlo”, describió. “Cuando tenga 18 años me voy a ir al sur. Dicen que en la Patagonia se gana bien y uno puede ahorrar y estudiar. Me gustan Río Gallegos o Comodoro Rivadavia. Sueño con estudiar algo relacionado con los combustibles, con el petróleo. En ese rubro se gana mucho, se vive y se conoce a gente importante”, se ilusiona Martín.

“¿Si puedo juntar $40 o $50 por día limpiando vidrios en los semáforos? Bueno, ahora es más difícil, porque son muchos los que quieren vivir de esta actividad. Los hombres son más desconsiderados, pero generosos para la propina. Las mujeres se conmueven, a veces no les damos tiempo a reaccionar, pero son más amarretas. También debo reconocer que si no tienen guita nos regalan pan, galletas, un caramelo o un chocolate”.

Datos y opiniones

RIESGOS (I) El lector Adrián Sosa contó, el 27 de mayo, que presenció cómo un taxista le tironeó el pelo a una niña que limpiaba vidrios. “Yo, que estaba atrás con mi auto, le toqué bocina. Como la nena se puso a llorar, el tipo quiso calmarla con dos pesos. La vida de estos chicos ya es complicada ¿encima tenemos que castigarlos? Ese taxista ¿tendrá hijos? ¿le gustará que les peguen en la calle?”, preguntò Sosa.

RIESGO (II). “Un niño obligado a trabajar es una víctima inocente de la irresponsabilidad de los adultos. Por eso el problema no es menor frente a las consecuencias que tiene en la sociedad. Y esto va para los que proclaman la pena de muerte o más cárceles en la sociedad y que miran de reojo los dramas de los niños”, dice la pedagoga Claudia Quinteros

CELEBRACION: Desde 2002, cada 12 de junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil . La Organización Internacional del Trabajo (OIT) dipuso que ese mismo día se conmemore la lucha contra la explotación infantil.

DOS  MILLONES de niños son víctimas del trabajo infantil en América Latina.

Cifras

14.000

Chicos trabajan en esta provincia, según estimaciones gremiales.

5.000

Niños cumplen labores de adultos en Tucumán, en las cosechas hortícolas, de tabaco, de frutilla, de arándano, de caña, de citrus y en la actividad ladrillera.

67%

De los menores de 5 a 13 años que trabaja en el país lo hace con sus padres.

1.500

Niños trabajan en las calles en San Miguel de Tucumán (estimaciones de 2008).

En el campo, los padres llevan a los chicos a trabajar con ellos

En el campo, los padres llevan a los chicos a trabajar con ellos

En zonas de Chicligasta y Simoca el 50 % de los escolares hace tareas con su familia y llegan al aula enfermos y sin capacidad de concentración. Se redujo la ocupación de menores en el citrus.

COSECHA  DE  CAÑA. Las tareas del campo son muy rudas para los chicos. LA GACETA / JOSE NUNO

CONCEPCION.- En los pueblos del interior tucumano el trabajo infantil es, en un alto porcentaje, casi parte de una cultura familiar.   Es alentado principalmente por actividades agrícolas en las que rigen bajos sueldos o jornales. La labor de una sola persona no es rentable, pero sí cuando la hacen varios de una sola familia. “Coseche lo que se coseche, lo que se gana es apenas para sobrevivir. Entonces a veces uno va con los changos para ver si se puede sacar unos pesos más. Esa es la realidad, señor” confesó Manuel Soria, de La Junta, Río Chico.

Menos expuestos a riesgos

Los emprendimientos familiares también empujan a los niños y adolescentes a involucrarse en ellos. Hortalizas, cortadas de ladrillos y granjas, son las actividades más comunes que desarrollan las familias.

A diferencia de lo que sucede en las ciudades, en el campo los chicos siempre trabajan a la par de sus padres. Así, están menos expuestos a los riesgos que genera el desamparo.

Sin embargo, las consecuencias, al igual que en las urbes, también se reflejan en las escuelas. “En las zonas rurales agrícolas, como El Molino, Gastona, La Calera y otras comunidades de Chicligasta y Simoca, se estima que el 50% de los menores que concurren a las escuelas de esos lugares, trabajan con sus padres. Para ellos es algo común y obligatorio” comentó la docente Paola Cáceres.

Agotados, sin atención

¿Cómo se manifiesta el drama en las aulas? “Las criaturas a veces llegan enfermas y se las debe hacer retornar a sus hogares. Si se las ve muy mal las llevamos a un centro asistencial. Otras permanecen en clase agotadas y con poca atención. Es que salen de trabajar, ya sea a la mañana o la tarde, y enseguida concurren a clase”, añadió la maestra. “Los trabajos en el campo son muy rudos. Los realizan casi siempre bajo calores o fríos intensos” apuntó.

