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YPF, la Revolución de Mayo y el duelo Kiciloff-Morales

21/04/2012 12:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Preguntas sin respuesta

por Teodoro Boot

En el transcurso de una larga sesión de la comisión de presupuesto del Honorable Senado, el viceministro de Economía Axel Kicillof se vio obligado a responder una pregunta imposible, algo así como: "¿Por qué se tomó en este momento la decisión de expropiar las acciones de YPF y no antes?".

El viceministro respondió con otra pregunta, aún más retórica que la anterior, que, dicho sea de paso, fue jacarandosamente festejada por la número doce kirchnerista y hasta parafraseada por la Presidenta. Esto es –siempre aproximadamente– lo que Kicillof respondió: "¿Y por qué la Revolución de Mayo fue en 1810 y no en 1812 o en 1808?".

A lo que podría agregarse: ¿y por qué fue en mayo y no en julio o en agosto?

Los ya de por sí desconcertados senadores quedaron apabullados mientras, como se dijo, la hinchada festejaba la ocurrencia. Ocurrencia que no respondió nada y que es en realidad una verdad de Perogrullo, una tautología muy similar a la muletilla made in Menem "Nadie muere en la víspera", a raíz de la cual el ex presidente fue tenido, por su propia parcialidad y la prensa que le batía el parche como una suerte de filósofo budista, un Dalai Lama de los llanos riojanos.

Ahora bien, el Dalai Lama riojano había dicho una obviedad, que viene a ser la forma fina de llamar a una estupidez, toda vez que uno muere cuando muere, ni un minuto antes ni uno después. Lo mismo puede decirse también de la llegada del colectivo 132, que tampoco llega en la víspera y siempre lo hace en forma perfectamente puntual: ni un segundo antes ni un segundo después del momento en que llega.

Por obra de su propia tautología, en fracción de segundos y en una sola sesión del Senado, el desdichado Kicillof ha pasado de ser rabino marxista y bestia negra que puebla las pesadillas de Marcelo Bonelli y de Carlos Pagni, a sex symbol y filósofo kirchnerista capaz de enloquecer a sus acríticos parciales como de perturbar las húmedas siestas de Joaquín Morales Solá, Luis Majul y Elisa Carrió.

Sin embargo, de obviarse su carácter retórico, la pregunta/respuesta del viceministro tiene respuesta. Mejor dicho, respuestas, en virtud de que es materia de interpretación en casi todos los casos excepto en uno: la Revolución de Mayo no se produjo en 1812 porque ya había tenido lugar en 1810. Pero fuera de esta evidencia, bastaría casi la elemental versión de un manual de Historia para enterarse de que un año antes se había producido en Chuquisaca, anteriormente La Plata y más anteriormente en Charcas –la misma ciudad que sería luego conocida como Sucre–, centro intelectual del virreinato, una revolución semejante a la que un año después tendría lugar en Buenos Aires, a raíz del llamado "silogismo de Chuquisaca". Es que los intelectuales de la universidad dieron a interpretar a su modo la noticia traída a estas tierras por Goyeneche, el enviado de la Junta Central de Sevilla, quien había dado en Buenos Aires la noticia de la captura del monarca sin que al cabildo local se le ocurriera pensar que éstos eran dominios del rey y no de España, y que en consecuencia correspondía formar una junta propia, desconociendo la autoridad de la sevillana. Poco después, se formó en La Paz una "junta tuitiva". Y poco después, ambas, la de La Paz y la de Chuquisaca, fueron reprimidas a sangre y fuego y con abundancia de crueldades ejemplificadoras por las facciones absolutistas de estos dominios.

Ahí hay, por decirlo mal y pronto, una pista de las razones que provocaron que la revolución tuviera lugar, primero, en Buenos Aires, el puerto, y no en el centro cultural del virreinato, donde los patriotas regionalistas y liberales habían sido masacrados, encarcelados y escarmentados.

Por otra parte, a raíz de las invasiones inglesas y a partir del derrocamiento de Sobremonte, tiene lugar en Buenos Aires un práctico autogobierno popular que llega al colmo cuando es el pueblo porteño el que designa inopinadamente virrey a Liniers, siendo el de virrey no un cargo electivo, sino, como su nombre lo indica, un delegado del rey.

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¿Qué tenía Buenos Aires que no tuvieran otras ciudades de la región? Una milicia popular crecida con las invasiones, el regimiento de Patricios, una milicia tan popular que sus integrantes se reclutaban entre los hijos del país, especialmente en los arrabales, y tan democrática que los soldados elegían a sus oficiales y los oficiales al jefe del regimiento.

Ya vimos que en 1809, debido al analfabestialismo reinante, a nadie en Buenos Aires se le ocurrió esgrimir el silogismo que por eso no fue de Buenos Aires sino de Chuquisaca. Por no mencionar que –si bien estaban presentes en la memoria de gentes como Moreno o Castelli, recibidos en la Universidad de Chuquisaca– las rebeliones de Tupac Amaru y Tupac Karati, eran más próximas a los indios y criollos del Alto Perú que a los de Buenos Aires.

La revolución fue finalmente en Buenos Aires porque la ciudad era la capital del virreinato, capital donde en 1809 vino a recalar Baltasar Hidalgo de Cisneros, virrey designado casi tan absurdamente como Liniers, en su caso por la Junta Central de Sevilla. Y tuvo lugar hacia fines de mayo de 1810 porque fue a principios de ese mes cuando llegó a la ciudad la noticia de la caída de la Junta de Sevilla, la que había designado virrey a Cisneros, que de pronto apareció carente de legitimidad y autoridad.

A fin de no extendernos, esta somera explicación valdría para aclarar las dudas que el viceministro Kicillof planteó a los honorables senadores, y que éstos resultaron incapaces de responder. Ocurre que en todos los casos, en cualquiera de los casos por los que se le hubiera ocurrido al viceministro preguntarse, podría haber encontrado siempre una respuesta. Es que las cosas no suceden porque sí, por azar, porque la vida es una perinola, sino de acuerdo a circunstancias, causas y voluntades políticas.

En ese sentido, el viceministro debió haber respondido a las inquietudes de los honorables senadores opositores: ¿Por qué se expropiaron las acciones de Repsol el 16 de abril de 2012 y no el 10 de abril, o el 6 de agosto de 2007, el 26 de diciembre del 2004, o el 28 de junio de 2003, el 7 de junio del 2002, o el 16 de septiembre del 2000?

La tan festejada salida del viceministro, no por ingeniosa, deja de ser tautológica. Y lo que es peor, encubre, mantiene en las sombras, ocultas tras las brumas de la ignorancia, las razones que llevaron a que la expropiación haya tenido lugar el 16 de abril de 2012.

El viceministro nos debe esa respuesta, a todos y a cada uno de los argentinos, pero muy especialmente al senador Gerardo Morales, quien lleva un par de días sin poder pegar los ojos, preguntándose por qué no expropió las acciones del YPF el gobierno del que formó parte a partir del 16 de diciembre de 1999.

A ver si Kicillof se decide y le contesta al senador Morales de una buena vez.


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blogger.loboalpha.com.ar
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