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Visión de la historiografía argentina del conflicto Malvinas. Visión de F. Lorenz I

04/08/2016 06:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dada la importancia del libro de F. Lorenz, las guerras por Malvinas, he hecho un resumen de sus ideas más importantes, espero sea acertado

VISIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA ARGENTINA DEL CONFLICTO

 

 

INTRODUCCIÓN

A las 6.30 de la mañana del viernes 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas (ejército, marina y aviación) desembarcaron en las Malvinas tomando posesión de Puerto Stanley, al que rebautizaron Puerto Argentino. Cabe aclarar aquí, que también los jóvenes argentinos que hacían el servicio militar fueron “embarcados y llevados” hacia el sur. ellos no combatieron en la guerra porque tuvieran carrera militar sino porque el servicio militar era obligatorio. Después de algunos enfrentamientos en diversos lugares de la isla culminaron con la rendición del gobernador británico.

La noticia fue anunciada al país por cadena oficial y generó una primera reacción de sorpresa generalizada.[1]

Una encuesta registra un 90% de adhesión a los militres. El pueblo argentino dio un total apoyo a la decisión del gobierno militar, no sólo con su voz sino también donnado ropa, chocolates, joyas, dineros y todo lo que podía ayudar a los chicos de la guerra.[2]

Pero si no perdimos “las islas”, “el territorio”, ¿qué es lo que perdimos allí?[3].

¿Qué guerra terminó en las islas Malvinas, el 14 de junio de 1982? ¿Qué guerrazas comenzaron ese mismo día? Ambas preguntas constituyen el eje de este libro: explorar las relaciones entre la experiencia de los actores, protagonistas y testigos voluntarios o involuntarios de una guerra y sus consecuencias.

No es una historia de la guerra en las islas Malvinas, sino de las distintas formas en que ésta fue vivida y de sus consecuencias como una forma de pensar las relaciones entre la cultura y política argentinas y el archipiélago emblema. El libro se ocupa, de las memorias de y sobre los ex soldados combatientes para por extensión, analizar el espacio en el que sus acciones comenzaron a circular entre sus compatriotas.

Es, en consecuencia, una aproximación al lugar de las juventudes en la política.

Malvinas significa muchas guerras[4]: viejas formas de entender a la nación y a la política entraron en crisis, autorrepresentaciones de las relaciones sociales y de la cultura cayeron para no levantarse más o continúan siendo lloradas en secreto en cada aniversario del desembarco. No es posible pensar en una memoria sobre las islas que domine por sobre las demás, porque el reclamo de reconocimiento de los más afectados choca con las voluntades de olvido y las simplificaciones de quienes, conmovidos o incómodos por la presencia de Malvinas, apostaron por la posibilidad del cambio y la regeneración antes, durante y después de la guerra.

¿Cuál fue el lugar de los protagonistas más directos de la guerra en la construcción de tales emblemas?[5] Para responderla, la investigación se concentrará en los cinco años entre la derrota en el archipiélagos y Semana Santa de 1987. allí predominó un proceso de asunción de responsabilidades sociales en relación con la dictadura. Pero, sobre todo, fueron cinco años en los que campeó con fuerza la imagen de los jóvenes como víctimas de la violencia ejercida sobre todo desde el Estado.

Precisamente en ese marco, alrededor de diez mil jóvenes cuestionaron, con su mera existencia, el lugar de “defensores de la Patria” de las tres armas. Ellos habían combatido por la soberanía al mismo tiempo que eran “víctimas del Estado”.

Desde 1982 aludir a Malvinas excede sobradamente la idea del reclamo territorial, aprendida por generaciones de argentinos bajo el lema de que las islas “fueron, son y serán argentinas”. Esta convicción (adquirida escuela) fue el sustrato que alimentó la seguridad de muchos miles a la hora de apoyar la decisión del gobierno militar, en el poder desde 1976. junto a ella, la noción de deber cívico, de servicio militar obligatorio.

Estas dos certezas alimentan un lugar común, que reduce la guerra y sus consecuencias a un mero acto reflejo. Pero desde 1982 Malvinas refiere a la guerra, a los 74 días de conflicto con Gran Bretaña que culminaron con la rendición de Puerto Argentino y por arrastre con la retirada de la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina.