No hacen los deberes

El nivel de aprendizaje es reducido en más del 40% de los chicos de las zonas rurales, según estiman las maestras del campo. “Jamás hacen las tareas escolares que se les da para la casa porque no tienen tiempo. Por eso uno trata de que todas las actividades las hagan en la escuela. Es inútil pretender que estudien en sus hogares” enfatizó Paola.

El comisionado comunal de Alpachiri-El Molino, Juan Ramón Mazzuco, aseguró que el problema de los niños que trabajan se redujo sensiblemente a raíz de las rigurosas prohibiciones que impusieron las empresas citrícolas y otras que operan en la zona.

Además las inspecciones de los organismos laborales, dijo, son muy frecuentes. “El problema persiste en las zonas de producción hortícola. Son trabajos familiares y en los que no se puede intervenir. Es difícil comprobarlo“ concluyó.

Un dirigente de la Uatre afirmó que en el limón bajó el empleo infantil. La inclusión educativa.

Deserción Escolar

“Todavía hay problemas de deserción escolar durante las cosechas de la frutilla (septiembre) y de la papa (octubre), por dar un ejemplo. La UATRA está trabajando con el Ministerio de Educación de la Nación en este tema. Todavía son muchos los niños que abandonan la escuela para trabajar y ayudar al sustento de su familias”, dijo Pellasio

“Un 25% de los que levantan la cosecha del tabaco son niños”

En el campo, los padres llevan a los chicos a trabajar con ellos

“El 25% de los trabajadores de la actividad tabacalera son menores de entre 6 y 17 años”, dijo a LA  GACETA Jesús Pellasio, dirigente de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre).

El dirigente estimó que hay más de 14.000 niños trabajando en esta provincia.“Tal vez se haya reducido un poco el número hasta antes de la crisis global, pero ahora se incrementó”, estimó. Aún más, Pellasio consideró que en la actividad rural hubo una caída de la cantidad de chicos que trabajan en la actividad citrícola. “Pero cuando se termina el período de exportación se vuelve a contratar a menores, porque es una mano de obra más accesible que la calificada y no ponen en riesgo los contratos internacionales”.

No obstante ello, el dirigente rural admitió que el Plan Nacional de Finalización de Estudios Secundarios (FinEs) que impulsa el Ministerio de Educación de la Nación con la Uatre está en plena ejecución.

“Este programa -en esta primera etapa- está destinado a la finalización de los estudios secundarios de jóvenes y adultos que terminaron de cursar, como alumnos regulares, el último año de la educación secundaria (bachiller, técnica, comercial, polimodal, de adultos) y adeudan materias. Desde este año, además de continuar con la primera etapa, se implementa el Plan destinado a los jóvenes y adultos mayores de 18 años que no iniciaron o no terminaron la primaria o la secundaria”. Alrededor de 50 sindicatos firmaron el convenio del Programa de Alfabetización Rural (PAR) de la Uatre.

“No hace falta mirar las estadísticas, sino las calles, para darse cuenta de que el trabajo infantil en las zonas urbanas creció. Se lo nota en los semáforos y bares”, agregó.

COMENTARIO COMO REDACTOR:

El Ministro de Trabajo, Carlos Tomada sostuvo que el programa producido y conducido por Tinelli constituye “la peor expresión del trabajo infantil”, en referencia al concurso de baile en el que compiten chicos de entre 8 y 12 años ( la mayoría de los niños participantes concurren a diario a academias particulares en sus aprendisajes de bailes enviados por sus padres). El funcionario realizó las polémicas declaraciones en el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Lucha contra el Trabajo Infantil. "El coordinador del Centor Mandela, Rolando Núñez advirtió que los chicos que terminan siendo obligados a mendigar en las calles, algunas familias pobres obligan a los chicos a mendigar y esto lo termina haciendo propensos a iniciarse en el consumo de drogas, además señaló, que en la zona rural de la provincia del Chaco, los niños trabajan principalmente en las carboneras. Advirtió que la escuela es lo primordial para recuperar a los chicos en situación de riesgo."

" Según un informe de la OIT, se estima que unos 165 millones de niños, de 5 a 14 años de edad, son víctimas del trabajo infantil en el mundo. En nuestro país la cifra asciende a casi 2 millones de niños y niñas que trabajan durante largas horas y en condiciones sumamente peligrosas", "En los hogares más pobres y en zonas rurales los niños y niñas tienen más probabilidades de ser víctimas de este flagelo.

En Argentina 6, 3 millones de menores de 18 años son pobres, de los cuales 3, 1 millones directamente pasan hambre lo que significa que 6 de cada 10 chicos viven en la pobreza e indigencia y 4 de cada 10 pasan hambre en nuestro país"."El 14, 2 % del total de menores de 18 años (que equivale a nada menos que 1, 9 millón de menores) no asisten o nunca asistieron a un establecimiento educativo, y 63% es el nivel de deserción escolar, es decir, más de la mitad de los jóvenes que ingresan al secundario lo abandonan". afirmó la legisladora Virginia Linares.

