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Visión de la historiografía argentina del conflicto Malvinas. visión federico Lorenz II

04/08/2016 06:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta es la segunda parte del resumen de ideas fuertes del libro de Federico Lorenz, las guerras por Malvinas, espero sea acertado y sirva

Abril-junio de 1982: la guerra, “la malvinización”.

Aunque parezca redundante, es bueno recordar que la mayoría de los argentinos tuvieron el principal contacto con la guerra a través de la prensa[1].

La propaganda oficial y los medios (aunque en ocasiones hoy resulta difícil la distinción entre una y otros) asignaron a la recuperación militar una trascendencia inédita.

Y la vanguardia de esos cambios fueron los soldados conscriptos en las islas. En los jóvenes que aguardaban el ataque británico, durante abril de 1982 se concentraron imágenes de Patria e ideales de nación y de futuro. El conflicto fue visto como un momento de prueba para el pueblo argentino, una posibilidad de cambio precisamente porque los protagonistas eran los jóvenes.

Al cumplir con su deber militar de ciudadanos, los conscriptos en Malvinas iban a estar habilitados para reclamar participación en la organización de la vida política argentina.

En general[2], se consignaba sin alarma que los defensores de las islas eran “soldados de 18 años, que tienen como promedio unos tres meses de instrucción militar”(nota al pie 10 página 72 del libro) Es que los conscriptos en ese momento previo a la batalla tenían en su juventud un elemento que realzaba su compromiso, su condición de vanguardia para un cambio y no como sucedería tras la derrota, el fracaso. Nadie objetaba que su escasa instrucción, su inexperiencia fueran un obstáculo ante un posible enfrentamiento con los británicos, que enviaron un contingente compuesto por tropas de elite.

La revista Gente[3] apelaba a las ocho invasiones inglesas, el conflicto de este modo se inscribía y asociaba con algunos hitos refuerte presencia simbólica en el imaginario público argentino y más específicamente en el relato histórico que era patrimonio de sectores nacionalistas que ibas desde la más rancia derecha a la izquierda revolucionaria que había sido el blanco de la represión  ilegal.

            Guerra.

El 1º de mayo de 1982 la guerra se transformó en una realidad: aviones británicos bombardearon la pista de Puerto Argentino, mientras que el día siguiente el submarino de la Royal Navy torpedeaba fuera de la zona de exclusión al Crucero General Belgrano, 323 de cuyos tripulantes perecieron. La muerte genera un nuevo compromiso, todo el país apoya a sus soldados[4].

Con el transcurso de los días el combate aeronaval relegó a un segundo plano las operaciones terrestres. Pero el 27 de mayo, con el desembarco británico en el Estrecho de San Carlos, los infantes recobraron el protagonismo. La captura de Puerto Darwin por los paracaidistas ingleses tras una cruenta batalla arrojó el resultado de centenares de prisioneros argentinos y la ominosa certeza del avance sobre Puerto Argentino.

La suerte de la batalla que se desarrollará en Puerto Argentino definirá el perfil política de Argentina que comenzó a dibujarse el 2 de abril pasado con la reconquista de las Islas Malvinas. Los jóvenes soldados, ante la batalla final, aparecen ahora como los que demandarán a sus conciudadanos por la validez de su sacrificio. Serán los rectores de la Argentina que vendrá y si antes de su juventud era garantía de pureza en sus ideales, ahora comenzaba a transformase en signo de inocencia y falta de albedrío. Cuatro días después las fuerzas argentinas en las islas Malvinas se rindieron. La guerra había terminado y 649 argentinos habían muerto cerca de diez mil emprendían el regreso como prisioneros al continente.

 

 

 

            Patagonia: de puerta de entrada a puerta trasera.

