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Vargas Llosa, el canto del cisne

27/05/2015 13:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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(Foto: Getty Image)

Siempre es genial leer a Vargas Llosa porque no solo lees a un escritor, sino a toda una época. Me sucedió de nuevo al leer la entrevista más reciente que le hicieron, publicada el domingo 17 de junio en el remozado suplemento El Dominical del diario El Comercio, ahora bajo la batuta de Dante Trujillo.

Ya se hizo habitual que las entrevistas a nuestro Nobel sean un combo de política, literatura y actualidad. Es difícil conversar con Vargas Llosa y hablar solamente de libros. Ya sabemos que el buen Mario se preocupa por adecuarse al modelo de escritor comprometido con su época, cuyo modelo heredó de la impronta sartreana, que lo formó filosóficamente.

El mundo está cambiando...

El problema es que nuestra época ya no es la época de Vargas Llosa. En la entrevista del Dominical, el escritor opina sobre las redes sociales, la tecnología y los libros electrónicos.

¿No cree que hay una coincidencia entre el fenómeno de las redes sociales, donde la gente se refiere en abundancia a sí misma, habla más de sí, con esta aparente "falta de pudor literario"?

Puede tener que ver con esta revolución psicológica que significa tener un aparatito que te permite estar permanentemente en contacto con cientos o miles de personas, y estar contando constantemente tu propia intimidad. Hay menos pudor que en el pasado. Pero creo que también tiene que ver la ley del menor esfuerzo: hoy la gente tiene menos predisposición a ocupar largas horas leyendo un libro, acostumbrada a esa información microscópica que es la de las redes sociales, que es algo tan absolutamente sintético. Ahí también se da el peligro de la distorsión: las cosas no se pueden sintetizar al máximo extremo sin desnaturalizarlas, sin convertirlas en caricaturas. En la literatura algo de eso también hay: hay una literatura hoy día mucho más asequible, menos exigente con los lectores. Eso creo que también es un signo de los tiempos en la literatura y, en general, en la cultura. [Las cursivas y negritas son mías]

Es curioso que siendo un liberal que se jacta de respetar las libertades sexuales, Vargas Llosa emplee un vocabulario esencialista (pudor, desnaturalizar) semejante al que emplearían Juan Carlos Eguren o Julio Rosas en los debates sobre la Unión Civil o la despenalización del aborto. Si creen que exagero, denle una hojeada a su ensayo La Civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Palabras como "promiscuidad" o "salvajismo" son el leit motiv para calificar la debacle que le atribuye a la cultura de nuestros tiempos. El recelo contra los eBooks, y la relación entre tecnología y literatura no es nuevo en sus ensayos. A veces me pregunto qué siente Mario cuando observa el mundo actual y lo compara con el de su época. Debe haber algo en él que muere cada vez que lee una noticia al respecto. Ya en La civilización..., había sostenido que las nuevas tecnologías de la comunicación e información comprometían seriamente nuestra capacidad de crear alta cultura. Esta dicotomía alta cultura-baja cultura es uno de los conceptos claves en este libro.

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Nótese que en la entrevista citada MVL dice: "hoy la gente tiene menos predisposición a ocupar largas horas leyendo un libro". Lo que más me llamó la atención de La Civilización... Fue la tendencia a idealizar el pasado letrado y denostar el presente como una época de decadencia intelectual. El historiador John Boswell, que se especializó en la Edad Media y la Edad Antigua, describe, en el prólogo a su libro La misericordia ajena, el hecho de que los documentos históricos y literarios del pasado, antes de la invención de la imprenta, no se escribían pensando en el gran público, pues la alfabetización era una excepción, los libros eran caros y el acceso a estos muy restringido.

Es curioso, porque en el mismo ensayo Vargas Llosa admite que hoy se lee más que nunca. Sin embargo, apela a un as bajo la manga: se lee más, dice, pero ahora hay dos obstáculos para que esa lectura sea la ideal (es decir, como en el pasado). El primero es que ahora se publica más literatura light, de fácil consumo y, el segundo, que esa lectura no será más la lectura silenciosa, meditativa, monacal, sino que se verá interrumpida por el constante estímulo de las redes sociales.

Luego, Vargas Llosa hace unas declaraciones, a mi parecer lamentables:

[..]Por otro lado, una buena noticia que he recibido de tres editores ??algo muy interesante para mí? es que lo que tenía la apariencia de un avance arrollador del libro electrónico se ha detenido en Estados Unidos, en España. El libro de papel, que parecía condenado a desaparecer, ahora por el contrario está recobrando un público que, después de experimentar con el e-book, regresa al papel. Me decía un editor norteamericano que en Estados Unidos, donde avanzaba más rápido, los libros electrónicos de literatura están por debajo del 30%; en Francia es sorprendente, no pasa del 5%: el 95% de los franceses sigue leyendo libros en papel. Eso me parece una buena señal.

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¿Por qué?

