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Los transgénicos, el invento químico que creó un nuevo imperio a costa de nuestra salud. España líder europeo

06/08/2014 07:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es difícil demostrar el daño que a la larga generan los alimentos genéticamente modificados y que se venden en todos los supermercados de España. Aquí ofrecemos una explicación muy por encima de lo que son porque lo que falta sobre todo es la información

Un estudio alerta de los efectos nocivos en ratas del maíz NK 603, un transgénico desarrollado y comercializado por la norteamericana Monsanto, el gigante de la biotecnología en la agricultura. Durante dos años, el profesor Gilles-Eric Séralini de la Universidad de Caen en Francia y su equipo estudiaron los efectos de la alimentación con este maíz en 200 ratas que desarrollaban tumores algunos del tamaño de pelotas de ping pong. Aquí presentamos no ese estudio concreto, sino la respuestas de Seralini a interrogantes generales sobe transgénicos.

Es uno de los mayores expertos en transgénicos y asesor de la Unión Europea sobre el tema. Es también una pesadilla para la industria por exigir que se hagan con ellos las mismas pruebas que con los fármacos. En su laboratorio de Caen, Francia,   explica a quien quiera oirle por qué deberíamos prestar más atención a lo que comemos.

En 1980, la Corte Suprema de Estados Unidos aprobó por cinco votos contra cuatro el derecho a patentar “un microorganismo vivo hecho por el ser humano“. La decisión respondía a una solicitud de General Electric para explotar comercialmente una bacteria y abrió la puerta a una de las mayores revoluciones alimentarias y económicas de todos los tiempos: la patente de semillas. De hecho, sentó las bases para que ocho corporaciones de la industria farmacéutica y química iniciasen la conquista del suministro mundial de alimentos. Al margen de las consideraciones éticas sobre la manipulación de la naturaleza, esta actividad planteó una cuestión de salud. Y aquí es donde “‘desembarca” el biólogo molecular Gilles-Eric Séralini, 49 años y director del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen).  Recibe a los periodistas en la Universidad de Caen, Normandía, donde es profesor. Sus estudios sobre OMG (organismos modificados genéticamente) vienen avalados por las tres revistas científicas más prestigiosas de Estados Unidos que los han publicado y por ser uno de los cuatro consultores de la Unión Europea sobre transgénicos. Habla en tono didáctico, de maestro, pero también con la vehemencia de quien está acostumbrado a las críticas. Empieza la clase.

Parar ubicarnos: si uno le dice que acaba de desayunar café con leche, tostadas, jamón de york y fruta, y le pregunta si ha comido  algún alimento transgénico, Gilles Séralini responde “No directamente. En Europa, hasta hace pocos años, se han evitado los transgénicos en la comida humana. El OMG más extendido es la soja importada del continente americano (especialmente de Estados Unidos, Argentina y Brasil) para alimentar el ganado: terneros, cerdos y pollos. No es que el jamón o la leche sean transgénicos, sino que los animales de donde salen son alimentados con pienso transgénico. La soja representa el 65% de los cultivos transgénicos (y le gustaría aclarar que no tiene nada que ver con la soja de los restaurantes chinos) y, además de usarse para pienso, se usa para hacer lecitina, un emulgente de las grasas que se encuentra en el 80% de la comida ‘industrial’, como la bollería, las salsas, las harinas… Luego está el maíz, que sirve para alimentar animales y para extraer un azúcar que puede ser utilizado como edulcorante en bebidas gaseosas. Es decir, estamos ingiriendo abundantes residuos de transgénicos.

 

Visto así, parece que es un peligro menor, que nos afecta ‘relativamente’…

Giles Seralini contesta.” Pues no es así. Todo lo contrario.  Es la primera vez en la historia de la humanidad que somos capaces de modificar el patrimonio hereditario, genético, de las especies vivas. Y esto se ha producido en un escenario industrial a una velocidad industrial. El problema con los transgénicos y la razón de que no sea un mal menor es que el salto que se ha dado del laboratorio al supermercado se ha hecho sin los plazos ni las pruebas adecuadas.

 ¿Pero se puede afirmar que los transgénicos son un riesgo para la salud?

Giles Seralini : “Yo creo que sí y explico por qué, pero la pregunta no es si son un riesgo, sino ¿por qué se modifican las semillas? ¿Por qué hacemos soja transgénica? Y la respuesta es que se modifican para contener pesticidas.

¿Querrá decir para resistir a los pesticidas?.

Giles Seralini: “No. Digo “para contener pesticidas“. Está probado que los pesticidas son malos para la salud porque inhiben la comunicación entre las células y pueden provocar enfermedades nerviosas y hormonales. Entonces, ¿por qué los transgénicos son diseñados para contenerlos? Porque lo que buscan es absorberlo sin morir o, incluso, fabricar ellas mismas el pesticida. El 80% de los transgénicos se hacen para absorber un herbicida en concreto, el Roundup, que fabrica Monsanto, que a su vez es el mayor productor mundial de OMG( Organismos Geneticamente Modificados).