A modo de ejemplo[6], cabe consignar que el juicio que se le siguió a la tercera junta militar  por la conducción de la guerra, no declaró ni un solo soldado conscripto a pesar de que eran considerados víctimas de las Fuerzas Armadas. Contrariamente, el escenario del Juicio, a las Juntas de 1985 tuvo a las víctimas como protagonistas principales.

¿Qué hubieran agregado estas voces a la discusión?. Destacar esta simetría no surge de una mirada conspirativa, ni de la voluntad de construir una jerarquía del dolor o el sufrimiento, sino de la preocupación ante las construcciones simbólicas que se traducen en las posibilidades para miles de compatriotas de acceder  o no a la consideración pública.

Inversamente sectores reaccionarios o reivindicatorios de la dictadura militar[7] no tienen ningún inconveniente en hablar del tema y apropiárselo, más por la vacancia de algunas voces que por la legitimidad para hacerlo. Y como la voluntad de saber no es un acto neutral, es mi intención que este trabajo dificulte aunque sea sólo un poco ese proceso.

Malvinas, en gran medida, ha sido construida como memoria de una manera vicaria?

Muchos miles, también, recuerdan el silencio feroz que enfrentaron y debieron guardar por su oposición a la guerra.

Escribimos historia a partir de la duda[8], pero sobre todo de la insatisfacción ¿Cuál es el origen de una y otra, en mi caso? Probablemente esa sensación de latencia de Malvinas, palpable en cantidad de registros y niveles y su ausencia  de muchos lugares de discusión pública.

La investigación también se alimenta de la indignación, la convicción de que un silencio que se traduce en muertes, es básicamente, una injusticia.

 

 

 

 

 

                       

                        PRIMERA PARTE. LA GUERRA (ABRIL-JUNIO 1982).

                        1. JÓVENES EN ARMAS.

Al expirar el mandato de Videla en marzo de 1981, Viola se convirtió en presidente y Martínez de la Hoz dimitió. En junio de 1981 cuando los rumores de un golpe inminente coincidieron con una nueva devaluación, las reservas cayeron 300 millones de dólares en un solo día, la crisis financiera no tenía precedente histórico[9], a fines de enero de 1982 Argentina organizó una nueva campaña contra Chile por el canal del Beagle, … luego llevó ofensiva diplomática por Malvinas, la acción en las Malvinas era la guerra más fácil de todas.

Se iguala la muerte por la patria con la muerte por la fe.

Cuando el 2 de abril de ese año los argentinos amanecieron con la noticia del desembarco en las islas Malvinas[10], en manos británicas desde 1833, el país llevaba seis años bajo el gobierno militar. El gobierno de facto, cuestionado en forma creciente tanto por su política económica como por las violaciones a los derechos humanos se ponía al frente de una reivindicación que tenía un fuerte respaldo popular, que lo tendría durante la guerra y que  sería deslegitimada con posterioridad a la derrota.

Para comenzar a adentrarnos en la experiencia bélica y posbélica de 1982, deberemos preguntarnos en primer lugar cuál era el lugar de la juventud en la política argentina de la segunda mitad del siglo XX.

 

 

 

 

 

COLIMBAS

La junta llenó las islas confuerzas formadas por reclutas adolescentes mal preparados, muchos procedentes de las provincias pobres del Norte y algunos habían vestido el uniforme pocos días antes. Novatos y mal equipados no podían hacer frente a las atropas británicas y el ejército argentino no fue capaz de enviar refuerzos en los momentos críticos.[11]

La instrucción de cuadros y tropa del Ejército Argentino tenía limitaciones de tipo coyuntural, como es el caso de los soldados conscriptos incorporados ese mismo año (cinco semanas efectivas de instrucción) o los que la clase anterior que en más de un 50% debieron ser reincorporados después de más de cinco meses dados de baja.[12]

Un General no practica efectivamente la conducción de una Brigada (4.500 hombres) si ésta no es reunida para ser ejercitada en maniobras generales y esto solo se logra con ejercicios prologandos con tropas sobre el terreno.[13]

El servicio militar obligatorio, una vieja institución en la Argentina[14], 1904, fue un hito importante en la vida de miles de jóvenes varones argentinos desde 1973, al llegar a sus 18 años fueron sorteados para realizar la conscripción en alguna de las tres fuerzas pero sobre todo en el Ejército. Popularmente llamado colimba (corre-limpia-barre).