Frente a las islas Malvinas, la Patagonia fue la porción de Argentina continental más próxima a las islas y el único puente entre éstas y el resto del país. Las ciudades del litoral se transformaron en la puerta principal del frente de batalla[5]. Los aprestos bélicos no eran una novedad para la región. La inminencia de una guerra con Chile por el Canal del Beagle durante dos primeros años de gobierno militar había generado importantes desplazamientos de tropas. Como resultado los habitantes de la región debieron refrescar y reincorporar una serie de rutinas ya aprendidas entre los años 1976-78.[6]

Con el avance de los días y el recrudecimiento del control de la prensa, este espacio fue dejando lugar a informaciones más a tono con el mensaje triunfalista de los medios, en este sentido el contraste entre estas informaciones con fuentes producidas a posteriori de la guerra del 82 resulta revelador que las percepciones acerca de esta guerra que existieron en distintos puntos de Argentina, desde Buenos Aires a Patagonia, la sensación era distinta.

En las conversaciones[7] con quienes vivían en esos años en la Patagonia, la figura del retorno de los aviones es una constante, una forma de evocar la angustia y la tensión de esos días, la cercanía con ese borde delgadísimo entre la vida y la muerte a la vez que mantiene esa distancia con la forma en la que la guerra fue vivienda en las grandes urbes del “Norte”.

Así como el inicio del conflicto dio a la Patagonia una visibilidad pública[8] como pocas veces tuvo, el final de la guerra y la derrota la convirtieron en la puerta de atrás del gobierno militar, aquello que de ser posible debería no ser visto. Tras la rendición del 14 de junio de 1982, a los puertos atlánticos del Sur comenzaron a llegar los heridos y finalmente los prisioneros. Era el final y a la vez el comienzo de una gran cantidad de nuevas situaciones: la desmovilización, la búsqueda del paradero de muchos soldados y también la circulación aun bajo una severa censura de prensa, de las primeras noticias de las condiciones en las que habían vivido y combatido los miles de soldados enlas islas.

Una voluntad de silenciamiento que no fue acompañada en muchos casos por la población civil. Los soldados que consiguieron hablar con la prensa, explicaron que estaban sorprendidos por el recibimiento popular ya que “Nos dijeron que no íbamos a tener contacto con los habitantes de Madryn porque nos iban a apedrear (…) en el buque nos informaron nuestros jefes que el pueblo estaba enojado por la rendición en las Malvinas; que no habían sacado a Galtieri y que temían quela población de esta ciudad nos fuera a apedrear, por eso no íbamos a tener contacto con la gente.”[9]

Sin embargo, la población rompió los cordones de seguridad para acercarse a los soldados, las muestras de solidaridad y cariño se evidenciaron una vez más y esta vez con más razón al poder tenerlos en persona.[10] En la prensa local patagónica ( a diferencia de los medios nacionales) se encuentra gran cantidad de testimonios y críticas acerca de las restricciones no sólo a los periodistas, sino al público en general.

Era imposible explicarles en ese momento que un rígido e inexplicable operativo les impediría tomar contacto con la población que ansiosamente los aguardaba[11]. A nivel local, estas medidas eran vividas como un aspecto más de la política centralista “del Norte”. Para las regiones directamente afectadas por la guerra o para los pueblos y ciudades cuyos jóvenes habían combatido, para los familiares y para los jóvenes combatientes, esa búsqueda del silencio, en muchos casos, no sería posible.

Pero esas acciones, restringidas a lo local, faltaron o no fueron conocidas a escala nacional. Del mismo modo en que había procedido a la represión de su pueblo el gobierno militar comenzaba a disponer de los despojos de la guerra de Malvinas: de los muertos y de los vivos. Es que entre abril y junio de 1982 se vivieron diferentes guerras. Un escenario semejante se abriría en la posguerra.

 

 

 

 

El escenario.

En términos de experiencia[12], sería posible esperar dar con una por cada uno de quienes estuvieron en las islas durante el lapso que duró, matizada por tiempos de permaneneica, lugar de asentamiento o la intensidad de los bombardeos y combates. Éste de todos modos es un ejercicio de reflexión imposible de ser materializado: entre otras cosas, porque nos faltan las experiencias de los idos, pero también la de aquellos que casi veinticinco años después aún no han podido o querido hablar.