Alrededor 14.000 chicos, de entre 5 y 17 años, trabajan en Tucumán. Unos 5.000 niños son explotados en actividades. Martín, a los 14 años, limpia parabrisas, lustra zapatos, corta el pasto, arregla jardines, pasea perros, cosecha limones o trabaja en cortadas de ladrillos desde que tenía ocho años, Martín a veces debe esperar hasta la madrugada para poder descansar. “Mientras no junte la plata, no puedo volver a la casa”, expresó. “Hace seis años que ayudo así a mi familia” explica el chico de la mirada opaca y el rostro manchado de suciedad. Aunque sabe leer y escribir, aún no pudo terminar la primaria. “Mi papá me castiga porque dice que somos hijos del rigor. En realidad siento más pena que bronca”.(LA GACETA 7/6/2009).

La inocencia perdida está en los oficios habituales; "en la venta callejera; venden caramelos, golosinas, chocolates, CD y DVD ilegalmente copiados (truchos), telekinos, estampitas, utensilios, lapiceras en bares, restaurantes, transportes, galerías, limpiar vidrios de autos, cosechas y fumigaciones en el campo, (Cosechadores y Recolectores de tabaco, papa, frutilla, arándano, hortalizas. ajos, algodon, los padres llevan a los chicos a trabajar con ellos. Un 25% de los que levantan la cosecha del tabaco son niños). Hubo una caida en los recolectores de citrus, pero por lo general ocurre cuando se debe exportar, debido a las exigencias internacionales. La mayoría de los países europeos rescinden los contratos cuando está involucrado en el proceso el trabajo infantil). también mendigando en las calles, lugares públicos, estaciones de transporte, semáforos, domicilios privados, niños que cargan bebés, bajo el control de mayores, Limpiecistas de parabrisas, están en las esquinas con semáforos, recolectores de basura, cartoneros, (Son acompañados por su familia. Los niños seleccionan y clasifican los residuos que se pueden vender), Jardineros (Ayudan en trabajos pesados de jardinería con sus padres),

Acomodadores y acarreadores; Se hacen cargo de acomodar los cajones de frutas o verduras y carritos de los clientes en el Mercofrut en Tucumán, Mercado Central, entre otros más mercados del país, auxiliares de Clubes; (Trabajan en instituciones deportivas o civiles en limpieza, acarreo y luego guardado de equipos, en las cantinas, etcétera. Sus labores se intensifican los fines de semana y días feriados o de torneos), auxiliares de Talleres y de Comercios; Cumplen tareas en talleres mecánicos, en comercios de ropa, zapatería, lavadores de Autos y Camionetas; Muchos se encuentran en vía pública en los barrios, (trabajan con sus familias), auxiliares de Cortadas de Ladrillos; (Por lo general trabajan con sus familia. No figuran en libros ni en recibos pero sus horas son cobradas por los mayores. En las inspecciones por lo general declaran que lo están acompañando, nunca trabajando), lustrabotas; Era el rubro con mayor presencia infantil. Había decaído un poco hasta el año pasado pero desde que se agudizó la crisis global volvió a incrementarse, al igual que los limpiadores de vidrios de autos en semáforos.También esta la prostitución infantil y adolescente. Hasta el 2016 la Organización Internacional del Trabajo (OIT)quiere erradicar este flagelo.

Viendo todo esto me parece que el señor Ministro de la Nación Argentina antes de declarar dirigiendose a un programa de televisión porque bailan niños, antes debería de leer bien la Convención Internacional de los Derechos del Niño de del adolescente que tiene rango constitucional y "trabajar" para erradicar definitivamente todo este grave flagelo social del trabajo infantil enunciado en esta nota y como es responsable del área de trabajo debería de enviar al Congreso de la Nación proyectos de ley donde en sus artículos se "prohiba terminantemente el trabajo infantil en la República Argentina" y que a todo aquel ciudadano que "use" o haga trabajar y explote a un niño debe de tener una pena de 10 años de cárcel, como así también debería de enviar otro proyecto de ley donde indique "que en toda iniciación de obra pública o de viviendas en todo el país por medio de los estados provinciales, municipales y nacionales deben de contratar a ciudadanos desocupados con cargas de familias que se encuentren comprendidos en zonas rurales, del interior del país como en las villas de emergencias por sobre todo en zonas delNOA, NEA y de CUYO". Esta sería una buena intención por parte del estado nacional argentino en búsqueda de erradicar el trabajo infantil, donde de esta manera se crearian fuentes de trabajos a los que hoy son ciudadanos mayores que son marginados y dioscriminados y en la mayoría envian a sus hijos a la calle.

HUMBERTO CARMELO SPUCHES

humbertocarmelospuches@hotmail.com


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Autor:
Humberto Carmelo Spuches (8 noticias)
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Opinión
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