Mediante la implementación del servicio militar obligatorio se buscó dar cohesión a la nueva república, reforzar el papel del Estado e inculcar una serie de valores nacionales y sociales a los jóvenes. Desde el punto de vista simbólico, estos ciudadanos soldados eran herederos y actores de una religión cívica que construía una escala de valores en base a las virtudes militares, por ejemplo a partir de las biografías de los guerreros de la Independencia y que contribuía a delinear la autorrepresentación de la nación.

Integrantes de regimientos acuartelados, golpistas o leales, comenzaron a verse involucrados en distintos procesos políticos que se produjeron a partir del derrocamiento de Juan Perón, en septiembre de 1955 y que tuvieron como carácter distintivo el alejarse cada vez más de la tradición republicana.

Esta reorientación de sus funciones se debía a la Doctrina de Seguridad Nacional, que asignaba a las Fuerzas Armadas y de Seguridad el carácter de policía interna en el enfrentamiento ideológico que los analistas y planificadores señalaban como característico de la política de la Guerra Fría.

Desde el año 1973, las organizaciones armadas adoptaron como parte de su práctica militar los asaltos a cuarteles.[15]

Miles de adolescentes y jóvenes bajo bandera vivieron en ese clima de enfrentamiento bajo la amenaza de los ataques guerrilleros, cuando no participaron directamente de los enfrentamientos[16].

Los colimbas[17] participaban de controles, apoyo a operativos y custodia en fábricas.

Además de la amenaza latente de los ataques de la guerrilla, convivían con indicios más o menos claros de represión ilegal. 

Asociados a la experiencia de la colimba[18] había una gran cantidad de episodios vinculados a las prácticas militares de disciplina y formación, que muchas veces adquirían la forma de tratos humillantes.

¿Qué sabía de esas vejaciones antes del ingreso al cuartel? El folklore acerca del servicio militar obligatorio incluía gran cantidad de estos relatos.

La disciplina tenía mucho librado a la arbitrariedad e imaginación de los encargados de hacerla cumplir. Este esquema, como surgió de las denuncia que florecieron en junio de 1982, fue trasladado a las islas Malvinas durante la guerra.

Aun en este contexto, conviene no perder de vista que para muchos jóvenes el servicio militar obligatorio representaba una posibilidad real de inclusión social.

 

                        REVOLUCIONARIOS.

Algunos jóvenes comenzaron a participar en organizaciones políticas que le disputaron el monopolio de la fuerza al Estado y que en ese proceso se apropiaron o resignificaron muchos de sus símbolos[19].

Más sobre

Por último, las organizaciones armadas surgidas en las décadas del sesenta y setenta, por sus mismas características operativas, destinaron un lugar central a la formación militar y a la vez nutrieron y estimularon los aspectos propagandísticos vinculados a las virtudes militares leídas en clave revolucionaria.

 

                        VÍSPERAS.

A finales del siglo XIX, sectores de las elites “preocupados por la formación de la nacionalidad”[20] asignaron a la escuela un lugar central en este proceso, puesto que “para ellos la defensa de la integridad de la patria se convertía en una demanda fundamental, superior a la de los intereses individuales, de modo que los lazos que ligaban a los individuos debían asentarse en una moral patriótica que garantizara su actitud de entrega a la nación”.

En relación con este punto, Rosana Guber reconstruyó en forma muy completa el lugar que la ocupación británica de las islas Malvinas ocupó en este proceso, sobre todo a partir de la década de 1930. los testimonios acerca de un sentimiento de algún tipo en relación con las islas Malvinas antes de 1982 son recurrentes: pasan por la reivindicación territorial y el espacio central de su construcción fue la escuela.

En resumen, la sociedad argentina de los años setenta y ochenta, además de tener incorporada la guerra en su vocabulario cotidiano, era un colectivo habituado a la muerte y a la violencia políticas, que a la vez tenían a los jóvenes como uno de sus actores principales.

A finales de 1976[21] fue el primero de los incidentes entre las dictaduras chilena y argentina. Como en otras tantas ocasiones de la historia, la inminencia de la guerra podía ser vista como posibilidad de regeneración y reencuentro.

“No queremos encontranos frente a frente en los campos de batalla, sino juntos, en las mismas legiones libertadoras, como un chacabuco y Maipú, frente al enemigo común: el comunismo”.