Este capítulo se concentrará enlas características que tuvo la experiencia dela guerra en los infantes en Malvinas. Por un lado porque se trata de la que afectó a la mayor cantidad de soldados conscriptos y por otro porque fue a partir de ésta que se construyó la mayoría delas imágenes públicas sobre los jóvenes desmovilizados después de la guerra.

En efecto, los soldados en las Malvinas debieron enfrentar no sólo unas durísimas condiciones ambientales, son que chocaron con las estructuras poco eficaces y preparadas del Estado que los envió a combatir.[13]

A diferencia de lo que sucede hoy, en 1982 en las islas Malvinas prácticamente no existía otra vía de comunicación que la aérea o marítima. De este modo, los regimientos y compañías destacados en los cerros que rodeaban la ciudad, o en otros puntos del archipiélago se encontraban completamente privados de cualquier posibilidad de suministro, relevo y más tarde, apoyo[14].

 

 

 

Código Postal 9409: Malvinas.

Perspectiva individual:

Ha sido importante consignar esta mirada general por dos motivos[15]: por un lado, porque se trata de la versión oficial de una de las fuerzas responsables dela conducción de la guerra de 1982; por otro, porque la cuestión de la perspectiva, ene. Enfoque que estamos desarrollando, e s central. Los relatos en primera persona, aunque fundamentales para el estudio y la escritura dela historia reciente, pueden hacer perder la visión de los procesos históricos a cambio de aportar gran colorido y sensibilidad a los relatos. La intención de este texto es justamente la posibilidad de ir y venir entre uno y otro espacio: la reivindicación dela experiencia individual como una forma de devolver complejidad a las explicaciones históricas pero sin que esto nos lleve a perder de vista sus circunstancias.

                        En nuestro ejército existió un desconcepto sobre cómo debe vivir el soldado,

                               Generalmente se piensa que el que más sufre la fatiga y la incomodidad es el más

                               Apto o más preparado para combatir y en conclusión no es así. El hombre es una

                               Joya que ponen en nuestras manos y debemos mantener en las mejores condiciones

                               Hasta que llegue el momento de combatir.[16]

Este párrafo permite entrever lo que fue motivo de queja para muchos soldados: el hecho de que en una situación de guerra siguieran manteniéndose los mismos criterios que durante la instrucción, el servicio militar obligatorio y el castigo por faltas que si en tiempo de paz resultaban comprensibles, perdían completamente su sentido en situación de guerra. Este maltrato contribuyó a reforzar un espíritu de grupo entre los hombres, a partir de trazar claramente la línea entre oficiales y suboficiales  por un lado y soldados por otro.

La guarnición en las islas vivió bajo la constante amenaza de incursiones por parte de las fuerzas británicas, lo que se transformó en otro elemento de desgaste[17]. Al mismo tiempo esa situación de permanente agresión por parte de un enemigo invisible iba minando los nervios. Con el paso de los días, la situación debida al bloque  británico se fue agravando.

En los relatos de los soldados, la búsqueda de comida ( la “caza” de corderos y avutardas ) es uns experiencia recurrente[18]. Quienes pudieron, arriesgándose al castigo subsiguiente, inclusiva entraron a robar a las casas de algunos isleños o en los galpones del puerto. Las deficiencias logísticas generaron un gigantesco mercado negro, que funcionó en la Zona de Puerto Argentino pero que llegó aun a las posiciones avanzadas. Desde el punto de vista de la estructura militar, este tipo de redes afectaron notablemente la disciplina.

