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Trastabillando en nuestros "rótulos”

11/02/2014 04:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Somos realmente tan flexibles como creemos? ¿Cuándo somos flexibles? La flexibilidad es un atajo para los tropiezos del día a día y también una enseñanza de vida

 

Inconsciente o conscientemente todos sabemos que tenemos un rótulo, una etiqueta, un cartel con luces de colores que nos define. De alguna manera se imprimen nuestras convicciones, pensamientos, ideologías, posiciones firmes que nos hacen decir “SI” o “NO”.

Nos mantenemos en el tiempo con esas ideas, pero nos olvidamos de que la vida no es lineal; nuestros pensamientos pueden serlo, pero la vida es una calle en zigzag. Entonces ¿Cómo puede ser que pretendamos llevar una vida lineal e inalterable cuando de por sí la mísma tiene características volátiles? Es imposible permanecer en línea recta en calles con baches.

No hay una solución mágica para vivir bien, para que no se presenten conflictos, ni para que vivamos maravillas, pero si hay algo que existe y que es moldeable con las turbulencias del vivir cotidiano, una simple palabra pero útil al fin: flexibilidad. Todos podemos decir que somos flexibles pero en verdad no lo somos hasta que tocamos fondo, algunos inclusive tocando fondo no se rinden a la flexibilidad. La flexibilidad de pensamiento es la que nos va a llevar a salvarnos de muchas adversidades.

El empresario, la prostituta, el multimillonario, el ateo, el depresivo, el pobre, el humilde, el soberbio, el religioso, el que hizo el mal toda su vida, y el que también hizo el bien, o el que trabaja con los dos al mismo tiempo, todos juntos en algún momento tocamos fondo. En ese instante debemos darnos cuenta que nada es lineal, que no tenemos un rótulo, ni que morimos con él junto a un cartel con rubro de vida correspondiente; que tal vez debemos cambiar nuestra forma de pensar y obrar.

¿Cómo puede ser que pretendamos llevar una vida lineal e inalterable cuando de por sí la mísma tiene características volátiles?

Cuando tiramos manteca al techo y nos es devuelta para hacer fideos nos damos cuenta que nada es lo que pensábamos que éramos, que no somos inalterables en ideología, que no somos inmunes. Que el millonario puede barrer veredas, el pobre tener millones, el religioso ponerse en el lugar del ateo, el ateo pensar que hay salvación para él y que ésta no corre solo por lo tangible. El humilde puede obtener oro y el soberbio pedir ayuda. Aún así cuando todo esté “patas arriba”, no debemos olvidar que la flexibilidad es nuestro principal caudal de salvación.

Tener demasiada fe en uno mismo y menospreciar la ajena, cierra las puertas de muchos otros; no deberíamos ser de ninguna manera un envoltorio de creencias inalterables. Tarde o temprano la mano que ayuda es la que en algún momento aborrecimos. Adaptarnos a nuevas formas de pensamiento es un paso para sortear muchos abismos, ponerse en el lugar del otro metafóricamente, le evita a muchas personas tener que hacerlo luego literalmente porque la vida misma nos hace trastabillar para que veamos que nadie tiene nada comprado, ni asegurado, la felicidad no es eterna ni tiene dueño, al igual que el dinero y demás placeres efímeros.

Creemos que nuestros principios son inalterables, pero ni siquiera el planeta tierra lo es, de modo que es imposible que una persona de carne y hueso sea inmune, cuando el propio mundo en el que vive no lo es.

En la adversidad es cuando se puede ver con más claridad y luego de eso quizás algunos podamos vislumbrar un arcoíris donde cada color implique el entendimiento y la tolerancia hacia cada forma de vida distinta a la nuestra. No hay una poción mágica, ni una receta para el buen vivir, solo debemos poner cada cosa en su lugar y hacer lo que mejor sabemos hacer con lo mejor que podamos ser.

Creemos que nuestros principios son inalterables, pero ni siquiera el planeta tierra lo es, de modo que es imposible que una persona de carne y hueso sea inmune

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Alice In Wonderland (3 noticias)
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Tipo:
Opinión
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