 ¿Qué riesgos para la salud derivados de los pesticidas están demostrados?

Giles Seralini. “Depende de la cantidad de pesticida que ingiera el organismo. No se trata de un infarto ni de un virus que te hace enfermar en 15 días. Es un riesgo a largo plazo. Nosotros hemos probado que los residuos de pesticidas pueden matar células embrionarias humanas y si sobreviven, disminuye la cantidad de hormonas sexuales que fabrican. Todos los países desarrollados están llenos de las llamadas `enfermedades crónicas´: nerviosas; de la sangre, como leucemias; reproductivas y sexuales, como el cáncer de próstata y de mama, esterilidad, descenso en la calidad y cantidad de esperma; enfermedades de carácter inmume, como las alergias… y no es porque ahora se detecten mejor. Esto no se explica por virus o bacterias, no se debe a problemas hereditarios (sólo un cinco por ciento del cáncer de mama tiene relación hereditaria). Se debe en su mayoría al medio ambiente. Y, ahí, los productos químicos son determinantes. Así que si los transgénicos están diseñados para absorber químicos, algo tendrán que ver con esas enfermedades.

¿Afirma Seralini que el aumento del cáncer de mama, de la infertilidad y de las alergias está relacionado con los productos químicos que ingerimos a través de la comida?

Seralini responde: “Sí, por supuesto. En la comida, el agua y el aire… Hay muchos químicos en la atmósfera, pero, si además comemos algo que contiene un pesticida, aumentamos el efecto. No digo que los pesticidas sean la única explicación, pero estoy seguro de que los químicos están relacionados con el cáncer de pecho y la infertilidad. Ahora bien, es un efecto a largo plazo. Es importante entender esto. No estamos habituados a luchar contra los químicos. La Organización Mundial de la Salud y las autoridades esperan una epidemia y esto no funciona así. Todo funciona a muy largo  plazo.

Claves para entender el caso español

En fuerte contraste con Francia, España tiene en la actualidad la mayor tasa de adopción de maíz Bt de la UE, desde que se introdujo por primera vez en 1998. Los maíces Bt, genéticamente modificado, se consideran resistentes a insectos porque están diseñadas para contener Bacillusthuringiensis (Bt), un patógeno tóxico para los insectos de la familia de los lepidópteros, incluido el llamado Taladro del maíz. En 2012 se cultivaron más de 120 hectáreas de maíz Bt en España – 19.5% más que en el año precedente – representando el 90% de los cultivos transgénicos de la U.E.

En 2005, la Comisión Europea realizó una evaluación de las tres principales provincias productoras de maíz Bt: Albacete, Lleida y Zaragoza. Mientras que los resultados muestran un rendimiento mayor de las cosechas, el estudio sólo muestra importancia estadística para una provincia, y todo el maíz Bt producido se destinó a la fabricación de piensos para animales.

La evaluación también reportó que el 30% de los agricultores continuaban aplicando insecticidas, aun cuando este tratamiento resultaba inefectivo. A pesar de que el estudio elogia dicho porcentaje como un logro, estos datos se deben contrastar con los recientes descubrimientos sobre el uso de pesticidas: en EEUU el uso de herbicidas aumentó aproximadamente un 7% después de quince años de cultivos Roundup Ready. Sin embargo, este porcentaje habría sido mucho mayor si “los insecticidas aplicados” contaran el patógeno Bt producido por las plantaciones transgénicas, tal y como proponen numerosos entomólogos.

Resulta interesante ver que los agricultores, al ser preguntados acerca de las razones para adoptar el maíz Bt, señalaron “reducir el riesgo de daños causados por las orugas en el maíz”, “obtener un mayor rendimiento”, y “mejor calidad de la cosecha”. Sin embargo, no existe evidencia científica alguna para creer que la tecnología OGM (Organismo Genéticamente Modificado) otorga ninguno de estos tres resultados. Además, el estudio no analizó factores que tienen un impacto directo en las tres respuestas proporcionadas, como pueden ser el tipo de suelo, la intensidad de la irrigación, las condiciones climatológicas o la integridad ecológica de los campos.

El maíz de la multinacional Monsanto es famoso por su nociva abundancia en el mundo y España vuelve a ser campeona

Los orígenes de la apertura de España a los transgénicos

En 1998, el gobierno español autorizó por primera vez dos variedades de maíz Bt 176, encomendando el proceso de biomonitoreo a las mismas compañías que habían creado dichas variedades. El cambio de gobierno en 2004, desde el espectro de la derecha a uno más de centro, hizo posible que se tuvieran en cuenta las voces de la sociedad civil, y de esta manera, un representante del sector medioambiental fue admitido en la Comisión Nacional de Bioseguridad

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Durante las reuniones del Consejo Europeo, el gobierno español pasó de respuestas “pro-OGM” a “abstención” en la mayoría de los casos. No obstante, es curioso constatar que los votos individuales de los Estados Miembros no son accesibles al público. Afortunadamente, los votos son registrados por las ONG, revelando la incoherencia española entre su posición neutral en instancias de la UE y sus políticas a nivel nacional: el mismo gobierno aprobó 14 nuevas variedades de maíz MON810 en julio de 2005, lo cual aumentó su número total a 40. A pesar de que las variedades de Bt 176 fueron suprimidas de la lista nacional de los transgénicos autorizados en 2005, hoy en día el número total de variantes transgénicas comerciales es de 116.