En algunos casos, la tensión y las condiciones llevaron a que algunos soldados se hirieran a sí mismos, para producir de ese modo su retorno al continente. Un estudio médico revela que la proporción de este tipo de heridas, sobre el total de bajas en Malvinas, fue muy alta. Por un lado “la masa de los heridos, más del 70% lo fueron por esquirlas de munición de artillería”. Pero hubo 22% de heridos de bala … de los cuales más del 90% tenía lesiones en los miembros… de los heridos de bala, más de la mitad lo fueron en momentos en que no ocurrían combates cercanos.[19]

Hubo sobre todo dos situaciones de combates muy duros[20]: los de Puerto Darwin y Goose Green del 27 al 29 de mayo y aquellos en los que se disputaron las posiciones en torno a Puerto Argentino, sobre todo en los montes Longdon y Tumbledown entre el 10 y el 14 de junio. La densidad de fuego británico fue muy elevada y la tasa dem ortalidad argentina por cada 1.000 efectivos por año es la más alta de los conflictos modernos. Según Ceballos y Buroni, triplica a la de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, y es casi diez veces superior a la de las tropas de esa nacionalidad en Vietnam.[21]

Pero sin duda la situación límite que encontraron fue aquella que los colocaba en la disyuntiva de matar, es decir; romper una de las prohibiciones más antiguas de la  cultura. Y la guerra no era solamente la posibilidad de mater a otro, sino la demorar, o que muerieran los compañeros y los amigos, o la de quedar mutilados por herida, oel frío congelante.

El miedo al frío en los pies estaba fundamentado, en tanto una delas lesiones más comunesque padecieron los soldados argentinos en las Malvinas fue una producida por el frío y la humedad, conocida como “pie de trinchera”. Estos dos agentes, unidos alas malas condiciones higiénicas, producen necrosis de tejidos, sobre todo en las extremidades  que pueden ir desde los sabañones hasta lesiones más serias que llevas a las amputación. Más de la mitad de los casos producidos en las islas  (247 hasta 27 de mayo) fueron registrados con posterioridad al comienzo de los bombardeos (1º de mayo), es decir cuando las posibilidades de movilizarse comenzaron a hacerse escasas.

Los que sobrevivieron, tras la derrota ese había sido su paso a la adultez, a su ingreso a la posibilidad de discutir un espacio de intervención en la sociedad por la que habían combatido.[22]

 

 

 

 

                                   Archipiélagos en la memoria. Regresos.

Después de la derrota las islas volvieron a ser un espacio irredento[23]: el territorio del que los argentinos habían vuelto a ser despojados, reintegrado brevemente a la soberanía nacional durante la guerra, parecía haber quedado más lejos que nunca de su recuperación.

                                   Padres e hijos.

            Periodista: ¿qué cosas en común tienen ustedes, los hijos de combatientes en Malvinas, con los

                Hijos de desaparecidos?.

                Leandro: La pérdida.

                Periodista: ¿Y qué más?

                Leandro: Ni más ni menos, la pérdida.[24]

Pero la visibilidad pública de unos y otros sí es diferente y esto tiene que ver con legitimidades obtenidas, pero también asignadas desde el Estado y por otros actores sociales. Hay por último, otro elemento que los une: la salida al espacio público desde la pérdida personal.

                                   El regreso del soldado.

El retorno individual es una de las características de las relaciones con Malvinas en la década del noventa[25]. Si durante la guerra la lucha fue vista como la posibilidad de la unidad nacional y en la posguerra de regeneración, si las Fuerzas Armadas recordaron su carácter colectivo cada vez que pudieron y Alfonsín intentó tomar esa bandera para la naciente democracia, si los ex combatientes plantearon su sacrificio com parte de una lucha popular que los precedía, el símbolo distintivo de los años noventa fue el de los retornos individuales: padres y hermanos y, o hijos para visitar a sus caídos,   y algunos ex soldados para cerrar sus historia personales con la guerra.

                                   El militar presentable: Martín Balza.

Durante la década del noventa se revirtió una de las imágenes más fuertes acerca de la guerra: aquella que colocaba a los conscriptos como víctimas de sus superiores antes que de los británicos. Paulatinamente, éstos pasaron a ser los principales enemigos de los soldados argentinos en las islas y no sus propios jefes.[26]

Diez años después de la guerra, las acciones en batalla comenzaban a ocupar su espacio entre los relatos victimizadores, las reivindicaciones autoexculpatorias y las manifestaciones de inocencia.