En la arenga aparecen sintetizados los elementos que hemos venido describiendo: un fuerte imaginario patriótico,   el lugar central que la sociedad asignaba a la juventud y la noción de que el verdadero conflicto es el ideológico materializado en el enfrentamiento Occidente Cristiano-Comunismo, que había orientado la formación de las Fuerzas Armadas.

Con el desembargo en las islas Malvinas[22] la sociedad argentina, en el otoño 1982, recibía una nueva posibilidad de unirse frente a un objetivo común. Los protagonistas serían los jóvenes argentinos bajo bandera, los mismos que habían participado en la “lucha contra la subversión” y que “estaban haciendo guardia” como rezaba una publicidad de diciembre de 1975 “para que usted y su familia puedan celebrar en paz”.

           

                        2. MOVILIZACIONES.

                        REACCIONES.

La recuperación militar de las Malvinas ocurrida el 2 de abril, puede no haber sido la única respuesta posible a la amenaza de agresión y prepotencia británicas. Sin embargo en el marco de décadas de actitudes contemporizadores y hasta claudicantes, fue una resolución que la inmensa mayoría de los argentinos hizo suya, llenándola de firmeza, valor y sentido del honor nacional, esos viejos valores, propios del hombre argentino de la independencia y de la organización nacional.[23]

Aquí nos detendremos en la construcción de Malvinas como símbolo nacional, en tanto ha sido objeto de importantes estudios recientes. Nos ocuparemos, de otros sentidos otorgados al contexto político creado por el desembargo y la efímera recuperación del territorio insular.[24]

¿Qué otras cuestiones puso en juego el operativo militar del 2 de abril?

Probablemente arroje algo de luz a esta cuestión analizar los recuerdos y reacciones de actores, que en aquellos años, se opusieron a la guerra o a los que militaban más o menos abiertamente en contra de la dictadura militar y que frente al episodio debieron tomar una posición.

El peso simbólico de Malvinas[25], su presencia en determinadas tradiciones partidarias fue, a la vez un elemento decisivo a la hora del posicionamiento ante la guerra. Un dirigente sindical exiliado combinaba, en su apoyo ala guerra, tanto la formación escolar como el aprendizaje político posterior.

El conflicto de Malvinas sintetizó la posibilidad de dos acciones concretas, que fueron leídas de distintos modos ene. Exilio y en la Argentina, pero que claramente funcionaron como un elemento movilizador: la oportunidad de volver a hacer política públicamente y la de una regeneración (nacional, de clase)[26].

                        MALVINAS Y LA VUELTA DE LA POLÍTICA.

Pero otros encontraron en la movilización espontánea del 2 de abril y las posteriores convocadas por el gobierno de facto, la señal de una posibilidad de recuperar las calles.

Ej: Un opositor a la dictadura se termina enrolando como voluntario, en un proceso que ala vez lo lleva a revisar su compromiso ideológico.

En ambos casos, los sucesos generados por Malvinas y la guerra misma fueron leídos en un marco ideológico más amplio, el de la experiencia militante y el de la lucha antiimperialista.[27]

No obstante[28], algunos no estaban dispuesto a pagar el precio del acompañamiento  a la dictadura para lograr esa reaparición de la política, esa mecánica espiritual que se hace presente masivamente entre nosotros con la aventura de las Malvinas y el culto posterior de sus héroes. Es la vieja fascinación que irradia el héroe del combate y su inmolación redentora, ala que la mayor parte de los grupos del exilio también rindió tributo. No les sirvió la persistente campaña antidictatorial que venían realizando, el conocer mucho mejor que los que estábamos aquí la envergadura de la represión, los datos pormenorizados del genocidio: apoyaron a los genocidas en la gesta nacional-redentorista.

Otros grupos y actores, por los mismos motivos que Brocato, también encontraron en Malvinas una posibilidad de instalar discusiones y volver a tejer algunos vínculos culturales y políticos deshechos por la represión[29].

Es que en el margo de agitación de los dos meses y días del conflicto, el paraguas de la reivindicación de la lucha en las islas era un excelente marco para construir redes: “el activismo de Malvinas terminaba permitiendo casi todo”.

En el exilio se dieron situaciones paradojales[30]. Los Montoneros no sólo publicaron una solicitada en la que proponía a la dictadura militar una tregua para combatir contra Inglaterra, sino que las comunidades del exilio mexicano y peruano presenciaron campañas de reclutamiento de militantes para regresar en un charter a la Argentina y ofrecerse como voluntarios para combatir en las islas.