La diferencia entre los índices de cultivo de maíz transgénico entre Francia y España proviene, por una parte, de la baja movilización de las organizaciones sociales en España y del insuficiente debate público en España y, por otra parte, del apoyo del gobierno español a las compañías del sector. La ignorancia de la gente de a pie es casi total.

En comparación con el caso francés, la débil movilización social en España podría tener su origen en las diferencias de composición sociológica y la historia rural de ambos países. A diferencia de España, Francia vivió el fenómeno de neo-ruralización después de mayo del 68, que desembocó en la creación de fuertes sindicatos agrícolas entregados a la protección de los derechos de los pequeños agricultores (por ejemplo, Confédération Paysanne).

Al mismo tiempo, la población rural española no es tan receptiva a adoptar principios agrícolas no convencionales como la agricultura orgánica, como lo es la francesa. A pesar de que numerosas regiones se han declarado libres de transgénicos, lo cual pone de relieve la desconexión entre el gobierno de Paris y la población local, la tendencia productivista del sector agrícola sigue siendo clara, y ello incluye a los transgénicos.

Asimismo, cables revelados por WikiLeaks reflejan que, de acuerdo con Monsanto, el mayor productor de semillas transgénicas de EE.UU. el gobierno francés habría contravenido las regulaciones de la Organización Mundial del Comercio al prohibir MON810 y que, en respuesta, la compañía exigiría compensación por medios judiciales. El gobierno español probablemente vio en ello una amenaza de posibles represalias en caso de seguir el camino de Francia.Y se plegó a las exigencias de Monsanto.

Además, dichos cables informativos de Wikileaks mostraron que los diplomáticos americanos trabajaban directamente para compañías como Monsanto, dedicadas a productos transgénicos, para así asegurar la adopción de éstos en España. “En respuesta a recientes y urgentes peticiones de [Ministro español de Asuntos Rurales] Josep Puxeu y Monsanto, se requiere la renovación del apoyo del gobierno de Estados Unidos a la postura de España en cuanto a la biotecnología agrícola con base científica, a través de la intervención del gobierno de alto nivel de Estados Unidos”.Cualquier sugerencia sobre transgénicos en España no sale de Madrid sino de Washington.

 España y EEUU trabajaron estrechamente para persuadir a la UE de no fortalecer las leyes en biotecnología. En uno de los cables de Wikileaks, se explica.

La falta de requisitos y procedimientos transparentes para la adopción y desarrollo de transgénicos continúa siendo un problema tanto a nivel nacional como europeo. Mientras que los registros de transgénicos autorizados en ambos niveles siguen, en principio, abiertos al público, la información aparece limitada y muy técnica para la gente y, más, en medios rurales

 

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La falta de información que se proporciona a los agricultores sobre los efectos a largo plazo en la salud y en el medio ambiente tampoco es mera coincidencia. Las conclusiones de la evaluación mencionada anteriormente, indicadas como positivas, están basadas en el hecho implícitamente aceptado de que la información provista a los agricultores continúa siendo insuficiente, al menos en las áreas estudiadas.

La falta general de estudios científicos independientes también resulta llamativa. En lugar de llevarse a cabo por el CSIC (la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas), los estudios se elaboran primero por las propias compañías, tras realizar únicamente un test de 90 días, claramente insuficiente comparado con el periodo de dos años requerido para productos farmacéuticos.

Agencias gubernamentales o europeas pueden llevar a cabo más investigaciones a tal efecto, pero generalmente dichas agencias seleccionan la evidencia científica según su conveniencia e incluyen entre sus miembros a personas en clara situación de conflicto de intereses.

Además, la débil movilización social y el acallamiento de voces críticas provenientes de las ONG, como Greenpeace o Amigos de la Tierra, y de la sociedad civil han desempeñado un papel central en la rápida propagación de los transgénicos. Es más, el país ha sido deliberadamente convertido en dependiente de los subsidios agrícolas provenientes de Bruselas, lo cual ha dejado a las comunidades locales en situación de particular vulnerabilidad a las decisiones supranacionales, en cuyos foros tienen muy poca o ninguna voz. Esta situación no beneficia en modo alguno a los pequeños agricultores, pero resulta en cambio muy atractiva para las compañías transnacionales.

La connivencia de los poderes políticos con el sector privado, ya conocida antes de las revelaciones de los cables de WikiLeaks, fue también puesta en evidencia por los repentinos cambios de política de los ministros de agricultura antes y después de su elección. No se puede eludir la politización de la cuestión, pero lo que se necesita es una mayor y mejor información, transparencia y participación social para prevenir así decisiones parciales por parte de los agricultores, decisiones políticas orientadas al beneficio privado en lugar del común y el acallamiento de sectores sociales clave en este proceso.

 

 

 

 

 


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