Balza era un militar veterano de la guerra de Malvinas[27], donde había tenido una destacada actuación. El 3 de diciembre de 1990, las cámaras de televisión lo mostraron fusil en mano reprimiendo el último de los alzamientos carapintadas, en el que enfrentó con otro militar que había compartido campamento de prisioneros en las islas: Mohammed Alí Seineldín, una de las figuras emblemáticas de la guerra del Atlántico Sur. Balza no se hallaba en el país durante los años más duros de la represión ilegal. Su autocrítica, su actuación en Malvinas y la represión a los carapintadas lo transformaron en una de las figuras centrales para devolverleMalvinas su carácter de “guerra internacional” y reivinciar la actuación de los hombres que allí combatieron, separándolos de la máxima conducción militar. Si el objetivo de Balza era el de subordinar el Ejército al poder constitucional y profesionalizarlo, Malvinas fue leída en esa clave.

                                   Marcas. Monumentos y huellas.

De diversos modos[28], Malvinas es una presencia con fuerza creciente cuando nos acercamos a las zonas más próximas al escenario de batalla o las ciudades de las que buena parte de sus jóvenes marcharon a combatir con los regimientos. 

Lo que les otorga relevancia a esos monumentos es que concentran algún tipo de significado, pero éste puede ir del nacionalismo al duelo, o también combinar ambos. En todo caso la dispersión  y cantidad de los monumentos a lo largo y ancho de todo el país indica tanto el peso simbólico de  Malvinas como el sustrato republicano de la práctica, ya que la mayoría se deben a iniciativas comunales.

                                   Veinte años no es nada.

La concordia y unidad buscadas públicamente en los actos por Malvinas ocultaban sólo parcialmente disputas por el significado de la fecha y la legitimidad pública de sus actores. ¿Malvinas estaba por encima de todo, o era apta para cualquier cosa? Un modo de compensar a los integrantes de las Fuerzas Armadas frente a la masa que se esperaba para los actos por los veinticinco años del Golpe de Estado de 1976[29]. Malvinas volvía a jugar un papel en las disputas por el pasado reciente; el mismo que había tenido a principios de los ochenta o en 1987, en boca del presidente Alfonsín.

La campaña electoral de 1983 fue dominada por una figura: la de Raúl Alfonsín, fundador y líder de la facción Renovación y Cambio de la Unión cívica Radical. Alfonsín, un abogado de la ciudad de Chascomús, en la provincia de Buenos Aires, debía sus progresos políticos a Ricardo Balbín, la figura principal de los radicales desde los años 50. a fines de los 60, las diferencias sobre la estrategia del partido dividieron en forma creciente a Balbín y Alfonsín, hasta convertirlos en rivales por la dirección del partido. En 1972 Alfonsín creó Renovación y Cambio, una organización moderada de centro izquierda dentro de la UCR, pero no arrancó de la dirección del partido a Balbín.

Alfonsín fue abogado defensor de Mario Santucho, líder del ERP, no insistía Alfonsín por ninguna simpatía hacia los guerrilleros, sino como partidario del debido proceso jurídico. Después que el gobierno prohibió todas las actividad políticas en marzo de 1976, Alfonsín siguió por un tiempo a otros políticos civiles y pasó a segundo plano.

A la muerte de Balbín en 1981, en pocos meses las encuestas de opinión señalaban a Alfonsín como líder político más popular de la nación. Pero tuvo que hacer frente al desafío del aspirante más conservador Fernando de la Rúa. En las elecciones internas Alfonsín ganó en ocho de las once provincias. De la Rúa se retiró y Alfonsín fue proclamado candidato presidencial de la UCR.[30]

Alfonsín ganó las elecciones del 30 de octubre con el 52% de los votos contra el 40% de Luder.[31]

