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VIVIR: Cambia, todo cambia - Por Eduardo Ramos Campagnolo -

13/08/2012 14:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Creo que el primero en advertirnos que todo cambiaba fue Heráclito de Éfesos, cuando dijo que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río ni el que se baña son los mismos; otros también luego, hasta en la letra de la canción popularizada, pero yo no me acostumbro a la idea, para un mejor decir no puedo asimilarla. Me resulta sumamente difícil tener siempre presente que el presente no existe, que lo que es no es, sino que ya fue, o puede no ser más así. Que el agua que bebes dos veces del mismo río no es la misma, y esto que no sé si es una suerte o una desgracia, me desconcierta a veces aunque crea en ello convencido. Cada día al levantarme debo reafirmar mis certezas, mejor dicho verificar, ver que situaciones han cambiado sustancialmente (lo que ayer fue hoy ya no lo es) esto es bueno si de cuestiones malas se trata, pero es inconveniente cuando lo que cambian son las cosas buenas, que hasta ese instante venían bien. Y no debo ser el único al que le pasan estas cosas por la cabeza, los cambios pueden producirse de un día para el otro, en una hora y también en segundos: lo que hoy es mañana puede no serlo y lo que hoy está negado mañana puede afirmarse. Seguramente mi cerebro es políticamente conservador, se habrá quedado allá por 1940 aunque yo todavía no había nacido y no se aggiorna. Durante el día puedo monitorear los cambios lentos y los cambios explosivos, pero no tendría que dormir, porque en las horas de sueño además de perder contacto con la realidad, me pierdo las novedades cambiantes. Y allí, al despertar surge el problema, que estoy vivo lo verifico enseguida, pero algo ha cambiado también en eso, estoy un día mas viejo, si Dios está conmigo o me ha abandonado lo comprueban mis convicciones religiosas, está conmigo, pero cada vez más cansado de mis promesas incumplidas. Luego me pregunto si mis hijos tendrán el mismo concepto del padre que ayer y hablo con ellos y me doy cuenta que si bien en lo medular no ha cambiado su opinión respecto de su padre, en tanto van creciendo toman posiciones, se encuadran en su ideología ( sus ideas de vida) me escuchan respetuosamente pero hacen lo que les parece mejor para ellos, a ningún humano le gusta que lo aconsejen y menos a los jóvenes. Inmediatamente me pregunto si mi amada me ama tanto como antes y es bueno saber que aún me ama, pero hace tiempo se ha dado cuenta que soy una persona común, como cualquier otra, y lo que antes era admiración hoy ha trastocado en solidaridades debo declarar que soy consciente que mi situación es privilegiada, sería un ingrato si me quejara. Luego de repasar si estoy vivo, si Dios me acompaña, si mis hijos escuchan a su padre, si mi amada me ama, abandono mi egoísmo infantil y me dedico a analizar lo que creo es mi misión en la vida, si cumplo con los deberes que mis convicciones me obligan sin apelar a las justificaciones. Allí comienzan mis verdaderos problemas, en la autocrítica honesta, sincera, porque si todo cambia como afirmo eso implica que yo también me encuentro dentro de ese paquete, asimilado esto me pregunto ¿he cambiado para bien o para mal? ¿ era mejor el de antes o el de hoy? y si puedo yo juzgarme imparcialmente. El balance arroja un resultado insatisfactorio e imperdonable, sería muy cómodo autoabsolverme, en el camino he perdido cualidades que tal vez eran las que determinaban mi perfil y no otro, ese perfil que me gustaba a mí, a Dios, a mis hijos y a mi amada, que porqué las perdí a esas cualidades? Puedo blandir comparaciones ventajosas y argumentar razones de forma impecable, pero no sirve, lo que se perdió se perdió el porqué no interesa, lo que importa es el hecho concreto, ya no están. Me resulta muy idiota de mi parte no haber perdido las convicciones y sí cualidades, guardé lo más difícil de conservar y perdí lo más fácil de cuidar. Pero como todo cambia y eso me permite a mí también cambiar para bien y porque es mi deber de hombre hacerlo, he resuelto recuperar mis cualidades abandonadas para que mañana cuando me despierte lo haga sabiendo que he cambiado para bien, habré dado un buen ejemplo, me sentiré mejor conmigo, seguiré pensando que los que valen son las acciones y no las palabras, por ello actuaré, y que no hay que mirar para el costado por eso me ocupo de lo que me corresponde a mí. Los cambios suceden pero podemos manejarlos y debemos encauzarlos para el bien.


Sobre esta noticia

Autor:
Eduardo Ramos Campagnolo (93 noticias)
Fuente:
elblogdeeduardoramos.blogspot.com
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