 (estas con las contradicciones por Malvinas)

también otros espacios sospechosos a los ojos del gobierno dictatorial se vieron atravesados por las contradicciones[31].

LEÓN GIECO: Me di cuenta que los militares argentinos no sirven para nada, ni siquiera para la guerra. Y que la única vez que consiguieron un triunfo, por así decirlo, fue cuando torturaron y mataron a los indefensos, a los que no tenían más armas que la palabra o las ideas: los desaparecidos.

 

                        LA REGENERACIÓN.

Si situaciones como éstas fueron posibles se debe tanto a las características del nacionalismo como al hecho de que la guerra de Malvinas excedió esta causalidad, al ser vista por diversos sectores, aun antagónicos, como una posibilidad de refundación social.[32] Para algunos, la guerra fue la posibilidad de volver a salir a las calles a hacer política, para otros se trataba de realizar acciones solidarias en el marco de una tradición patriótica.

Miles de argentinos de distintas edades y situaciones reaccionaron ante los hechos de Malvinas como ante la circunstancia histórica más trascendente de su vida tras décadas de frustraciones. Para otros fue la posibilidad de comenzar a ser una república, a partir del reencuentro entre los dictadores y su pueblo.

En tono más crítico[33], la recuperación de las islas para la soberanía argentina debía su primer paso hacia la recuperación de las instituciones por el pueblo, única forma de soberanía completa.

Desde el primer momento de la guerra por las islas Malvinas trascendió su circunstancia de conflicto bélico y reivindicación territorial: muchos, más allá de los directamente involucrados, vieron en las islas perdidas en junio de 1982 una posibilidad de regeneración, de salida, de futuro.

            MOVILIZADOS.

En todo caso, para los conscriptos bajo bandera o vueltos a convocar más allá de sus convicciones, había una cuestión legal: no presentarse los transformaría en desertores[34]. Distintos factores coadyuvaban a que muchos estuvieran de acuerdo y consideraran su deber a ir. Muchos soldados, sencillamente respondieron de acuerdo a sus valores y a su educación, nos habían educado para que no se nos ocurriera la posibilidad de negarnos a obedecer.

En el apartado de INTERNACIONAL, titula el artículo así: “El clima bélico se apodera de la sociedad argentina”; Frente a la zona de exclusión, Buenos Aires habló de la constitución del “teatro de operaciones del Atlálntico Sur”,   que declaran constituye un elemento importante de la defensa nacional.  La Junta convoca a la quinta de 1962 a la movilización. [35]

 

[1]www.monografias.com

[2]www.monografias.com

[3] F. Lorenz. 2006, p. 15

[4] F. Lorenz.  2006, p. 16

[5] F. Lorenz.  2006, p. 17

[6] F. Lorenz.  2006, p. 18

[7] F. Lorenz.  2006, p. 19

[8] F. Lorenz. 2006, p. 20

[9] D. Rock, 1987, p. 462

[10] F. Lorenz, 2006, p. 23

[11] D. Rock, 1987, p. 469.

[12] F. Aguiar, 1985, p. 296

[13] F. Aguiar, 1985, p. 297

[14] F. Lonrez, 2006, p. 24

[15] F. Lonrez. 2006, p.25

[16] F. Lonrez. 2006, p.26

[17] F. Lonrez. 2006, p. 27

[18] F. Lonrez. 2006, p. 28

[19] F. Lonrez. 2006, p. 31.

[20] F. Lonrez, 2006, p.33

[21] F. Lorenz. 2006, p.35

[22] F. Lonrez, 2006, p. 36

[23] F. Aguiar, 1985, p. 295

[24] F. Lorenz. 2006, p.42

[25] F. Lorenz. 2006, p. 45

[26] F. Lorenz. 2006, p. 47

[27] F. Lorenz. 2006, p. 48

[28] F. Lonrez. 2006, p. 51

[29] F. Lorenz. 2006, p. 52

[30] F. Lorenz. 2006, p. 53

[31] F. Lorenz. 2006, p.55

[32] F. Lorenz. 2006, p. 59.

[33] F. Lorenz. 2006, p.62

[34] F. Lorenz. 2006, p. 63

[35]  El País, 9 de abril de 1982.


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Chrish (64 noticias)
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