Los protagonistas de las conmemoraciones de los veinte años de Malvinas fueron los combatientes, pero a la manera de un “soldado genérico” por la Patria, con virtudes ciudadanas eternas y por lo tanto indiscutidas.  La desmalvinización en 2002, pasaba a ser prácticamente cualquier cuestionamiento hacia la guerra, pero sobre todo a las Fuerzas Armadas que la habían planificado y conducido.[32]

En un discurso el presidente Eduardo Duhalde, agregó a la reivindicación territorial de las islas el peso de la sangre:

            Las Malvinas son irrenunciablemente nuestras. Las lágrimas y la sangre de nuestros héroes

                Regaron sus playas y sus montes y no hay título de posesión más fuerte que el que otorga la

                sangre[33]

El presidente, la figura más alta del Estado (que había encarnado durante dos décadas en el imaginario de los ex combatientes las políticas de ocultamiento y abandono) era el encargado de reintroducir simbólicamente a los caídos en el panteón nacional. En su discurso invirtió el significado de muchos de los elementos que en los ochenta habían servido para explicar la derrota. Ahora se trataba de circunstancias de la guerra que realzaban el sacrificio y aumentaba n el compromiso.

Las palabras del presidente[34] de la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina reforzaron esta idea. Sus compañeros caídos y los vivos eran un modelo a seguir.

 

 

                                   Guerra contra el olvido.

Cómo empezó la Operación Olvido[35]. Apenas terminadas la guerra, el llamado “proceso de desmalvinización” empezó en las propias dependencias militares. A los soldados se les ordenó no hablar de Malvinas ni con sus familias.

Pero ahora la sociedad podía escucharlos[36]. Para eso, podían dejar de ser jóvenes o transformarse en héroes (muertos como Estévez, como Cao…). Pero una vez reconocida la batalla librada contra los británicos, serían héroes en un panteón abierto por el Estado que los había ignorado olímpicamente durante dos décadas, un panteón compartido con quienes durante los ochenta habían denunciado como los causantes de buena parte de sus penurias e impulsores del olvido y la marginación : las Fuerzas Armadas.

                                   Canon en fragmentos. Los héroes, los responsables, la gloria.

Una de las formas de incluir la experiencia de los ex combatientes en un relato nacional fue el de inscribirlo en el discurso patriótico[37] construido desde finales del siglo XIX. En ese sentido, aunque con objetivos divergentes, confluyeron las iniciativas de las Fuerzas Armadas y de los distintos gobiernos civiles y militares que se alternaron desde 1982. esta forma de leer la guerra de Malvinas la inscribe la historia canónica oficial, en un registro semejante al de los otros episodios bélicos de la historia nacional.

El discurso patriótico[38], como en el caso de los veinte años del desembarco, presenta dos ventajas a la hora de hablar de Malvinas: la Patria es un espacio donde los conflictos internos no tienen lugar, habitado por los puros, los héroes que murieron por ella. Éstos, en el caso de Malvinas, eran civiles y militares, los antagonistas de los distintos discursos históricos acerca de la transición. Es lo eterno, lo referente para todos más allá de cualquier tipo de antagonismos.

El paradigma de esta confluencia se da en el caso de los soldados-ciudadanos, los conscriptos. Se trata de una forma de narrar la Nación que fue eficaz para la construcción de numerosas identidades nacionales durante el siglo XIX y XX entre ellas la argentina que alimentó el imaginario de distintas fuerzas políticas conservadoras y revolucionarias en pugna y que en un lento proceso de recuperación superó las críticas demoledoras hacia las Fuerzas Armadas ( que concetraban la simbología del discurso).

Durante los ochenta para transformarse en la voz oficial del Estado como visiblemente sucedió en 2002.

En esta retórica, lo que predomina es la ausencia de la reflexión, aplicada ésta a las distintas responsabilidades y conductas: el deber cumplido se ve realzado por las malas condiciones en las que se peleó e iguala a oficiales y subalternos (todos muertos por la Patria); el apoyo de la sociedad fue por un sentimiento puro y en consecuencia resulta secundario qué apoyó,   qué tergiversaciones recibió.