Porque creo que, si continuaba la tendencia y el libro electrónico terminaba relegando a los márgenes al libro en papel, se hubiera dado un empobrecimiento muy grande de la literatura y de la cultura en general. No pienso que se escriba lo mismo para la pantalla que para el papel, creo que la pantalla tiende a trivializar, a banalizar, a reducir la complejidad intelectual de aquello que se escribe. [Las negritas y cursivas son mías]

El año 2001, cuando la UPC lo nombró profesor honorario, Vargas Llosa leyó un discurso hermoso titulado "La literatura y la vida". En este discurso, incluido en las últimas ediciones del libro La verdad de las mentiras, nuestro Nobel explica lo que quizás sea el núcleo de su vocación como escritor: afirma que la literatura nos salva porque nos hace vivir otras vidas, nos hace trascender espiritualmente, nos enriquece. Más aun, la literatura transgrede, es sediciosa, revoltosa, un desafío. A la vez, en el mismo discurso, lamenta que haya menos lectores literarios y menciona que Bill Gates se ha propuesto acabar con los libros (de papel). Aquí también se puede observar el temor de nuestro Nobel ante el avance de las TIC.

Y cambiará más...

No creo que Vargas Llosa sea un hombre totalmente anclado en el pasado. Vive el conflicto de ver que su mundo ya está dejando de existir. Cree en la literatura como arma de trasngresión, pero a la vez defiende la sacralidad de la palabra escrita. Vargas Llosa es quizás uno de los últimos ejemplares de los intelectuales de élite, que cultivaban la denominada alta cultura, alejados de la cultura popular, antítesis de la anterior. En el ensayo citado, MVL afirma que la alta cultura se consideraba compleja y edificante (música clásica, libros consagrados) y la baja cultura, simple y distractora, diríase hasta superficial, inmoral, chabacana (música pop, cómics, series de televisión). Huelga decir a estas alturas que esta división es simplista e injusta, eurocentrista y blanca. Un ejemplo muy patente de esto es la música rock, que nació de la música de los esclavos afrodescendientes de USA. La misma frase rock and roll era una jerga que hacía referencia al acto sexual. Hoy el rock es mainstream y pocos negarían su gran complejidad y aporte a la cultura universal.

La paradoja es que nuestro escritor cree en la democracia, en la economía liberal, en el libre mercado. Y es este sistema el que ha moldeado el mundo en el que Mario vive y que lo tiene perplejo. Es como si tuviera un pie en la modernidad y otro en el pasado. Anhela que más gente lea, pero a su manera. Admira las series de televisión como The Shield o Game of Thrones, pero se niega a reconocer que pueden tener la riqueza y complejidad de cualquier clásico literario, porque hacerlo, para él significaría abdicar de la sacralidad de la palabra escrita.

Una persona como Vargas Llosa debería ser capaz de reconocer un hecho esencial: las series de televisión, internet, los blogs, los eBooks son nuevas formas de la palabra escrita, nuevos hipertextos. No se puede negar que haya un gran diseño de personajes, estructura, trama, diálogo, nudo, desenlaces en Game of Thrones o Breaking bad, como los hay en Los Miserables o en el teatro de Shakespeare. Tampoco se puede negar a estas alturas que las redes están revolucionando la escritura a la manera de la imprenta: se producen más textos y se distribuyen a más personas. Mucho menos se puede dejar de lado el hecho de que los dispositivos móviles son más accesibles a muchas personas en el tercer mundo, allá donde escasean las bibliotecas. En un informe publicado este año por el Día del Libro, Unesco hace hincapié en los celulares y las tablets como nuevas herramientas de lectura y difusión cultural allí donde el tercermundismo impide la existencia de librerías y bibliotecas.

Sin embargo, Vargas Llosa sataniza a los medios audiovisuales como asesinos de la palabra. Contrapone la pantalla al texto. Le atribuye al papel el poder de hacer la palabra más rica y su significado más complejo. Incluso, va más allá y le añade al soporte de papel un acto casi erótico, fetichista diríase. Pero no se le puede culpar a Mario de que piense como piensa. Creció y se formó en un mundo donde los intelectuales eran seres respetados, los últimos rezagos de la tradición ilustrada y positivista. Una época en la que un intelectual como Émile Zola podía asumir la defensa pública en un asunto grave como el caso Dreyfus. La misma tradición que falló en sus métodos educativos, y que no logró la universalidad de la educación. Si hoy tenemos más acceso al conocimiento es gracias a esas nuevas tecnologías, que la gran mayoría de universidades del mundo ha implementado. La palabra escrita es importante sí, pero su subsistencia no depende del soporte físico.

Pero esa tradición nos dejó una gran virtud en Vargas Llosa. Creo que no solo es uno de los pocos liberales peruanos de renombre, sino que puede sostener un argumento sobre política, sociedad y literatura sin aludir a fantasmas o falacias endebles. Se toma el trabajo de estructurar bien sus argumentaciones, por lo que refutarlas constituye un auténtico ejercicio intelectual. Tal vez, solo tal vez, sus críticas sobre la civilización del espectáculo no estén tan desatinadas cuando las dirige contra aquella prensa que envilece sus titulares con el insulto y la difamación. El resto de su discurso, en cambio, es un total canto de cisne en una época que lo abruma de tecnologías y redes sociales. Vargas, lamentablemente, está observando el fin de una época, en todos los sentidos.

Pero te queremos, Mario.

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Sobre esta noticia

Autor:
Uterodemarita (4864 noticias)
Fuente:
utero.pe
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1502
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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