¿Hay otras formas, otros intentos de volver inteligible la historia de las Malvinas? Aparecen precisamente aquellas que apuntan a los puntos ciegos del discurso  patriótico- militar. También para el vigésimo aniversario, el ensayista Horacio González cuestionaba la notición superficial de compromiso patriótico que había movido a los militares, proponiendo más bien una revisión profunda de los motores que alimentasen antes que una descalificación lisa y llana de los motivos “patrióticos” o “nacionalistas” para la acción política.

Opinión de José Pablo Feinmann acerca del conflicto:

Su origen espurio hace que no hay gloria posible enla guerra de 1982. políticamente, no fue una guerra de liberación o antiimperialista: quienes muerieron en esa guerra no murieron por la causa justa: murieron como parte del plan de una junta macabra[39].

Los combatientes en Malvinas son queribles porque son víctimas, no en una guerra, sino de un Estado terrorista. El análisis de Feinmann retoma algunos de los tópoicos centrales del discurso de los derechos humanos de los años ochenta, que necesitaba enfatizar los crímenes cometidos. En este contexto, la figura de los jóvenes fue central, pues encarnaban a las víctimas inocentes.

Es tan doloroso admitir que se fue parte de los proyectos de Galimberti o Firmenich como admitir que se fue parte de los proyectos de Galtieri. Y esto no es los dos demonios. La llamada “teoría de los dos demonios” que sólo concentraba la responsabilidad de la violencia en algunos actores, sino que exculpaba al grueso de la sociedad, son evidentes cuando equipara a los jefes militares con los dirigentes guerrilleros. Al colocar a los protagonistas de Malvinas en el mismo paradigma de interpretación de la violencia política, Feinmann reproduce la lógica de concentrar la carga de responsabilidad colectiva en la culpabilidad individual de algunos actores (Galtieri). Las víctimas ancladas por la muerte en su condición de jóvenes, son despojadas de toda complejidad política que representan y pueden ser queridas y recibidas por los mayores que los narran.

En interpretaciones como la de FEinmann, enla historia argentina reciente no hay gloria posible porque se trata de proyectos ya degradados, ya nacidos “perversos”. Lo que otorga a los supervivientes de la guerra, el afecto de los argentinos es su condeición de indefensión y su juventud, asociagbles a la pureza.

                                   La Nación sin individuos.

No en todos los casos los ex soldados tuvieron un lugar en el análisis[40]. Esto se debe a que en el campo de las Ciencias Sociales. Malvinas ha sido analizada mucho más como un problema político que como un conflicto bélico.

Pero ¿qué es lo que vuelve “legítimo” el reclamo de los ex combatientes? ¿Haber sido víctimas del Estado, del silencio social o su participación en la guerra?. En el análisis, han sido victimizados fundamentalmente por la recurrente apelación a un nacionalismo superficial. El nacionalismo territorialista es un peligro latente. En eses sentido, Malvinas funciona como una advertencia contra las fáciles tentaciones de las invocaciones a la unidad nacional.

En el contexto de la guerra[41] y ante la imprevisión militar que se ocupan claramente de destacar ¿a quién habría llamado la atención la presencia de los jóvenes conscriptos en las islas, cuando venían siendo protagonistas de distintas acciones violentas desde varios años atrás?. Precisamente  a Malvinas se llegó como parte de una creencia en la comunidad “en términos de gesta nacional que unía patria, comunidad y Fuerzas Armadas” y fue la derrota la que puso en crisi ese modelo cultural. Y llevó a que se cuestionaran instituciones sacrosantas como el servicio militar obligatorio. Por otra parte y no es lo menos importante muchas d elas víctimas de esa maquinaria compartían los valores por los que habían llegado a las islas.

Reflexión última de Federico Lorenz:

Tanto en las islas como en una mesa de torturas, en la guerra y en la posguerra, fue tomada y actuada por hombres y mujeres alimentados por ideas[42]. El fuerte proceso de reflexión que con altibajos estamos realizando en relación con los años setenta busca superar esa primera salida, la del impacto emocional y la condena o glorificación moral. Para recuperar las posibilidades de pensar políticamente el pasado como una forma de imaginar un futuro.

En relación con otros campos de estudio de la historia reciente, las reflexiones sobre la guerra de 1982 siguen ancladas en el contexto de los ochenta, pero ni el discurso radical, ni el victimizador, ni el patriótico son suficientes para entenderla. La guerra y sus protagonistas oscilan entre dos extremos inaccesibles a la discusión : el limbo de las víctimas o el Panteón atemporal de los héroes y mártires de la Patria.

En ese sentido, Malvinas fue en una situación concreta y  que no tuvo que ver con la guerra sino con sus consecuencias, una oportunidad para pensar un proyecto de país. Acaso ése sea su principal potencial simbólico: constituir, por lo que significa y no por su materialidad, un espacio de vinculación.

Pero mientras tanto, el mapa vuelve a perder su unidad y los individuos y las ideas y las experiencias, los proyectos y las luchas son islas a la deriva y el Archipiélago sólo una metáfora de una sociedad y un país en fragmentos agudos, tan dolorosos como cortantes.

 

[1] F. Lorenz.  2006, p. 69.

[2] F. Lorenz.  2006, p.72

[3] F. Lorenz.  2006, p. 73

[4] F. Lorenz. 2006, p. 74.

[5] F. Lorenz, 2006, p.76

[6] F. Lorenz, 2006, p.77

[7] F. Lorenz.2006, p.81

[8] F. Lorenz 2006, p. 83

[9] Impacto, 21 al 26 de junio de 1982.  En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 85

[10] “Madryn fue la primera en darles la bienvenida” en Impacto (Chubut), del 26 junio al 2 de julio de 1982. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires. 2006. pág. 85

[11] Jornada, 21 de junio de 1982. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires. 2006, pág. 86

[12] F. Lorenz. 2006, p. 93

[13] F. Lorenz. 2006, p.94

[14] F. Lorenz. 2006, p. 95

[15] F. Lorenz. 2006, p. 97

[16] Fondo Luis Moreno Ocampo. Archivo de la Asociación Civil Memoria Abierta. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 102.

[17] F. Lorenz. 2006, p. 104.

[18] F. Lorenz. 2006, p. 106

[19] Enrique Ceballos y José Buroni, La medicina en la guerra de Malvinas, Círculo Militar, Buenos Aires, 1992. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 107

[20] F. Lorenz. 2006, p. 109.

[21] Enrique Ceballos y José Buroni. La medicina en la guerra de Malvinas. Círculo Militar, Buenos Aires, 1992. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 109-

[22] F. Lorenz. 2006, p. 111

[23] F. Lorenz. 2006, p.239.

[24] Hijos. Doc, America TV, 1999. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 245

[25] F. Lorenz.  2006, p. 245.

[26] F. Lorenz.  2006, p. 250

[27] F. Lorenz. 2006, p. 253.

[28] F. Lorenz. 2006, p.263

[29] Clarín, 3 de abril de 2001. En Federico Lorenz, Las guerras por Malvinas. Edhasa, Buenos Aires, 2006. pág. 273.

[30] D. Rock, 1987, p. 475

[31] D. Rock, 1987, p. 478

[32] F. Lorenz.  2006, p. 273

[33] Clarín, 3 de abril de 2002. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 277.

[34] F. Lorenz.  2006, p. 278.

[35] F. Lorenz.   2006, p. 287.

[36] F. Lorenz.   2006, p. 289

[37] F. Lorenz.   2006, p. 293

[38] F. Lorenz.   2006, p. 295

[39] José Pablo Feinmann, “La Guerra y la Gloria”, Radar, 31-03-2002. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 299.

[40] F. Lorenz.  2006, p.303

[41] F. Lorenz.  2006, p. 307

[42] F. Lorenz.  2006, p. 327


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Chrish (64 noticias)
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Reportaje
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